Otto y Georgina felices los cuatros

Perfil - 12.02.2006
Otto y Georgina

Este 14 de febrero Otto de la Rocha y Georgina Valdivia celebrarán su 24 aniversario de bodas entre serenatas, cenas romántica y flores. A lo lejos, muy lejos otra pareja celebrará con muchísimo y humilde amor, su noviazgo eterno: Aniceto y La Lupita, sus alter egos en la radio.

José Adán Silva
Fotos de Orlando Valenzuela

En verdad Georgina Valdivia Dávila tiene ojos regios: brillantes, muy húmedos y tan expresivos que ríen por sí solos. Él es distinto y está más serio de lo que cualquiera pudiera pensar, sobre todo porque a esta hora de la noche (7:30) usualmente Otto de la Rocha ya está dormido para levantarse a las tres de la mañana, al igual que lo hacía en aquella su vida campesina de Jinotega que abandonó hará 60 años para buscar esta fama que tanto le ha costado y a la que por fin le ha llegado el amor después de dos matrimonios fracasados que le dejaron 10 hijos.

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Estamos en una esquina de la sala-comedor de esta casa de Campo Bello, una gran residencia blanca y elegante, pero sin mucha gracia, donde cuentan la historia de este amor que ya lleva 24 años y que se gestó entre micrófonos, ondas hertzianas y actuaciones radiales de humor.

La conoció en 1981 en Radio Sandino, donde él tenía un programa de humor y correos campesinos que se llamaba el Tronco de los Mensajeros. Ella trabajaba en el cuadro dramático de la radio cuando las emisoras nacionales todavía hacían radionovelas y muchas muchas aspiraban a saltar a la fama desde una cabina radial como varios lo hicieron, incluyendo de la Rocha.

A él, bandido, le gustó la muchacha de 24 años y la invitó a practicar en su programa radial. “Una vez en el programa ella fue agarrando vuelo mientras desempeñaba a mujeres del campo, me gustó mucho porque tiene mucho talento, ella era actriz de teatro y participaba además en el Tren de las Seis (otro programa de humor político)”, cuenta este artista de 73 años. Por esas diferencias de ideas que siempre van a existir entre los periodistas, Otto de la Rocha pasó en 1982 a la emisora oficial del Estado, La Voz de Nicaragua, donde consiguió más apoyo para sus proyectos y ahí fue que nació la otra historia de amor de este relato: Lencho Catarrán, un personaje campesino de tierra adentro contará la historia de amor entre un pícaro de El Ojochal y la Lupita, una bella e inocente campesina, virgen de trenzas y enaguas largas.

Fotos de Orlando Valenzuela
Otto le ofrece la luna y las estrellas a la Lupita, para luego pedirle la prueba de amor o una probadita. Ella le da un beso “adelantado”.

La atracción fue creciendo porque Otto de la Rocha, por medio del personaje Aniceto, piropeaba y enamoraba de verdad a Georgina, quien en la cabina representaba a la Lupita

“Ella quedó en la Radio Sandino, pero cuando yo llegué a la Voz y empecé a crear el programa de Lencho, la llamé para que hiciera al personaje de la Lupita, la novia eterna de un jodido muchacho llamado Aniceto Prieto”, nana de la Rocha.

Y entonces la atracción fue creciendo porque Otto de la Rocha, por medio del personaje Aniceto, piropeaba y enamoraba de verdad a Georgina, quien en la cabina representaba a la Lupita. Dicho de otro modo, Aniceto y la Lupita hicieron que el amor creciera entre Don Otto y su hoy esposa Georgina.

Cuando el picarísimo de Aniceto le decía a la Lupita “vení mamita dame una probadita de amor, solamente la puntita”, en verdad quien hablaba era el caballeroso don Otto; cuando la Lupita, sonrojada y abochornada por las propuestas indecentes de su novio contestaba “perate hombre, ya va haber tiempito”, realmente quien conversaba era Georgina, pidiendo tiempo y dando esperanzas al hombre que, ya lo ven, le ha dedicado 24 años plenos de su vida.

—¿Quién inició el cortejo, don Otto?

—Yo, claro, normalmente es el hombre el que inicia la cosa, el que hace la propuesta— dice sin miramientos, seguro de sí y destilando ese machismo colorido de hombre de campo.

—¿Qué es lo mejor de sus 25 años de matrimonio?

—Que nos llevamos muy bien. Muchos amigos me preguntan: ¿cómo hacés vos para andar trabajando de arriba abajo con la mujer a tuto? Entonces yo les digo que en primer lugar no la ando chineada y que para mí encantado de la vida andar con ella para arriba y para abajo. Si ella es la amiga, la compañera que me dice: “Mira Otto veo feo esto”. Y la que me aconseja y me cuida y me dice “ideay, y porqué mejor no nos vamos por aquí”.

Cómo me voy a quejar de ella, no me jod…

—¿Consejos para un buen matrimonio?

—Respeto y tolerancia, no pelear por sonseras ni babosadas. Hay que saber dispensar algunas cosas el uno al otro y viceversa. Aquí no manda nadie, coordinamos los dos. Fijate que nosotros nunca nos hemos peleado como otras parejas, discutimos, hablamos, negociamos, pero no peleamos ni nos tiramos los platos, porque somos una pareja humilde, sencilla, sin vicios, yo sólo tomo en ocasiones muy especiales y no me pico, y ella no fuma, ni nada. Somos una pareja sana.

—¿Entonces está feliz con su pareja?

—Sí. Ha sido una unión muy buena, yo vivo muy contento con ella porque al fin encontré pues la paz y la estabilidad que uno busca para vivir con una mujer.

—Y, ¿qué había sido de su vida amorosa antes de Georgina?

—Pues hombre no me voy a poner a decir que no gocé ni viví feliz al lado de otras mujeres porque eso no es de hombres. Este es mi tercer matrimonio y el último. A los 17 años me casé con una muchacha, Alicia Pérez, con quien tuve seis hijos. Fue una vida difícil porque éramos chavalos, éramos muy pobres y yo tenía que trabajar como caballo todo el día y como lechuza toda la noche para darle de comer a los hijos. Yo me había venido a los 13 años de Jinotega a buscar vida porque ya traía la cosa de la música, pero aquí me sentía muy solo y triste, así que me casé muchacho. Ella murió y yo me volví a casar con una muchacha de Estelí, a los 37 años. No duramos diez años— dice este artista nacional que ha grabado más de 20 discos y ha sido reconocido cientos de veces como gran valor artístico nacional y que representa, a nivel cultural, el talento campesino y el humor nicaragüense.

***

Pero, y ¿qué piensa ella de este matrimonio, por qué un hombre de 48 años conquistó a una muchacha veinteañera y cuál ha sido la fórmula para congeniar con un veterano de dos matrimonios y más de dos décadas de diferencia? “No me pudo ir mejor, somos una pareja estable, discutimos como toda pareja, pero nunca lo he dejado durmiendo afuera”, ríe Georgina Valdivia, Gina para la familia y amistades.

Antes de conocer a Otto de la Rocha, ella era actriz de teatro, una pasión que le atrajo desde que era niña y jugaba sobre una mesa a interpretar a personajes famosos de su infancia, a los que imitaba antes que la mamá le jalara las mechas por ensuciar los manteles. Así que cuando creció, sus aspiraciones eran estudiar arte dramático, pero debido a que no existía tal carrera en Nicaragua, estudió comunicación y alternó los estudios universitarios con cursos libres y seminarios de actuación.

De ahí, salió a la Escuela Nacional de Teatro donde tomó acción en varias obras, pero como el arte no da para comer mucho, a menos que se tenga suerte, tuvo que buscar algo que le dejara dinero para medio comer: el periodismo.

Un día, la universidad hizo convenios de colaboración con varios medios de comunicación y ella, tras escoger entre la televisión y la radio, aceptó ir a Radio Sandino, donde trabajaba ese hombre al que ella desde chiquita escuchaba interpretando al indio Filomeno y otros personajes en Pancho Madrigal, el programa pionero en cuentos campesinos por radio.

—¿Y cómo la conquistó Otto de la Rocha?

—Él es un caballero y ahora la mayoría de los hombres ya no son delicados en el trato, el cortejo es casi a la brava; es raro ahora el hombre que le abre la puerta a una, que le jala la silla o le cede el lugar en un bus, y a mí me gustó mucho su delicadeza —dice ella y ríe mientras le hace un guiño de ojos a Otto que atento, la oye hablar y guarda silencio.

“Él y mis hijos son lo mejor que tengo”, dice ella y habla con orgullo de sus hijos: Otto Gabriel, de 22 años, a quien ya meten en las actuaciones de radio, y Laura Gertrudis, de 14 años, quien ya empieza a despuntar en las artes escénicas.

—Y, ¿qué cosas hacía Otto para que usted lo viera como alguien delicado con las mujeres?

—Me trataba con respeto, me mandaba flores, me puso serenatas y me regaló caramelos, muchos caramelos…” (ríen maliciosos, como si la palabra caramelo tuviera un significado secreto e íntimo entre ambos).

—Según él, ustedes son el matrimonio perfecto.

—No, nada de perfecto (ríe) el inicio es duro, cuesta adaptarse el uno al otro, pero nunca pensamos que sería un fracaso y con esfuerzo, respeto, cariño y comunicación, hemos cumplido tantos años de matrimonio y vamos para adelante —ríe ella, mientras busca la mano de Otto quien está sentado a su orilla.

Fotos de Orlando Valenzuela
Derecha; Georgina y Otto de la Rocha, y sus dos hijos, Gabriel y Laura. Felices los cuatro.

Los eternos novios: Lupita y Aniceto

Aniceto es único en El Ojochal, un pueblo que no es inventado y existe en realidad en los alrededores de Nandaime. El muy sacrílego se emborrachó una vez con el vino que robó al cura de la iglesia para mitigar la goma de diablos azules que lo estaba torturando; ha cobrado a los incautos vecinos por falsos milagros con santos de mecate que él mismo inventa, en fin, es el hacelotodo y caso perdido de esta comarca rural llamada El Ojochal.

Aniceto es también al que sus amigos castellanos conocen como Aniceto Prieto, Anis Prais para los que hablan inglés, Anicetov Prietovich para los rusos y Anicetini Prietonini para los italianos.

Dentro de este singular muchacho de pueblo, hay un amor tierno por la Lupita Sunsin, la chavala campesina que le ha robado el corazón, la misma cipota a la que le ha llevado serenatas que han terminado bajo cubazos de agua y orina lanzados por la despiadada suegra que le tocó por maldición a este Aniceto Prieto que, pobre de él, está condenado a no casarse nunca con la adorable Lupita y quien, no obstante, le acompaña con una devoción casi religiosa en sus correrías y desmanes en El Ojochal.

¿Qué no ha hecho él para casarse? Si hasta monaguillo ha intentado ser para acostumbrarse a las babosadas del padrecito local y ganarle la confianza para que bendiga el casorio.Ya ves, la última vez trabajó y trabajó para conseguir un dinerito que bien serviría para iniciar la vida al lado de la Lupita, para comprar unos chanchos de engorde y ponerlos a producir, conseguir una bandadas de gallinas y sacarles provecho a los huevos y hasta comprar una vaca a la que pudiera ordeñar y si acaso, cruzarla y sacarle un ternerito al que luego algo tendría que sacarle porque no hay cosa a la que Aniceto Prieto no intente sacarle algo de provecho.

Pero vino la maldita cabra de la suegra y se hartó el libro de actas del abogado y el suegro, que tampoco quiere como yerno al Aniceto, le dijo: “sin papeles no hay boda, y sin boda no hay Lupita que te llevés, así que otro día será este matrimonio y andá busca cómo seguir trabajando y ahí vemos luego”.

Esa vez, decepcionado, el jodido se fue a beber guaro con su pandilla de vagos y regresó ya ebrio y arrecho, a gritarle cuatro cosas a sus suegros que, otra vez, lo mandaron a echar preso. Otto de la Rocha, el autor de Lencho Catarrán, quien a su vez cuenta las aventuras de Aniceto Prieto, nos relata por qué Aniceto y la Lupita no se casarán por el momento.

—Don Otto, ¿por qué no se han casado Anis Prais y la Lupita?

—Aniceto Prieto es un muchacho que es vago y no es vago, que trabaja y no trabaja, que es todo en el pueblo, pero no es nada: es albañil, carpintero, secretario y hasta periodista, porque tiene un periódico a mano que se llama El Hernaldo. Es un muchacho de gran corazón, que vive enamorado eternamente de su novia, la Lupita, un noviazgo que ya lleva años y años, que nunca se casa porque nunca tiene plata. La Lupita lo ama y le perdona todo, los suegros (Chicho Sunzin y la vieja Rosa) no lo quieren pero lo aceptan en la visita de siete a nueve, con chaperona y vigilancia.

Pero alguna vez se han de casar.

—Pues vamos a seguir buscándole matrimonio, pero si casamos a la Lupita con Aniceto, se desvanece la magia del amor más puro. A lo mejor algún día los casamos porque de verdad ya tienen mucho de jalar, pero el noviazgo es una situación bonita y la verdad que yo no quiero arruinarles el noviazgo porque así son felices ellos en El Ojochal y nosotros aquí en la vida real.Fotos de Orlando Valenzuela

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