Perfume de mujer en la moneda

Perfil - 26.02.2006
Michelle Bachelet

Es divorciada, feminista, a favor del aborto terapéutico y los anticonceptivos, le gusta beber cerveza y vino blanco. Agnóstica en un país católico. La socialista Michelle Bachelet, torturada en la dictadura de Pinochet, es madre de tres hijos y a sus 54 años la primera Presidenta de Chile

Redacción Magazine
Fotos de Agencias

En un aparentemente tranquilo y nublado martes 11 de septiembre de 1973, mientras el Palacio de La Moneda era bombardeado y la voz de un presidente se entrecortaba en la radio, miles de chilenos eran violentamente recluidos, acusados de “traición a la patria”.

El general de la Fuerza Aérea, Alberto Arturo Miguel Bachelet, funcionario de confianza del presidente Salvador Allende, miraba desde su oficina en el Ministerio de Defensa cómo el apocalipsis se les venía encima y dos de sus mismos subalternos lo detenían.

A esa misma hora, Verónica Michelle Bachelet Jeria, hija del militar, también observaba el bombardeo. Desde el techo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en compañía de unos amigos socialistas, miró el desarrollo del suceso que acabaría con la detención temporal de su padre, director de la oficina de distribución de alimentos, un punto clave que los golpistas necesitaban neutralizar. Ese mismo día moriría asesinado Allende y ascendería al poder el capitán general Augusto Pinochet, comandante en Jefe del Ejército chileno y autor del golpe de Estado.

El general Bachelet saldría de prisión esa misma tarde. Siete días después sin embargo lo enviaron a la Cárcel Pública, donde fue interrogado y torturado durante un mes hasta que pudo volver a casa porque le dictaron arresto domiciliario. En marzo de 1974, el general Bachelet murió por un infarto en la Cárcel Pública a causa de las secuelas provocadas por las torturas.

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Michelle Bachelet recibió todo el apoyo de su madre y sus hijos durante la campaña electoral.

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Tras la muerte de su padre, Michelle se dedicó a actividades políticas clandestinas. Surtía víveres en las casas de seguridad, apoyaba a las familias de los prisioneros políticos y a los militantes ocultos que ella y su madre ayudaban a exilar a riesgo incluso de su propia vida.

El 10 de enero de 1975, agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), acusada de secuestros, torturas y asesinatos, llegaron a su departamento. Eran dos jóvenes vestidos de civil que revisaron todo y preguntaron lo que quisieron hasta que sin más se las llevaron a otro lado.

“Nos hicieron subir a un auto. Nos pusieron cinta adhesiva en los ojos y gafas oscuras para que no se notaran las vendas. Llegamos a un lugar que no sabíamos qué era. Inmediatamente me separaron de mi madre. Yo no tenía claro de qué se trataba”, contó Bachelet al diario El Mercurio.

El lugar al que las condujeron fue la temida Villa Grimaldi. Allí las interrogaron y torturaron como igual presionaron al general Bachelet en la Cárcel Pública.

A Michelle Bachelet la encerraron en una habitación con otras diez prisioneras y a su mamá la metieron en un estrecho cajón sin ventanas.

Luego las trasladaron a un pabellón de incomunicados llamado Cuatro Álamos, en el que podían hablar todas las noches en susurros pues estaban en celdas continuas.

Nueve días después de los interrogatorios, Bachelet salió libre, pero sólo pudo ver a su madre hasta el penúltimo día de enero. El 31 de enero de 1975, madre e hija dejaban Chile para exilarse en Australia.

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No tengo listas negras, pero sí buena memoria. No en el sentido de recordar para vengarme, sino para conocer cómo son las personas”, sostuvo Bachelet a la revista Caras.

Esa declaración es un retrato perfecto de uno de los rasgos de su personalidad: prudente con el pasado.

¿Y cómo es Bachelet? Es una mujer firme y defensora de los derechos de las mujeres. “Hay mujeres que no pueden ser presidentas de Chile, y muchos hombres tampoco (…) Una vez alguien me preguntó que por qué no me caso. Y la verdad es que ¡porque nadie ha podido mandarme! ¡Estoy sola por eso! No porque no haya alguna persona interesante por ahí. Pero no es fácil lidiar con una persona con tanto carácter como yo. Y en política soy igual. Obviamente que soy capaz de construir acuerdos y alianzas, pero en los temas importantes tomo mis propias decisiones y exijo que las cosas se hagan tal cual”.

—Así como no ha habido hombre que la contenga, ¿en el coman-do la han podido mandar?— le preguntaron los periodistas de la revista Caras.

—Aquí en el comando me hacen sugerencias, planteamientos, recomendaciones… Y yo las tomo cuando creo que son válidas, y cuando creo que están equivocados les digo: ¿saben qué más? No. Mi instinto me dice que están equivocados. A lo que ellos contestan: Mejor te hacemos caso porque tu instinto nunca falla.

—¿Qué haría si, como Presidenta, de pronto conoce al hombre de su vida? Un vidente asegura que encontrará el amor en La Moneda…

—Cualquier cosa que pase estando en La Moneda no modificaría lo que soy, si soy Presidenta de la República, en eso estaré dedicada los próximos cuatro años. Lo curioso es que a uno le hagan esta pregunta y que nadie le diga lo mismo a un candidato hombre: ¿Usted se va a separar para que pueda dedicarse a ser presidente? Me parece una pregunta un poco frívola…

—Si hubiera un candidato soltero, separado o viudo, también se lo preguntaríamos. No nos ha contestado, ¿qué hará si aparece el amor?

—Cuatro años de gobierno se van volando, ¡no voy a alcanzar! Lo terrible sería que eso pasara y yo no me diera ni cuenta…

“Una vez alguien me preguntó que por qué no me caso. Y la verdad es que ¡porque nadie ha podido mandarme! En política soy igual”

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En una entrevista al Mercurio On Line, doña Ángela Jeria dijo que su hija Michelle tiene una capacidad de trabajo increíble. Duerme poco, lee mucho, practica natación, le gusta divertirse, sabe bailar, cantar y tocar la guitarra. Y aunque cuida mucho su peso, le gusta cocinar ensalada de arroz y pollo a la china, acompañados de vino blanco o cerveza.

La hija menor del general Bachelet y de la arqueóloga Jeria vino al mundo en Santiago de Chile el 29 de septiembre de 1951. Nació regida bajo el signo de libra que, según los astrólogos, son personas llamadas a destacarse por su intelectualidad, equilibrio, justicia, tranquilidad y romanticismo, a pesar de tener algunos defectos característicos: ser inseguros y posesivos.

En lo intelectual se podría decir que los astrólogos acertaron. Michelle domina el inglés, el francés, el alemán y el portugués. Es pediatra, tiene un postgrado en ciencias militares y una historia política que inició cuando era adolescente en la Juventud Socialista.

Esa combinación de conocimientos llevó a que el antiguo presidente Ricardo Lagos se fijara en ella, pues la nombró Ministra de Salud en el año 2000 y de Defensa dos años después.

Su paso por esos cargos se convirtió en el preámbulo para su nominación presidencial por el partido de su mismo benefactor, pero fueron puestos especialmente difíciles para ella, porque en el caso de Defensa debió lidiar con el Ejército, al que pertenecían aún muchos partidarios de Pinochet.

En el Ministerio de Salud, Lagos le puso el listón muy alto: Debían desaparecer las filas de espera en los hospitales. Ese incumplimiento se transformaría luego en su punto frágil y un tema de entrevista en su carrera hacia la Presidencia de Chile.

“Como ministra no andaba todos los días mostrando lo que hacía, candidateándome para la Presidencia. El rol de un conductor no es marquetearse (promoverse), sino generar transformaciones y dar espacio para que otros también puedan mostrar su rol. Y eso para mí fue muy importante siempre”, dijo por ejemplo a los periodistas Lenka Carballo y Roberto Schiattino de la revista Caras.

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Veinte años después, sin Pinochet gobernando, el 11 de diciembre de 2005, Michelle Bachelet debió enfrentar otro reto, pero esta vez electoral. Como candidata presidencial de La Concertación, una coalición de partidos de centro e izquierda se enfrentó al empresario Sebastián Piñera.

Poco después del fin de la jornada, todas las cadenas de televisión internacionales dieron la noticia. Bachelet se había impuesto con creces pues obtuvo el 45.96 por ciento de los votos, mientras su rival se quedó con 25.41 por ciento.

Sin embargo, según la Constitución de Chile, si a la elección se presentan más de dos candidatos y ninguno obtiene más del 50 por ciento de los votos, se procederá a nuevos comicios. Así se hizo y el pasado 15 de enero se confirmó su triunfo, basado en parte a sus cualidades pero también a la herencia de un gobierno que terminó con más del 70 por ciento de aprobación popular.

“Que yo esté aquí es símbolo del cambio de la sociedad chilena, más abierta, tolerante, con derecho a voz”, dijo en su primer discurso. Bachelet es la séptima mujer jefe de Estado en la historia de Latinoamérica, después de la nicaragüense Violeta Chamorro, la argentina María Estela Martínez de Perón, la boliviana Lidia Gueiler Tejada, la ecuatoriana Rosalía Arteaga, la panameña Mireya Moscoso y la guyanesa Janet Jagan (norteamericana de nacimiento). Ya se verá el estilo que la chilena tendrá.

Otra izquierda

Según el ex canciller nicaragüense Emilio Álvarez Montalván, la victoria de Michelle Bachelet en las urnas apunta a consolidar y reforzar los logros de 16 años de gobiernos democráticos, tras 17 años de dictadura militar de Pinochet.Y también a reducir las desigualdades, acabar con la pobreza extrema y combatir la exclusión para alcanzar un desarrollo con equidad.

“A diferencia de la posición de Hugo Chávez, que es un populista sin fronteras, ella acepta la economía de mercado libre, acepta la globalización y acepta una relación amistosa con Estados Unidos”, dice Álvarez Montalván.

Para Álvaro Ramírez, del Instituto Nicaragüense Chileno, el triunfo de Bachelet refleja una tendencia. en Latinoamérica: liberal, equitativa y respetuosa de los derechos ciudadanos, en la que las mujeres juegan un papel importante en el ámbito político.

Otros analistas nicaragüenses la consideran como parte de la nueva izquierda de América Latina, caracterizada como moderada y pragmática en comparación con la izquierda dura de Hugo Chávez y Fidel Castro.

Ese nuevo rostro de la izquierda lo representan Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil; Tabaré Vásquez, en Uruguay, y ahora Michelle Bachelet, en Chile. Argentina y Bolivia también tienen gobiernos de izquierda.FOTOS DE AGENCIA

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