Vuelta al mundo en 10 mundiales

Perfil - 18.06.2006
Carlos Chong

Un hombre amante del fútbol ha pasado 40 años de su vida recorriendo España, Inglaterra, Chile, México, Estados Unidos. Todo por asistir a las Copas del Mundo. Ha ido a diez Mundiales, ha visto 70 partidos mundialistas, vio jugar a los grandes: Pelé, Maradona, Zidane, hasta presenció el gol de "la mano de Dios"

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Orlando Valenzuela

México, 1970. El estadio Azteca ruge con el partido final entre Brasil e Italia. Cien mil almas siguen desde la gradería con gritos, gestos y ataviados con los colores de su simpatía el encuentro del que saldrá el campeón de la Copa del Mundo 1970. Uno de esos 100 mil fanáticos es el diriambino Carlos Chong. El día está soleado y la euforia es de dimensiones incalculables. A diferencia de la muchedumbre carapintada y enardecida, Chong viste normal y cada jugada la celebra apenas con una sonrisa. Su fanatismo por Brasil lo llevaba en el alma. Eran "equipones" los que había en ese Mundial, recuerda el fanático futbolero. "Tuve el placer de ver jugar a Pelé", cuenta con un gesto de nostalgia, mientras pasa la mano derecha por su cabeza.

Al minuto 45 del primer tiempo, el árbitro le anula un gol a Pelé. Chong se molesta. pero su enojo duró muy poco, el marcador final quedó 4 por 1 a favor de Brasil, quien inmediatamente se convertía en tricampeón del mundo y lograría llevarse la Copa Jules Rimet a casa. El festejo carioca se vivía en cada rincón de México.

El Mundial de México era el tercero al que asistía Carlos Chong, de una racha de diez consecutivos que culminó en Francia 98 y que lo convierten, posiblemente, en el único nicaragüense con ese récord futbolero.

Carlos Chong nació el 3 de julio de 1931. Este año cumple 75. Es graduado en Farmacia y Química y, tal vez por ello, gerente general de la Farmalab, una empresa de productos farmacéuticos ubicada en Managua. Lleva una camisa café y un pantalón casi del mismo color, de estatura media y con aires de ser muy reservado. Las canas denotan el pasar de los años y el hablar su pasión por el fútbol. Nació en Rivas, pero eso nadie lo sabe, se ha consagrado como legítimo diriambino debido a que llegó a esa ciudad desde los tres años. "Ni siquiera yo me acuerdo que soy rivense", dice. También es de ascendencia china y a ella debe probablemente el ser calmo y menos eufórico que los latinos.

El único lugar donde jugó fútbol fue en el colegio Pedagógico La Salle, de Diriamba, donde cursó su primaria. En el tiempo como estudiante en la universidad conoció a su actual esposa, Nubia Henríquez Cordero. Su sueño, como todo futbolista de corazón era ver un Mundial y lo logró, luego de hacer una gestiones con unos amigos marcó rumbo a Chile 1962. Posteriormente pasó a ser Presidente de la Federación de Fútbol de Carazo, luego de la Nacional y con ello pudo conseguir los boletos directamente con la FIFA. "Siempre comprados", aclara.

"Los goles de Maradona eran espectáculo para al público, pero los de Pelé eran jugadas casi señoriales, con clase. Como un jugador que baila ballet, que hace las jugadas, los pases, los goles...". Se acomoda en su silla negra, reclinable, y empieza a contar con detenimiento: "Fue una desilusión para mí no ver jugar a Pelé en Chile 62, pero los brasileños eran algo novedoso. Difícilmente volverán a tener jugadores como Garrincha". En Chile, recuerda, a Garrincha le pusieron a tres hombres: uno en el centro y uno a cada lado para que no los pasara y aún así los driblaba. ¿Qué hacía el hombre? Tenía una velocidad tremenda y un quiebre fantástico. Fue un gran jugador a pesar que tenía su físico en contra: piernas torcidas por la polio, columna desviada y pies torcidos. "Son famosas las historias de Pelé. El juego que me quedó más grabado fue en México 1970. Era un partido del primer grupo entre Brasil e Inglaterra y quien ganara se quedaría ahí, en Guadalajara". Recuerda que los brasileños fueron muy bien acogidos por los mexicanos. "Ahí vi jugar a Pelé y él fue quien dio el gol de la victoria. Eran unas jugadas señoriales", repite.

Chong estuvo ahí también cuando sucedió el gol de "la mano de Dios", hecho por el astro argentino, Diego Armando Maradona. Cien mil personas tuvieron la oportunidad de verlo en vivo. Se jugaba la final entre Argentina e Inglaterra, el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca. "Recuerdo que los ingleses no lo creían... y desde siempre se lo echan en cara a los argentinos. Dicen que Maradona no es una persona honrada porque durante el partido negó que el gol lo había hecho con la mano". Apoya sus manos sobre el escritorio, no da muchos detalles. Hace un gesto de querer recordar más, pero no lo logra. Cuenta otro de los goles de Maradona en ese mismo partido. "El balón se lo llevó desde la media cancha, se pasó a cinco y casi llegó a la portería con él. ¡Fue un golazo!", se emociona y con movimientos de cabeza respalda su afirmación.

Sereno y reposado por genética, se encontraba Chong a unos veinte o treinta metros del partido final entre Brasil y Checoslovaquia, en Santiago de Chile 1962. "Iba vestido con un poncho de lana, que me había prestado un amigo, suegro de un dentista que había estudiado conmigo", recuerda. Era 17 de junio de 1962. Estaba en la gradería al costado sur del estadio y llovía. "G0000l" gritaban de alegría los hinchas cuando Amarildo, el delantero brasileño que repuso a Pelé en el Mundial, metió el primero de dos goles que le darían la victoria al equipo carioca. Chong se encontraba sentado con una sonrisa dibujada que demostraba toda su alegría. Era la más fuerte muestra de emoción que su espíritu calmo le permitía hacer.Carlos Chong

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De joven, le gustaba leer revistas como El Gráfico, de Argentina, y Gol, de Chile. Ambas llegaban a Nicaragua con informaciones del fútbol. Pero no hay nada parecido a sentirlo y vivirlo en carne propia. "Se siente maravilloso porque un Mundial es algo emocionante. Para alguien que le gusta el fútbol y que siempre ha vivido en un lugar donde sólo el fútbol se practica...".

En Santiago de Chile "el hospedaje, incluyendo la comida, me costaba seis dólares. En ese tiempo todo era regalado. Ahora ya no. Este ha sido el Mundial más barato", recuerda. Hace sus cuentas mentales, pronuncia silenciosamente los números y termina dándonos un cifra: "Me costó unos 600 dólares, incluyendo boletos de avión, entradas a los juegos, alojamiento... ahora parece ridículo". Chong aún recuerda que el boleto de avión le costó a penas 150 dólares en Panamericana Airlines.

Cada Mundial al que fue tiene su historia de cómo se financió. "Para los de Inglaterra, México y Alemania ahorraba 48 cuotas de 50 dólares cada una, lo que equivalía a 2,400 dólares. En esa época era más que suficiente para viajar como turista. A partir de 1972, ya tenía un buen salario y podía viajar".

El más caro fue el Mundial de Francia 1998. "Iba con mi señora, con todo y los boletos fueron como ocho mil o diez mil dólares". Aunque esto además incluyó un viaje a otros países de Europa. En esta ocasión fueron a los cuartos de final, semifinales y la final.

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No hay malos Mundiales, sino injustos y parciales. Para Chong el peor fue el de Inglaterra 1966 porque los equipos europeos quisieron acabar con Pelé. Era el partido entre Portugal y Brasil, "el volante de Portugal pateó varias veces a Pelé y el árbitro no le dijo nada. Cuando lo sacaron le pegó una patada y cuando iba en el aire le dio otra. Se lo llevaron al hospital y ni falta cantó el árbitro. Era acabar a los brasileños porque en ese entonces no había cambios", recuerda Chong con mucho enojo e indignación.

Cada viaje además de ver el Mundial implica mucho más. Entre partidos Chong usualmente viajaba. "Me encontré en medio del Louvre la famosa pirámide que la diseñó un chino, es de puro vidrio, de largo se ve pequeña pero es enorme", afirma. Esto fue en Francia 1998.

"Pude ir a Londres de paseo. Tomamos el tren bala que pasa debajo del Atlántico para llegar a Londres. En el de Francia salimos para España, Inglaterra, entre partidos, fuimos ahí nomasito Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Para el de Italia entramos por España, salimos para París, después nos fuimos para Venecia en bus atajando hasta Roma". Durante el Mundial en España, Chong también aprovechó par convenirse en socio del Real Madrid. "Fui socio del Madrid", afirma con el pecho en alto y con mucha satisfacción. Los socios del Madrid tienen entradas seguras a los juegos importantes, pero como Chong no vivía en España, no gozó de esos privilegios. "Yo era más para sentirme que fui socio". Se pagaban únicamente 20 dólares anuales.

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Estamos por terminar de hablar con él. Abre la gaveta de su escritorio y saca unas hojas de papel engrapadas. Es el calendario de juegos del Mundial Alemania 2006. Tiene subrayados con resaltador verde fluorescente algunos de los juegos. El calendario lo
obtuvo de la página especializada en deportes ESPN.

Chong ha ido a diez Mundiales, los últimos cinco con su esposa. Ha presenciado diez finales de la Copa del Mundo. La primera fue en Chile 1962, seguida por la de Inglaterra 1966, México 1970, Alemania 1974, Argentina 1978, España 1982, México 1986, Italia 1990, Estados Unidos 1994 y su último Mundial que fue en Francia 1998.

—¿Por qué no fue al de Corea-Japón?

Porque era en dos países y tenía que movilizarme mucho. Por ejemplo, si Brasil hubiera quedado de segundo en su grupo, seguramente habría tenido que ir a jugar a Corea. Por lo tanto, ir de Japón a Corea es un problema, es demasiado largo. Además, amigos míos que ya habían ido a Japón me dijeron que las cosas son muy caras y más en época de Mundiales. También por la lengua y las personas. El japonés es muy cerrado, muy reservado. Mi hijo fue y pasó comiendo los mismos platos que vio en una vitrina porque todo estaba en japonés.

Los japoneses a estas alturas todos ellos saben inglés y no lo ponen en inglés los menús y si les hablás en inglés ni te contestan. Los ojos de Carlos Chong no han perdido el brillo que despierta el fútbol. A sus 75 años, él puede decir "yo estuve ahí", cuando Pelé metió aquel golazo "magistral" en México 1970, cuando Maradona venció desde la media cancha a todos sus oponentes o cuando sucedió el gol de "la mano de Dios" en 1986. Vio el marcaje despiadado contra Garrincha en Chile 62 o contra Pelé en Inglaterra 66. Nadie le contó nada.

Y ahora, en el Mundial Alemania 2006 no estará en las graderías. A sus 75 años, y con un amigo muy enfermo, no se puede dar el lujo de la aventura que lo consumió durante 40 años. Verá cada partido desde el televisor de su casa. Sin gritos porque él es, ya lo dijimos, un hombre calmo.Carlos Chong

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