Cuando los dos lagos de Nicaragua eran uno

Periscopio - 07.10.2016
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Hace miles de años el lago Xolotlán y el lago Cocibolca eran un solo cuerpo, formado por una acumulación milenaria de agua en el valle que los geólogos llaman Depresión Tectónica Nicaragüense: un territorio que va desde el Golfo de Fonseca hasta el valle del río San Juan.

“En esa depresión han quedado retenidas, desde hace unos 750 a 500 mil años, las aguas de los ríos que descendían de la meseta central del país, rumbo al océano Pacífico, originando el gran ‘empozamiento’ lacustre en la parte más hundida de la depresión”, explica Jaime Incer Barquero, científico nicaragüense, en su libro Nicaragua, un anecdotario de memorias y vivencias.

El gran lago se dividió en dos masas debido a alzamientos tectónicos a lo largo de la falla de Tipitapa, “que lentamente levantó el bloque donde se asienta el Xolotlán unos nueve metros por arriba del nivel del lago Cocibolca”.
Ahora solo los une el río Tipitapa, un largo estero que “se extiende en dirección contraria desde el lago de Nicaragua hacia el oeste” y muy raramente en sentido opuesto. Según Incer Barquero, “solamente después de un copioso invierno, cuando el espejo del lago Xolotlán supera los cuarenta metros sobre el nivel del mar, sus aguas rebasan, se derraman por la bocana de Tipitapa y fluyen rumbo al Cocibolca”. Si ese no fuera el comportamiento del río, el lago de Managua contaminaría al de Nicaragua. El Tipitapa ha cambiado de rumbo en 1933, 1954, 1982, 1998 y 2010.

Hasta hace pocas décadas, en el lago de Nicaragua, nadaba una especie de tiburón y dos de pejesierras, procedentes del mar Caribe. Su ausencia en el lago Xolotlán, dice Incer Barquero, podría explicarse “asumiendo que los lagos ya se habían separado” cuando empezó la invasión de los tiburones y los “raudales levantados por la falla de Tipitapa impidieron que los escualos ascendieran al Xolotlán. O bien, aquellos tiburones que ya estaban en el lago de Managua quedaron atrapados, “no pudieron salir a completar su ciclo reproductivo en el mar y por lo tanto, se extinguieron”.

Quizás algún día, sostiene el científico, se encuentren dientes de tiburón fosilizados en el lecho del Xolotlán. Eso nos permitiría conocer mejor la historia de nuestros lagos.

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