El río del oro en Nicaragua

Periscopio - 09.09.2018
Río

El río San Juan era la ruta del tráfico áureo (de oro); en la propia desembocadura había un puesto comercial azteca. Figurillas de oro de Talamanca (cantón de la provincia de Limón, Costa Rica) se encuentran a menudo entre los calpules (montículo que señala los antiguos pueblos indígenas) de río San Juan y Chontales, según describe el científico Jaime Íncer Barquero en su libro “Nicaragua un anecdotario de memorias y vivencias”.

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La importancia comercial del río San Juan, navegable de un extremo a otro, fue razón para que diversos grupos indígenas lo habitaran. En sus orillas existían varios pueblos que se mantenían en disputas entre sí por el control del río.

Íncer Barquero relata en su libro que en 1523 el cacique Nicarao entregó al conquistador Gil González un tributo en oro. Diez días después el cacique Diriangen visitó al capitán español y también contribuyó, según las cuentas de Andrés de Cereceda, tesorero de la expedición. Tres días después Diriangen cayó sobre cientos de españoles en el llano de Ochomogo; los combatió con tres mil indios y obligó a volver, pero los conquistadores se llevaron el oro recaudado.

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Pareciera un enigma saber cómo los caciques obtenían el preciado metal. El científico plantea que es probable que lo adquirieran por trueque con tribus vecinas o de los ríos que arrastran pepitas de oro de la cordillera de Talamanca, hacia la costa Caribe de Costa Rica. De ser así, el Lago de Nicaragua y el río San Juan servían como rutas del comercio del oro. Por esa razón el cacique Nicarao no quiso revelar a los españoles que el lago tenía una salida al mar, cuando estos investigaron, callando así la procedencia del metal codiciado. Hasta 15 años después se supo en Granada que por el río San Juan pasaba el oro de Moctezuma.

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En 1539, Alonso Calero y Diego de Machuca entraron al río para explorar la salida al mar. La expedición se dividió y a ninguno le fue bien. Finalmente alcanzaron la desembocadura donde se habría formado una amplía bahía, y el 24 de junio de ese año, día de San Juan Bautista Calero, tomó posesión del lugar por mandato de la reina de España y fue así que bautizaron el río con el nombre del santo.

En el siglo XIX el oro continuó siendo la principal motivación para navegar por el río. Miles de norteamericanos lo remontaron con rumbo a California en la época de la llamada “fiebre del oro”.

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