La increíble y presidencial historia del osito Teddy, el peluche más popular del mundo

Periscopio - 18.12.2019
Teddy

El peluche más popular del mundo nació hace poco más de un siglo y tiene una historia muy presidencial. El osito Teddy, más conocido simplemente como “osito de peluche”, suele regalarse como una muestra de afecto, pero su origen fue una muestra de piedad.

En el otoño de 1902, el presidente estadounidense Theodore Roosevelt aceptó la invitación del gobernador de Mississippi, Andrew Longino, para un viaje de caza. Roosevelt y su anfitrión acamparon con tramperos, caballos, tiendas de campaña, cincuenta perros de caza, periodistas y un exesclavo llamado Holt Collier, que hizo el trabajo de guía.

En la segunda mañana los perros de Collier olfatearon el inconfundible aroma de un oso y pasado el mediodía finalmente dieron alcance a uno negro, viejo y gordo, de unas 235 libras que, acorralado, se defendía de la jauría. Collier golpeó con su rifle la cabeza del animal, lo ató a un árbol y esperó al presidente para que él lo rematara.

Cuando Roosevelt llegó, vio una escena terrible: un oso moribundo, atado y jadeante, perros muertos o heridos y una multitud que aclamaba: “¡Dejen que el presidente mate al oso!”. Pero el mandatario se negó a disparar y guardó su arma. Le pareció que era “antideportivo” matar a un animal que se encontraba herido y en completa indefensión.

Debido a que en la expedición participaban varios reporteros, la acción del presidente se hizo famosa de inmediato. El lunes 17 de noviembre el caricaturista Clifford K. Berryman compartió una viñeta de la escena en el diario “The Washington Post”. El dibujo mostraba a Roosevelt vestido con uniforme de jinete y de espaldas a un cachorro de oso acorralado, asustado y dócil.

Esa caricatura inspiró a un matrimonio de inmigrantes judíos rusos, Morris y Rose Michtom, propietarios de un establecimiento de venta de dulces. La noche que vieron el dibujo de Berryman, Rose tomó un pedazo de terciopelo de felpa y le dio forma de oso. Le coció unos botones como ojos y lo exhibió en su ventana al día siguiente: era el “oso Teddy” y todos deseaban comprarlo.

Pero ellos no querían venderlo sin la aprobación del presidente. Le enviaron un ejemplar preguntando si les permitía su comercialización, a lo que Roosevelt respondió que no había problema. Les fue tan bien en el negocio, que abandonaron la venta de caramelos, para dedicarse de lleno a la confección del popular osito que hoy es conocido en casi todo el mundo.

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