Leonardo Argüello

Periscopio - 30.11.2008
Valiosos recuerdos. Los familiares del presidente Leonardo Argüello

En febrero de 1947, bajo la supervisión de la Guardia Nacional, un blandengue tribunal electoral invirtió los resultados para favorecer al candidato de Somoza. Nunca sospechó el dictador que su marioneta quería en realidad tener vida propia. Leonardo Argüello fue ministro, llegó a gobernar y duró muy poco en el poder

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

En las roconolas de la vieja Managua se escuchaba esta canción: "Se va el caimán, se va el caimán... ¡se va para Barranquilla!! Se va el caimán, se va el caimán/¡Se va para Barranquilla!" El coro se volvía a escuchar y una rebelión se anunciaba.

La pegajosa melodía tenía contenido político. En la Nicaragua de 1947 significaba que se iba El; que la gente ya no lo vería pavonearse con su uniforme de militar haciendo lo que le daba la gana desde la Presidencia. Y Él, el General, era Anastasio Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional, gordo, cara ovalada, con absoluto control del Partido Liberal Nacionalista, aficionado al mambo, ladrón, presidente durante diez años continuos del país y el padrino de la candidatura del hombre que ahora se le rebelaba, a quien había pensado el día de la nominación como una marioneta de 72 años.

Pero la suerte, cosa de la historia, se fue esta vez contra el titiritero. El muñeco quería tener vida propia y Somoza, el padre de la dinastía que se erigió a lo largo de 43 años como dueña de los destinos de Nicaragua, aplastó al abogado entrecano, vestido de saco y corbata, zapatos de dos colores, bigote espeso y barba tupida, tal como se ve en la fotograba color sepia que sus familiares conservan más de sesenta años después. Ellos también preservan la Banda Presidencial que Leonardo Argüello nunca regresó, porque él murió con la firme creencia que era Presidente de la República.

La historia del ascenso y la caída de Argüello empezó así. Antes que las roconolas hicieran popular la partida del caimán, La Prensa publicaba diario esa frase celebrando que Somoza ya no sería Presidente. La oposición presionaba de la mano de su líder Enoc Aguado, ex vicepresidente en la época de José María Moncada, que se presentó como candidato a las elecciones de 1947, en las que el dictador había elegido a Leonardo Argüello Barreto como su candidato.

Desde muy joven, Fabio Gadea Mantilla había sido un amante consumado de la música. Escuchaba la pegajosa canción, leía el periódico en esos años de protesta y entendía la situación de Nicaragua bajo la bota de Somoza. Tenía 16 años, aún no podía votar (se empezaba a los 18) y era estudiante del Pedagógico. Eran los años rudos de Nicaragua cuando Estados Unidos apadrinaba a las dictaduras en América Latina y no había a quién recurrir en el exterior.

En la convención para elegir a su candidato en León, los somocistas eligieron a Argüello por orden de su jefe que obvió a dos de sus amigos: Lorenzo Gutiérrez Gutiérrez y Alejandro Abaunza Espinosa. Somoza miró en Argüello el prototipo de gentleman inglés: educado, abogado de profesión, con vínculos familiares con el presidente Juan Bautista Sacasa y relacionado con el presidente José Santos Zelaya, pues uno de sus primos había sido médico de la esposa del caudillo liberal.

"La imagen que se tiene de él, con el paso del tiempo, es totalmente absurda. Para mí el presidente Argüello estuvo a punto de salvar a Nicaragua. Si Leonardo hubiera logrado su cometido ¿cuántas cosas no se hubieran evitado? Guerras y todo. Era un hombre honesto, serio, incapaz de robar un centavo", asegura monseñor Federico Argüello, de 94 años, sobrino del Presidente, vestido de guayabera blanca y pantalón negro en su residencia en Carretera a Masaya. Que la gente recuerde a su pariente como un fantoche no le causa gracia.

Pocos saben que el dócil Argüello pensaba desde muchos años antes que él botaría al tirano cuando llegara a la Presidencia.

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Antes de ser candidato fue ministro. El día que el leonés Leonardo Argüello Barreto aceptó ser el titular de Gobernación de la administración Somoza recibió un fuerte reclamo. Su primo Victorino Argüello, educado en Inglaterra desde los seis años, conocedor de las entrañas del somocismo y padre de monseñor Argüello, le reclamó a nivel privado cómo fue posible que aceptara trabajar con un sinvergüenza. Argüello —asegura su sobrino—, respondió: "Yo soy político Victorino, vos no. Yo voy a acabar con Somoza".

Lo decía con tal seguridad porque, a juzgar por las palabras de su sobrino, siempre tuvo clara la personalidad del dictador que él pretendía derrocar. En la familia Argüello siempre se recordaba a Somoza como un cobarde tras el asesinato a traición contra Sandino que el dictador planificó en 1934.

Discreto, Argüello siempre creyó que la única forma de salvar a Nicaragua era acabar con el dictador desde adentro, según su sobrino. Calló, se fue abriendo paso entre los círculos más cercanos a Somoza, hasta que éste lo eligió como su candidato.

En aquellas elecciones de febrero de 1947, Argüello aguantó las críticas de la oposición. Nunca dijo nada, según Monseñor Argüello, pero cuando la oposición miró con seriedad que había una rebelión la gente lo empezó a apoyar. Así se lee en los diarios de la época.

Argüello había llegado al poder tras las elecciones más descaradas de la historia. Según el periodista Fabio Gadea Mantilla, en 1947 el tribunal electoral estaba controlado por un señor llamado Modesto Salmerón que sería, según Gadea Mantilla, el Roberto Rivas de aquella época.

Monseñor Argüello lo recuerda fumándose un habano e instando a la gente a votar de un modo muy peculiar. "Voten, voten, que luego cuento yo", decía carcajeándose.

La suerte del resultado electoral estuvo echada desde antes. En ese tiempo se hacían dos filas. Una para el candidato del oficialismo y otra para el opositor. No había el tal voto secreto. No había emisión de cédulas.

La gente, presionada por la Guardia, salió a votar y las filas a favor de Enoc Aguado eran larguísimas. Al final de la jornada, los testimonios más serios indicaban que la victoria era de los opositores, pero las urnas fueron custodiadas por la Guardia Nacional al concluir el día.

En el recuento de los votos ("voten, voten, que luego cuento yo", decía Salmerón) la decisión popular fue invertida. 18 mil votos fueron colocados a favor de Aguado y 184 mil para el fantoche de Somoza. Así coronó su objetivo Leonardo Argüello, quien se ve en las fotos de campaña vestido de saco y corbata, con sombrero, rodeado de campesinos en ropa de manta, cargando carteles que lo exaltaban diciendo "viva la democracia", "honradez, talento, democracia" y "savias de un mismo árbol" con una foto de Somoza y otra suya al lado.

En la explanada de Tiscapa, el primero de mayo de 1947, un sonriente y augusto presidente Argüello describió ante una multitud que no le creía una palabra lo que sería su postura ahora que asumía el poder. La savia del mismo árbol no pensaba lo mismo que el Jefe.

"No seré, tenedlo por seguro, un simple Presidente de turno arrastrado por el manso llevar de la costumbre y la tradición", dijo vestido de blanco bajo la mirada de Somoza. El dictador se encolerizó de acuerdo con el testimonio del historiador Roberto Sánchez Ramírez sacado de su libro Recuerdos de Managua en la memoria de un poblano, de reciente publicación. Con el rostro colorado, el tirano, de saco y corbata también, se preguntaba viendo a su ungido firmar un documento, ¿a qué hora? ¿Desde cuándo los pájaros le tiran a las escopetas?

En 1947. En campaña electoral. Finamente vestido. En las pancartas se decía que Somoza y Argüello eran lo mismo. El candidato de Somoza intentaría rebelarse una vez conseguida la Presidencia.

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Veintiséis días después, el carro buick negro de Argüello giró en el recodo de La Curva, seguido por dos vehículos más que venían de la Casa Presidencial en la Loma de Tiscapa, un edificio construido en la administración Moncada que tenía un estilo "mozárabe o mudéjar", describió el profesor Julio César Sandoval en un artículo publicado en un medio local hará seis años.

Sandoval fue testigo de estos acontecimientos que provocaron convulsión en Nicaragua. Para cuando el golpe ocurrió, Somoza y el nuevo Presidente ya habían tenido varios encontronazos. "Creo que él se apresuró demasiado", analiza monseñor Argüello.

En los días previos al desenlace, hubo mucha tensión. En La Prensa se hablaba de que Argüello no debería emular lo gastón de las administraciones liberales como la de Moncada. El nuevo Presidente parecía seguro de sí mismo, seguro de que se enrumbaba a un mandato equilibrado.

En su primera comparecencia ante los periodistas, omitió leer el nombramiento de Somoza como jefe director de la Guardia Nacional. Los problemas internos desembocarían al final en esa mañana fresca de los carros buick negros, cuando el Presidente debió abandonar el país después que Somoza le puso tanquetas y militares en la Casa Presidencial para expulsarlo.

"Nicaragua vivió 26 días de alegría porque por primera vez un Presidente de la República caminaba desde la Avenida Roosevelt hasta el Malecón. La gente lo saludaba. Ya había dado declaraciones de que iba a quitar los rieles del ferrocarril que estaban en Montelimar a Somoza. Que no tenían por qué pagar sus empleados con los reales del ferro-carril", recuerda el periodista Fabio Gadea Mantilla.

Somoza y Argüello se dijeron de todo, pero el nuevo Presidente siempre fue comedido en público. El domingo 25 de mayo de 1947 dijo en La Prensa que todo estaba normal. "Yo entiendo que nunca ha estado el Ejército más fuerte y unido en la actualidad. Tanto los jefes como los oficiales saben que su honor militar les obliga a mantenerse alrededor de la Constitución a la que han jurado defender".

Pero a nivel privado, Argüello recibió muchos insultos. La esposa de Somoza, Salvadora, mandó a sacar todos los muebles de la Casa Presidencial porque los consideraba propiedad de la familia.

"La Primera Dama, la esposa de don Leonardo, quiso retener unos jarrones de mata de piedra, pero dijo doña Yoya (Salvadora) gritando: `Esos jarrones también son míos. ¿Te los querés robar? ¡Sabía que sos puta, no sabía que eras ladrona'. La Casa Presidencial quedó vacía. Don Leonardo mandó traerse sus butacos de junco y todos los asientos de su casa, mientras abajo, en la Avenida Roosevelt, el pueblo gritaba mueras contra la Guardia", relató el profesor Sandoval.

En las roconolas de la vieja Managua se oía: "Se va el caimán, se va el caimán/Se va para Barranquilla". La marioneta quería tener vida propia.

A las nueve de la mañana del último día de Argüello en el poder, el Presidente mandó a retirar a Somoza. Antes, el director de la Guardia había aceptado la propuesta y pidió tiempo para arreglar unos asuntos. Ya tenía armado para entonces su rompecabezas político y no cabía el traidor en él.

Cuando recibió la orden de retiro, que le llegó a dejar el secretario privado de Argüello, Somoza soltó una carcajada que se escuchó en toda Managua, según el historiador Roberto Sánchez Ramírez.

Tras bambalinas, Somoza logró que el parlamento, leal a él, declarara loco a Argüello, de 72 años. El diputado somocista Adolfo Urrutia, originario de Estelí, fue el primero en dudar de la salud del gobernante y así empezó el dictador a ganar su partida.

Rodeado por militares, declarado incapaz por el Congreso, Argüello partió de la Casa Presidencial con rumbo a la Embajada de México. Pidió asilo. "¿Quién era Somoza para declarar loco a alguien? Era un sinverguenza", asegura monseñor Federico Argüello.

Ese día el clima era fresco. Había mucha tensión. Pocos militares siguieron a Argüello en su periplo al exilio. Luego se desataría la cacería contra los fieles al mandatario –historió Sánchez Ramírez– y vendrían más rebeliones. Muchos militares de la Guardia Nacional se declararon inconformes con el régimen. Varios tomaron las armas contra su antiguo amo como el famoso guerrillero Julio Alonso Leclaire, que en esos días estaba en el centro del país en una guarnición y se mantuvo luchando contra el dictador a lo largo de 14 años.

Federico Argüello supo en el extranjero que su tío abandonaba el país. En ese mayo de 1947, vivía en España, se dirigía a Estados Unidos y terminó en México, donde lo confundieron.

—¿Es usted el presidente Argüello? –le preguntaban los periodistas.

A él le dijeron que el mandatario quería confesarse. Pese a ser su pariente, él se consideró muy joven para hacerlo. Le recomendó al jesuita Rossi que platicó con el mandatario defenestrado y le contó que una de las cosas que no podía perdonar eran los improperios y el trato que le había dado Somoza. "Era muy dificil para él perdonarlo, pero lo hizo", sostiene monseñor Argüello.

El religioso tenía entonces 33 años. Regresó a Nicaragua con la noticia de que su tío estaba bien. Ocho días después, le avisaron que había muerto. El informe médico señalaba que el corazón le había fallado. El presidente Leonardo Argüello Barreto dejó de existir, mientras el "Caimán" siguió mandando hasta un día de septiembre de 1956 cuando desatendió las advertencias de los servicios de Inteligencia de su amigo Leonidas Trujillo, dictador de República Dominicana. Somoza se fue a bailar mambo a la Casa del Obrero de León el día 21 y un poeta le pegó un tiro. Y murió, pero sus hijos siguieron mandando hasta 1979.

Vidas paralelas

A veces la historia se repite. Enrique Bolaños, elegido en su vejez por el presidente Arnoldo Alemán para ser su sucesor, forjó una historia muy parecida a la de Argüello. Muchos miraban en él la continuación del corrupto presidente liberal que, según fuentes gubernamentales, dejó un mensaje a Bolaños cuando éste entró en la Casa Presidencial.

"Allí estaban los retratos de todos los presidentes, pero Alemán sólo le dejó uno colgado: el de Leonardo Argüello", dijo la fuente.

El mandatario Enrique Bolaños empujó una cruzada contra la corrupción que develó toda la malversación de fondos en la Administración de su antecesor. Los seguidores de Alemán lo llamaban desde traidor hasta "rata de dos patas".

Fotos de Orlando Valenzuela
Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños tuvieron vidas paralelas a las de Somoza y Argüello. El afamado profesor Julio César Sandoval escribió un artículo hace seis años comparándolos.

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