Negro soy: de África a Managua

Reportaje - 09.01.2017
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Los afrodescendientes que viven en Managua tienen sus propios puntos de reunión, trabajan en los call centers y son gremiales. Han dejado la Costa Caribe, pero no abandonan las raíces negras que los atan al continente africano

Por Amalia del Cid y Julián Navarrete

Robert Wilson dejó su tierra hace 37 años. Abandonó la playa blanca y el mar cristalino que a lo lejos se mira “verde verde” o “azul o azul” e hizo una nueva vida en Managua. Se casó, tuvo dos hijos y consiguió una casa decente; sin embargo, cosa extraña, en sus sueños siempre mira la Costa Caribe.

“Todo lo que sueño en las noches es de allá”, dice con su musical acento creole. “Sueños de mi juventud, de mi infancia cuando andaba pescando en los Cayos Miskitos; sueño con mis ancestros, la gente de crianza, que alguna ya está muerta”. Pero pasa algo aún más extraño: cuando Robert va de vacaciones a su querido Caribe, “a los quince días” ya quiere estar de regreso en su casa. Es el dilema de los negros que se han establecido en Managua: tienen el corazón en la Costa y la vida en la capital.

En el hogar de “Bob” han aprendido a juntar ambos mundos. Por ejemplo, casi todo lo cocinan con coco, aunque se trate de platos de la cocina del Pacífico, y se han integrado a la vida social capitalina, pero los domingos van a la iglesia Morava.

“Bob”, casado con una miskita, es parte de ese grupo de población creole que ha migrado hacia Managua en las últimas décadas. Sin embargo, no hay números sobre la cantidad de negros viviendo en la capital. Según el último Censo Nacional de Población y Vivienda, en Nicaragua habitan cerca de 20 mil afrodescendientes; pero este estudio fue realizado en 2005, lo que significa que pronto cumplirá 17 años y está desactualizado.

Pese a que las cifras oficiales brillan por su ausencia, la presencia negra es cada vez más palpable en la capital. Los creoles han llegado con su comida y su ritmo; destacan en el deporte, en el mundo artístico y académico y en cargos públicos. Se reúnen en sus discotecas y en su propia iglesia y últimamente migran hacia la capital para trabajar en los call centers. Se trata de una gran familia donde incluso los negros nacidos en Managua son criados dentro de la cultura creole. Este es un vistazo a su mundo.

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A las 4:00 de la tarde del domingo comienza el servicio religioso en la iglesia Morava de Managua, pero los creoles llegan desde las 3:30 o incluso antes. Se reúnen primero en el patio, donde se vende el redondo pan de coco, las tortas de quequisque y la famosa empanada de carne que llaman patí. Se oyen saludos alegres antes de que estallen los cantos y el coro entone viejas canciones escritas en himnarios que tienen más de cuarenta años de antigüedad. Todo pasa en inglés, desde los primeros saludos hasta la prédica del reverendo.

A veces Robert Wilson despacha la repostería costeña que vende la iglesia Morava. Migró a Managua hace 37 años, siguiendo a sus patrones, dueños de talleres mecánicos.
A veces Robert Wilson despacha la repostería costeña que vende la iglesia Morava. Migró a Managua hace 37 años, siguiendo a sus patrones, dueños de talleres mecánicos.

Por la mañana también vienen negros, como Robert Wilson, pero el culto se realiza en una mezcla de español con miskito. La tarde, en cambio, está destinada a la comunidad creole. Esta, la iglesia Morava, es uno de sus grandes puntos de encuentro en Managua; los otros son las discotecas y los bares de negros, dice el reverendo Alfredo Joiner.

Acá en la iglesia hay miembros que formaron parte de las primeras olas de migración de negros que dejaron la Costa para “buscar vida en Managua”. “Empezaron a venir más o menos a finales de los 40 y principios de los 50, cuando se abrieron las puertas para venir a buscar trabajo, venir a estudiar. Al venir el joven, se preparaba, encontraba trabajo y traía a su familia. Así se fueron aglutinando”, señala Joiner, teólogo y estudioso de la historia de la comunidad negra.

Según él, hubo otra ola poco después de la revolución sandinista y es probable que haya habido más migración luego del huracán Juana, que en octubre de 1988 causó estragos en la Costa Caribe. “Si tenían algún familiar en Managua, se vinieron a hospedar”, explica.

Los afrodescendientes que se establecen en la capital suelen hacerlo en grupos. Es decir, donde hay una familia negra generalmente hay otras más. Ejemplo claro es Bello Horizonte, una zona que de tan poblada por creoles fue bautizada por los propios costeños como “Negrorizonte”. También se han asentado en la Carretera Norte, en barrios como el Pedro Joaquín Chamorro, donde habita el negro Washington Hodgson, quien se presenta como “africano nacido en Bluefields”. Su comedor Bambulé sirve rondón, rice and beans y pescado frito y es famoso entre los creoles, casi tan famoso como el Club Costeño donde se divierten los jóvenes.

Para Joiner, esta tendencia de los creoles a crear asentamientos podría tener una explicación histórica. Cuando los misioneros moravos llegaron al Caribe nicaragüense, allá en 1847, quizá propiciaron un poco ese separatismo. Resultó que aunque los miskitos poseían el poder político, los negros tenían un arma más importante: hablaban inglés, el idioma utilizado por los misioneros alemanes que iniciaron la obra morava en Bluefields.

“Ellos (los misioneros) tenían asentamientos en los cerros. Los negros se les aliaron y lograron tener un estatus económico social un poco más alto que los miskitos. Manejaban el inglés y eran los capataces y ayudantes, vivían en asentamientos más cerca de los jefes”, señala Joiner. A su juicio, los asentamientos creoles en la capital responden a una “cuestión cultural”. “Viene una familia y luego viene otra que sabe que esa familia vive ahí. Si allá en la Costa hacían pan, aquí también hacen pan, se cuentan las cosas y ahí nomás se van acercando otros”.

Es un fenómeno que también se debe a una identidad cultural colectiva, como pasa con los barrios chinos, por ejemplo, o con los barrios de negros en Estados Unidos.

Desde hace unos años, ha habido una nueva oleada de jóvenes creoles migrando hacia Managua, atraídos por los call centers. Su idioma madre, el inglés criollo, les permite obtener el empleo sin mayores dificultades.

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Según cifras de la empresa Sitel, recogidas por Pro-Nicaragua, de los 3,100 trabajadores que tiene actualmente la empresa, unos 400 provienen del Caribe nicaragüense. Es decir, el 14 por ciento de sus empleados. Sin embargo, René Gómez, creole originario de Rosita, de madre negra y papá miskito, se atrevería a afirmar que el 60 por ciento de los negros que conoce en Managua está trabajando en un call center.

Es un empleo que paga bien, explica. “550 dólares como mínimo y de 800 a 900 dólares con horas extras, una carrera universitaria no les va a dar esa cantidad de dinero”. Él ha trabajado durante cinco años en un call center y una amiga suya acaba de dejar su empleo de enfermera para entrar a una de estas empresas.

En un call center trabajan también los hijos de Harold Moses, de 50 años, nacido en Laguna de Perlas y radicado en la capital desde hace 26 años. Sheyvon, de 24 años, dejó la universidad y solo se dedica a su empleo; pero Shelsea, de 19 años, está estudiando Relaciones Internacionales.

En Managua no son muchos los jóvenes creoles que estudian una carrera universitaria, sostiene Gómez, de 56 años. “El sueño de los jóvenes es trabajar en barcos. En Bluefields se estudian carreras, pero aunque estudien siempre tienen la idea de salir a embarcarse. La idea te atrae porque conocés países, yo conocí el mundo, Norteamérica, Sudamérica, Europa, pero como tenía familia, tuve que decidir quedarme solo para hacer reales y venir a comprar mi casa”, cuenta.

El éxito de los call centers está propiciado en parte porque la empresa de cruceros turísticos Royal Caribbean, debido a que recibió muchas demandas por accidente laboral de parte de jóvenes nicaragüenses, desde hace unos seis años “cerró sus puertas a Nicaragua”, afirma Gómez. Entonces “los muchachos tuvieron que optar por el call center, pues se gana más dinero que en otros lados, y es fácil para ellos. Eso ha traído más la población criolla para el Pacífico. Mandan dinero para sus casas”.

En realidad todavía hay contrataciones en los barcos, dice Joiner, pero ahora son mucho “más difíciles”. Sucede también que “los barcos ya no pagan igual que antes” y cuando los muchachos creoles hacen cuentas “sale ganando el call center”. En uno de ellos trabaja Rosa Campbell, de 34 años y oriunda de Bluefields. Forma parte de ese 14 por ciento de empleados afrodescendientes de Sitel.

“Uuuuh sí, hay un montón de gente de allá”, comenta. Ella se fue de Bluefields hace 20 años y labora en Sitel desde hace 5. “Vine a Managua por el trabajo, allá casi no hay”, dice. Antes trabajó en una empresa de plásticos, luego como vendedora en un pulguero y de último haciendo ropa para niños en una pequeña maquila.

Para ella, entrar al call center “no fue difícil”. “No hay tanta diferencia entre en el inglés criollo y el inglés estándar. Es lo mismo, pero como que nosotros arrastramos las palabras, entonces quizás mucha gente no lo entienda. Lo que se tiene que aprender para entrar al call center es la pronunciación”, explica.

Los creoles dicen, por ejemplo, “buay” en vez de “boy” y “gyal” en lugar de “girl”, señala René Gómez y exclama alegremente “What’s up, buay!”, a fin de dejarlo más claro.

El escritor Lizandro Chávez Alfaro, quien nació en Bluefields en 1929, consideraba que en el particular acento creole siguen resonando “numerosos atributos” de las lenguas africanas absorbidas por el inglés criollo. “Y resuenan con tanta realidad que para el oído extraño son la negación de un exquisito idioma europeo, y para los racistas, son, simple y llanamente, las marcas de la inferioridad”, escribió en su texto Identidad y resistencia del criollo en Nicaragua.

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La discriminación racial y étnica no es un asunto del pasado. La vivieron los negros antiguos y la viven los de ahora. “Te discriminan por el hecho de ser negro. No lo he vivido directamente, pero sé que es una realidad y a lo mejor, sin saberlo, ha sucedido. Muchas veces, en algunos espacios, se privilegia a algunas personas por encima de otras, y uno piensa que puede ser por su identidad étnica”, dice la psicóloga Madlyn West, de 56 años.

West asegura que algunos mestizos se burlan de la forma en que los creoles hablan el español. “Hay una discriminación por la parte lingüística y esa es una forma de decirnos: ustedes son inferiores en tanto no hablan el español al nivel que lo hablamos nosotros”, considera. La discriminación ha provocado que algunos creoles puedan tener “una actitud negativa hacia la persona mestiza, quizás por alguna experiencia vivida, por alguna agresión que pudo haber sufrido, por haberse sentido excluido en algún momento”.

Mujeres creoles en Managua. Llevan más de 40 años viviendo en la capital.
Mujeres creoles en Managua. Llevan más de 40 años viviendo en la capital.

Hace muchos años, Joiner vivió en carne propia la discriminación mestiza cuando viajó de El Bluff a Managua para estudiar Teología. Recuerda que se propuso ser el mejor estudiante, siguiendo los pasos de sus amigos costeños; pero cuando lo consiguió, algunos compañeros dijeron: “¡Cómo es posible!” “Tenían la idea de que los costeños viven en árboles, que son ignorantes. Lo miraban como algo raro, cómo es posible, vienen unos monos”, dice entre risas el reverendo. Sin embargo, admite, también hay discriminación a lo interno, entre los mismos negros.

“Un negro que está con una muchacha blanca es discriminado por los otros negros. A un negro que logra conseguir casa, vehículo, otros lo discriminan. Muchos ven mal al negro con la blanca, no solo por la mezcla, sino porque el negro que está con una blanca se siente superior al que no la tiene, siente que tiene un trofeo. Hay cierto sentimiento de envidia”, apunta Joiner. De padre miskito mezclado con negro y madre mestiza, habla con soltura los tres idiomas: español, inglés y miskito.

En torno a los negros también hay una serie de ideas y estereotipos, como cuando se asume que todo negro baila bien. Aunque en este caso muchos de ellos consideran que así es, que el ritmo es algo que traen en la sangre. A René Gómez incluso le pagaban por bailar cuando en los años noventa trabajaba en la Mansión del Reggae.

El reverendo Joiner considera que las habilidades en el baile y el deporte son “algo innato” de los negros, que “desde que escuchan un tambor se empiezan a mover”. Lo que sí es un estereotipo, dice, es pensar “que todo negro es violento y tiene que ver con drogas y narcotraficantes”.

Otra característica que los creoles reconocen como propia es la importancia que le dan a la presentación personal. Muchos jóvenes negros suelen gastar su dinero en ropa “de marca” y celulares último modelo.

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Por lo general, en las casas de los negros que viven en Managua suena el reggae y se tienen cocos a la disposición. Han trasladado su cultura a la capital, pero saben que “no es lo mismo”. Rosa Campbell añora su natal Bluefields y Harold Moses solo está esperando jubilarse para regresar a su Laguna de Perlas.

Pero el encontrarse con otros negros, ya sea en los bares de Bello Horizonte o en las iglesias, los hace sentir en familia, y cuando un negro se encuentra con otro en la calle, siempre se saludan, aunque no se conozcan.

Pese a las diferencias que puedan existir entre creoles, son una comunidad unida. A muchos les gusta pensar que son el origen de las civilizaciones humanas y se han apropiado de aquella canción de Peter Tosh, el músico jamaiquino que a menudo es confundido con Bob Marley: “Don’t care where you come from, as long as you’re a black man, you’re an african”. “No importa de dónde vengas, si eres un negro, eres un africano”.

 

Herencia africana en Nicaragua

Cuando se trata de definir qué es un afrodescendiente, en lo primero que se piensa es en los creoles, los mayores representantes de esta cultura en Nicaragua. Parecen obvias las principales características que los definen: tienen ascendencia africana, son protestantes, hablan inglés, viven en la Costa Caribe y tienen sus propias tradiciones culturales.

Sin embargo, “¿dónde están los del Pacífico, dónde están que no los vemos?” se preguntó el escritor Sergio Ramírez Mercado en su conferencia África que llevamos dentro, dictada en octubre de 2009 en el Museo Nacional de Costa Rica. Es la misma pregunta de siempre. “No vemos nuestra parte africana en León, en Granada, en Nandaime, en Rivas, en Managua, en Las Segovias, en Chontales, simplemente porque una ceguera histórica, transmitida a través de los siglos, nos impide verla”, sostuvo el autor del libro El Tambor Olvidado, que explora los cimientos de la identidad nacional nicaragüense.

Para Ramírez Mercado son más que visibles “las marcas de la herencia africana” en abundantes rostros; pero también las consecuencias que la mezcla étnica tuvo en nuestra cultura. “La marimba, nuestro instrumento musical más tradicional, lo mismo que el quijongo y el juco, instrumentos de percusión; palabras que siempre usamos, como guarapo, guaro, ñame, chicharrón, cuchumbo, cafre, cachimba, cabanga, burrucha; muchos de los platos de nuestra cocina tradicional como el mondongo, el vigorón, el guiso de tortuga, la carne en vaho; los cuentos de camino, empezando por el Tío Conejo y el Tío Coyote; los ensalmos, conjuros y brujerías; los bailes callejeros que acompañan las procesiones. Nada de eso existiría sin África. Pero el espejo sigue ciego frente a nuestro rostro, sin devolvernos nuestra verdadera imagen”.

¿A qué se debe esa negación de nuestro propio origen? “Desde comienzos de la colonia, los mulatos, descendientes de los esclavos negros traídos a la región del Pacífico, quisieron ocultarse bajo la palabra mestizo, que se entendía nada más aplicada a los descendientes de españoles e indios”, explica el escritor. De tanto evadirse la palabra “mulato”, terminó disolviéndose en el idioma diario. “El proceso de asimilación borró así de la memoria colectiva de los descendientes de esclavos su origen africano, porque los hacía ser menos en el orden social en que se vieron obligados a vivir. Lo mismo ocurrió con los indios. A ambos, negros e indios, se les indujo a avergonzarse de sí mismos, y peor a los mulatos, verdaderos intrusos en el cuerpo social colonial, del que, gran paradoja, llegarían a ser mayoría”.

Afrodescendientes

Según el documento Historiografía Sociedad y Autonomía, elaborado por Yuri Hamed Zapata Webb, el grupo étnico nicaragüense más estrechamente relacionado con el fenotipo y la identidad sociocultural africana parece ser el creole, que tiene su mayor centro de población en la Costa Caribe, especialmente en la región sur siendo la ciudad de Bluefields, en el Caribe Sur, su capital cultural y comercial.

En su mayoría son afroamericanos, descendientes de esclavos que escaparon hacia la costa miskita o fueron tenidos ahí en cautiverio, traídos de otras partes del Caribe por colonos británicos desde la mitad del siglo XVII, o que vinieron a la Costa proveniente de otras colonias británicas en el Caribe después de que fuera abolida la esclavitud a mediados del siglo XIX.

El mayor centro de asentamiento de la población creole en la Costa Caribe es, sin duda, Bluefields que tuvo un gran desarrollo en el siglo XIX, llegando a convertirse en la capital o centro administrativo más importante de la Mosquitia. Con Bluefields, tomaron auge otros centros como Corn Island, Pearl Lagoon, San Juan del Norte y Puerto Cabezas.

El estudio indica que en las cifras que intentan mostrar el tamaño de la población creole o criolla de la Costa Caribe, se encuentran variantes de alguna significación pero los datos, basados en fuentes actuales, indican que el número es de 27,197.

El mismo documento afirma que los garífuna o Caribes, originados de la mezcla de amerindios antillanos con esclavos y náufragos de origen africano, solo llegaron a Nicaragua a mediados del siglo pasado desde Belice y Honduras para trabajar en oficios temporales, y se asentaron permanentemente en el municipio de Perlas, hacia la década de los años veinte. Se ha calculado la población garífuna en un total de 3,440 personas, lo que los ubica por su número en el penúltimo lugar dentro de los grupos tradicionales en las regiones autónomas, con un 0.47 % de la población.

En el conjunto de Iberoamérica, los creoles suman 758,000 personas (0.15%) y los garífunas, 221,000 (0.04%).

Sabor costeño

Rice and beans.
Rice and beans.

Según el Cuaderno Cultural Creole, elaborado por la Unesco y que rescata las costumbres afrodescendientes, la raíz de la comida creole es el coco. De esta fruta se extrae la leche que se le pone al café para el desayuno, se cocina el bastimento, el arroz, la carne tapada, el rondón, la sopa de cangrejos, los mariscos, así como los dulces, los panes y los atoles. El aceite para guisar también es de coco.

El coco también sirve para alimentar a los animales domésticos (cerdos, gallinas, vacas y caballos). La estopa y la concha del coco se usan como combustible para la cocina y también para los trabajos de artesanía. La estopa se usa como cepillo para el aseo del hogar.

Según el documento, la bebida típica es ginger beer (cerveza de jengibre y sorrel wine). Otras bebidas tradicionales son el pijibay, carol, guarapo, tualbi, honedrink o palma especial, rice drink (fresco de arroz). El pinky pinky ya casi no se consume debido a la introducción de las cervezas y rones. Esta bebida la preparaban solamente para las mujeres en las fiestas de cumpleaños y aniversarios.

La introducción de bebidas industriales (gaseosas y bebidas instantáneas) ha menguado la costumbre de consumir lo típico creole, entre otras razones porque las bebidas tradicionales requieren mucho tiempo y elaboración.

Platillos tradicionales creoles:
Rundown de pescado y carne salada, con coco
Hash fish (pescado desmenuzado)
Guiso de almeja con albóndiga
Fish tea (té de pescado)
Rice and beans with coconut (gallopinto con coco)
Fruit stew (frutas dulces)
Arroz con camarones
Carne asada a la olla
Mondongo en coco
Meat loaf (carne mechada)
Bolitas de carne de tortuga
Bolitas de pescado
Carne ahumada o pescado ahumado
Guiso de frijoles con albóndiga
Intestinos de res molidos
Gastronomía Garífuna
Entre los platos principales: atoles, postres y bebidas: harabada, maumout, palali, baami o ereba, fufu, boilup, fufudara, arroz dulce, dani y rundown.
Los ingredientes principales son la yuca, coco, plátano, banano, arroz, pescado y mariscos. Los condimentos son chile, albahaca, ajo, cilantro, cebolla, jengibre y hierbabuena.

¿Sabía qué…

*George Washington envió un esclavo negro a Barbados para ser intercambiado por un barril de melaza y otro de ron en 1776, año de la Independencia estadounidense.

*Los esclavistas blancos, de las colonias americanas, inducían a las mujeres blancas a casarse con esclavos negros a fin de tener a estas mujeres como esclavas el resto de sus vidas.

*La mayoría de los esclavos que fueron llevados a América procedían de África Occidental.

*Shirley Chisholm fue la primera mujer candidata negra a la presidencia de Estados Unidos.

*El cabello de las personas de raza negra es rizado, como consecuencia de la adaptación a los climas cálidos y con fuerte insolación. Al estar rizado el aire circula con mucha más facilidad, refrigerando la cabeza y evitando que alcance temperaturas peligrosas para el ser humano.

Superioridad física

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Según un estudio, de la Facultad de Ciencias del deporte de Cáceres de España, los fenotipos africanos son muy distintos según las etnias. Por ejemplo, los africanos del este se caracterizan por dominar las pruebas de largas distancias, mientras que los africanos del oeste se destacan por su rendimiento en deportes explosivos anaeróbicos.
Los africanos del este son más delgados y de baja estatura.

Los africanos del oeste poseen más musculatura, envergadura y altura.

Los kenianos, por ejemplo, son ectomorfos: cortos y delgados, con preponderancia en fibras lentas en los músculos, factor determinante para el deporte de fondo. Estos poseen el 60% de los tiempos mundiales de resistencia.
La mayoría de atletas con ancestros en África Occidental están entre los peores fondistas del mundo. Ellos tienden a ser mesomórficos: con pulmones pequeños, cuerpo inferior musculoso y una alta proporción de fibras rápidas, que contribuyen a tener velocidad explosiva.

Los atletas con ancestros del oeste africano tienen los 220 mejores tiempos en las pruebas de 100 metros planos, según datos del Comité Olímpico Internacional.

Según “El Manual de Antropología Física” de la Universidad Autónoma de Madrid, estas son algunas de las causas morfológicas que se han estudiado y que pueden explicar por qué en algunas situaciones parten con ventaja en disciplinas deportivas las etnias africanas:

*Tienen menos grasa subcutánea en brazos y piernas y un cuerpo y una masa muscular proporcionalmente más finos, con hombros más anchos, cuádriceps más gruesos y, en general, una musculatura más desarrollada.

*Cavidad pulmonar más pequeña, lo cual explicaría sus limitaciones para la natación y para la marcha.

*Niveles de testosterona (del 3% al 19%) que favorece el anabolismo y que, en teoría, contribuye a aumentar la masa muscular, a reducir la presencia de grasa y a reforzar la aptitud para llevar a cabo un esfuerzo más intenso con una rápida recuperación.

*Densidad corporal más fuerte, probablemente debida a una densidad mineral de los huesos más elevada y a una masa ósea más pesada en todos los estados de la vida, incluso durante la infancia.

*Porcentaje más elevado de fibras musculares en contracción rápida. Capacidades excepcionales para quienes practican deportes anaeróbicos como el salto de longitud, el baloncesto y las carreras de velocidad.
*Reflejo del tendón de la rótula más rápido.

*Centro de gravedad más elevado, posición sentada más compacta, caderas más estrechas y pantorrillas más ligeras.

*Envergadura y estiramiento máximo de los segmentos más grande: la mano es relativamente más larga que el antebrazo que, a su vez, es relativamente más largo que el brazo; el pie es relativamente más largo que la tibia que, a su vez, lo es más que el muslo.

El orgullo negro

Scarleth Allen es la única modelo costeña de ascendencia africana que se convirtió en Miss Nicaragua, en el año 2010. Allen es originaria de Bluefields y casada con un jugador de beisbol también de la Costa Caribe de Nicaragua. Además del galardón principal, Allen obtuvo el premio al mejor rostro.
Cheslor Cutberth es el último jugador de la Costa Caribe de Nicaragua que llega a Grandes Ligas. El originario de Corn Island se convirtió en el quinto jugador costeño en llegar al mejor beisbol del mundo. Cuthbert milita con el equipo de los Reales de Kansas City, con los que firmó en el año 2009 un contrato de 1.35 millones de dólares.
Anthony Matthews es considerado el máximo exponente de la música de la Costa Caribe de Nicaragua. Recientemente cumplió 40 años de carrera artística. Nació en el barrio Old Bank de Bluefields, donde vendía pescado en las calles cuando era niño. Primero fue locutor de radio y al poco tiempo formó parte de grupos musicales.
Bartel López es el basquetbolista más grande en la historia de Nicaragua. Jugó en la segunda división de basquetbol de España y otras ligas de Centroamérica y el Caribe. López nació en el barrio Be Holden de Bluefields y llegó a Managua para convertirse en jugador profesional.
Lumberto Campbell Hooker es quizás el costeño con más capital político actualmente. Es vicepresidente del Consejo Supremo Electoral y coordinador del Consejo de Desarrollo de la Costa Caribe. Nació en Bluefields el 3 de febrero de 1949. En los años setenta completó estudios superiores en física y matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Durante los primeros años, después del triunfo del FSLN, fue nombrado viceministro del Instituto de la Costa Atlántica, y luego ministro, en sustitución del también comandante guerrillero William Ramírez.
Martin Luther King ministro de la iglesia bautista y activista del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos para los afroamericanos. Condecorado con el Premio Nobel de la Paz, organizó y llevó a cabo marchas por el derecho al voto, la no discriminación y otros derechos civiles básicos. Nació el 15 de enero de 1929, en Estados Unidos.
Nelson Mandela fue un activista y mártir anti apartheid, pasó buena parte de su vida encarcelado por luchar contra la segregación racial en Sudáfrica. Todo un personaje mítico que obtuvo un Premio Nobel de la Paz.
Oprah Winfrey presentadora de TV. La show-woman más poderosa de América cobra más de 200 millones de dólares al año. Arrastra a cientos de fieles con sus opiniones y tiene hasta su propia revista.

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Reportaje