Aquella Granada industrial

Reportaje - 08.06.2014
Aquella Granada industrial, Magazine.

A mediados del siglo pasado, Granada fue un importante núcleo industrial del país. Día y noche en decenas de prósperas fábricas, se producía jabón, aceite, cuero, textiles y más. Hoy solo quedan recuerdos e instalaciones en ruinas o abandonadas

Por Arlen Cerda

Ricardo Cordonero dice que él no cree en fantasmas y por eso no le da crédito a las historias sobre los espantos que otros aseguran haber visto en las antiguas instalaciones de la Jabonería Prego, de Granada, donde él trabaja como vigilante nocturno hace más de quince años. Casi siempre –dice– los ruidos son solo gatos que se cuelan en las bodegas o se trata de la estructura que a veces cruje como si sus viejos hierros se intentaran desperezar. En esta, que fue una de las jaboneras más modernas de la región, el último jabón se produjo en 1996.

Todavía en pie sobre la amplia calle La Inmaculada, de Granada, a 45 kilómetros al oriente de la capital, la popular Jabonería Prego, donde hasta 1981 trabajaban más de 500 empleados, hoy es solo un conjunto de galerones vacíos, en los cuales se pueden observar los restos de una estructura que poco a poco se ha desmantelado tras su cierre definitivo a mediados de los 90.

“Da tristeza”, reconoce Melchor Prego, uno de los herederos de la jabonería que fundó su abuelo y quien fue el último gerente general de la familia en esta empresa que de estar abierta tendría más de noventa años de historia.

A Armando Navas Ferrari, fundador y propietario de la Tenería Ferrari, también le da tristeza recorrer las antiguas instalaciones de la curtiduría que él inició en septiembre de 1956, en la periferia sur de la misma ciudad, y donde ahora, abriendo una puerta vieja tras otra, va relatando con una precisión que asombra en un hombre con 87 años de edad, dónde estaba cada máquina y qué ocurría en cada salón de la empresa de más de 60 mil metros cuadrados que le obligaron cerrar en abril de 1984.

Por esta ciudad colonial, de uno a otro extremo, suman más de quince las viejas fábricas abandonadas, transformadas y algunas hasta completamente demolidas que tres décadas atrás sonaban sus sirenas para anunciar la entrada y salida de los obreros que cada día llegaban a trabajar en ellas.

Granada —asegura el historiador José Joaquín Quadra— fue corazón comercial y más tarde también industrial de Nicaragua, desde su fundación como ciudad puerto en 1524 hasta el establecimiento de pequeñas y medianas industrias entre principios y mediados del siglo pasado y que dieron vida a una próspera ciudad industrial, de la que ahora, lamenta, queda poco o nada.

“Para su auge industrial, Granada prácticamente tenía un desempleo cero y aunque no hay un cálculo de cuánto era su aporte al Producto Interno Bruto, este debió ser alto porque Nicaragua entera se abastecía de su industria”.

Oscar González,

vicepresidente de la Cámara de Comercio, Agricultura, Turismo y Servicio de Granada.

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Una fábrica cuyas instalaciones llegaron a ocupar un terreno de casi dos manzanas inició en el zaguán de una casa, con un tarro de hojalata y restos de durmientes de la vía férrea, que el hijo de un ingeniero químico de origen español cargaba todas las tardes al hombro después de terminar su jornada como oficinista en la estación granadina del ferrocarril.

Los restos de durmientes le servían de leña y el viejo tarro como un rudimentario caldero donde artesanalmente él desarrolló una nueva mezcla para producir en Granada las primeras barras de jabón azul moteado.

“Antes, uno usaba un jabón oscuro que se preparaba con sebo de res, ceniza de leña y lejía y la gente lo conocía como jabón de tierra. Otros, con mejores condiciones también usaban el jabón de Prusia que era azul y servía muy bien para blanquear la ropa, pero entonces apareció el jabón Prego que era blanco con motas azules y a la gente le gustó más”, recuerda Thelma de Prego sobre los orígenes de la empresa que inició su suegro.

Entonces eran principios de la década de los veinte en el siglo pasado, Daniel Prego Rojas recién se había casado con Isabel Guerrero y la elaboración y venta del jabón que él inició le servían para completar la compra de las provisiones de su casa.

A principios de la década de los ochenta, cuando la Jabonería Prego ya ocupaba sus instalaciones actuales sobre la calle La Inmaculada, una inversión en nuevas maquinarias adquiridas en España e Italia le permitió ubicarse como una de las jabonerías más modernas de Centroamérica, con plantas de glicerina, jabón líquido perfumado y su popular jabón en pelota, operadas por una planilla de 500 empleados. Meses más tarde, la mitad de ellos se tomó la empresa y la fábrica regresó a sus dueños originales hasta principios de 1991.

“Nos regresaron un casco vacío. Intentamos trabajar desde los escombros, pero no tuvimos éxito”, lamenta Thelma Fernández de Prego. Según su sobrino, Melchor Prego, algunos obstáculos fueron que la moderna maquinaria en la que habían invertido ya estaba obsoleta después de diez años y la reapertura del mercado les trajo demasiadas marcas contra las cuales competir para reconquistar a la población.

Thelma Fernández de Prego
“Lo peor que le pudo suceder a Nicaragua , y sobre todo a Granada, fue la intervención de por lo menos veinte o más fábricas, en los años ochenta. A nosotros nos regresaron un casco vacío”, lamenta Thelma Fernández de Prego, sobre los últimos años de la jabonería fundada por su suegro, Daniel Prego Rojas.“Lo peor que le pudo suceder a Nicaragua , y sobre todo a Granada, fue la intervención de por lo menos veinte o más fábricas, en los años ochenta. A nosotros nos regresaron un casco vacío”, lamenta Thelma Fernández de Prego, sobre los últimos años de la jabonería fundada por su suegro, Daniel Prego Rojas.

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Son las 3:00 de la tarde de un miércoles y Alberto Alvarado se acostumbra a sus nuevos días en casa como un recién jubilado después de 48 años de trabajo en la división del Aceite Rico, que distribuye E. Chamorro Industrial.

“¡Buenas tardes!”, saluda sonriendo y acto seguido se disculpa por su atuendo informal compuesto por una camiseta mangas cortas, cuyos cuadros de colores combinan a la perfección con el tono neutro de su pantalón crema. Pero es que a esta hora, explica, en un día normal de trabajo él no estaría en cama tratando de seguirle la pista a un partido de futbol, sino supervisando a quienes llegaron para relevarle en un cargo de ventas que él desempeñó desde los 30 años de edad, cuando inició en esa empresa que hoy es de las pocas industrias que sigue funcionando en Granada.

Hablamos, dice, de principios de los 60 o un poco antes, cuando por las calles de Granada los jabones Marfil y Prego se disputaban los puestos de venta en el mercado y pulperías, aunque al final del día sus obreros compartieran copas en algún bar.

El ambiente de aquella Granada era igual de movido como por estos días, la diferencia es que se observaban más obreros y menos turistas y la vida económica parecía más próspera por la oportunidad de empleo en una variedad de industrias y empresas.

Granada —asegura Alvarado—, era vista como un departamento poderoso por su privilegiada ubicación entre el comercio que circulaba entre Río San Juan, Boaco y Chontales, a través de barcos que iban todo el día por el Lago de Nicaragua. Desde su punto de vista, esa industrialización de la ciudad se debió a la visión de emprendedores como Ernesto Chamorro Pasos, fundador de E. Chamorro Industrial, que no temían invertir en un negocio y también a la interrelación entre varias de sus industrias.

Así, en el extremo sur de la ciudad, de la desmotadora de Industrias Nacionales Agrícolas SA salían las partes del algodón hacia textileras distribuidas en la zona norte o bien a la aceitera de E. Chamorro o a las jabonerías que necesitaban de sus materias primas y el movimiento de obreros era constante.

El historiador Fernando López Gutiérrez, coordinador de la turoperadora Sultana, Cultura & Natura, cuenta que a partir de los años 50 hubo un repunte de la economía granadina impulsada en gran medida por el esfuerzo propio de las familias locales que instalaron importantes empresas en la ciudad. Incluso, asegura que algunas de estas fueron fundamentales para el desarrollo de algunos patrimonios familiares, que en el caso de los Chamorro y Pellas aún son parte del gran capital de Nicaragua.

Dionisio Cuadra Kautz, ingeniero agrónomo de Granada, recuerda entre algunas de esas grandes fábricas a los calzados Arzalluz y Portobanco y las jabonerías Guzmán, Castillo, Prego y E. Chamorro Industrial.

También habían varias tenerías, hieleras, industrias de metalurgia y cartoneras, entre ellas Industrias Unidas de Centroamérica SA (Iucasa), que producía papel higiénico y servilletas en unas instalaciones que luego fueron vendidas para la construcción de un supermercado.

Granada no era entonces la meca turística de cien mil habitantes, llena de bares, hoteles, bares y discos, ni otra “ciudad dormitorio” con su población económicamente activa que a diario viaja para trabajar en la capital. Para 1950, unos treinta mil habitantes era toda su población y “la generación de empleos y el nivel de sus salarios era mucho mayor a lo que aún ahora se espera que pueda generar el turismo”, asegura López.

Sin embargo, la guerra, el fin del boom algodonero y las confiscaciones en los años 80 cambiaron la fortuna de la ciudad.

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Armando Navas Ferrari vendió casi toda la maquinaria de su curtiembre a precio de chatarra. Cuando regresó a Nicaragua en 1991, después de vivir exiliado durante seis años, tras una orden de cierre obligatorio de su fábrica en 1984, toda la maquinaria que había dejado se volvió obsoleta y debió despedirse definitivamente de la empresa que había iniciado en septiembre de 1956.

Recuerda que inició exactamente un día después de que Rigoberto López Pérez disparó a Anastasio Somoza García, en León. Su negocio era la elaboración de zapatos, pero la escasez de materia prima no le permitía cumplir con sus pedidos.

—Don Armando, me enteré que están vendiendo una tenería pequeña por aquí cerca, que quizá pueda interesarle —le dijo uno de sus empleados. Él escuchó la sugerencia, se arriesgó a invertir en nueva maquinaria con el préstamo de un banco y en menos de un año debió dejar la producción de zapatos para dedicarse exclusivamente al procesamiento y abastecimiento del cuero, porque pronto le comenzaron a llegar pedidos desde toda Centroamérica y él hasta viajó a varias regiones de Alemania para conocer las técnicas de producción en aquel país.

“Nos decían que en toda la región no había ninguna tenería que produjera el charol tan bonito y de alta calidad como la Tenería Ferrari y en nuestro mejor momento llegamos a procesar hasta 150 pieles diarias y de esa producción, el 60 por ciento se exportaba”, asegura Navas Ferrari, mientras recorre las viejas instalaciones de su fábrica que a pesar de su descripción detallada es difícil imaginar repleta de tambores y máquinas para limpiar, teñir y pulir el cuero que adquirían en mataderos de Granada y hasta Condega, en el norte del país.

El día que le ordenaron cerrar nunca lo ha olvidado. Ese día cumplía otro aniversario más de matrimonio y regresaba tranquilamente a su casa cuando recibió la notificación que le daba 15 días para concluir operaciones y cerrar.

Primero —dice— le argumentaron que el Gobierno no le podía dar divisas para comprar materias primas para curtir el cuero, él respondió que tenía suficiente para seis meses y entonces le indicaron que el problema es que no le podían vender más pieles. “En definitiva —agrega— lo que querían es que cerrara”.

Los últimos 15 días la tenería funcionó día y noche para terminar la mayor cantidad de pedidos pendientes. Después de ese período en la curtiembre solo hubo silencio. Ninguna máquina volvió a encender más, excepto algunas que se echaron a andar para probarlas antes de su venta.

Suelas para zapatos, forro de calzado, cueros terminados y el charol exclusivo de la Tenería Ferrari no volvieron a verse.

La verdadera razón por la cual le ordenaron cerrar nunca se la dieron. Él cree que el motivo pudo ser las declaraciones que dio a una periodista norteamericana que vino al país para investigar la situación de las empresas nicaragüenses en los 80. “¿Por qué siguen funcionando si el Gobierno controla su producción y a quienes les venden?”, le preguntaron. Don Armando respondió que su trabajo era su arma para ganar la guerra y él cree que al Gobierno no le gustó aquella respuesta.

Por ahora —dice— no tiene planes inmediatos para las instalaciones que ha dejado al cuidado de una familia que aprovecha el espacio para criar algunas cabras y pollos, pues de la tenería lo único que quedan son tres viejas máquinas, entre esas una llamada “la descarnadora”, donde justamente un pollo revolotea de un lado a otro ajeno a la posibilidad de que —en su mejor momento— un movimiento de esta lo destruiría por completo.

“Yo recuerdo todas aquellas marcas de las fábricas de Granada, que también fueron famosas en otras ciudades del país”, dice Navas Ferrari, que va mencionando nombres de calzado, vestuarios y jabones, mientras sale de la vieja fábrica, donde en un muro se pierden los últimos rastros de un rótulo. “Son solo recuerdos”, suspira.

Granada Industrial, Empresas cerradas, que en los años 70 fueron pujante en nuestra economía. Uriel Molina/LA PRENSA
Durante 28 años, Armando Navas Ferrari dirigió la Tenería Ferrari, que inició para abastecer de cuero a su tienda de calzado y luego llegó a exportar a Centroamérica. “Fuimos los únicos fabricantes de charol en la región”, recuerda.

SOBREVIVIENTES

No todas las fábricas y establecimientos industriales de Granada desaparecieron en los años 80. Algunas empresas sobrevivieron e incluso en los años recientes han fortalecido su presencia y capital.

E. Chamorro Industrial, fundada por el agricultor granadino Ernesto Chamorro Pasos, incursionó en 1953 en la fábrica artesanal del jabón Marfil, que competía con Prego, y más de sesenta años después conserva sus instalaciones sobre la calle La Inmaculada y tiene nuevas oficinas en Carretera a Masaya.

Igualmente, al final de la calle Santa Lucía, una de las más antiguas de la ciudad colonial, aún huele a dulce de guayaba, piña y otra variedad de frutas que procesa la empresa Callejas, que tiene 67 años en el mercado nicaragüense produciendo jaleas, que también ha logrado colocar en el extranjero.

Industria reducida

A mediados del siglo pasado, Granada era uno de los principales núcleos industriales del país. Hoy ocupa el séptimo lugar, según el Censo Económico Urbano más reciente del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), realizado en 2005.
17,780

empresas en el sector industrial están registradas por el Inide en todo el país.
938

de esas industrias se encuentran en el departamento de Granada y de esas 691 están ubicados en la ciudad como tal.
3.88%

del sector industrial del país es lo que representan estos establecimientos.
255

industrias pertenecen a la rama textil o vestuario según el Censo. A esta le siguen las panificadoras con 131 puestos.

“El ferrocarril, las carreteras y la preparación profesional de varios granadinos que se lograban preparar en países del extranjero como Francia o Estados Unidos favorecieron el auge industrial de la ciudad de Granada”.

Dionisio Cuadra Kautz, ingeniero agrónomo granadino

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