El engaño sandinista con los huesos de Juan Santamaría

Reportaje - 11.08.2019
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En 1981 los sandinistas anunciaron con mucha pompa que habían encontrado en Rivas los restos del héroe costarricense Juan Santamaría, muerto en 1856 combatiendo a los filibusteros. Cuatro meses después Costa Rica los regresó porque eran de animales

Por Eduardo Cruz

Juan Santamaría, el héroe nacional de Costa Rica que habría participado en 1856 en la guerra contra los filibusteros jefeados por William Walker, fue velado en la catedral de Alajuela el 11 de abril de 1981, 125 años después de que supuestamente incendió el “Mesón” donde se encontraban acuartelados los invasores norteamericanos y fuera muerto a tiros en el acto.

Ese mismo día, por la mañana, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, Peñas Blancas, se había celebrado una ceremonia en la que el coordinador de la Junta de Gobierno de Nicaragua, Daniel Ortega, hizo entrega de los cadáveres al entonces presidente tico Rodrigo Carazo Odio. Ambos gobernantes sellaron esa pompa llevando a mano durante un rato la urna con los restos.

Ese día llovió, pero en Costa Rica hubo gran conmoción cuando se recibieron los supuestos restos de Santamaría y de otros héroes ticos de la guerra contra los filibusteros. Pero también hubo recelo. Muchos dudaban de que los huesos traídos desde Nicaragua fueran realmente los de los héroes ticos.

El 8 de junio de 1887 se erigió en la ciudad de Alajuela un monumento a la memoria de Juan Santamaría, para perpetuar de ese modo al héroe de 1856. FOTO/ ISTOCK

Pocos podían sospechar en ese momento la trama que había detrás. Uno de ellos fue Alfonso Chase, poeta costarricense, quien aseguró después que fue alertado desde Nicaragua de que todo se trataba de un montaje.
En agosto de ese mismo 1981, apenas cuatro meses después, los supuestos restos de Santamaría estaban de regreso en Nicaragua, ante la indignación de casi todo el pueblo costarricense.

Un equipo de antropólogos y médicos ticos descubrió que las osamentas repatriadas eran “un surtido de fémures de vaca y mandíbulas de mono”.

En Nicaragua, desmentidos los sandinistas, insistieron en su falsedad y nuevamente los enterraron con solemnidad.
Según Chase, la persona que le informó que todo era falso le dijo que el “genio” detrás del engaño había sido el comandante Tomás Borge.

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A las 9:30 de la mañana del viernes 3 de abril de 1981, en el atrio de la iglesia San Francisco, en el departamento de Rivas, los arqueólogos Francela Wilson y Aníbal Martínez descubrieron los restos de Juan Santamaría. Al menos eso fue lo que informaron las autoridades sandinistas a los medios de comunicación.

La búsqueda “demoró 16 días” y en ella colaboraron siete obreros.

Según el gobierno sandinista de los años ochenta, los restos de Juan Santamaría estuvieron 125 años en el atrio de la iglesia de San Francisco de Rivas. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

De acuerdo con testimonios orales recogidos en Costa Rica en 1891, a personas que habían luchado en el ejército costarricense durante la guerra que en 1856 unió a los centroamericanos en contra de los filibusteros comandados por William Walker, Juan Santamaría prendió fuego al mesón de Rivas donde estaban protegidos un grupo de invasores, pero lo mataron en el acto.

Gracias a esa acción de Santamaría, momentos después, por no tener los filibusteros suficiente agua para extinguir las llamas, debieron abandonar el local, lo cual permitió al ejército costarricense lograr una victoria sobre las tropas de Walker.

Uno de los soldados que fue entrevistado, José María Bonilla, dijo que el 8 de abril de 1856 el ejército tico se tomó la ciudad de Rivas, pero se enfrentaban a “un ejército (de filibusteros) numeroso y bien apertrechado”.

El 11 de abril, a los costarricenses les informaron que a la ciudad se acercaban las tropas de Walker y que se habían acuartelado en el mesón de Rivas. La estrategia que utilizaron los ticos fue quemar el local para sacar de su refugio al enemigo. Varios soldados lo intentaron varias veces, pero los invasores lograban apagar las llamas. Además, cada vez que veían a un tico acercarse al mesón, los filibusteros descargaban sus rifles. Era imposible pegarle fuego a la casona y evitar ser muerto por las balas enemigas.

Tras pasar el tiempo y ver que ningún otro soldado intentaba incendiar el mesón, el jefe de las tropas ticas preguntó: “¿Quién se atreve a dar fuego?”. Nadie contestó. Hubo silencio por un buen lapso de tiempo. Hasta que se oyó una voz: “Yo voy”. Era Juan Santamaría, soldado de 25 años de edad en ese momento y originario de Alajuela.

Bonilla contó que Santamaría empapó con aguarrás un lienzo e hizo una tea, la incendió, corrió hacia el mesón y le pegó fuego.

Marcos Barrantes y Vargas, otro soldado tico, testificó que vio cuando el mesón tomó fuego y luego vio un cadáver al pie de los muros del mismo. Era el cuerpo de Santamaría.

Modelo que usaron para construir la estatua de Juan Santamaría. FOTO/ CORTESÍA
Imagen con que los costarricenses representan a Juan Santamaría. FOTO/ CORTESÍA

Según el gobierno sandinista, historiadores e investigadores habían determinado que Santamaría, y otros costarricenses que murieron luchando ese 11 de abril contra los filibusteros, fueron enterrados en los predios de la antigua iglesia San Francisco, construida por las autoridades eclesiásticas de Guatemala en 1778.

De acuerdo con las informaciones de los periódicos, los arqueólogos que presuntamente habían descubierto los restos de Santamaría realizaron dos excavaciones. En la primera, realizada sobre un antiguo callejón, fueron encontrados restos humanos de otros soldados costarricenses. Y en la segunda, en el atrio de la iglesia, a pocos metros de la pared frontal, fue que encontraron los restos del héroe tico.

Los sandinistas informaron que los huesos estaban dentro de una caja pequeña de bloques de barro y la misma presentaba la inicial “S”. El gobierno indicó que los restos habían sido depositados en esa pequeña caja durante la construcción del atrio y enladrillamiento de la vieja iglesia y que el costo de la búsqueda había sido de 50 mil córdobas de la época.

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Entre 1978 y 1982 en Costa Rica gobernó el presidente Rodrigo Carazo Odio, quien había jugado un importante papel apoyando al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que en los años setenta operaba desde el territorio costarricense en su lucha contra la dictadura de Somoza.

Para la época en que los sandinistas dijeron que habían encontrado los huesos de Juan Santamaría, Carazo Odio estaba pasando por una crisis política y económica muy fuerte y estaba necesitado de algo que le levantara la imagen ante su pueblo, explican analistas.

Daniel Ortega y el entonces presidente tico Rodrigo Carazo cargan los supuestos restos de Santamaría, en abril de 1981. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El historiador costarricense Vladimir de la Cruz dice que el gobierno de Carazo había tenido enfrentamientos importantes con representantes del Fondo Monetario Internacional en el país, a quienes había expulsado. La situación de su gobierno se tornó difícil, especialmente en el campo económico y con gran oposición política y popular y de los medios de comunicación.

Y el escritor David Díaz Arias, en el libro Historia del 11 de abril, explica que la problemática económica costarricense se agudizó después de 1980 con una impresionante crisis inflacionaria, de 17.8 por ciento en 1980 a 81.8 por ciento en 1982. Los salarios cayeron y el país estaba en bancarrota y con una polarización política interna.
Según Díaz, la retórica de Carazo, fundada, al igual que la de los sandinistas, en el antimperialismo, pero como una política de “dignidad en lo internacional”, que resumía en una frase: “No alineados ni con los no alineados”, transformó la crisis económica en una crisis política y volcó a los principales medios de comunicación en contra del gobierno.

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La idea de buscar los huesos de Santamaría había iniciado casi inmediatamente después de la llegada al poder de los sandinistas, en octubre de 1979. Según los historiadores, dos personas fueron las primeras en proponer el tema: el nicaragüense Pedro Rafael Gutiérrez y el costarricense Óscar Bákit.

En la Universidad de Costa Rica, el historiador Víctor Hugo Acuña explicó que para 1979 había una luna de miel entre Nicaragua y Costa Rica, pero fue hasta en febrero de 1981 que el gobierno costarricense decidió hacer realidad la sugerencia de Gutiérrez y de Bákit.

Según el historiador Vladimir de la Cruz, la búsqueda de los restos de Juan Santamaría se gestionó por impulso de historiadores ligados al presidente Carazo, con miras al 125 aniversario de la Batalla de Rivas contra los filibusteros norteamericanos en Nicaragua y en Centroamérica.

Casi desde que se anunciaron las indagaciones para dar con el paradero de los restos de los héroes ticos que habían quedado sepultados en Nicaragua, las informaciones de que todo era una farsa comenzaron a llegar a Costa Rica.
Alfonso Chase confió que fue alertado de la situación por un informante. “Desde Managua me dijeron que era una farsa. Impugné que se realizaran honores militares y religiosos en la Asamblea Legislativa y en la catedral. La caja (donde llegaron los supuestos restos) era preciosa pero tenía huesos de animales y se denunció que era una farsa del gobierno sandinista y un engaño al presidente Carazo”, afirmó Chase en 2018 al diario La Teja de Costa Rica.

Los supuestos restos de Juan Santamaría que según científicos ticos resultaron ser huesos de animales. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El mismo Chase dijo que el inventor de todo fue el comandante Tomás Borge, hoy ya fallecido, pero quien se expuso públicamente fue el entonces ministro de Cultura de los sandinistas, el poeta Ernesto Cardenal, quien el 9 de abril de 1981 anunció que entre los restos hallados estaban los huesos de Santamaría.

De acuerdo con el historiador David Díaz Arias, lo más interesante de lo que dijo Cardenal fue la forma en que conectó la figura de Santamaría con la Revolución sandinista y lo convirtió en “revolucionario e internacionalista”.
“Juan Santamaría era un muchacho proletario, sin escuela, que vino a pelear por la patria grande que es Centroamérica… Santamaría era un internacionalista aunque en su época no se le llamaba así”, habría dicho Cardenal.

Según Díaz, al volver a Santamaría un revolucionario, Cardenal también lo “sandinizó” y, al presentar la lucha antifilibustera como una lucha centroamericana también “centroamericanizó” a Santamaría.

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El invento del hallazgo de los restos de Santamaría no demoró en quedar descubierto. Los académicos comenzaron a cuestionar el hecho y se conformó una comisión de científicos costarricenses para evaluar la autenticidad de los restos.

La comisión descartó que los restos se tratasen de los huesos de los costarricenses que murieron en Rivas en abril de 1856. Según el informe que brindaron, la mayoría de los huesos no eran humanos y, los que sí lo eran, parecían corresponder a una sola persona, enterrada mucho después de 1856. Inclusive, se habló que podría tratarse de un sacerdote porque se habían encontrado junto a él vestigios de lo que parecía ser una sotana.

Todos los diarios costarricenses comenzaron a protestar por el engaño y editorialmente llamaban a que ningún costarricense debía aceptar una burla como esa. La noticia provocó diversas protestas en todos los círculos sociales y políticos de Costa Rica, en los cuales se acusaba a los sandinistas de haber burlado la historia centroamericana.
El gobierno de Carazo también enfrentó severas críticas y los miembros del museo Juan Santamaría le devolvieron los restos de Santamaría porque no pertenecían al “patrimonio histórico nacional”.

Las autoridades costarricenses regresaron a Nicaragua el ataúd en el que supuestamente estaban los restos del héroe Juan Santamaría. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El historiador Vladimir de la Cruz indica que los periodistas que atendían las oficinas de gobierno contribuyeron a opacar el escándalo de esa farsa, al punto de que hoy casi nadie recuerda estos acontecimientos, ni empañan para nada ninguna ceremonia o celebración alusiva a la derrota de los filibusteros, por parte del ejército costarricense, ni de sus héroes, entre ellos Juan Santamaría.

Según De la Cruz, se le echó siempre la culpa al gobierno sandinista de la afrenta sin que este se hubiera disculpado.
Para el historiador David Díaz, los científicos nicaragüenses quedaron evidenciados como poco serios y los políticos de los dos países que dirigieron el operativo fueron puestos al desnudo como manipuladores. “En suma, los unos y los otros resultaron perdedores”, dice Díaz.

A pesar de hallarse descubierto, el gobierno sandinista insistió en su versión. A través del Ministerio de Cultura, que dirigía Ernesto Cardenal, dijeron que el personal que trabajó en el hallazgo era calificado, que las excavaciones habían sido suficientemente documentadas en libros y testimonios orales, que se había llevado un estricto y responsable control técnico y que ellos bajo ninguna circunstancia tratarían de “falsificar la historia y mucho menos burlarse de la sagrada memoria de los héroes”.

Miembros del ejército sandinista rindieron honores a los colores patrios de Nicaragua y Costa Rica en la entrega de los restos de Santamaría. FOTO/ ARCHIVO

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Junto a que se descubrió que los restos eran de animales, el historiador Alejandro Bolaños Geyer indicó en el diario LA PRENSA que era imposible que se hubiesen encontrado los restos de Juan Santamaría en Nicaragua, pues este último está sepultado en Costa Rica.

Bolaños Geyer fue más allá y dijo que ni siquiera Santamaría había muerto en la batalla contra los filibusteros del 11 de abril de 1856, sino que falleció del cólera.

Según Bolaños Geyer, en el archivo eclesiástico de San José existe el libro de defunciones de la campaña nacional de 1856 y 1857 y ahí se lee: “En la campaña y de camino de Nicaragua a Costa Rica, de la epidemia del cólera murió el soldado Juan Santamaría, soltero, de Alajuela. Se le dio sepultura y para que conste lo firmo. Francisco Calvo”.

Además, señaló que el nombre de Juan Santamaría brilla por su ausencia en los diversos relatos de la batalla de Rivas, publicados por la prensa norteamericana, nicaragüense y costarricense de la época. Tampoco aparece en ningún parte oficial ni en la correspondencia privada en que se narran los incidentes frescos de la lucha.
La duda sobre la existencia de Juan Santamaría no era nueva cuando los sandinistas enviaron los supuestos restos de él hacia Costa Rica.

Uno de los primeros que lo hizo fue el historiador Lorenzo Montúfar, quien afirmó que en los días posteriores a la acción de Rivas no se hablaba de Santamaría, aunque se repetían los actos de heroísmo de otros combatientes.
Montúfar también señaló que el primero en mencionar a Santamaría fue José de Obaldía, en un discurso conmemorativo de la independencia, pero lo hizo varios años después de 1856.

Sin embargo, para Eduardo Nassar, presidente de la asociación para el estudio de la historia de Costa Rica Tertulia del 56, Santamaría “sí existió” ya que “hay una cantidad de personas que atestiguan su participación en la quema del mesón de don Francisco Guerra”.

Nassar, en declaraciones a Acan-Efe, señaló que “si bien es cierto que nunca ocupamos este edificio donde se encontraba la sección más avanzada de los filibusteros, y que este incendio no fue determinante en la batalla de Rivas, la valentía del soldado Santamaría y su sacrificio por la patria fueron notorios”.

En resumen, de Juan Santamaría se duda de todo, de su existencia y de su heroísmo. Lo que sí fue cierto es que Costa Rica regresó en agosto de 1981 a los sandinistas la caja en la que supuestamente estaban sus restos.

El acto en la frontera de Peñas Blancas donde Ortega y Carazo hicieron la ceremonia de entrega de los restos de Juan Santamaría. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Una acción dolorosa

Para los costarricenses, el engaño de los sandinistas fue una acción dolorosa.

“Fue un tremendo bofetón a todos los costarricenses. Lo que más dolió fue que el gobierno de Carazo ayudó a los sandinistas a más no poder”, indicó al periódico La Teja el periodista Huber Solano, quien cubrió la noticia de la supuesta repatriación de los restos de Juan Santamaría.

Solano añade que, para que no se aumentara el escándalo, los periodistas que cubrían la Presidencia le echaron algo de tierra al asunto, lo cual explica por qué en las noticias de la época no se hizo un despliegue del hecho igual que ocurrió cuando llegaron los restos, finalizó diciendo Solano.

También dolió a los costarricenses que no hubo una disculpa pública de parte del gobierno sandinista.

La tumba de William Walker, en Trujillo, Honduras, donde fue ejecutado por tropas centroamericanas. FOTO/ ISTOCK

William Walker

William Walker representó una amenaza expansionista que condujo a la Guerra Nacional de Nicaragua y la Campaña Nacional de Costa Rica. Honduras, El Salvador y Guatemala también se aliaron contra sus tropas y los liberales y conservadores declararon juntos la guerra contra la presencia filibustera.

Pequeño, delgado y afeminado. El más famoso de los filibusteros estadounidenses en Nicaragua no tenía la pinta típica de un militar, pero invadió el país, se hizo elegir presidente e intentó dominar el resto de la región para “americanizarla”. Él decía que para eso estaba “predestinado”.

Sus padres querían que fuera ministro religioso. Él se convirtió en el filibustero estadounidense más reconocido del siglo XIX.

Cuando Walker fue capturado, se autoidentificó como presidente de Nicaragua y fue entregado a las autoridades hondureñas que lo condenan a muerte.

A las 8:00 de la mañana del 18 de septiembre de 1860 es fusilado por un pelotón que disparó dos ráfagas y un tiro de gracia.

El origen de Santamaría

De Juan Santamaría se decía que era “pelo hirsuto (chirizo) y tez morena, delgado, de boca carnosa y manos armadas con los palillos para tocar la marcha militar a ritmo de tambor”. De hecho, se le conocía como el “tamborcillo” del ejército costarricense.

Los historiadores costarricenses lo presentan como de origen humilde, hijo bastardo, que trabajaba de “encalador” de casas y de otros oficios sencillos, entre ellos el ocasional de tambor.

En el acta de bautizo de Santamaría en Alajuela, se le llama Juan María, hijo de Manuela Gayego, de padre no conocido. Los historiadores ticos dicen que debió llamarse entonces Juan María Gallego, pero hay otros documentos que indican que la madre de él era hija de Mateo Santamaría y Narcisa Gayego.

La madre de Santamaría habría vivido de la venta de comida en un puesto cuya principal clientela solían ser los arrieros y comerciantes de ganado. Luego se hizo curandera, actividad que le dio bastante fama y algunos beneficios económicos.

Sus últimos años los pasó inválida y sus otros hijos, para distraerla, la sentaban en una silla para que viera pasar la gente por la calle. En ocasiones hablaba de su hijo muerto.

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