Aquellos rostros de la TV nicaragüense

Reportaje - 09.06.2013

Siete u ocho años atrás ellos eran los rostros que presentaban las noticias. Ahora, la mayoría dejó la televisión para estudiar en el extranjero o dedicarse a oficios tan diferentes como embotellar refrescos, instalar un restaurante de asados o dirigir una cantera

Por Arlen Cerda

Si a ellos les hubieran preguntado sobre su futuro unos años atrás, algunos no hubieran acerta do sobre su actual oficio, ni uno imaginaría a quienes fueron parte de los rostros más famosos de las noticias en televisión en labores tan diferentes como en las que hoy algunos de ellos se desempeñan.

María Lilly Delgado, Cid Largaespada, Dino Andino y Joel Gutiérrez cuentan a Magazine qué han hecho después de despedirse de la audiencia de los canales en los que durante años estuvieron a cargo de la presentación de los noticieros en ediciones matutinas, nocturnas o estelares. Ellos dejaron el trajín de las noticias diarias para dedicarse a proyectos personales en los cuales no puede decirse que les va mal, pero sin duda son muy diferentes, incluso en algunos casos a lo que ellos mismos habían planeado para ese después.

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Cid Largaespada llega a la entrevista con algunos minutos de retraso y se disculpa por no llegar “más guapo”. Quien hasta hace cuatro años presentaba la edición nocturna de Noticias 12 vistiendo una impecable camisa blanca, saco negro y elegantes corbatas de hasta 120 dólares, esta mañana viste jeans, camiseta negra, gorra crema y sandalias de playa.

“Me he pasado la mañana en mandados”, dice mientras se acomoda para conversar sobre sus días en la televisión, en una de las mesas de su restaurante de asados La Finca, donde cerca del mediodía unos hombres instalan un toldo afuera del establecimiento y adentro el ritmo de todo parece agitarse.

Cid Largaespada materializó su proyecto de un restaurante de asados unos años antes de dejar la televisión. Fue en el 2006 cuando junto con su esposa decidió hacer caso a aquellos elogios sobre lo bueno de sus asados e inspirados en la experiencia de unos amigos suramericanos ambos decidieron instalar un negocio que incluyera lo mejor de la carne asada nicaragüense con el toque de los asados de Uruguay, Chile y Argentina. Entonces pensaba en seis o diez mesas y no el amplio restaurante en el que hoy trabajan más de treinta personas.

Tras casi diez años en los noticieros de Canal 12, en el 2009 tuvo que despedirse del público porque el negocio le exigía mayor atención y rondando ya los 47 años de edad tampoco quería mostrar a las nueve de la noche el rostro de un tipo cansado.

Sin embargo, él conserva intacta aquella “voz de galancete” que llamó la atención del profesor Julio César Sandoval, cuando aplicó para un puesto de locutor de noticias en Radio Nicaragua en 1991, donde inició una carrera que más tarde lo llevó a Canal 6 (1991-1994), Canal 8 (1997-1998), Canal 2 (1999-2001) y Canal 12 (2001-2009). Un oficio que ejerció 17 años.

Grabar los spots publicitarios de su restaurante, con un equipo de grabación personal que ha adquirido a lo largo de los años, es lo único que ahora lo mantiene en contacto con el ejercicio de locución que siempre le ha gustado. Y si de extrañar el trajín de la noticia se trata, de vez en cuando asegura que transmite algún suceso a Radio Ya, en micrófono abierto, “pero solo con hechos del momento”, dice.

Cid Largaespada , presentador de noticia del canal 12 , posa en su Rest; La Finca.Uriel Molina/LA PRENSA
Los asados de Cid Largaespada siempre fueron elogiados. En el 2006 decidió instalar un restaurante junto con su esposa.

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La historia de Dino Andino en el periodismo inició por casualidad. Tenía 15 años cuando murió su mamá y tomó una moto para ir a Radio Ondas de Luz a dar el aviso de su muerte. Entonces miró un rótulo en el que ofrecían empleo de mensajero a alguien con moto y él, que ya estaba inquieto por tener su primer empleo, se ofreció de inmediato para el puesto.

Lo que siguió fue su cercanía con la radio colándose a la cabina, donde logró que los locutores y controlistas de entonces le enseñaran el oficio que lo inició en el periodismo.

“Al año de mensajero me contrataron como locutor y a los meses me pidieron que escribiera noticias. Yo estaba chavalo y no le decía que no a nada”, recuerda Andino.

En los años siguientes terminó su secundaria estudiando de noche y cuando tuvo que cumplir el Servicio Militar en Mulukukú, aprovechó un curso de comunicación radial entre tropas, que junto a su experiencia previa en la radio le permitió ser jefe de un escuadrón de soldados comunicadores.

Al final de su servicio, Andino se integró a otra radio y comenzó a especializarse en el oficio. El día de su primera entrevista con un alto representante de las iglesias evangélicas le temblaba todo, pero para cuando ingresó a la universidad en 1991 ya tenía 25 años y aquellos nervios se le habían aquietado.

“Yo continué estudiando y trabajando. A los seis meses de haber entrado a la universidad me ofrecieron trabajo como presentador de noticias en Canal 6 y yo seguí diciendo que sí”, asegura. Sin embargo, el secuestro a la Unión Nacional Opositora en 1994 lo sacó de la televisión por circunstancias que hoy apenas alcanza a entender.

“Resultó —recuerda Andino— que quien estaba a cargo del secuestro era un tipo que estuvo casado con mi hermana. Yo había roto relación con él hacía mucho, pero a mí me vinculan por ese pasado y en el Canal no me dan chance de explicar y me corren, por sospechar que estaba relacionado”.

Suerte o destino, el mismo día lo llamaron del Noticiero Eco, de Televisa, para colaborar con varios reportajes y luego asumir el cargo de jefe productor de la corresponsalía y más tarde corresponsal adjunto durante tres años.

Su regreso a la televisión nacional fue a través de Canal 2, donde la noticia que lo rebautizó fue la cobertura del huracán Mitch, en 1998. “Y ahí es cuando más se comienza a saber de mí”, asegura.

En Canal 2, Andino trabajó durante diez años. Primero como presentador de la edición nocturna y luego en la edición estelar. Y ya en sus últimos años fue presentador y director del programa matutino Primera Hora, al cual luego se agregaron secciones sociales y culturales que lo acercaron al estilo de una revista matutina.

Fue entonces —dice— cuando comenzó a sentir la necesidad de iniciar su propia productora de televisión y se lanzó a la aventura con una inversión de 150 mil dólares y una sociedad que no resultó.

Sin renunciar a la televisión, Andino volvió con la producción y la presentación del programa Canal del Sexo, en Canal 10, pero cuenta que a pesar de la buena audiencia no había publicidad para un tema tabú en Nicaragua y nuevamente dejo la televisión en busca de otras oportunidades.

Los siguientes años estuvo en Miami a cargo del montaje de la Feria Exponica e incluso trabajó con una productora nacional que le permitió cursar un programa de producción cinematográfica para dirigir una película que, aunque fue terminada, aún no es presentada por sus productores.

La experiencia, sin embargo, le sirvió para incluso actuar en otra película, aunque luego dejó este tipo de producciones para iniciar un proyecto familiar con la elaboración, embotellamiento y distribución de seis tipos de refrescos naturales que ha bautizado como Dino Juice.

“Es algo que estamos empezando a hacer. Distribuimos seis sabores y estamos teniendo buena aceptación”, relata.

Además, Andino reveló a Magazine una sorpresa bajo el brazo, que explica por qué ha hecho la cita en los estudios de Canal 11. “Justo ahora estoy por regresar a la televisión con el segmento Sexo al Día en la revista matutina de TV Red”, relata

“La cobertura del huracán Mitch fue intensa. Cuando llevaron las imágenes del deslave en el Casita tenía ganas de llorar y es difícil controlarse, pero debés transmitir tranquilidad”.

María Lilly Delgado, periodista y expresentadora de televisión.

Dino Andino, inició recientemente una empresa familiar
Dino Andino inició recientemente una empresa familiar para la elaboración, embotellamiento y distribución de refrescos naturales, escribe una novela y también prepara un libro sobre periodismo.

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Las últimas veces que se vio a Joel Gutiérrez en la televisión no fue presentando las noticias, sino protagonizando una de ellas. Fue de su período como director general del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor) cuando fue presionado para dejar el cargo por el conflicto de poderes que generó la creación fallida de la Superintendencia de Servicios Públicos (Sisep).

Poco después de eso, Gutiérrez renunció al cargo y más tarde obtuvo una beca en la Universidad de Stanford, donde permaneció un año como uno de los periodistas hispanos invitados a un exclusivo programa de especialización, que le permitiría retomar su carrera de periodismo.

Del oficio de las letras él se enamoró desde los 10 años, cuando leía el periódico por las mañanas y una nota sobre un ataque del Frente Sandinista en Estelí le gustó por su riqueza de detalles. Sin embargo, en su familia todos daban por sentado que él estudiaría Agronomía en la Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, de Honduras, donde habían estudiado su padre y su abuelo. Pero un hecho cambió el que parecía su destino resuelto, cuando su familia fue confiscada por el FSLN en los años ochenta.

“Mi padre fue un colaborador directo de los comandos del FSLN, pero fue confiscado a pesar de eso. Entonces yo me miré en el momento con la posibilidad de una carrera en Agronomía, pero sin finca en la cual trabajar. Y eso me abrió la posibilidad de elegir una nueva carrera”, recuerda.

Su primera apuesta fue con Psicología, que le pareció interesante, pero no se miraba ejerciéndola y al año y medio abandonó las clases para colaborar con una radio clandestina de la Contra en Estados Unidos, que asegura no era la típica radio insurgente. Luego, como periodista de otra emisora volvió a Nicaragua a cargo de una de las coberturas de la elección de 1990, en la que Violeta Barrios de Chamorro derrotó a Daniel Ortega Saavedra.

Sin embargo, no se quedó en Nicaragua y de vuelta en Estados Unidos logró el salto de la radio a la prensa escrita que siempre le había apasionado. Así, inició en 1991 como periodista de El Nuevo Herald y dos años después se entusiasmó con la instalación de un periódico en Nicaragua que fue bautizado como La Tribuna.

A la televisión llegó años más tarde, cuando inició su labor como presentador de noticias de Canal 2, donde condujo algunos de los debates más agitados de la campaña electoral tras la que venció Enrique Bolaños con un gobierno del cual él fue parte hasta su salida de Telcor.

Pero cuando volvió de Stanford a mediados del 2009, Gutiérrez no encontró las oportunidades que esperaba en su carrera profesional. Durante dos años buscó espacios, ofreció proyectos y presentó sus documentos sin ningún resultado, hasta que dispuesto a no ser un desempleado decidió asumir junto con su esposa un viejo negocio familiar que hoy es la empresa de piedras canteras más próspera de Diriamba, al sur de Managua.

En la Cantera Guadalupe, que tiene reserva para más de treinta años de explotación —mientras las propiedades vecinas comienzan a agotarse— tiene empleadas a 86 personas y está en una fase de ampliación que le permitirá pasar de tres a cinco cortadoras en enero del 2014.

“Este es un negocio caro”, explica. A pesar de que ahorita prácticamente hay pleito por comprar piedra y cada pieza que se corta ya tiene un comprador esperando, el invierno no le deja mucho margen de trabajo y los costos de producción y el mantenimiento de las máquinas “son altísimos”. Sin embargo, sostiene que está “tranquilo y contento”, aún cuando su celular comience a sonar desde las 6:00 de la mañana porque hay camiones que esperan cargar sus canteras.

Joel Gutiérrez dirige junto con su esposa Lorena, es la más próspera de Diriamba, con una reserva de explotación
La Cantera Guadalupe, que Joel Gutiérrez dirige junto con su esposa Lorena, es la más próspera de Diriamba, con una reserva de explotación para treinta años.

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Quien no ha dejado el entusiasmo por el periodismo es María Lilly Delgado Talavera, que justo ahora se encuentra en la Universidad de Stanford, en el mismo programa que Joel Gutiérrez realizó un par de años atrás.

María Lilly se despidió como presentadora, directora y productora del noticiero estelar de Canal 2 a finales del 2003 y menos de un año después dirigió su propio programa de reportajes y perfiles Vidas y Confesiones. Además, se desempeñó al mismo tiempo como corresponsal en Nicaragua para la cadena Univisión.

Con su estadía en Stanford, María Lilly quiere dar más de ella en una carrera que empezó hace veinte años, cuando durante la que considera una de las etapas más convulsionadas de la historia reciente de Nicaragua buscó qué hacer en Canal 2, mientras las clases estaban suspendidas por las primeras huelgas por el 6 % para las universidades públicas del país.

María Lilly asegura que actualmente no tiene idea sobre qué hará exactamente al regresar a Nicaragua, pero asegura que definitivamente se ve en su país aportando más a partir de las nuevas experiencias que vive y aprende en Stanford.

A la conversación con Magazine vía Skype, durante un mediodía, se suma Joel Gutiérrez jugando a ser entrevistador, mientras se pone nostálgico por sus días en aquella universidad.

María Lilly asegura que en Nicaragua la gente siempre le saluda y le recuerda como presentadora de Canal 2 y como directora de su propio programa de entrevistas. Joel, en cambio, juega con la misma pregunta.

—¿Aún hay gente que te reconoce en la calle como presentador de noticias?

—Sí. De vez en cuando me encuentro a alguien y me saluda. Mis hijos más pequeños (que no le conocieron su etapa como presentador) me preguntan quién me saluda y a veces yo ni sé quién es. Otras veces también me pasa que me confunden. Por ejemplo, alguien se me acerca y me dice con tono grave: “¿Cómo has estado Cid Largaespada?”, porque esa persona cree que yo soy él.

—¿Qué hacés entonces? ¿Los corregís para que sepan quién sos?

—No, no. Yo los saludo igual de cortés y para despedirme los invito a que me visiten para comer un asado gratis o con un buen descuento en La Finca (ríe a carcajadas). Luego solo le aviso a Cid que le dejaron saludos.

María Lilly Delgado fue seleccionada el año pasado para el programa John S. Knight Journalism Fellowships, de la Universidad de Stanford.
María Lilly Delgado fue seleccionada el año pasado para el programa John S. Knight Journalism Fellowships, de la Universidad de Stanford.

Siempre en la televisión

Lucía Pineda Ubau, periodista y presentadora de televisión, no ha dejado atrás las cámaras y ni siquiera su trajín de reportera. Cuatro años atrás se le podía ver a cargo del Noticiero 22-22 de Televicentro SA, cuando en el país se comenzaba a establecer el consumo de la nota roja. Ahora, ha vuelto a 100 % Noticias, el Canal, donde su ritmo parece más relajado, pero fuera de cámara son las mismas carreras.
La periodista, a quien el ahora expresidente Arnoldo Alemán bautizó como “La Chilindrina”, asegura que desde que inició su carrera en la UCA en 1992 siempre se vio en televisión y hoy, además de continuar a cargo de la presentación de noticias, es jefa de prensa del Canal y tiene a su cargo un programa de entrevistas y uno de comentarios y debates sobre temas femeninos, junto a otras mujeres periodistas y presentadoras.
Tras 15 años en la televisión, Pineda admite que hay varios aspectos en los que ha cambiado. “Antes me hacía una cola y salía al aire, ahora no me pongo delante de una cámara si no tengo al maquillista”, dice.
Sin embargo, considera que su labor es diferente al de otros presentadores de televisión que no se mantienen informados sobre las noticias y carecen del sentimiento y la conexión con la gente que uno gana “cuando se foguea con el reporteo en la calle”.
“Aquí —agrega— también buscamos cómo quebrar un poco los esquemas de no transmitir emoción con las noticias. No se trata —aclara— de meter tu opinión en todo, sino de hablar con sentimiento. Yo toda mi vida he sido enemiga del teleprompter” (dispositivo electrónico que permite a un locutor televisivo leer sus textos sin que se note en la transmisión).

Lucía Pineda Ubau, periodista y presentadora de televisión, no ha dejado atrás las cámaras

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