Budistas en Nicaragua

Reportaje - 09.08.2015
Centro Budista

El budismo es una de las religiones históricas más difundidas del mundo, sin embargo, aquí en Nicaragua tiene una pobre presencia desde hace 17 años. Algunos de los practicantes nicaragüenses comparten sus experiencias

Por Ulises Huete

Alas 8:15 a.m. del sábado comienzan las clases en el Centro Budista Kadampa Bodhichita. Amelia Vogl, estudiante del centro, llega dos horas antes porque le toca arreglar la gompa, que es el lugar donde los budistas reciben las clases, meditan y hacen oraciones. Limpia el piso, cambia las ofrendas y pone las sillas y los cojines con sus respectivas mesitas donde se sentarán los otros estudiantes. Luego, uno a uno llegan los alumnos y la maestra al centro.

Los practicantes esperan de pie el ingreso de la maestra a la gompa. Frente a ellos, el altar con las imágenes de los Budas, a los pies de estos, ofrendas de boles con agua, pequeñas copas rebosantes de té, licor, leche, cereal y unos recipientes con miel sellados con papeles dorados. La maestra entra, se detiene frente a las imágenes y junto con ella todos hacen tres postraciones. En seguida, unos se sientan en cojines y otros en sillas. Después de unos minutos de silencio, comienzan a recitar unas oraciones.

Amelia Vogl tiene 72 años, es administradora de empresas jubilada, tiene tres hijos y vive con una de sus hijas, su yerno y sus nietos. Comenzó a practicar el budismo hace 17 años. “En 1998 mi amiga Mayra Pasos fue de turista al Nepal, compró un libro de budismo kadampa y luego contactó a unos practicantes de esa tradición en México. Después nos invitó a Claudia Pereira y a mí para que nos reuniéramos a estudiar otros textos budistas que había conseguido”, recuerda.

Durante varios meses, las tres se juntaban cada 15 días hasta que decidieron invitar públicamente a otras personas para escuchar estas enseñanzas en La Mansión Teodolinda. A esa primera actividad abierta llegaron 80 personas y de esta manera se inició el grupo budista.

Amelia cuenta que cuando tenía 55 años, sus hijos se independizaron, ella quedó sola y entonces sintió la necesidad de buscar un sentido más espiritual a su vida. En esa época conoció el budismo y desde entonces lo practica porque le ayuda a tener una mejor relación con los demás. “Por ejemplo, cuando mis nietos no me hacían caso, inmediatamente sentía un mordisco aquí en el pecho y respondía con un regaño excesivo que no tenía relación con el hecho. Eso se ha ido aminorando tremendamente y ya mi relación es más tranquila, más armoniosa”, dice Amelia.

La hija y el yerno de Amelia son católicos y así educan a sus hijos. El hecho que ella tenga otra creencia nunca ha sido motivo de conflictos, pues su hija y esposo son personas tolerantes y respetuosas. Como ella pasa bastante tiempo con sus nietos, cuenta cómo les transmite algunas enseñanzas budistas a los niños. “Los hago rezar en la noche con sus oraciones católicas, y cuando se dice ‘por la señal de la santa cruz, del enemigo líbranos Señor’, les pregunto y ¿quién es el enemigo? Ellos se me quedan mirando. El egoísmo, les digo, el egoísmo”.

“Para que una persona pueda transformar su mente, tiene que conocerla antes, solo de esta forma la podrá cambiar”.

Evelyn Kraudy, maestra budista

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El Centro Budista Kadampa Bodhichita queda en Altamira, Managua. Existe un grupo que asiste de manera regular a clases los miércoles y sábados. En estos cursos se estudian diversos libros con enseñanzas budistas. Entre los estudiantes se dividen varias tareas de organización, limpieza y ordenamiento del centro, que son parte de las prácticas que deben hacer, además de la meditación y el estudio continuo. Pero también se hacen otras actividades que son para todo público, no solo para los estudiantes inscritos.

“Generalmente llega mucha gente porque busca un alivio a su sufrimiento en un lugar diferente, unos andan buscando entre ‘lo alternativo’, entonces, oyen del centro y van, a veces llega gente solo por curiosidad, pero cualquier puerta de entrada es válida”, nos comenta Evelyn Kraudy, maestra residente del centro.

Evelyn Kraudy tiene 14 años de ser maestra budista. Tiene 56 años de edad y es médico siquiatra, con estudios en salud pública, medicina natural y medicina energética que combina con su práctica clínica. “Un maestro se prepara sobre la marcha porque los años de estudio son muchos y no se puede esperar a que los concluya para empezar a enseñar”, explica la maestra. Además de impartir clases, ella estudia de manera continua y una vez al año viaja a Inglaterra, al centro principal del budismo kadampa para realizar exámenes.

En el libro Budismo Moderno, escrito por Gueshe Kelsang Gyatso, se lee: “Las enseñanzas que se presentan en este libro son métodos científicos para mejorar nuestra naturaleza y cualidades humanas por medio del desarrollo de la mente”. La maestra Evelyn explica que el sentido de esas palabras es que así como la tecnología, en general, diseña aparatos externos para tratar de que estemos mejor, el budismo ha desarrollado un conjunto de procedimientos internos para que también estemos mejor por medio de la meditación.

Centro Budista Kadampa Bodhichita Foto Uriel/LAPRENSA
Adelante, Marcela Sánchez y la maestra Evelyn Kraudy. Atrás, de izquierda a derecha, Amelia Vogl, Loli Galván y Petronila Terán, durante unas oraciones en el centro budista.

“Al comienzo, cuando me hice budista, tuve problemas porque mi mamá es muy religiosa, hubo rechazo, pensaban que era moda, pero fueron pasando los años y finalmente se dieron cuenta que era en serio la cosa”.

Francisco Picado, practicante budista

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“Al comienzo, cuando me hice budista, tuve problemas porque mi mamá es muy religiosa, hubo rechazo, pensaban que era moda, pero fueron pasando los años y finalmente se dieron cuenta que era en serio la cosa”, confiesa Francisco Picado, también estudiante del centro. Él viene de un hogar católico, estudió en el Colegio Centro América, pero nunca la religión con la que se educó le dio todas las respuestas a muchas preguntas que se hacía sobre la vida.

La primera enseñanza que escuchó fue sobre el karma y le impactó. Luego asistió a dos charlas más y conoció a la maestra Evelyn. Sin embargo, la muerte de su abuela materna lo motivó a entrar al centro budista, cuenta Francisco: “Cuando la vi morirse, vi tanto sufrimiento, tanto miedo, horrible, que dije, no quiero estar así, eso me terminó de empujar a buscar algo… protección, no sé cómo decirte, volví a hablar con la maestra, me di cuenta de que había un programa estructurado y decidí entrar”.

A Francisco Picado le interesa la cultura oriental desde que era un niño. Su padre lee mucho y siempre ha tenido libros en su casa. Cada vez que encontraba un texto que hablara del oriente, Francisco lo leía con atención. Ahora tiene 44 años, es médico cirujano, trabaja en un hospital del Seguro en Managua, está casado, tiene una hija de 20 y otra de un año. “Mi hija mayor dice que es cristiana, a ella no le gusta que hablemos de budismo, dice que no se quiere confundir, sin embargo, a mí me encantaría que escuchara las enseñanzas porque estas son cosas que te pueden ayudar desde cualquier punto de vista: psicológico, religioso o filosófico”, comenta.

Su esposa lo conoció cuando él ya iba a actividades budistas. Lo acompañó por curiosidad un par de veces. Al comienzo ella sintió rechazo, pero después que fueron conversando de lo que es el budismo fue cambiando su primera impresión y ahora dice que eventualmente asistiría al centro. Cuando hablaron sobre qué creencias le inculcarían a la niña de un año, Francisco recuerda: “Mi esposa me decía que a nuestra hija no le podíamos imponer ninguna religión, pero yo le decía que realmente eso es una ilusión, porque cuando vos nacés en un país cristiano, te imponen esa creencia, si no fuera así, esperarían que llegaras a los 20 años para preguntarte si te querés bautizar”. Finalmente, decidieron que la niña decidiera cuando fuera mayor qué creencia adoptaría.

Francisco Picado y Ligia Gutiérrez. Centro Budista Kadampa Bodhichita
Francisco Picado y Ligia Gutiérrez ofreciendo un té a los Budas.

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Un estudiante budista debe incorporar gradualmente diferentes prácticas en su vida cotidiana para poder experimentar el bienestar que busca. “Intento mantener una rutina estable. Cuando lo logro, me levanto a las 6:00 a.m. a realizar una práctica de purificación. Al mediodía estudio un poco. Algunas noches medito. Todas las noches antes de dormir hago una oración. Asisto a clases formales y a algunas actividades que se realizan en el centro”, explica Marcela Sánchez, practicante budista desde hace varios años.

Marcela tiene 40 años, es gerente de investigación y desarrollo de una empresa farmacéutica, diseña y desarrolla medicamentos. Conoció el budismo leyendo en internet y comprando libros sobre el tema. Después fue a una conferencia que impartió una monja budista, le gustó mucho lo que escuchó, se inscribió a un retiro para aprender más y desde entonces estudia y practica el budismo.

Sobre los cambios que ha experimentado en su vida al realizar estas prácticas, dice: “En el trabajo cuando hay situaciones con las que me enojaba mucho antes, como que no se hiciera lo que yo orientaba, ahora el enojo es mínimo y a veces ni me enojo. Mi reacción es diferente ya que tengo paciencia y acepto la situación”. Ella explica que el budismo la ha ayudado a relacionarse mejor con los demás, de una manera más tranquila, pero también la ha ayudado a relacionarse de manera positiva con ella misma: “Ahora tengo mucho más control con mis apegos, ya no fumo ni tomo alcohol en exceso debido a que mi mente está con más estabilidad, entendí que muchos apegos que tenía no me proporcionaban felicidad sino más bien problemas”.

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La luz de la mañana llena la gompa. Los Budas relucen dentro de la urna. Tienen rostros apacibles y están sentados en posición de meditar sobre flores de loto. La sesión de clases comienza con unas oraciones. Luego la maestra indica que se va a meditar y que se debe adoptar la postura correcta. Entonces empieza a guiar la meditación.

Algunos estudiantes están sentados en los cojines, con las piernas entrecruzadas, las dos manos juntas y viendo hacia abajo, para no distraerse. Otros meditan sentados en las sillas, con las manos juntas y la mirada inclinada también. Después de unos 10 minutos la maestra indica que pueden surgir de la meditación. Enseguida comienza la clase, se hacen preguntas y se brindan respuestas, se llega a una conclusión y después cada estudiante se propone poner en práctica un aspecto de lo que se estudió.

En el transcurso de la semana también se hacen otras actividades para todo público. La maestra Evelyn dice que “para ir al centro no se necesita ser budista porque todas las enseñanzas de Buda son consejos muy prácticos para la vida cotidiana de cualquier persona sin importar en lo que cree”. Se hacen prácticas de purificación, se realizan oraciones para los enfermos y para los difuntos, se dan charlas sobre diferentes temas y se imparten talleres de meditación, entre otras cosas.

Sobre la meditación, una de las enseñanzas fundamentales del budismo, la maestra Evelyn explica que “es un método que consta de varios procedimientos, que se deben ir integrando poco a poco, con el único propósito de experimentar de manera inmediata bienestar, tranquilidad, paz”. Ella agrega que “cualquier persona puede aprender a meditar, no se necesita ninguna cualidad especial, lo único que se necesita es querer aprender un método para ser feliz, para estar mejor, para llevarse bien con los demás, es lo único”, concluye.

Sidharta

El príncipe Sidharta nació en el año 624 a.C. en Lumbini, región que formó parte de la India y ahora pertenece al Nepal. Sus progenitores fueron la reina Mayadevi y el rey Shudhodana. El príncipe vivió los primeros 29 años de su vida alejado de los sufrimientos del mundo, hasta que los conoció, comprendió que todos los seres están atrapados en ellos y decidió alcanzar la iluminación para liberar a todos los seres del sufrimiento. A través de la meditación, Sidharta alcanzó la iluminación y se convirtió en un Buda. En las escrituras del budismo kadampa se explica que “Buda significa ‘Ser Despierto’, el ser que ha despertado del sueño de la ignorancia y percibe las cosas tal y como son”. Sus enseñanzas, prácticas y realizaciones espirituales se conocen como Dharma o protección de la mente. Los budistas meditan en las enseñanzas de Buda para cultivar la paz interior.

¿En qué creen los budistas?

Los budistas creen en el poder de la mente y en el ejemplo inspirador de Buda, explica Evelyn Kraudy, maestra residente del Centro Budista Kadampa Bodhichita de Nicaragua. Ella dice que Buda no es un Dios, sino que Buda fue una persona ordinaria como cualquier otra, pero que con su perseverancia y paciencia, entre otras cualidades, aprendió a controlar su mente y alcanzar lo que todo individuo busca: ser feliz. Según las enseñanzas budistas, un practicante de Dharma, si aplica de manera correcta los principios en los que dice creer, debería evitar hacer sufrir a los demás y beneficiarlos, si tiene la posibilidad. Esta es la manera más simple y adecuada de vivir, porque así uno se siente más tranquilo consigo mismo y con los demás, agrega la maestra Evelyn.

Inicios del Centro Budista de Nicaragua

A finales de 1999 vino a Nicaragua el monje Guen Kelsang Jangchub para impartir enseñanzas budistas. El monje dictó una serie de conferencias y guio varias meditaciones en el centro de capacitación Cantera, ubicado en Managua. Jangchub animó al colectivo a que se estableciera como un centro budista, pero para esto se necesitaba proponer a alguien como maestro dentro del grupo. Se vieron diferentes opciones hasta que se escogió a Evelyn Kraudy. Jangchub mandó a Inglaterra, sede central del budismo kadampa, la solicitud de abrir un centro en Nicaragua y el nombre del posible maestro. Meses después llegó una carta en donde se autorizaba abrir el centro, cuyo nombre sería Bodhichita, y se aprobaba a Evelyn Kraudy como maestra residente. La primera enseñanza que dio la nueva maestra budista fue en la casa de los frailes católicos dominicos en Belmonte. El fraile brasileño Rui Manuel había asistido a algunas de las actividades del incipiente grupo budista y puso a la orden la casa para hacer actividades.

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