Carrera de caballos

Reportaje - 14.02.2016
Carrera de caballos. Magazine. Magazine. Apuestas. Jinetes.

Jinetes intrépidos cabalgan al pelo caballos cuartos de milla e ingleses en los agrestes caminos de Tisma, en medio de apuestas y la algarabía popular

Por Ulises Huete

El entrenador y un ayudante pasean por el camino al Dandy. Lo llevan del cabestro para calentarlo antes de la carrera. El Dandy es un caballo cuarto de milla pura sangre, castaño, de piel lustrosa, con una pequeña mancha blanca en la testuz, de paso ágil y visible musculatura. Su contrincante se llama el Temerario, un potro híbrido, cruce de caballo inglés con cuarto de milla, castaño, de contextura sólida, que también se desplaza de ida y vuelta por la pista llevado por dos campistos. Ambos son caballos campeones que los pobladores de Tisma, Granada y otras localidades vienen para ver competir.

Himel Ramírez, oriundo de Tisma, cría caballos de carrera. Él comenta que la carrera entre el Dandy y el Temerario será atractiva porque ambos son campeones. “El Temerario ha ganado las últimas cinco carreras a nivel nacional. Hace una semana ganó una carrera con 120 mil córdobas en Acoyapa y otra en Villa Nueva con 100 mil”. El Temerario es el competidor local, de Tisma, y el Dandy el visitante, de Granada. Este último le pertenece al granadino Tuto González y el Temerario al tismeño Milton García. Según Ramírez, “esta carrera va barata, arriba de 50 mil córdobas”.

Estas competencias las organizan en su mayoría medianos y pequeños ganaderos que adquieren caballos de velocidad. Juan Carlos Valdivia, joven ganadero de Masaya, explica que una contienda se “amarra” cuando dos dueños de caballos se ponen de acuerdo en competir en un lugar y día determinados. Luego ellos les cuentan a otros productores y así se difunde el evento entre los aficionados a las carreras y apuestas. Una vez que se organiza un encuentro, otros dueños de equinos también aprovechan ese día para enfrentar a sus caballos con otros. De este modo, en cada reunión se realizan unas cuatro carreras de promedio.

“Nunca he tenido caballos, soy apostador, deportista maceando, me gusta la euforia”, expresa con entusiasmo Rony Selva. Él explica que hay dos tipos de apuestas: por dentro y por fuera. Por dentro es la apuesta que hacen los dueños de caballos. Cada uno de ellos tiene una “barra”, un grupo de apostadores, que reúnen con él la plata que se jugará. La suma de lo que cada dueño de caballo con su barra apuesta se llama “la casada” y ese monto lo custodia uno de los jueces del desafío. También la apuesta por dentro la puede asumir en su totalidad el dueño del caballo.

En un pequeño grupo de jóvenes, dos de ellos cuentan billetes de 100 y 500 córdobas, absortos en los papeles azules y rojizos. El resto los observa con curiosidad y expectación. En otro punto del camino, unos hombres de mayor edad, mostachos tupidos, anchos rostros, vientres abultados, camisas remangadas, barajan gruesos mazos de dinero rojizo. ¡Voy al Dandy! ¡Yo al Temerario! ¿Cuánto? Manos abanicando racimos de quinientos córdobas.

Por fuera son las apuestas que hace el público que viene a ver la carrera. A veces se apuesta más dinero por fuera que por dentro. “Yo puedo macear por dentro y después por fuera”, dice Selva, el deportista apostador. Algunas personas de una barra apuestan por dentro a favor de un caballo y también por fuera. Pero existen otros que apuestan por dentro por un corredor y por fuera en contra de ese mismo equino. A medida que se acerca el momento de la carrera se ven más personas contando dinero para jugar.

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Dos campistos conducen al Temerario, un caballo híbrido, cruce de cuarto de milla e inglés, en un camino de Tisma. El Temerario competirá en la carrera más importante de la tarde. Los pobladores aledaños empiezan a venir para presenciar la competencia.

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La pista es un trecho recto de camino. Tiene como ocho metros de ancho. A cada lado hay una pequeña pendiente que se corona con los cercos de las parcelas que lo bordean. Las copas frondosas de los árboles hacen una arcada que sombrea y refresca. La tierra es seca, polvosa y blancuzca. El camino se llena de gente que se esparce en las pequeñas laderas y en el centro. La circulación de la gente levanta una rala nube de polvo de unos centímetros de alto. En algunos huecos de las copas de los árboles, la luz se cuela y sus haces pintan las partículas de polvo que gravitan a la deriva en el espacio agitado.

El jinete se monta sobre el Dandy. Va sin camisa, lleva una fusta en la mano, usa pantalones cortos, con unas rodilleras blancas con rojo, va descalzo. Es un joven delgado, fibroso y moreno. Se desplaza con el caballo entre la gente, conducido siempre por los campistos sobre la pista. También el Temerario se mueve con su jinete que de igual forma solo usa unos pantalones cortos y lleva una fusta. Sobre las condiciones con las que cabalgan los jinetes Ramírez expresa que “no tenemos todos los instrumentos que se utilizan en el caballo para darle un poquito de seguridad al jinete y al mismo caballo, tenemos limitantes para conseguir esos equipos”. Ramírez agrega que “cualquier problema va bajo la responsabilidad del dueño del caballo”. Ambos jinetes hacen el último calentamiento antes de la carrera. Se pasean de ida y vuelta sobre el camino, como midiendo el terreno en el que pronto se enfrentarán.

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“Se lleva como a cualquier deportista a una arena donde halla espacio para correr 2,000 metros a galope”, explica Juan Carlos Valdivia, refiriéndose al entrenamiento de un caballo de carreras. Agrega que “se le pone mucho suero porque necesita rehidratarse, vitaminas especiales, como alguien que va al gimnasio y quiere sacar músculos”. Este caballo requiere más cuidado que uno de hípica. Se empiezan a entrenar a los tres años aproximadamente. Una vez que se amansan, se preparan durante unos tres meses para que estén listos para una competencia de velocidad. “Cada 15 días hay estiramientos o pruebas que es como practicar en serio como que fuera una carrera”, explica Valdivia.

La carrera será de 250 metros. El punto de salida queda justo al lado de un estanco en un recodo del camino. El establecimiento está lleno a reventar, adentro y afuera hombres tomando cerveza, música ranchera a todo volumen. El lugar de salida es la gatera: una estructura metálica donde se introducen los caballos y de la que saldrán corriendo cuando se abran unas compuertas. La gatera vacía parece un artefacto ansioso por contener y detonar a sus proyectiles vivientes.

Himel Ramírez tiene un caballo retirado que se llama el Curita. Fue un ganador en Nicaragua. También corrió en Honduras y Costa Rica. Ramírez tenía nueve socios que eran de su familia. Cuando echaban a correr al Curita apostaban mínimo 100 mil córdobas, mil cada uno. “Nosotros le pagábamos un porcentaje al jinete, también le quedaba un porcentaje al caballo, que es para su cuido, era autosostenible, allí no invertíamos, solo la primera vez y él se manejaba solo con su registro”. Según Ramírez, el que gana la carrera aparta el 20 por ciento de la apuesta total. Cinco por ciento se le da al jinete, cinco por ciento se lo queda el dueño del caballo y diez por ciento se invierte en la alimentación del animal.

Camionetas 4×4 con las puertas abiertas y música mexicana sonando alto, mesas de plástico con botanas, botellas de whisky y ron, cervezas, gaseosas, vasos descartables, una hielera en el piso, dentro de un terreno tapizado por un pastizal verde pálido, que se mece suavemente con el viento vespertino. Los productores con camisas a cuadros, remangadas, sombreros vaqueros, pantalones de mezclilla y botas junto a sus mujeres e hijos, disfrutan la tarde y esperan el inicio de las competencias. A la vera del camino, bicicletas recostadas sobre los árboles, hombres en cuclillas, mujeres y niños sentados en sillas de plástico, caballos amarrados a las cercas, gentío que llena el camino, voces altisonantes apurando las apuestas, un ambiente festivo y de mucha expectación, porque en cualquier momento se batirán los campeones.

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Las apuestas son uno de los ingredientes más emocionantes de las tardes de carreras. Hay apuestas que se hacen entre los dueños de los caballos y otras que se hacen entre los asistentes.

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Los dos caballos entran en la gatera. El Dandy se acomoda rápido entre las rejas. El Temerario se agita con fuerza y estremece el armatoste. Su entrenador trata de calmarlo con un ayudante. Un jinete escala la estructura metálica y se monta sobre el Dandy que lo recibe sin sobresaltos. El otro jinete trata de montar al Temerario que no se calma todavía y patalea levantando una polvareda. El entrenador y su ayudante forcejean con el Temerario hasta que se calma. El jinete lo monta por fin. Los ayudantes le acomodan bien las cuatro patas a cada caballo para que estén en óptimas condiciones para arrancar juntos. Los dos caballos que protagonizarán la carrera más importante de esta tarde están listos para medirse en una distancia de 250 metros a máxima velocidad.

Una contagiosa expectación electriza el espacio. Se corre la voz de que la carrera está a punto de comenzar. La gente se amontona en el camino frente a la gatera. El juez de salida verifica que los caballos se acomoden bien en la estructura de salida. ¡Estruendo de las compuertas que se abren como la carga de un cañón! Retumba contra la tierra la explosión del galope Dos rayos equinos cortan por la mitad al enjambre de gente. Tras el paso vertiginoso de los centauros se levanta un polvazal. Gritos de emoción sobre el camino siguiendo la estampida. Gentío desbordándose sobre la pista viendo la llegada a la meta. ¡El Dandy ganó!

El ganador con su jinete se abre paso entre los vítores de la multitud. Vienen de regreso por la pista en la que acaban de triunfar. El jinete saluda al público. Luego cuenta un fajo de billetes azules de 100 córdobas. Se llama Luis Corea, tiene 18 años, proviene de Nagarote y compite por primera vez. Don Tuto González, el dueño del Dandy, lo está probando como jinete de carreras. Esta fue su primera competencia y la ganó. Corea cuenta que se preparó durante tres semanas para esta tarde. Luce agitado como si él hubiera corrido. Dice que la mayor cualidad del Dandy es “en la salida y cuando va a 100 varas porque se va desplazando con todo”.

Guillermo Medal entrena al Dandy. Tiene 50 años de andar en carreras de equinos y en su juventud hacía acrobacias con estos animales. Sobre la preparación de uno de estos ejemplares expresa: “Hay que traerlo en buen entrenamiento, bien cronometrado y en buena forma, no solo es que el caballo tenga raza, tenemos que tener jinete, equipo de salida y una buena alimentación sobre todo”. Un buen tiempo para correr los 250 metros son unos 15 segundos. En una semana habrá otras carreras en Acoyapa que son bien concurridas. Con respecto a la participación del Dandy en esas competencias, dice Medal: “Vamos a ver los resultados, el estado de ánimo, hay que valorar su condición, tengo que evaluarlo antes de tomar una decisión”.

Reglas de la carrera

Cada quien corre en su carril, sin invadir el otro carril.

Los jinetes no deben golpearse entre sí.

Se acata la decisión de los jueces, tanto de salida como de llegada.

El juez de llegada tiene el dinero de la apuesta.

Si uno de los jueces anula la carrera, nadie pierde su dinero.

Si uno de los jinetes pesa más que el otro, al jinete con menos peso se le carga de unas pesas para que compitan con el mismo peso.

La población debe apartarse del camino cuando salen los caballos para evitar accidentes.

Caballos de velocidad

El cuarto de milla es un caballo desarrollado en Estados Unidos. Este resulta de la combinación de varias razas. Lo criaron para trabajo y carreras por su fuerza y capacidad de alcanzar altas velocidades.

El cuarto de milla corre en competencias que van desde 250 hasta 500 metros. El caballo inglés es una raza de carreras de distancia. También fue el resultado de la mezcla de caballos ingleses pura sangre con otras razas como la árabe. El inglés puede correr hasta 1,500 metros. Los caballos híbridos son la mezcla de un cuarto de milla con un inglés. El precio de estos caballos de velocidad oscila entre los 2,000 y los 15,000 dólares. Incluso pueden ser más costosos si son importados.

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