Crónica desde las celdas El Infiernillo

Reportaje - 11.03.2019
Ex Prisionero

Un reo común recién indultado, describe como testigo la llegada y peripecias de los presos políticos en el penal La Modelo y en particular la vida en la mazmorra más temida: el infiernillo

Por Julián Navarrete

Comenzaron a llegar en abril de 2018. Entraron en varios buses que iban repletos. Todos hombres de diferentes edades. Había muchachos, señores y hasta unos de 15 años. Los guardias vaciaron algunas celdas y los metieron, mientras los iban golpeando.

Los metieron a empujones. Los golpeaban con palos. Algunos se quejaban de los golpes y otros encaraban a los guardias de las celdas. Muchos lloraron y alguno gritó una consigna.

Yo fui liberado el 23 de diciembre del año 2018, bajo un indulto otorgado por el presidente Daniel Ortega. Estuve en la cárcel dos años y medio, de una sentencia de cinco años, y por eso puedo contar lo que vi en La Modelo, a partir de que empezaron a llegar los presos políticos.

Todos los presos se solidarizaron con los vapuleados. Les empezamos a aventar sábanas, hamacas y comida. Les pasamos lo que nosotros cocinábamos, y un plato se lo comían entre tres. Porque a ellos solo les daban la ‘chupeta’ (la comida de la cárcel) y ya estaba descompuesta.

En la mañana les dimos jabones para que se pudieran bañar. Yo tampoco sé cómo se acomodaron porque eran como 30 en cada celda, donde normalmente alcanzan 12 personas. Pero así estuvieron y así se bañaron. Hasta ocho con el mismo jabón.

Lo normal es que en esas celdas duerman 12 presos, guindados de hamacas para que puedan alcanzar. Pero a ellos los tiraron en el suelo, uno sobre otro. No sé cómo pudieron acomodarse, pero ahí permanecieron durante dos días y medio, hasta que los llegaron a sacar. Creo que los guardias —así le dice a los carceleros— lo hicieron porque toda la población del penal estaba apoyándolos y tuvieron miedo de que nos rebeláramos.

Al día siguiente de que se fueron los prisioneros políticos, castigaron a varios de nosotros porque les ayudamos. A los que les pasaron cosas o quienes gritaron cuando se fueron. Es por eso que la segunda oleada de presos políticos que llegó a La Modelo no la metieron con nosotros. Nos acusaron de que les estábamos pasando armas y estábamos conspirando.

A todos ellos los apiñaron en un galerón enorme, mientras construían las nuevas celdas de la 300, la galería de Máxima Seguridad, donde también está el infiernillo, así como le dicen en los periódicos y en el televisión. Y de eso es que le voy a hablar, pero más adelante.

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Antes de que el primer preso político llegara a la 300, estas celdas eran ocupadas para mantener aislados a los criminales más peligrosos del penal. Los condenados por crímenes atroces, asesinos despiadados, traficantes de droga pesados, o presos que asesinaron a otro dentro de la cárcel.

Porque todas las galerías están marcadas territorialmente. No es que van a meter a un preso a una celda al azar, no. Todas las galerías están divididas por distritos. Y todos los presos defienden sus lugares. Porque puede que toleren a uno, o dos desconocidos, pero ya con más de tres se piensa que pueden armar una banda y se adueñan del territorio.

El caso es que en los últimos años había pleitos entre bandas rivales, y aprovechaban cualquier espacio o tiempo para buscar venganza con su enemigo. Salían puñales, picos, machetes o armas blancas hechizas, que improvisaban con lo que hubiera, y de ahí había un muerto. Se armaban guerras en las galerías.

Entonces los guardias los empezaron a separar y los enviaban a la 300. Ahí los tenían, aislados, sin tomar sol, sin derecho a lo que los demás presos tienen. Acompañados con un prisionero más, como máximo, y recibiendo todo tipo de insultos. Un castigo, pues, por haberse portado mal o por ser demasiados peligrosos para poder convivir con los otros.

El informe del 15 de febrero del Comité Pro la Liberación de Presas y Presos Políticos indicó que en la cárcel Modelo de Tipitapa había 425 reos políticos. Foto: AFP

A los de la 300 no les permiten visitas conyugales y solo tienen una visita familiar al mes. Los presos comunes tienen hasta cuatro visitas en 30 días, claro, si se portan bien. Los de la 300 tampoco pueden comer carne, ni alimentos preparados. No pueden calentar agua. Y solo tocan a su familiar en los últimos minutos de la visita. Con los presos políticos los castigos son más fuertes. A esos los tratan peor.

Pero para seguir con lo que les contaba, cuando llegaron los presos políticos el año pasado, empezaron a vaciar la 300. A los reos que había, los apartaron en otras celdas, y metieron a los nuevos reos. Ahora dicen que hicieron otros pabellones, la 16-1 y la 16-2, porque antes no existían, para ingresar a más y más reos a las celdas.

Esto lo miré cuando estuve adentro y ahora me siguen contando varios amigos míos que están en la 300. Porque ese es el único lugar donde puede llegar la señal de internet, y algunos se saben trucos para conectarse.

Mis amigos, además, saben de las golpizas y las humillaciones que hacen pasar a los presos políticos. Los torturan, no los dejan dormir, no les dan de comer, no les dan medicina. Lo último que me contaron es que sacaron a un muchacho, estudiante de la UNAN, desde hace días y no ha regresado. Tiene días desaparecido y no regresa. Quién sabe qué pasó con el muchacho.

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Los diferentes testimonios que recogimos indican que las celdas del infiernillo son pequeñas, de dos metros de largo por tres de ancho, con dos camarotes, un inodoro y un grifo de agua. Nubes de zancudos en el aire, y en el suelo o por las paredes se arrastran alacranes y cucarachas.

Son celdas oscuras y húmedas. Apenas un bombillo alumbra. No se sabe si es de día o de noche. Se trata de un largo pasillo con hasta tres niveles donde se ubican las celdas y donde permanecen unos 18 reos.
Hasta el 26 de febrero, entre otros presos, se encontraban el periodista Miguel Mora, el líder campesino Medardo Mairena y el coronel del Ejército en retiro Carlos Brenes.

El informe del 15 de febrero del Comité Pro la Liberación de Presas y Presos Políticos indicó que en la cárcel Modelo de Tipitapa había 425 reos políticos. Foto: AFP

Las visitas familiares, cuando las hay, se hacen desde cabinas separadas por un vidrio, desde las cuales se comunican por teléfonos. Solo existe un corto espacio de tiempo para que los familiares se puedan abrazar para despedirse.

Las celdas se abren a través de un portón de acero, que tiene un hueco con barrotes de unos 10 centímetros de ancho. En los camarotes no hay colchonetas ni se permiten hamacas, es decir, que los reos duermen sobre el concreto o en el suelo húmedo.

“Nos maltratan física y psicológicamente. No tenemos derecho a médico ni medicina, nos encadenan de pies y manos, nos tienen aislados en calabozos, donde se nos dificulta respirar”, se lee en una carta que se filtró desde el infiernillo. “Cuando estamos frente a nuestros familiares, cuando vamos a los juzgados, cuando vamos a retirar paquetería, nos quitan las cadenas y nos toman fotos para aparentar que nos tratan bien”, aseguran los reos en la carta escrita en hojas de papel higiénico.

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Los presos que van a la 300 son los más vigilados del penal. Cámaras y grabadoras hay en los pasillos, y varios guardias de la galería están permanentemente vigilantes. Allá, adentro, todo depende de ellos, las salidas al patio para recibir sol, los permisos para meter alimentos y reparar los objetos que se dañan: el inodoro, el bombillo, la paja de agua.

El trato a los presos políticos es igual al que reciben en el Chipote. Golpes, interrogatorios y acusaciones. Todos, te puedo asegurar, han recibido golpes de alguna forma. Algunos más que otros. Todo depende del nivel de importancia. La información que le sacan, eso sí no lo sé.

Incluso en estas celdas del infiernillo, los reos tienen derecho a que sus familiares les lleven colchones o sábanas. Pero los guardias los mantienen en bóxer, sin camisa y sin zapatos. Cuando salen a las visitas o a los juzgados es que les avientan el uniforme azul y les dicen: “Tomá, ponete esto”.

Los familiares han denunciado las torturas y las humillaciones que reciben los presos en las celdas del Infiernillo.
Foto: Óscar Navarrete

Esa es la única forma en la que pueden salir de estas celdas, cuando van a los juzgados, interrogatorios, visitas o cuando les dan, si acaso, unos minutos en el patio para recibir sol una vez al mes. La luz solar no entra a la celda, y si se funde el único bombillo, tienen que pedir permiso para que un familiar lo reponga. Mientras tanto permanecerán a oscuras.

No hay permisos para meter abanicos ni una cocinita para calentar agua. Lo único bueno es la comida que le dan tres veces, ya que es mejor que la que le dan a los reos comunes de la Modelo.

A los familiares les dicen puras mentiras: que a los presos los sacan al sol tres veces por semana. Que les dan acceso a llamadas. Mentiras. Yo era un reo común, y durante dos años y medio solo fui tres o cuatro veces al patio para recibir sol. Tal vez era una vez cada cuatro meses que mirábamos el sol.

Mis familiares también reclamaban por el acceso a llamadas, pero los guardias del penal les decían que nosotros las hacíamos pero a otras mujeres. Ellos hacen eso para que la familia se ponga en contra de nosotros. Yo compré un cupón de 100 córdobas de recargas para mi celular y lo dejé entero.

Cuando los reos no aguantan es que los guardias acceden, porque todos los prisioneros empiezan a golpear los barrotes y pedir sol y llamadas a los familiares. Es una bulla que llega hasta las afueras del penal. Cuando ya les dan eso, a los reos se les quita la jodedera.

Por ser considerado lo peor del penal es difícil salir de las celdas de la 300. Tiene que haber buen comportamiento, y transcurrir más de un año, hacer una entrevista con algún funcionario de la cárcel para demostrar que uno está listo para ir a otra galería.

Siempre recuerdo que, después de los casi tres días que los reos políticos pasaron con nosotros, todos gritamos apoyándolos. Se sintió alegre porque les dejamos saber que todo lo que habían hecho estaba bueno y estábamos con ellos.

Después que pasó eso, a nosotros nos prohibieron leer los periódicos o cualquier revista. No había información. Creo que lo hicieron porque no querían que los reos supieran lo que estaba sucediendo afuera y ellos se rebelaran. Se formaría una gran trifulca y habría muchos muertos de ambos lados.

Hay cosas diferentes que pasan ahora. Cosas peligrosas. Por ejemplo, Los guardias del penal por primera vez andan con armas de fuego. Por lo general siempre andaban con tubos o bates para controlar a los reos, pero ahora andan con escopetas o pistolas. Preparados para tirarte un balazo. Y eso es peligroso.

Al salir de la cárcel muestra los brazaletes que aprenden hacer bajo régimen carcelario.
Foto:AFP

Así se ha torturado

Los testimonios recopilados en los organismos de derechos humanos, como la ONU, CIDH, OEA, Human Rights Watch y Amnistía Internacional demuestran que durante la crisis política que surgió a partir del 18 de abril se han aplicado estas diferentes formas de tortura. La mayoría de ellas en las cárceles.

Desnudos: capturas y detenciones por horas con el cuerpo desnudo. Escarnio público y linchamiento de personas sin ropa. En las celdas los hacen permanecer en ropa interior.

Dientes: la CPDH registró la denuncia de un hombre que perdió los dientes después de una tortura a golpes.

Violados: se han recibido denuncias de hombres violados con AK y lanzamorteros en centros de detenciones.

Uñas: una de las torturas más denunciada es el desprendimiento de uñas.

Managua, Nicaragua. 14/10/2018. Policia Orteguista reprimió con lujo de violencia a un grupo de manifestantes que pretendía marchar contra la dictadura de los Ortega-Murillo. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Psicológicas: aislamiento, confinamiento y amenazas. Negación a espacios libres y con luz.

Filas: varios de los detenidos han denunciado que los policías hacen fila por donde ellos pasan, mientras los oficiales los golpean. En las manos se colocan esponjas para no dejar marcas. Conectan golpes a los oídos que provocan sangrado, fiebre y convulsiones.
Abusos sexuales: existen numerosas denuncias de hombres y mujeres que fueron abusados sexualmente durante los arrestos. Los mantienen desnudos y les ordenan hacer sentadillas.

Amarres: los atan de las manos, suspendidos del piso, con esposas o bridas plásticas. Cortan la circulación y comienzan a empujar a los detenidos, mientras los golpean con macanas.

Aislamiento: durante horas los encierran en celdas sin la mitad de techo, por donde se filtra el sol o la lluvia. Pasan hasta 14 horas sin comer y sometidos a golpizas.

Dedos cercenados: hay denuncias de que algunos detenidos salen con los dedos de los pies cercenados.

Choques eléctricos: aplicación de choques eléctricos en sus genitales y sujetos a sillas con corriente eléctrica.

Asfixias: en pilas de aguas para asfixiar o los meten en una bolsa plástica

Celdas: confinamientos en celdas inundadas de aguas, combinadas con aguas de cloacas. Existen celdas donde solo se puede estar de pie durante 24 a 48 horas.

Quemados: existen varias denuncias de ciudadanos quemados con ácido y cigarrillos.

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