Cuando Nicaragua era paso de piratas y corsarios

Reportaje - 11.08.2019
Pirate ship at the open sea

Desde siempre han despertado fascinación o miedo. Los piratas tuvieron su “edad de oro” en tiempos de la Colonia española, pero la práctica de asaltar a los navegantes sigue vigente en nuestros días

Por Amalia del Cid

La piratería es casi tan vieja como la humanidad y ya se hablaba de ella al menos cinco siglos antes de que se empezara a hablar de Jesucristo; pero se considera que la “edad de oro” de los piratas duró desde 1620 hasta 1795, cuando por Europa ya corría la noticia de que en el Nuevo Mundo España había encontrado oro. Francia, Holanda e Inglaterra rivalizaban con la corona española y encontraron en los corsarios una forma de apoderarse de parte del botín y de paso liquidar la hegemonía marítima de España.

Además, en sitios donde los españoles no habían hallado oro y plata, como las Antillas Menores, se establecieron aventureros franceses, ingleses, daneses y holandeses. “De allí surgió, entre otros marineros de naciones ‘herejes’, la ‘Cofradía de los hermanos de la Costa’, intento de sociedad anarquista en pleno Caribe que llegaría a interrumpir el comercio colonial del imperio español y saquear algunas de sus poblaciones”, se afirma en el libro Historia Básica de Nicaragua, de Jorge Eduardo Arellano.

Por lo menos desde 1589 los miembros de esa “cofradía” ocupaban Laguna de Perlas y Bluefields. “En este puerto, a mediados del siglo XVII, llegaron a concentrarse en una ocasión 1,500 piratas y 20 bajales; lo que indica que no fue una efímera base de operaciones”, apunta Arellano.

Por su posición geográfica, a menudo Nicaragua fue destino de piratas, corsarios y otros aventureros. Ciudades como Matagalpa, León, Ciudad Antigua y, sobre todo, Granada fueron saqueadas y a veces, incluso, destruidas.
Sin embargo, es a algunos de esos bucaneros que debemos las primeras referencias sobre las costumbres y el estado de los pueblos de la Costa Caribe en aquella época.

Pasó que los colonizadores españoles se concentraron en la costa del Pacífico, donde habían encontrado oro y suelos de mayor rendimiento agrícola, y dejaron abandonada la costa del Caribe, que quedó expuesta a las incursiones de cuanto pirata inglés, francés u holandés quiso navegar por ahí.

“Nada mejor que las pequeñas islas del Caribe para que las naciones entonces rivales de España se apoderaran de las mismas y realizaran desde tales sitios incursiones y asaltos para retar la hegemonía española en el Nuevo Mundo”, señala Jaime Incer Barquero en su libro Piratas y aventureros en las costas de Nicaragua.

Fue así como estos corsarios, en ocasiones desalmados, se convirtieron en cronistas de su época. Por aquí pasaron, entre otros famosos piratas, los franceses John Esquemeling y Raveneau de Lussan y el inglés William Dampier, quienes dejaron testimonio de las aventuras que vivieron en la segunda mitad del siglo XVII, cuando los ataques piratas no eran una leyenda, sino el pan de cada día.

El pirata William Dampier.

 

Piratas y corsarios... no es lo mismo

Tiende a llamarse, indistintamente, “piratas” o “corsarios” a los hombres que se dedicaban a asaltar embarcaciones y ciudades. Sin embargo, no es lo mismo. Al menos no exactamente. De acuerdo con la revista internacional Muy Interesante, estas son las diferencias entre filibusteros, bucaneros, piratas, corsarios y berberiscos, cuyas características dependen de la época, las condiciones y la zona en que realizaron sus pillajes.

Pirata. El término se ha usado desde la antigüedad. Proviene del griego “peirates”, que significa ‘esforzarse’ o ‘intentar la fortuna en las aventuras’. Los pioneros fueron los llamados pueblos del mar (que atacaron toda Asia Menor y Egipto en la época de Ramsés III) y más adelante aparecieron los piratas cilicios, de la costa meridional de la península de Anatolia, en el sureste de Europa. Estos llegaron a capturar a Julio César cuando tenía veinticinco años.
Corsario. Muchos Estados o corporaciones locales otorgaban patentes de corso a aventureros para que pudieran atacar barcos o ciudades enemigas en tiempo de guerra. Estos corsarios armaban un barco por su cuenta y riesgo y, mediante dicha patente, llegaban a un acuerdo con la autoridad que incluía entregarle una parte de los beneficios. El más famoso de todos fue el inglés Francis Drake. Llevó a cabo su primer gran asalto en 1572 sobre el puerto panameño Nombre de Dios, por donde pasaba el oro y la plata transportados por los españoles desde Perú. Los ataques de Drake, nombrado caballero por la reina Isabel I, fueron una pesadilla para España.

Filibustero. Esta palabra es una derivación del neerlandés “vrijbuiter” y significa ‘pirata’ o ‘ladrón’. Pasó al castellano durante la gran época de la piratería y, aunque cayó en desuso, fue recuperada en el siglo XIX para designar a los aventureros que intentaban adueñarse de territorios de Estados Unidos y Latinoamérica por las armas. Uno de ellos, William Walker, llegó a gobernar Nicaragua.

Bucanero. Se denominaba así a los occidentales instalados en el oeste de la isla de La Española que se dedicaban a vender carne ahumada –en la lengua arawak de los indios del Caribe “bucan” significaba ‘ahumar la carne’– a los navíos que pasaban por la región. Como no pagaban impuestos, la Corona de España los castigó matando los animales en que basaban su comercio, y los bucaneros decidieron dedicarse al pillaje. Luego, el término designaría en general a los piratas del mar Caribe, que preferían atacar puertos más que otros barcos.

Berberisco. Los europeos llamaban Berbería a la región del norte de África que hoy conocemos como Magreb, y los berberiscos eran los piratas musulmanes que actuaban en todo el Mediterráneo desde sus bases en esa zona. El Imperio otomano otorgó patente de corso a Kemal Reis, en 1487, y a los hermanos Barbarroja, los cuales convirtieron a los berberiscos en una temible amenaza para el tráfico marítimo del Mediterráneo.

Piratas de ayer y hoy

En el siglo V antes de Cristo ya se hacía referencia a los piratas o asaltantes marítimos. Existía una costa en el Golfo Pérsico llamada “Costa de los piratas”. Y de igual manera, hay registros de que los piratas operaban en el mar Mediterráneo y el mar de la China Meridional.

Además, en la mitología griega aparecen robos ejecutados por personajes que viajaban en barcos. Por ejemplo, los realizados por Jasón y los Argonautas o los relatados en la Odisea, apunta la revista Historia y Biografía.
Sin embargo, en ese contexto no eran concebidos negativamente y el término “pirata” ni siguiera hacía parte del vocabulario.

Más allá de la mitología existió Polícrates de Samos, quien saqueó toda Asia Menor durante el siglo VI a. C.

Pero la “edad de oro” de la piratería surgió hasta el siglo XVII, al extenderse la noticia del descubrimiento de metales preciosos en América por los españoles. Los primeros en intentar robar los tesoros de la conquista fueron los franceses y luego les seguirían los ingleses. Para lograrlo lanzaron al mar a sus corsarios, que se convirtieron en la pesadilla de los navegantes españoles y a menudo asaltaban puertos e incluso ciudades tierra adentro. Por Nicaragua pasaron varios piratas famosos, como William Dampier, el francés Raveneau de Lussan y el sanguinario Olonés, entre otros. Ciudades atacadas constantemente fueron León, Ciudad Antigua y, sobre todo, Granada.

El Olonés.

En la actualidad los piratas continúan existiendo, pero son muy distintos. Aunque todavía se les asocia con banderas con calaveras, lo cierto es que ellos prefieren no llamar tanto la atención. De hecho, muchos ni siquiera usan la bandera del país de donde procede la embarcación, pues eso les da “vía libre” en los océanos. Por otro lado, el botín ya no es un saco o un cofre de oro. Hace mucho pasaron los tiempos en que de América partían buques cargados de tesoros. Ahora los piratas secuestran a los marineros y sus barcos para cobrar el rescate; asaltan buques pesqueros o simplemente se dedican a una intensa pesca ilegal que está arrasando con la fauna marina.

En ocasiones los ataques a barcos pesqueros acaban bastante mal y los tripulantes mueren en la refriega o desaparecen en alta mar.

Los piratas “trabajan” en las aguas del sudeste de Asia, en los mares de África y en las costas de pequeños países de Sudamérica, como Surinam y Guyana, que son vecinos de Venezuela. Las costas de Filipinas son uno de los lugares de caza preferidos de los piratas modernos. Aunque, según la revista Quo, “el más peligroso de todos es el Estrecho de Malaca” ( entre la costa occidental de la península malaya y la isla indonesa de Sumatra), donde se registran unos dieciocho asaltos anuales.

Testigo de la furia pirata

Majestuosa, imponente, por sus cuatro lados, la iglesia de Ciudad Antigua, en Nueva Segovia, es un monumento que ha sobrevivido a la vorágine de violencia de los últimos cuatro siglos.

Ubicada a 250 kilómetros al norte de Managua, esta Iglesia, herencia de la arquitectura colonial española en Nicaragua, es uno de los principales centros de devoción religiosa de nuestro país, pues en su interior se encuentra la venerada imagen del “Señor de los Milagros”, que a su vez es el patrón del pueblo.

La actual Ciudad Antigua fue fundada en 1611. Sus pobladores provenían del primer asentamiento o Ciudad Vieja, ubicada cerca de Quilalí, donde estuvo por 73 años, hasta que fueron obligados a emigrar por los ataques de los indígenas procedentes de la Costa Caribe.

Suele afirmarse que en 1654 los habitantes de Ciudad Antigua sufrieron una invasión comandada por el célebre pirata Henry Morgan e incluso hay una placa para recordar el hecho: “Aquí fue Nueva Segovia, destruida por el pirata Henry Morgan en 1654”. Sin embargo, algunos historiadores, entre ellos Jaime Incer Barquero, aseguran que Morgan nunca estuvo en las Segovias, pero sí en Granada.

Los historiadores de la ciudad también aseguran que esta fue invadida en 1689 por el pirata William Dampier, porque en esa fecha aparece quemada la puerta de la sacristía. Y hay otra invasión ampliamente documentada, pero en 1688, cuando el francés de Lussan pasó por ahí con otros 300 piratas.

Además, sostienen los historiadores locales, en 1704 la pequeña Ciudad Antigua fue atacada de nuevo, esta vez por Aníbal, el Rey Mosco, acompañado por tropas inglesas; pero fue defendida por soldados españoles. Aseguran también que en 1709 y 1711 la ciudad soportó nuevas incursiones de piratas e indígenas, pero aún así, la población se mantuvo en el mismo lugar. Ciudad Antigua es hoy un pueblo que vive en paz, junto a su centenaria iglesia de amplias paredes y techo de tejas de barro cocido.

Bluefields cree en piratas

En la ciudad de Bluefields las leyendas sobre piratas circulan como moneda corriente. No en balde la Costa Caribe fue una de las zonas de Nicaragua más visitadas por aventureros y corsarios en la época de la Colonia. Aquí algunas leyendas:

El tesoro de El Pool. Para los habitantes de Bluefields, es “un balneario muy bonito” que antiguamente la gente visitaba con mucha frecuencia. Se cuenta que ahí se hallaba una “gran piedra que casi fue destruida por el huracán Juana” y que debajo estaba el tesoro de El Pool.

Baúles en el aeropuerto. Cuentan los blufileños que el lugar donde funciona el aeropuerto de la ciudad es uno de los sitios donde “hay tesoros enterrados” por los piratas en tiempos muy antiguos.

Otros de los sitios donde supuestamente hay tesoros piratas son- según el libro Historia Oral de Bluefields, de Hugo Sujo - Han Man Cay, ubicada al norte de la laguna de Bluefields; Mission Cay, en la parte sur, y Kutra Point, también conocida como Punta Masaya. Hay también quienes hablar de las cuevas de Mount Pleasant.

En Bluefields y otros pueblos y ciudades del Caribe nicaragüense solía contarse la leyenda de que, antes de enterrar un tesoro, los corsarios mataban a uno de los tripulantes para que su espíritu se quedara cuidando el cofre. Entonces, quien soñara con el pirata estaba destinado ser el dueño de esas riquezas, destacó Magazine en un reporte publicado en marzo de 2009.

Algunos habitantes de Bluefields han intentado encontrar los cofres de los piratas, todavía sin éxito.

Datos para curiosos

El estereotipo del parche en el ojo tiene su razón de ser. En la antigüedad este tipo de parches eran frecuentes en personas con ocupaciones peligrosas, como los herreros y los piratas. Un mito afirma que, además, era un método primitivo de visión nocturna. Según esta teoría, procuraban mantener un ojo habituado a la luz y otro a la oscuridad, para adaptarse rápido a la penumbra al bajar a las entrañas del barco.

El mito de que todos los piratas llevan un loro posado en el hombro fue popularizado por Louis Stevenson en la novela La isla del tesoro, publicada en Londres en 1883. Pero no se descarta que algunos piratas europeos hayan tenido loros, pues eran considerados aves exóticas.

Los mapas efectivamente eran muy valiosos para los piratas, pues algunos traían las rutas de barcos comerciantes.

Con más de cuatrocientos atracos, el galés Bartholomew Roberts (1682-1722) es considerado uno de los piratas más exitosos de la historia. También es famoso por haber impuesto un código de conducta pirata, el cual contiene once reglas. Entre ellas: "El botín se repartirá uno a uno, por lista; pero si alguien defrauda o engaña, el abandono en una isla desierta será su castigo" y "los músicos descansan el sábado".

Sección
Reportaje