¿Dónde están los bienes de Sandino?

Reportaje - 22.05.2005
Museo-Sandino-en-Niquinohomo

En casa de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Después de que el FSLN perdiera las elecciones de 1990, la ex Primera Dama creó la Asociación Centro Sandino para privatizar y, hasta ahora, disfrutar en exclusividad de los objetos que todavía se conservan de Augusto César Sandino, desde su traje hasta su pistola. El pueblo de Niquinohomo, donde estaba expuesta la mayor parte de las piezas, reclama su devolución

Juan Ruiz Sierra
Fotos de Moisés Matute

El dispositivo de seguridad era simple. Ante cualquier peligro para las pertenencias de Augusto César Sandino que se conservaban en el Museo de Niquinohomo, Emilio Ulloa, el director del lugar desde 1982 hasta 1990, debía hacer una de estas dos cosas: bien esconder por sí mismo los bienes, o entregárselos al personal del Ministerio de Cultura para que este organismo los llevara a un lugar seguro en Managua. Así había ocurrido durante el paso del huracán Juana por Nicaragua, durante las elecciones presidenciales de 1984 y durante las amenazas de invasión del ejército estadounidense, pues el gobierno sandinista temía que los norteamericanos, después de ocupar Nicaragua, pretendieran hacerse con los objetos del llamado “General de Hombres Libres”. Cuando el peligro no era considerable y se decidía que Ulloa debía proteger él mismo los bienes, éste los escondía en su propia casa o, para mayor seguridad, en la de su cuñado, situada a escasas cuadras del museo. Cuando aparecían los funcionarios de la capital, Ulloa, un hombre amable, de hablar pausado y actitud como de estar de vuelta de todo, no sabía dónde se los llevaban.

Se trataba, en cualquier caso, de un procedimiento rutinario, por lo que ese día, dos meses antes del 25 de febrero de 1990 que supuso el fin de la revolución, a Ulloa no le sorprendió que llegara una carta del Ministerio de Cultura. Le informaba que, ante los próximos comicios, el Gobierno había decidido vaciar el museo y, en lugar de llevar los objetos a casa de su cuñado, trasladarlos a Managua. Ulloa empacó muebles de época de la familia Sandino, armas, fotografías, cartas privadas, documentos oficiales, el anillo de casado del general, una moneda de bronce que se acuñó en Las Segovias durante el levantamiento contra el ejército estadounidense, una máquina de escribir, un estuche de cuerno de venado con dos dados dentro, una pluma y la chaqueta y el pantalón con los que Sandino aparece en sus fotografías más conocidas. Todos estos bienes se recuperaron después de 1979, por medio, según explica el ex vicepresidente Sergio Ramírez, “de diferentes donantes, entusiasmados por el triunfo de la revolución”. El director del museo pensó que los objetos volverían a Niquinohomo. En primer lugar, porque así había ocurrido hasta ahora. En segundo, porque creía que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ganaría las elecciones. No fue así.

Desde ese día, los bienes del general Sandino son inaccesibles y sólo unos pocos privilegiados los pueden contemplar. ¿Dónde se encuentran? Todos los dedos señalan a Rosario Murillo, compañera del ex presidente Daniel Ortega. Murillo, sobrina nieta de Sandino, quien privatizó los objetos poniéndolos bajo la titularidad de la Asociación Centro Sandino. La ex Primera Dama no contestó a las solicitudes de entrevista que se le hicieron, por lo que se desconoce su versión sobre lo ocurrido. Lo que sí se sabe es que Murillo, según cuenta una antigua empleada doméstica de la casa que ésta comparte con Ortega, los guarda bajo llave en un mueble con vitrina situado en su despacho. Lo que era una colección para todos los públicos se ha convertido en una colección privada. El propio Ortega lo reconoció en septiembre del 2002, poco después de que La Prensa diera esta noticia por primera vez. En un mitin celebrado en la localidad de Malpaisillo, declaró que Murillo tenía las pertenencias “a buen recaudo”, y anunció que “pronto” abrirían en Niquinohomo un museo en honor al guerrillero.

Éstos son los únicos bienes de la familia Sandino que quedan en el museo.

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Niquinohomo, el pueblo donde nació Sandino el 18 de mayo de 1895, no es el mismo desde que vaciaron el museo. Cuenta aquí la gente que antes llegaban visitantes nacionales y extranjeros a contemplar la colección. Hoy, Niquinohomo, que a diferencia de localidades vecinas carece de un mirador sobre una laguna, como Catarina, o tradición mobiliaria, como Masatepe, no tiene nada que mostrar. “Nuestro municipio pasó a la clandestinidad”, sostiene Irma Franco, la vicepresidenta del Comité de Desarrollo Local de Niquinohomo, un organismo creado para que vuelvan los bienes de Sandino. “Fuimos invisibilizados. Los objetos no son patrimonio del Frente, sino de todos los nicaragüenses. Es una visión individualista de lo que fue la revolución, de lo que fue la lucha de Sandino”.

En la Alcaldía, mientras tanto, el tema provoca algo de incomodidad. El edil, Bosco Gaitán, del FSLN, se encuentra entre dos aguas. Por un lado, ha de defender los intereses de los lugareños, que claman por el retorno de las pertenencias de Sandino. Por otro, esta reivindicación puede ofender a la cúpula de su partido. “Ella (Rosario Murillo) está dispuesta a regresar los bienes, pero dice que éstos tienen que ser propiedad del municipio y no del Gobierno, para evitar que se politicen”, dijo el otro día Gaitán, sentado en su nuevo despacho, que olía a pintura húmeda. “Así nos lo ha hecho saber a través del anterior Alcalde. Ahora sólo nos falta comprar un local donde se abrirá el museo.

De otra de las esquinas de la plaza se oía jugar a un grupo de niños con uniforme escolar. Acababan de salir de lo que era antes el Museo de Niquinohomo, la casa donde vivió Sandino, un lugar que, cuando se quedó sin nada que exhibir tras la privatización de los bienes del General, pasó a ser la biblioteca del municipio. Hoy, los únicos rastros de Sandino son un juego de mecedoras de época, una estatua de tamaño algo más pequeño que el real y una colección de 12 libros sobre el personaje, desde Ideario Político de Augusto César Sandino, de Carlos Fonseca, a El Verdadero Sandino o el Calvario de Las Segovias, de Anastasio Somoza. La casa, construida sobre una parcela de 1,600 metros cuadrados y de colores azul y blanco, está actualmente en litigio.

“Los objetos no son patrimonio del Frente, sino de todos los nicaragüenses. Es una visión individualista de lo que fue la revolución, de lo que fue la lucha de Sandino”, afirma una habitante de Niquinohomo

Fotos de Moisés Matute
El director del Museo de Niquinohomo, Emilio Ulloa, pensó que los objetos volverían a esta localidad. No fue así

Nicolás Sandino, sobrino-nieto de Augusto César por parte de madre, quien considera “una aberración” que Murillo tenga en exclusividad los bienes que estaban en el antiguo museo, la reclama como suya.

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Nicolás Sandino tenía 8 años el 2 de junio de 1979, día en que un comando sandinista entró en lo que sería después el Museo de Niquinohomo y mató a su padre, también llamado Nicolás Sandino pese a no tener ningún parentesco con el general, maestro y conocido por sus simpatías liberales. Los guerrilleros llegaron a las 10 de la noche, sacaron al señor de la cama y allí mismo lo mataron. La hermana del pequeño Nicolás, Asunción, se casaba a la mañana siguiente y la familia no quiso suspender la ceremonia. Al día siguiente, en menos de doce horas, tuvieron un entierro, una boda y un traslado de casa, pues la madre, doña Argentina Alvarado, no se quiso quedar en el lugar donde habían asesinado a su marido.

Su hijo, en cambio, sí pretende volver adonde nació. Desde 1994 se ha enfrascado en una batalla jurídica para que le devuelvan la casa, que se encuentra inscrita a nombre del Instituto Nicaragüense de Cultura, o, en su defecto, le indemnicen por la pérdida. De momento, no ha conseguido ni una cosa ni la otra, a pesar de que en 1996 la Procuraduría de la Propiedad recomendó la devolución de la vivienda a los Sandino y de que, en el año 2002, la Sala Uno de la Propiedad de la Corte Suprema de Justicia falló que, en caso de que la casa no volviera a manos de la familia, el Estado le indemnizara con cien mil dólares. “Desde entonces llevo esperando que se cumpla la resolución judicial”, explica Nicolás Sandino, un abogado que trabaja en el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific). “En el 2004 se suponía que el Presupuesto General de la República iba a contemplar mi indemnización, pero eso no ha ocurrido, así que ahora estoy iniciando los trámites legales para acusar a los tres últimos ministros de Hacienda, (Eduardo) Montealegre, (Eduardo Luis) Montiel y (Mario) Arana de desacato a la autoridad”.

Un tanto ajena a todas estas disputas por la casa y los bienes de Augusto César Sandino se encuentra doña Argentina Alvarado, nieta de Gregorio Sandino, el padre del general. Después de que asesinaran a su marido, doña Argentina se trasladó a otra vivienda de Niquinohomo. De la casa familiar sólo se llevó una mesa de madera y unos muebles que ya estaban allí cuando vivía el General. Cuenta que, de vez en cuando, Rosario Murillo llega a visitarla. “Me dice: `Déjeme los muebles’, pero yo no quiero, porque quizá nunca me los vaya a devolver”.

Fotos de Moisés Matute
Doña Argentina Alvarado, sobrina-nieta de Sandino, conserva unos cuantos muebles de sus antepasados.

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