El ataque de la CIA a los tanques de Corinto en 1983

Reportaje - 05.04.2021
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Uno de los hechos más espectaculares de la guerra de los años 80 fue el incendio de los tanques de Corinto, en octubre de 1983. El operativo fue dirigido por la CIA y tuvo impacto tanto en Nicaragua como en Estados Unidos

Por Eduardo Cruz

A las 11:00 de la noche del 10 de octubre de 1983, Mercedes Altamirano Zapata se encontraba en su casa, en la Isla del Amor, Corinto, planchando, ya tarde, porque esa noche había ido al cine. De repente escuchó unos balazos, abrió la puerta de su casa y por los destellos de luz vio balas que pasaban y humo que salí de uno de los tanques que están ubicados en el puerto de esa localidad, el más importante de Nicaragua.

Altamirano Zapata era miembro de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), pobladores que el Frente Sandinista (FSLN) organizaba en los barrios, y ya les habían advertido que cuando vieran salir humo de los tanques corrieran, porque durante esos meses la Contra había intentado atacar los puertos del Pacífico de Nicaragua. Ya lo había hecho con Puerto Sandino, en León.

Un mes antes, en septiembre, una avioneta rafagueó el puerto de Corinto y perforó tres tanques, uno de metanol, otro de acetona y uno de combustible de avión, pero ninguno se incendió, explica el químico Ernesto Medina, el mismo que en la actualidad figura con simpatía de la población para ser candidato presidencial, aunque él ha descartado esa posibilidad por estar enfermo.

Esa noche del 10 de octubre, al ver humo saliendo de un tanque, Altamirano Zapata despertó a sus hijos y salió corriendo, al igual que hicieron centenares de corinteños que vivían más próximos a los tanques.

A esa misma hora, pasados unos minutos de las 11:00 de la noche, el comandante Edwin Alemán se encontraba en la estación de bomberos de Corinto porque se estaba organizando un desfile para celebrar un aniversario de los bomberos a nivel nacional.

De repente los 15 bomberos que estaban reunidos escucharon un tiroteo. Salieron al patio y vieron una ráfaga de tiros que destellaban luces blancas. Luego escucharon un morterazo y de unos de los tanques comenzó a salir una llamarada amarilla.

Era un tanque de la Esso de 55 mil barriles de diesel, del cual apenas, recuerda Alemán, solo habían sacado como cinco mil barriles. Un día antes, el 9 de octubre, un barco rellenó el tanque.

Los 15 bomberos se activaron de inmediato. Llegaron al lugar y los impresionó la inmensidad del fuego. Les entró pánico, quisieron huir, pero eran los bomberos, amaban su oficio y se enfrentaron a las llamas con agua de unas bombas que estaban conectadas al mar y con 10 barriles de espuma que a la postre resultaron insuficientes.

Después se dieron cuenta que el ataque a los tanques había sido perpetrado por contras desde una lancha rápida Sea Rider, que se les llamaba “pirañas”.

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Los sandinistas, desde un primer momento, le adjudicaron la autoría del atentado a la Central de Inteligencia Americana (CIA), como parte del apoyo que Estados Unidos le daba a la Contrarrevolución.

Aún en la actualidad, el puerto de Corinto sigue siendo el principal puerto de Nicaragua. Por esta puerta entran y salen las importaciones y las exportaciones que realizan los productores y comerciantes.

Fueron dos días de intenso trabajo para lograr que las llamas, producto de la explosión de dos tanques, se extinguieran completamente en el puerto de Corinto, en octubre de 1983, tras un ataque de la Contra. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Uno de los nueve comandantes sandinistas que gobernaron Nicaragua en los años ochenta del siglo pasado, Henry Ruiz indicó que el ataque a Corinto fue grave porque se trataba de una importante vía de comunicación, con gran potencial económico y donde se almacenaba una gran parte del combustible que mueve a Nicaragua.

Según Ruiz, era la guerra trasladada a las vías de comunicación. Era letal en aquellos días que la Contra atacara uno de los grandes depósitos de combustible del país, así como que era grave que atacaran plantas eléctricas, carreteras, puentes o el aeropuerto.

Desde antes de los años ochenta, el puerto ya tenía la capacidad para recibir a cruceros de todas partes del mundo. De hecho, en 1983, cuando el ataque a los tanques de Corinto, la Contra minó las costas y un enorme barco soviético chocó con una de esas minas, provocando la reacción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), indica el comandante Henry Ruiz.

Ruiz recuerda que el alto mando sandinista veía la guerra de los contras como una agresión mercenaria e imperialista. “Cada cosa que hacía la Contra, grande o por muy pequeña que fuera, nosotros se la señalábamos a (Ronald) Reagan (el presidente de Estados Unidos en ese entonces)”, explica Ruiz.

Por eso, inmediatamente, los sandinistas comenzaron a quejarse ante todas las instancias internacionales, como las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, la OEA, los países amigos. Para eso utilizaban al canciller Miguel d´Escoto Brockmann, actualmente ya fallecido. Y también usaban el Departamento de Relaciones Internacionales (DRI) del FSLN, en ese momento dirigido por Julio López Campos.

En 1985, tras conocerse los estragos de la guerra en Nicaragua, entre ellos el ataque los tanques de Corinto, el congreso norteamericano obligó al presidente Ronald Reagan a no continuar financiando a los contras. Pero, posteriormente, un periódico libanés publicó que la administración de Reagan, para seguir dando apoyo económico a los contras, estaba vendiendo armas a Irán, un país sobre el cual pesaba un embargo económico impuesto por los mismos Estados Unidos. El caso fue conocido como Irán-Contra.

Tres años después del ataque en Corinto, en junio de 1986, Estados Unidos fue condenado por la Corte Internacional de la Haya, en Holanda, por haber financiado a la Contrarrevolución en Nicaragua y haber causado la muerte de miles de nicaragüenses y grandes daños económicos. Entre las pruebas que se usaron, estaba el ataque a los tanques de Corinto en octubre de 1983. Estados Unidos nunca pagó la indemnización, sobre la cual la Corte no estableció monto, aunque los sandinistas alegaron que el daño ascendía a 17 mil millones de dólares. Hoy, Daniel Ortega, en su discurso antimperialista, todavía se los cobra a los norteamericanos.

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Los tanques de Corinto estaban ubicados cada uno como dentro de una poza, con muros alrededor para que, en caso de derrame o fuego en uno de ellos, los inflamables líquidos no inundaran el espacio de los demás.

Ernesto Medina recuerda que el mortero grande, un rocket dicen, impactó en la parte media de la altura del tanque de diesel que estaba a la orilla del mar. Otros cinco tanques, con combustible más inflamable, no fueron impactados. Entre el tanque que fue golpeado y los otros cinco había una bodega de café.

El incendio era fuerte y emanaba una columna de humo que se veía en toda Chinandega y más allá. “Era bastante espectacular”, dice Medina, quien como químico fue llamado desde León, donde laboraba como vicerrector de la UNAN, para que realizara análisis de los tanques afectados.

Las llamas alcanzaron embarcaciones y árboles cercanos a los tanques. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El tanque impactado pasó en llamas un día. Como el diesel había derramado hasta la mitad del mismo, los gases encontraron más espacio y fueron haciendo presión hasta que la parte superior se iba hundiendo lentamente. Llegó un momento en que explotó. La tapa voló por los aires y cayó en el mar. Y las paredes del tanque se abrieron como pétalos de una flor.

Una gran cantidad de personas voluntarias comenzó a desocupar la bodega de café, para evitar que las llamas alcanzaran la misma y después se propagaran hacia los otros cinco tanques. De haberse incendiado esos cinco tanques, no se sabe qué hubiese ocurrido con Corinto.

Desde un inicio, los bomberos crearon un cordón alrededor del tanque de diesel y atacaron el fuego con agua y espuma. Las mangueras eran de poco calibre y no le hacían mucha mella al fuego. Para rematar la situación, la espuma se les acabó y aún no le hacían ni “pellizcos” a las llamas. El gobierno sandinista de la época comenzó a pedir ayuda internacional para apagar el fuego. Después llegaría espuma de México, Venezuela, Panamá, Cuba y otros países.
La onda de calor hizo que otro tanque explotara. Era conocido como el tanque número 30, con una capacidad para almacenar 20 mil barriles y estaba casi lleno de base de lubricante, una sustancia muy inflamable.

Tras la explosión de ese segundo tanque, todos los bomberos y funcionarios de gobierno que habían llegado corrieron a esconderse donde podían, recuerda el bombero Edwin Alemán.

Las llamas alcanzaron los 300 metros de distancia, tanto que quemaron varios árboles cercanos.
Cuando pasó el fuego, salieron los bomberos a retomar sus labores y vieron que unos camiones se estaban quemando.

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Los sandinistas no estaban equivocados en su acusación contra la CIA. Al día siguiente del ataque a Corinto, el 11 de octubre de 1984, se adjudicó la autoría del atentado la parte de la Contra que era conocida como Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), y que operaba principalmente en el norte de Nicaragua y se refugiaba en Honduras.

Y en abril de 1984, la CIA admitió que dirigió el atentado contra los tanques de Corinto. Medios norteamericanos, como el Washington Post y las cadenas de televisión como CB, NBC y ABC, publicaron que un funcionario de la Casa Blanca, que pidió el anonimato, había confirmado que la CIA había supervisado el ataque, indica una nota de ese momento del diario español El País.

De acuerdo con El País, el ataque contra Corinto fue realizado por mercenarios latinoamericanos en lanchas rápidas que operaban desde un barco situado a 12 millas de la costa de Nicaragua. Según la CBS, agentes norteamericanos de la CIA dirigieron la operación desde el barco. Los informes publicados por los medios estadounidenses subrayan que el ataque a los tanques de Corinto “marcó el inicio de la intervención directa de la CIA en Nicaragua” en contra de la revolución sandinista.

La evacuación de Corinto superó los 20 mil damnificados. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Aunque la CIA operó en Corinto a espaldas del congreso norteamericano y también de la misma Contra, uno de los comandantes rebeldes en 1983, Rubén, cuyo nombre es Óscar Sobalvarro, especifica que la misión de quienes atacaron los tanques de Corinto era “destruir un objetivo estratégico de apoyo logístico del ejército sandinista”.

“Se quería causar un desgaste económico, un impacto psicológico y demostrar nuestra capacidad militar de destruir todo tipo de objetivos estratégicos para el FSLN en aquel momento”, explica Sobalvarro, quien asegura que en la misión participaron fuerzas especiales de soldados guerrilleros nicaragüenses.

Otro comandante, Johnson, Luis Fley, manifiesta que antes de ese ataque a los tanques él anduvo haciendo una exploración con un escuadrón de seis miembros comandados por Róger Sandino. Entraron desde Honduras, a escondidas del ejército hondureño, y fue difícil acercarse a Corinto.

Luis Fley no participó en el ataque, pero indica que el objetivo era causar una crisis de combustible al gobierno sandinista y mantener ocupado al ejército sandinista en occidente, para que no se concentraran mucho en la zona norte de Nicaragua, que es donde operaba principalmente la Contra.

Mercedes Altamirano Zapata se percató que estaba subida en un bus con todos sus hijos, rumbo a la entrada a El Realejo. No se había dado cuenta que uno de sus hijos estaba casi desnudo y como no había sacado ropa de la casa, le tuvo que poner un vestido de mujer que era lo único que andaba en la mano.

Tras salir de la casa, que está muy cerca a los tanques, Altamirano vio a una gran cantidad de población huyendo. Ella todavía se detuvo a buscar a su mamá, pero la señora ya había salido.

Cuando la gente corría, lo hacía desesperadamente y con angustia. Después contaban a manera de chiste que en ese momento sentían las llamas en las espaldas y pensaban que saldrían por los aires como en las películas.

Desde el primer momento, quien pudo se subió al primer vehículo que encontró. Unos buses que estaban en la terminal comenzaron a acarrear gente hacia la entrada de El Realejo sin cobrar pasaje. Dejaban gente y regresaban por otra.

La ciudad de Corinto quedó casi desierta. Solo unos cuantos pobladores se resistían a salir de sus casas por temor a un saqueo. Ernesto Medina dice que las mismas personas que trataban de apagar el fuego salieron a las calles a hacerle conciencia a la gente que saliera, que en cualquier momento podía haber una explosión más fuerte.

La policía y el ejército sandinistas se dedicaron a patrullar las calles de Corinto para evitar robos en las viviendas. Algunas personas fueron capturadas en intento de robo.

Los corinteños fueron evacuados hacia la entrada de El Realejo, unos cuantos a Paso Caballos, pero la mayoría fueron llevados a una escuela de Chinandega, la cual se vio rebasada de personas.

Era difícil ir a un baño, recuerda Mercedes Altamirano. Solo quienes tenían familiares en Chinandega se vieron sin apuros en ese aspecto, pero los demás, que eran la mayoría, se peleaban por un baño.

Gente caritativa comenzó a cocer frijoles en grandes peroles, igualmente arroz y café, para darles de comer a los evacuados. Así pasaron casi tres días, hasta que en la noche del 13 de octubre pudieron regresar a sus casas porque a las 4:00 de la tarde de ese mismo día se había apagado la última llama en Corinto.

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La Contra, un grupo armado de campesinos, sandinistas inconformes con la revolución y un reducido grupo de exoficiales de la Guardia Nacional de Somoza, durante más de ocho años pelearon en las montañas de Nicaragua con el fin de derrocar al régimen de los nueve comandantes sandinistas que gobernaron al país en los años ochenta.

Tuvieron varios nombres, pero fueron mejor conocidos como los “contras” o Contrarrevolución. “Paladines de la libertad” les llamó el presidente norteamericano Ronald Reagan, quien personalmente se dedicó a recaudar dólares para financiarlos.

La Contra aglutinó a aproximadamente 23 mil hombres durante su existencia, pero pudieron ser muchos más, tomando en cuenta que en sus inicios no fue un ejército debidamente organizado. Y el origen de esta guerrilla, considerada la más fuerte que ha habido de corte derechista, se fraguó en diferentes episodios.

Bomberos de otras partes de Nicaragua y de otros países llegaron a apoyar a los 15 que estaban en Corinto. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Los primeros contras pasaron dificultades económicas, pero cambiaron las cosas con la llegada del anticomunista Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos, quien llegó decidido a hacer la guerra a los sandinistas.

Hubo tres grupos principales de contras: los del FDN en el norte de Nicaragua; los de la Alianza Revolucionaria Democrática (Arde), dirigidos en el sur por Edén Pastora, supuesto disidente sandinista; y los miskitos, sumos y ramas de la Costa Caribe que estaban aglutinados en la organización Misurasata.

De acuerdo con un artículo del sociólogo holandés Dirk Kruijt, sobre la guerra civil de Nicaragua en los años ochenta, la Contra tenía en diciembre de 1982 unos cuatro mil hombres, pero en octubre de 1983, cuando se realizó el ataque a Corinto, ya eran cerca de 15 mil contras en todo el país.

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Cuando estalló el tanque número 30, que fue el que más alto lanzó llamas y humo negro, la gente pudo ver las llamadas desde Chinandega.

Los corinteños se agarraban las cabezas con ambas manos y se lamentaban. Creían que Corinto había desaparecido, que sus casas ya no existían y habían sido destruidas con todos sus enseres adentro, recuerda Mercedes Altamirano Zapata.
“Cuál fue la maravilla de nosotros, cuando regresamos al puerto, y encontramos que todo mundo tenía su casita. Todo estaba en orden. Yo tenía ropa tendida y aquella ropa estaba negra-negra por el humo”, rememora Altamirano Zapata.

Durante muchos días, a la gente no le dejaban encender fuego, porque en ese entonces toda la gente cocinaba con leña, pero era muy peligroso porque en el ambiente había quedado un terrible olor a acetona.

Números del incendio

Según el diario Barricada, cerca del uno por ciento del total de combustible que consumía Nicaragua en 1983 fue hecho estallar durante el ataque de la Contra a los tanques de Corinto.

En total, fueron más de 20 mil corinteños los que fueron evacuados durante la emergencia.

1.6 millones de galones de diesel fueron los quemados.

El gobierno mexicano envió 14 toneladas de químicos, especialmente espuma para apagar el fuego.

Los tanques que se observan al fondo estaban llenos de combustible, pero no fueron afectadas por las llamas de los dos que estaban más próximos al mar. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Se ha dicho que eran seis los tripulantes de la lancha piraña que atacó los tanques y que supuestamente eran mercenarios de la CIA, operación que habría sido realizada a espaldas de los mismos contras.

Las pérdidas fueron calculadas en más de cuatro millones de dólares.

No hubo muertos. Solo personas lesionadas o que sufrieron asfixia.

Se necesitaron 48 horas para erradicar las llamas.

Ocho ataques en octubre de 1983

En octubre de 1983 la Contra realizó no menos de ocho ataques aéreos, dos de ellos destinados a sabotear las instalaciones del proyecto geotérmico Momotombo, recoge la revista Envío en su edición número 29, de noviembre de 1983.

Por mar, lanchas rápidas atacaron los depósitos de combustible de Puerto Cabezas, además del ataque perpetrado en Corinto.

En el atentado en Corinto fue también afectada parte de la infraestructura del puerto, cuarenta toneladas de medicinas, 660 de alimentos y café de exportación.

En Puerto Sandino, con medios altamente sofisticados, fueron dañados parcialmente, por segunda vez, los tubos donde se descarga el petróleo.

En ese mismo mes, Adolfo Calero, uno de los jefes civiles de la Contra, amenazó con atacar los barcos con petróleo para Nicaragua.

Los bomberos

Cuando la explosión de los dos tanques de Corinto, los bomberos de ese municipio obviamente se vieron rebasados y comenzaron a llegar refuerzos de Carazo, Managua, León y otros departamentos.

Durante los tres días que duró el incendio, ningún bombero fue a su casa, recuerda el comandante Edwin Alemán.

Para descansar hacían turnos de dos horas, en las cuales unos trabajaban y otros trataban de dormir un rato. También tenían un poco de tiempo para comer, pero la tensión era enorme.

El jefe de la Seguridad del Estado sandinista, Lenín Cerna, observa el fuego junto a un técnico contraincendios, del grupo de los que llegaron desde otros países a apoyar. FOTO/ CORTESÍA/ CORTESÍA/ IHNCA

Los bomberos contaron con ayuda de la población y de contingentes que los sandinistas enviaron a la zona del desastre.

Se dio a conocer que en la emergencia participaron 350 bomberos, 17 cisternas, 16 técnicos y siete motobombas.

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