El clan Mairena

Reportaje - 09.02.2014
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El corazón se acelera, las manos tiemblan, la adrenalina recorre el cuerpo. Javier “Rapidito” Mairena se entregó a su pasión, el motocross. Y arrastró con él a sus quince hijos y nietos

Por Dora Luz Romero

La vida de los Mairena bien podría resumirse en una sola palabra: motocicleta. Se divierten con ellas, haciendo deporte; las utilizan para movilizarse y venden los repuestos, con que se han mantenido durante 28 años. Las motocicletas les han dado sus mayores alegrías, como la de ganar campeonatos nacionales, pero también la tristeza más grande, que uno de ellos haya quedado con una lesión cerebral debido a un accidente.

Los Mairena son una familia grande. Javier “Rapidito” Mairena, de 54 años, tiene 15 hijos, 11 varones y 4 mujeres. El mayor de 34 años y el menor de año y medio, a todos los ha criado él y absolutamente todos han manejado motos. El que diga que no, miente.

Crecieron escuchando el rugido de las motos y esa pasión se ha convertido en una tradición familiar. “Para mí el motocross es lo mejor que mi papá me ha enseñado en la vida”, dice Javier (hijo).

Hubo un momento, asegura don Javier, que había siete integrantes de la familia corriendo en los campeonatos, ahora solamente hay cuatro. Y aunque en la pista les toque competir entre ellos, al final, celebran las victorias y sufren las derrotas juntos, porque aunque los títulos son personales, ellos buscan poner en alto un nombre: Los Mairena.

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22 de octubre de 2005. Sábado. Pista Parque Extremo de la UNAN. El día está soleado y los Mairena practican previo al Campeonato Nacional de Motocross. Están Javier Mairena y sus dos hijos, Alexander, de 18 años y Clark, de 19 años.

Listos, en el punto de arranque, van a la primera vuelta. Ambos aceleran y detrás de ellos sale su papá.

De pronto un bache en la pista impulsa a Alexander, no logra controlar la moto y se va de boca, cae de cabeza.

Clark detiene su moto, su papá también. Se bajan y corren desesperados hacia él. “Una caída más”, pensaron primero, pero cuando lo vieron el panorama fue otro. Alexander está en posición fetal, con los ojos volteados, en blanco, ha perdido el conocimiento.

Javier Mairena revive aquella escena una y otra vez. Lleva ocho años haciéndolo y tiene la sensación que ocurrió ayer. Ese, confiesa, ha sido el momento más triste de su vida y del resto de sus hijos también. Ese día, casi se vuelve loco. “La mente se me perdió”, recuerda.

Lesión cerebral fue el diagnóstico. A Alexander se le practicó una traqueotomía. No puede hablar y pasa sus días en una silla de ruedas, sin embargo no deja de escuchar con asombro las historias de su papá. Tampoco ha dejado de irlo a ver cada vez que corre.

“Yo sé que este es un deporte extremo, fui criticado, pero nosotros seguimos corriendo. En la calle también hay accidentes, esto es así. Fue difícil, este niño tenía amigos, estudiaba, pero se le terminó todo y quedó solo conmigo”, explica. Y Alexander asiente con la cabeza.

La historia del motociclismo en esta familia comienza en Matagalpa, allá por los años setenta. Javier Mairena era un niño de poco más de diez años. Por las tardes agarraba su bicicleta para subir y bajar los cerros, ese fue su primer encuentro con la velocidad. Sentía cómo la adrenalina le recorría el cuerpo, de los pies a la cabeza. Después fijó su atención en las motos y pagó para que le enseñaran a manejar una.

Los padres de Mairena fallecieron cuando él era joven aún. Tenía 13 años cuando murió su papá y 18 cuando murió su mamá. Ella, había salido junto a sus cuatro hijos de Matagalpa para vivir en la capital, donde trabajaba.

Faltándole sus padres, Mairena tuvo que comenzar a trabajar. Encontró un trabajo de mensajero. A bordo de su moto recorría Managua de norte a sur y de este a oeste. “Ahí es donde me empiezan a decir ‘Rapidito’ porque hacía todo más rápido que el resto”, cuenta.

Supo que las motos eran lo suyo. “Comencé a correr en velocidad en el año 78 o 79, me gustaba lo más extremo que es el motocross y comenzamos en los años ochenta en Xiloá”, recuerda.

Eran pocos los que practicaban este deporte para entonces, bien se podían contar con los dedos de la mano.

“Javier es una leyenda del motocross. Es un líder del motociclismo nicaragüense y toda esa experiencia se la ha transmitido a sus hijos y nietos, y lo ha convertido en una tradición familiar”, dice Walter Lara, presidente de la Federación Nicaragüense de Motociclismo.

Javier Mairena
Javier “Rapidito” Mairena incursionó en el motocross en los años ochenta. Actualmente, junto a sus hijos, además de participar en los campeonatos de motocross participa en motovelocidad sobre tierra. Al centro de la imagen, Mairena con el número 45.

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Mairena es bajito, risueño y arrastra un poco el pie derecho para caminar. Las incontables caídas en la moto, las quemadas, las cinco quebraduras, y los 54 años que lleva encima, se ríe, “me tienen caminando como pingüino”.

Sus hijos se carcajean, saben que es cierto lo que dice, pero en su defensa sale Clark. “Pero viera los días que toca carrera. Camina bien, ahí se le olvida todo, se anima”.

Javier Mairena no piensa en retirarse y tampoco en que sus hijos se salgan de este mundo. Es así, rodeado de motos como aprendieron a vivir. Es más, ya ha comenzado a cultivar a sus nietos. “Ya tengo siete nietos, pronto los vamos a meter”, dice. El presidente de la Federación Nicaragüense de Motociclismo aplaude la labor de Mairena y ese amor al motocross y las motocicletas que ha logrado transmitir a sus hijos. Pero además al resto de deportistas.

“Yo considero que él juega un rol motivador hacia el resto de corredores. Ganarle a él es un reto, es duro, es un veterano. Lógicamente la edad no perdona, pero él mantiene un espíritu juvenil en las competencias”.

Clark queda viendo a su papá, le ve las arrugas, las canas escondidas bajo un tinte y reflexiona: “Esto es lo que lo mantiene vivo a él. Si deja el motocross ‘el viejo’ —como le llaman de cariño— se nos muere”.

15

hijos tiene Javier “Rapidito” Mairena. Todos ellos en algún momento de su vida han andado en moto.
4

tiendas de venta de repuestos para motos tienen en el país. Managua, Matagalpa, Juigalpa y Bluefields. Pronto, dicen, abrirán en Sébaco y Masaya. Todas bajo el nombre de “Rapidito Mairena” y a cargo de sus hijos.

Deporte caro

El motocross, explica Mairena, es un deporte caro y con muy poco apoyo económico en el país. Según cuenta, son raros y contados los patrocinadores y a diferencia del futbol y el beisbol donde los deportistas ganan dinero, en el motocross no. “Esto no te da ni un peso, lo hacemos por pasión, como un hobby”, dice Julio, hijo de Mairena. Una moto, calculan, puede costar unos 8 mil dólares, pero a veces encuentran usadas que van de 2 mil dólares para arriba. Los Mairena costean sus equipos, gasolina, uniformes.

Walter Lara

“‘Rapidito’ es una leyenda del motocross y ha transmitido toda su experiencia a sus hijos y hasta nietos, ha establecido una tradición familiar”.

Walter Lara, presidente de la Federación Nicaragüense de Motociclismo (Fenimoto).

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