El clásico nica

Reportaje - 09.12.2012
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Más allá de los puntos, lo que importa es el orgullo. Diriangén y Real Estelí es una batalla que va más allá del campo de juego, es una lucha que se libra con colores, ritmo, pero sobre todo con fanatismo

Por Dora Luz Romero

La entrada a la ciudad de Diriamba está custodiada por policías, se avanza una, dos, tres cuadras y los camisas azules son como las huellas a seguir para llegar al estadio Cacique Diriangén.

En las afueras del estadio, los fanáticos hacen fila para entrar; hay rostros pintados, cabezas tapadas, pancartas, pitos, tambores. Pronto, llega una camioneta de antimotines, de esos uniformados que bajan como en una película de acción, listos para el combate.

Desde ahí, afuera, se escuchan los tambores y las canciones que con el viento llegan desmenuzadas.

Al entrar, se esperan dos barras vibrantes, histéricas, efervescentes, que se gritan, se cantan de una gradería a otra. Pero eso no ocurrirá. Al menos, no hoy, domingo 7 de octubre de 2012. Hoy, el estadio luce blanco y negro, luce impar. Se ondean banderas negras con blanco y los únicos improperios que se oyen van dedicados para el equipo visitante. El Real Estelí ha llegado a Diriamba, y lo ha hecho solo, quizás con diez o quince de sus hinchas.

“Es para vos…

es para vos…

Estelí mierda, la puta que te parió…” canta a una sola voz la barra del equipo Diriangén, la que se hace llamar “El Disturbio”. Estar cerca hace el corazón latir al ritmo de los bombos y los gritos se sienten como bofetadas.

Los partidos entre el Real Estelí y Diriangén se caracterizan por la vistosidad y potencia de sus barras, pero también en ocasiones por la ausencia de una de ellas en escenarios como en el estadio de Diriamba. Son partidos apretados que suelen terminar, con suerte, en gritos e insultos, sino como pleitos callejeros cuando ni los policías, ni los antimotines son suficientes para calmar a los fanáticos.

El domingo 7 de octubre era un partido de “alto riesgo”, dice Helmut Hurtado, el gerente del Real Estelí, tratando de dar una explicación del porqué la barra no estuvo ahí. Pero Raití Gutiérrez, uno de los líderes de la barra Kamikaze del Real Estelí, cuenta que ellos no tienen miedo de nada, y que están dispuestos a dar hasta la vida por su equipo, pero ese día no encontraron bus que los transportara. “No quieren hacernos los viajes porque es peligroso y terminan con los vidrios quebrados”, dice.

Este es el clásico nicaragüense. Este es el partido más atractivo del futbol nacional, ese partido donde está prohibido perder.

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El clásico empieza mucho antes del partido. Raití Gutiérrez y la barra Kamikaze se alistan dos o tres semanas antes. Se reúnen para pintar mantas, hacer pancartas y practicar las canciones. “Sea lo que sea que haya ese día no nos lo podemos perder, ganar los clásicos es un triunfo más. Va más allá de los tres puntos, no es por los puntos, sino por el orgullo”, dice.

Mientras tanto, en Diriamba, Álvaro Borge, de la barra El Disturbio, cuenta que hacen lo mismo, se preparan con tiempo. También ensayan y compran los materiales que necesitará la barra. El Real Estelí, confiesa, es ese equipo con el que no se puede perder jamás.

El clásico es más que un simple juego de noventa minutos. Es un enfrentamiento entre “enemigos”, entre rivales acérrimos que va más allá del 11 a 11. Se trata de una rivalidad alimentada por los años, por las barras, por los fanáticos. Es un juego para presumir poder, supremacía.

Las barras son intensas, los hinchas aseguran dar la vida por sus equipos, y los árbitros cuentan que se trata de un partido donde deben tener especial cautela porque un error puede costar caro.

En un clásico se juega el orgullo, se juegan los colores de la camiseta, se juega el honor de un equipo y de sus seguidores también.

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Los jugadores entran al campo de juego, levantan las manos en espera de aplausos y ovaciones. El reloj avanza, mientras en las graderías la barra del Diriangén ruge.

¿Cómo estos dos equipos llegaron a ser el clásico nacional?

En los años sesenta, cuando el Real Estelí apenas nacía, el clásico nicaragüense era otro. Santa Cecilia y Diriangén, ambos originarios de Diriamba, esa ciudad que es como el ombligo del futbol nacional.

En esa época el Diriangén era el equipo del pueblo, el que se mantenía con aportes de los diriambinos, pero el Santa Cecilia era el más admirado porque tenía los mejores jugadores y recursos también. Generalmente los encuentros terminaban en pleitos.

Pero a finales de esa misma década el Santa Cecilia desapareció y gran parte de sus jugadores fueron adoptados por el equipo de la UCA, así que ya para finales de esa década el clásico era UCA y Diriangén.

Los clásicos en Nicaragua, dice el cronista deportivo Edgar Tijerino, se han caracterizado por darse entre los dos mejores equipos del momento, no por una rivalidad cultivada como ocurre en el extranjero, por ejemplo, Argentina. “River Plate se va a segunda división y sigue siendo el enemigo de Boca Junior. Aquí un equipo se va a segunda división ahí quedó. Si el Estelí o el Diriangén bajaran a segunda división el clásico se acaba, en otros países no”.

Y es que para Tijerino en Nicaragua se le llama clásico, pero “sin llegar alcanzar verdaderamente una dimensión de clásico como es el concepto en otros países”.

En los años ochenta, dice, no hubo un clásico, aunque Helmut Hurtado, gerente del Real Estelí, asegura que desde esa época su equipo ya era parte del clásico nacional.

“El Diriangén siempre ha estado. Son otros los equipos que han nacido y desaparecido. El Real Estelí jugaba, pero era un equipo pequeño, sin chance”, dice Tijerino. Pero todo cambió, cuentan las crónicas deportivas, a inicios de los años noventa cuando Real Estelí ganó por primera vez el campeonato nacional.

Ahí comenzó a mostrar sus fortalezas y a partir de entonces es que los encuentros entre estos dos equipos son el clásico nacional.

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El primer tiempo termina sin goles. Los narradores hablan de un partido apretado, difícil, donde el Diriangén apuesta por ganar y así poder pasar a la siguiente ronda.

“Yo paro en la banda más loca de todas/

la banda que sigue al tren siempre adonde va /la hinchada está loca /como esta no hay otra /y a todos los caciques putos vamos a verguear…”

Raití Gutiérrez lograba tararear la canción en ese último partido, su barra no llegó, así que no pudo cantarla a todo pulmón como suele hacerlo.

Cuando la entona, para explicar que hay canciones dedicadas a su gran rival, muestra una sonrisa burlesca.

Él sí acompaña a su equipo donde quiera que vaya, aunque las autoridades digan que es un partido peligroso, que hay falta de seguridad, a él eso no le importa. Además él bien sabe que casi siempre para esos encuentros hay trifulcas .

“Nosotros no promulgamos la violencia en los estadios, pero si vos sufrís una agresión te tenés que defender también”, asegura.

“Como nuestro nombre lo dice somos Kamikazes, nosotros defendemos los colores de la camiseta hasta las últimas consecuencias. Hay quienes nos critican, que cómo vamos a dejar que nos maten, pero es que la pasión que nosotros sentimos por el futbol es así”, dice.

Se acerca el final del partido, ambos equipos hacen sus cambios, la barra del Diriangén sigue ardiendo y lanzando dardos para los estelianos.

Uno de los cambios define el final de la jornada. Entra el delantero Rudel Calero al campo, minutos más tarde marca dos tantos y así elimina al equipo diriambino.

Los pocos estelianos festejan. Hoy, el triunfo fue de ellos. Los diriambinos mientras tanto se quejan y reconocen que lo peor de todo fue perder el clásico en casa.

El árbitro William Mendoza

Arbitrar un clásico

¿Cómo se vive un clásico en medio de los dos protagonistas? Al árbitro William Mendoza, 44 años, le ha tocado sudar la gota gorda y los nervios también. Esos partidos entre los dos grandes del futbol nicaragüense, que las crónicas deportivas describen como bravos, intensos y agresivos, no son tarea fácil. “Un clásico requiere más exigencia de parte del árbitro, más preparación”, dice.. Generalmente, cuenta, eligen un árbitro con experiencia porque es fácil que un clásico “se coma” a un árbitro joven.
En la cancha, no hay espacio para titubeos. Y eso lo lleva a recordar que cuando era un novato, en más de una ocasión las potentes barras lo hicieron sudar , pero las decisiones le garantizaron el manejo del partido.
¿Hay diferencia entre arbitrar un clásico y cualquier otro partido? Mendoza no tarda en contestar: “¡Claro! Hay más presión” y eso llega no solo desde los jugadores, sino también de las graderías. Además, “en un clásico sabés que los dos equipos van a dar la batalla durante los noventa minutos. Se siente la diferencia porque son dos equipos fuertes, es un partido de calidad y generalmente son partidos apretados”.

Enemigos en la cancha

Real Estelí
Samuel Wilson.
29 años.
Delantero.

El Real Estelí para mí es… el equipo más grande de Nicaragua.

El Diriangén es… el rival con el que nunca se tiene que perder, es el enemigo acérrimo.

Perder un clásico… son muchas cosas, va en juego el orgullo, el prestigio de demostrar qué equipo es mejor.

La barra de mi equipo… es la que nos hace dar más del ciento por ciento en cada partido. Es la que nos apoya y nos sentimos con la obligación de regresarle un poco del afecto que nos brindan con una victoria.

El juego que recuerdo con el Diriangén… creo que cada uno de los partidos con el Diriangén tienen su historia, son especiales. Pero se recuerdan más las finales que les hemos ganado. Son los momentos que uno más disfruta.

 

 

Diriangén
Eulises Pavón.
20 años.
Delantero.

El Diriangén para mí es… el equipo donde yo nací, el de mi pueblo. Es un equipo grande y fuerte, un equipo que el pueblo aclama.

El Real Estelí es… un equipo fuerte al que tenemos que ganarle siempre.

Perder un clásico… es algo duro para cada jugador, por orgullo, por orgullo de cada uno y de nuestro pueblo, porque son dos barras que luchan a muerte y se tiene que salir a ganar.

La barra de mi equipo… es la que da todo por nosotros, la que nos alienta, ganemos o perdamos, es la que nos apoya siempre.

El juego que recuerdo con el Real Estelí… el que le hice un gol de sombrerito y pasamos a la siguiente fase. Fue en la temporada pasada.

 

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