El día D: invasión a Managua

Reportaje - 01.05.2011
El día de: invasión a Managua.

A lo largo de la década de los años ochenta el gobierno sandinista se preparó para una invasión militar norteamericana. Imaginaron bombardeos, zonas de ataque y para ello elaboraron un plan de defensa. Pasaron diez años y la invasión nunca llegó. Pero ¿cuáles eran los planes? ¿Cómo habría sucedido? ¿Dónde serían trasladados los altos mandos? Jefes y estrategas militares de ambos bandos hablan sobre ello para Magazine

Dora Luz Romero
Fotos de Archivo/IHNCA-UCA

El coronel Carlos Brenes sabía lo que debía hacer cuando las bombas empezaran a caer sobre Managua. Debía activar a todas las unidades militares para la defensa y personalmente combatiría en la zona sur de la capital. En caso de sobrevivir a los primeros combates, Brenes lideraría el resto de unidades. Él era el jefe de Defensa para la capital. Si moría, había un segundo y un tercero designados para reagruparlas y reequiparlas, según un plan mil veces estudiado. Un guion que establecía lo que debía hacer cada soldado del Ejército Popular Sandinista (EPS) ante una invasión de tropas norteamericanas que durante 10 años el gobierno sandinista consideró "inminente".

Según los cálculos de los estrategas sandinistas, las tropas norteamericanas descenderían en paracaídas por la zona del aeropuerto, Tipitapa, El Crucero y desembarcarían por Pochomil y Masachapa. Al mismo tiempo tropas terrestres entrarían por la frontera con Honduras. A cargo de la invasión, se suponía, estarían la 82 y la 101 divisiones aerotransportadas del Ejército de los Estados Unidos, consideradas de las mejores dotadas y preparadas del mundo, con gran capacidad para neutralizar no solo a ejércitos completos, sino también para tomarse territorios.

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En poco tiempo Managua se convertiría en un campo de batalla o bien en una carnicería. Según la Dirección Política del Ejército Popular Sandinista (EPS) quizás las tropas norteamericanas realizarían una ocupación temporal del país. Quizás cercarían la capital. Quizás establecerían un gobierno militar. Quizás.

Visto desde el punto de vista militar, un enfrentamiento como el que se esperaba era aun más desigual que la épica batalla de David y Goliat, pero la propaganda sandinista apostaba a que los primeros combates le costarían pérdidas humanas al ejército enemigo y que al final sería una lucha de "resistencia prolongada". El gobierno sandinista llegó a contar en su mejor momento con medio millón de hombres armados, incluyendo el EPS, los batallones de jóvenes reclutados mediante el Servicio Militar obligatorio, y los civiles agrupados en batallones de reserva y milicias populares. En su arsenal se contaba un centenar de viejos tanques soviéticos T-55, misiles antiaéreos SAM-7, que debieron ser algunos millares porque todavía a finales de los años 90 quedaban 2,100 en las bodegas del ejército, bazucas RPG-7, cañones D30 y lanzacohetes BM21 o katiuskas, fabricados en la Unión Soviética.

Fotos de Archivo/IHNCA-UCA
La alta oficialidad del Ejército Popular Sandinista revisa los planes defensa. Al centro el general Humberto Ortega, entonces jefe del Ejército, y Joaquín Cuadra, jefe del Estado Mayor. Fotos de Archivo/IHNCA-UCA

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“Nunca hubo intención de Estados Unidos de invadir militarmente Nicaragua, sino de apoyar a los rebeldes con doble propósito, mantener a los sandinistas ocupados y frenar el flujo de armas hacia El Salvador", asegura Justiniano Pérez, exguardia somocista y dirigente de uno de los grupos contrarrevolucionarios que combatía al gobierno sandinista. "La idea era apoyar al máximo para que la Resistencia fuera quien pusiera a sus muertos". Pérez, de cabello blanco y voz baja, ríe burlesco cuando se habla de una invasión a Nicaragua. De brindar armas a invadir hay una gran diferencia, señala.

Por su parte, Luis Fley, comandante Johnson de la Resistencia Nicaragüense, considera que la idea de una "invasión" tenía más bien efectos propagandísticos para mantener a los nicaragüenses en zozobra y crear sentimientos nacionalistas. "Estados Unidos nunca pensó en invadir. Los sandinistas querían mantener distraída a la población de los problemas económicos y de derechos humanos. No éramos de interés estratégico. Si Estados Unidos hubiera querido invadir lo hubiera hecho", afirma. Para Fley, lo que el gobierno sandinista hizo fue inventarse un enemigo. "Crearon una guerra imaginaria", asegura.

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Managua está en llamas. Las bombas caen como granizo sobre la capital y las columnas de humo crean nubes negras. Aúllan las sirenas y las campanas dispuestas en los barrios son tocadas con frenesí. Los pobladores corren despavoridos a los hoyos que semanas, o años antes, cavaron para protegerse. Se divisan los aviones y los paracaidistas a granel sobre el cielo de la capital. El aeropuerto internacional está tomado y en las costas de Pochomil y Masachapa arriban lanchas rápidas que minutos antes salieron de algún portavión anclado en el mar, frente a las costas nicaragüenses. En poco tiempo Managua estará incomunicada, cercada, ocupada por soldados estadounidenses. Habrá soldados de las divisiones con gran capacidad combativa y de despliegue rápido como la 82 División Aerotransportada, de la 101 División Aerotransportada, del Regimiento de Rangers del Ejército de los Estados Unidos. La escena, digna de cualquier película de guerra, fue imaginada por los jefes y estrategas militares sandinistas de la década de los ochenta.

Para el gobierno de turno, la invasión norteamericana era una realidad que llegaría tarde o temprano. Fue considerada tan real que la Dirección Política del Ejército Popular Sandinista diseñó lo que se conoció como "Doctrina Militar de la Revolución Popular Sandinista", donde se caracterizaba al enemigo a enfrentar y se establecía qué debía hacer cada quién en cada momento. Era palabra de Dios. La piedra angular de la defensa. El documento es hoy un folleto amarillento que todavía puede ser consultado en algunas bibliotecas del país.

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Las variantes de la agresión que Estados Unidos había diseñado —reza el documento— consistía en "el mantenimiento de fuerzas mercenarias y subversión político-militar, ocupación de una porción del territorio nacional por las fuerzas mercenarias y el establecimiento de un gobierno provisional, agresión por países vecinos con apoyo de las fuerzas mercenarias, invasión sorpresiva y bloqueo militar". Y es que para el gobierno sandinista la única opción militar "real" era el país del norte, ya estaban convencidos que ningún otro, y "menos la contrarrevolución" podrían destruir la Revolución Popular Sandinista.

El ataque se esperó por diez largos años y hubo momentos en que la jefatura sandinista consideró que se estuvo al borde de la invasión. Uno de ellos —comenta Javier Pichardo, coronel y quien a finales de los ochenta era jefe de la Fuerza Aérea Sandinista—, fue en 1983 luego de la invasión de Estados Unidos a Grenada. "Cuando invadieron se pensó que podríamos seguir nosotros", confiesa. Y hubo un momento más. Fue justo después de la invasión a Panamá en diciembre de 1989. "Los norteamericanos atacaron la embajada nuestra en Panamá, nosotros en respuesta rodeamos con tanques la embajada norteamericana en Managua. Ese fue un evento muy peligroso y muy delicado", asegura.

Pero, ¿qué ocurrió? ¿Por qué la invasión nunca llegó? Las opiniones son diversas. El general en retiro Hugo Torres cree que el gobierno de Reagan nunca tuvo las condiciones internacionales para lograr un aval a su intervención. "Ni siquiera tuvieron las condiciones internas en Estados Unidos. Nunca hubo en las encuestas de opinión que se hacían en ese entonces un aval de la mayoría de la población norteamericana para una intervención porque la revolución nicaragüense contaba con un gran espacio internacional..." El coronel, también retirado, Víctor Boitano, considera que el criterio de la CIA se impuso en el departamento de Estado "y Reagan aceptó que fueran los mismos nicaragüenses los que se sublevaran y terminaran con la revolución". Por su parte, Javier Pichardo es de lo que piensa que el país del norte "nunca consideró que fuéramos una gran amenaza para correr esos riesgos". Para Justiniano Pérez, el exguardia somocista, la invasión no ocurrió por una sencilla razón: Estados Unidos jamás la imaginó.

Fotos de Archivo/IHNCA-UCA
En todos los barrios de Managua, los habitantes cavaban hoyos, que les servirían como refugio a la hora de la invasión. Fotos de Archivo/IHNCA-UCA

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El plan estaba diseñado. Tal y como lo planteaba el gobierno sandinista daba la impresión que se trataba de un juego de ajedrez, donde solo quedaba mover las piezas con cierta inteligencia. Con la primera pisada de un militar extranjero, el pueblo entero se levantaría como una masa incontenible que limitaría el accionar de las fuerzas invasoras. O al menos así lo esperaba el gobierno.

Para la defensa de la capital el gobierno sandinista definió tres grandes bloques de lucha con los que se supone controlarían o al menos sobrevivirían ante el poderoso Ejército de los Estados Unidos. El primer eslabón era las unidades permanentes consideradas la columna vertebral del Ejército y conformada por jóvenes preparados del Servicio Militar Obligatorio. Además estaban las unidades de reserva y las milicianas compuestas por ciudadanos voluntarios y dispuestos a la lucha. La mayoría de ellos pertenecía a los famosos Comités de Defensa Sandinista (CDS).

La defensa estaba organizada por barrio, por calle, por casa. Y al escucharlo así, tan bien estructurado hasta daba la impresión que la lucha sería reñida.

Los habitantes de los barrios de la capital cavaron hoyos y levantaron trincheras para protegerse de las bombas de 2 mil libras que podrían caer. Se minaron algunas zonas y se construyeron túneles para protección en diversos puntos de la capital.

Las ideas sobre la defensa comenzaron a florecer como jardín en primavera. Algunas más aterrizadas que otras. Se hablaba de túneles, de una resistencia prolongada e incluso se habló de utilizar mujeres para la seducción del enemigo. Tomás Borge dijo en el 2002 a La Prensa de Panamá que además de tener minas en muchos lugares y los 300 mil fusiles repartidos entre los pobladores para su defensa, él "tenía preparadas a tres mil muchachas bellas para seducir a los soldados estadounidenses".

Pero el plan de la defensa de la capital era uno, dice Carlos Brenes, y tenía unas seis o siete variantes. Se contemplaba si el ataque era por aire, por tierra, por agua. Si era verano, o invierno, si llovía o no. En dependencia de cada posibilidad, el plan variaba, cuenta.

Fotos de Archivo/IHNCA-UCA
Para su defensa las fuerzas nicaragüenses estaban divididas en tres bloques: fuerzas permanentes que era el Ejército, luego estaban las fuerzas de reserva y las milicias compuestas por voluntarios. Fotos de Archivo/IHNCA-UCA

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Una vez que comenzara la invasión, ¿dónde funcionaría el gobierno? ¿Dónde estaría el alto mando militar? Todo estaba previsto. Una vez ocupado el país, los altos mandos serían trasladados a un túnel en Las Sierras de Managua, asegura Hugo Torres. Ahí estarían los miembros de la Dirección General del Frente Sandinista, el gobierno y los altos mandos del Ejército. Desde ahí se esperaba que funcionara el mando.

Las diferencias en preparación y armamento entre Nicaragua y Estados Unidos eran abismales. Pero aún así, el gobierno sandinista imaginaba que con la ocupación del país el accionar de las tropas se vería seriamente limitado. "Costaría al enemigo un elevado número de pérdidas en vidas humanas, medios técnicos y armamento desde el primer momento de las acciones combativas", se lee en la doctrina militar.

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La posibilidad existió, aseguran aún hoy los jefes militares de entonces y fue eso lo que los llevó a prepararse. Y, ¿qué hubiera pasado de cumplirse los pronósticos? Hay decenas de escenarios, también de suposiciones, pero según la doctrina militar adoptada por las fuerzas nacionales, lo primero hubiese sido un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, mientras se lograba activar a las unidades de reserva y las milicias.

El primer escalón eran las unidades blindadas con las que contaba el ejército. Su tiempo de vida, al igual que del resto de unidades era muy poco. "Resistir diez horas era bastante", reconoce Carlos Brenes. Luego seguirían batallando las fuerzas de infantería y así el resto, según el orden establecido. Eran términos de horas para estas misiones, confiesa Brenes.

Algunos como Tomás Borge pensaban que si Estados Unidos invadía "se los llevaría el diablo". Otros, quizás un poco más aterrizados, veían una guerra de desgaste. "Iba a terminar en un proceso prolongado de defensa del territorio por años con los que quedaran vivos", dice Carlos Brenes. "Entraríamos a una guerra de guerrillas. Replegarnos hacia zonas donde se facilitara la acción guerrillera", dice el teniente coronel Irving Dávila. Esa era la idea, dice Hugo Torres, ofrecer una resistencia por un tiempo "para hacerle pagar un costo político importante al gobierno norteamericano". Pero si hay algo de lo que está seguro Torres es que una invasión terminaría en "un mar de sangre".

Pero, ¿podrían resistir? ¿Cuánto tiempo lo harían? Carlos Brenes no se atreve a dar números. Han pasado muchos años, dice. Lo que sí afirma sin titubear es que las fuerzas nicaragüenses serían las más golpeadas. Javier Pichardo por su parte asegura que se hicieron cálculos de una semana "quizás diez días" de resistencia ante el invasor para luego replegarse a la montaña. Visto desde la otra acera el panorama cambia de tajo. Luis Fley, excomandante de la Resistencia Nicaragüense, dice lo que muchos no se atreven a pronunciar en voz alta. "Todo eso de la invasión era un invento. Crearon a un enemigo imaginario, una guerra imaginaria", asegura. Y en caso de que la invasión fuera una posibilidad, "Nicaragua no hubiera resistido ni diez minutos".

Fotos de Archivo/IHNCA-UCA
Según Carlos Brenes, el Ejército nicaragüense estaba precariamente dotado. "Nuestra tecnología era muy atrasada, desfasada. Nuestros tanques era refaccionados. Nuestra artillería también". Fotos de Archivo/IHNCA-UCA

Sobre la invasión

Javier Pichardo
"Nosotros sabíamos que no hay manera de enfrentarse contra los gringos. No teníamos posibilidad de salir vivos, pero tampoco podíamos rehuir. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Rendimos? No podíamos hacer eso".

Luis Fley
"Si Estados Unidos ha querido invadir Nicaragua no hubiera resistido ni diez minutos. La capacidad de fuego que tienen no es para estar haciendo esos hoyitos que hacían en los barrios... Cinco bombitas y se llamaba Revolución Popular Sandinista".

Carlos Brenes
"Nosotros llegamos a creer que la invasión norteamericana era una realidad inminente. Que en cualquier momento se tomaría la decisión".

Hugo Torres
"Una invasión hubiera sido catastrófica. Una guerra de intervención habría significado cientos de miles de víctimas. Habría sido un mar de sangre".

Víctor Boitano
"A Nicaragua no la invadieron porque se impuso el criterio de la CIA en el departamento de Estado y Reagan lo aceptó que fueran los mismos nicaragüenses los que se sublevaran y terminaran con la revolución".

Justiniano Pérez
"Aquí no hubo nada de eso, es pura mentira. Eso fue una psicosis de invasión, una fábula que se inventó. Hay que tener una mente demasiado reducida para darle credibilidad a todo ese invento".

Irving Dávila
"Siempre tuvimos la certeza de que nos iban a invadir y nos preparamos para eso. No era paranoia nuestra. Había planes concretos del Pentágono de los Estados Unidos".

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