El día de la independencia

Reportaje - 05.09.2021
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Se supone que Centroamérica y Nicaragua llevan ya 200 años de independencia de la corona española. Un repaso por los acontecimientos de ese año 1821 induce a creer que la fecha del 15 de septiembre está en entredicho y que la mayoría del pueblo no tuvo que ver con ese proceso

Por Eduardo Cruz

15 de septiembre de 1821. Las 8:00 de la mañana. Ciudad de Guatemala, capital del Reino de Guatemala. En el Real Palacio se aglomera una muchedumbre que invade el portal, el patio, los corredores y la antesala. Llegan porque la máxima autoridad de la corona española en Centroamérica, Gabino Gaínza, había convocado a 53 autoridades y personajes a una importante reunión para decidir el futuro del Reino de Guatemala, compuesto en ese momento por Chiapas (actual estado mexicano), Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Un día antes, el 14 de septiembre, Gaínza se entera que Chiapas ha decidido anexarse a México, donde en febrero de ese año 1821 Agustín de Iturbide, a través del Plan de Iguala, había declarado a ese país soberano e independiente de España. Chiapas actúa solo, sin reconocer la autoridad histórica de Guatemala, que durante la mayor parte de la dominación española fue la capital de Centroamérica.

Habían transcurrido 300 años de dominación española sobre América, iniciada casi inmediatamente después de que Cristóbal Colón llegó a estas tierras en 1492. Además de México, los países de América del Sur desde 1808 habían iniciado igualmente su independencia de España a través de diferentes guerras.

El Real Palacio de Guatemala, donde se firmó el Acta de Independencia en 1821. Ya no existe. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Gaínza era el jefe de las tropas reales en Centroamérica y, tras conocer lo de Chiapas, consulta con miembros de la Diputación Provincial de Guatemala. Estos le aconsejan que realice una reunión extraordinaria. Gaínza invita a esa reunión para el día siguiente, sábado 15 de septiembre de 1821, a las 8:00 de la mañana.

Había dos grupos: los gazistas, como eran conocidos todos los personajes que simpatizaban con la corona española y eran enemigos de la independencia. Y estaban los cacos, nombre despectivo que se les daba a quienes eran considerados antiespañolistas o partidarios de la independencia.

En la noche del 14 de septiembre, cuenta el historiador Alejandro Marure, miembros de los cacos pusieron en movimiento a toda su gente para que asistieran a la reunión desde muy temprano al día siguiente y pudieran ejercer presión a favor de la independencia.

Gaínza convoca a la reunión, pero no lleva intención de declarar la independencia. Él es español, nacido en España. En la reunión, el camino se tuerce.

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León era una ciudad nicaragüense importante para el Reino de Guatemala. Desde mediados de los años 1500, cuando los españoles crearon la Real Audiencia de los Confines de Guatemala y Nicaragua, León fue el lugar donde funcionaron las instituciones de la provincia de Nicaragua.

En 1812, tras la promulgación de la Constitución de Cádiz en España, se establecieron dos autoridades para el Reino de Guatemala: la diputación provincial de Guatemala y la diputación provincial de Nicaragua, esta última con sede en León.

León perdió ese privilegio en 1814, cuando el rey español Fernando VII, que momentáneamente había perdido el poder en 1808 por la invasión francesa, lo recuperó en ese año y nuevamente estableció el absolutismo, dejando las cosas como estaban antes de 1812.

En 1820, tras seis años de poder absoluto, el rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de Cádiz y León recuperó su importancia como cabecera de la diputación provincial de Nicaragua.

Así estaban las cosas el 15 de septiembre de 1821: la diputación provincial de Guatemala incluía a las provincias de Guatemala, Chiapas, Comayagua (Honduras) y San Salvador. La de Nicaragua incluía a las provincias de Nicaragua y Costa Rica.

En la reunión extraordinaria que Gabino Gaínza convocó para el 15 de septiembre de 1821 hubo un inconveniente, pues en la misma no estuvo ninguna autoridad de las demás provincias, solo las de Guatemala.

El rey Fernando VII, bajo cuyo reinado ocurrió la independencia de Centroamérica de España. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Sí hubo personas que eran originarias de las demás provincias, pero no eran autoridades constituidas. Un personaje nicaragüense que sí estuvo presente en esa reunión extraordinaria fue Miguel Larreynaga, un leonés que un mes antes, en agosto de 1821, había sido nombrado por el rey Fernando VII como oidor tercero de la Real Audiencia de Guatemala, una especie de magistratura.

El académico y también analista político Carlos Tünnermann Bernheim explica que Larreynaga fue un personaje prominente, servidor público que ocupó posiciones oficiales durante varias etapas, incluyendo la colonia, la República Federal de Centroamérica y en el Imperio Mexicano, entre otros.

La ausencia de autoridades de las demás provincias de Centroamérica trajo después polémicas respecto a si el 15 de septiembre es realmente la fecha de la independencia de Centroamérica o solo lo es de Guatemala como tal.

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La reunión fue a puerta abierta. La gente no invitada había llegado incitada por los guatemaltecos Mariano de Aycinena y Pedro Molina, del partido de los cacos, proindependentistas. Los asistentes a la reunión que estaban en contra de la independencia comenzaron a sentirse amenazados por la muchedumbre, explica el historiador Alejandro Marure.

“Independencia o muerte”, gritaba la muchedumbre.

Lo primero que se hizo fue leer los documentos que le habían llegado a Gaínza procedentes de Chiapas, en los que las autoridades de esa provincia informaban que se desvinculaban tanto de la monarquía española como de las autoridades de Guatemala y se adherían al modelo imperial de Agustín Iturbide en México, explica el historiador David Jaime Hernández Gutiérrez, en su reciente libro 15 de septiembre de 1821: La desvinculación del Reino de Guatemala y la oportunidad perdida.

Luego, comenzaron las opiniones de los invitados. El arzobispo Casaus y Torres dijo que se debía mantener el vínculo con la corona española, pues había que esperar qué ocurría con el Plan de Iguala, con el que México se estaba independizando. El canónigo José María Castilla y el deán Antonio García Redondo hicieron ver que no había unidad dentro de la Iglesia católica respecto a la independencia, pues declararon a favor de la separación de España.

La postura de Gaínza era ambigua. Indeciso, esperaba a que todos opinaran para después él emitir su juicio.

En la reunión se habló de que los procesos de independencia estaban avanzados tanto en América del Sur como en México, conocido en ese momento como Nueva España.

Hasta ese día, el hondureño José Cecilio del Valle había estado en contra de la independencia. En ese momento era el auditor de guerra del ejército y provincias de Guatemala. Durante su intervención indicó que la independencia era justa y necesaria, pero señaló que todavía no era momento para la misma y se debía de esperar qué opinaban las demás provincias, cuyas autoridades no se encontraban en esa reunión del 15 de septiembre de 1821.

El escritor y poeta José Coronel Urtecho, en su escrito Reflexiones sobre la historia de Nicaragua, explica que los independentistas, muy impacientes, vieron en el discurso de Valle una maniobra para aplazar indefinidamente la resolución o, peor tal vez, exponerse a que la mayoría del pueblo, partidaria de Del Valle, votara en contra de la independencia.

Había en ese momento un elemento importante, el de los españoles y criollos. Españoles eran los nacidos en España y los criollos eran los españoles nacidos en América. Había otras concepciones para criollos: los españoles nacidos en España pero que tenían la vida establecida en América, tanto económica como socialmente. Y, también, el mestizo, hijo de español e indígena. En todo caso, se suponía que los criollos eran los más interesados en la independencia, porque los españoles acaparaban los cargos importantes otorgados por la corona española.

La mayoría de los considerados españoles, que se encontraban en la reunión, comenzaron a hablar en el mismo sentido que Del Valle, que no era el momento para declarar la independencia.

La muchedumbre comenzaba a exigir la proclamación de la independencia, la situación se estaba tornando un poco peligrosa y, explica Coronel Urtecho, se hacía necesario que alguien hablara en pro de la independencia.

Lo hizo precisamente un español a quien sus compatriotas respetaban. El canónigo José María Castilla, que había sido paje de Carlos IV, se levantó para pedir la proclamación inmediata de la independencia.

“La barra, dirigida por la esposa de Pedro Molina, prorrumpió en gritos de entusiasmo. La gente de los barrios llenó la sala, y acabó por mezclarse con los miembros de la junta de notables. Vitoreaba y aplaudía a los oradores independentistas y daba señas de malestar cuando hablaban los otros”, relata Coronel Urtecho.

El alboroto terminó de asustar a quienes estaban en contra de la independencia. Cada opinión o voto a favor de la independencia era celebrado con aclamaciones y vivas. Cuando era contrario, se producía un “sordo rumor”. Por temor de ser linchados, los enemigos de la independencia decidieron irse de la reunión, indica el historiador Marure. En el salón quedaron solo los organizadores.

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Por aquel entonces no había telégrafo siquiera. Ese medio de comunicación llegaría a Centroamérica hasta después de 1870. La única forma de comunicación entre las cinco provincias era a través de caballos. Los mensajeros cabalgaban para transmitir los mensajes.

Según el historiador David Jaime Hernández Gutiérrez, la población en Centroamérica se dividía en 1821 más o menos así: el 19.4 por ciento de la población total eran personas de piel blanca, es decir, españoles o criollos. El 44.5 por ciento eran indígenas. El 31.5 por ciento eran mestizos y mulatos. Y los negros eran el 4.6 por ciento.

En Nicaragua, como en las otras provincias de Centroamérica, existía mucha desconfianza y recelo en contra de Guatemala. Siempre se había aprovechado de su condición de capital y no existía mucho desarrollo en las otras provincias.

Debido a lo extenso de Centroamérica, las autoridades guatemaltecas no brindaban mucha seguridad. No había seguridad en los puertos para comerciar con tranquilidad.

La independencia de Nicaragua, de la corona española, va de la mano con la de Centroamérica, pues los cinco países actuales de esta región estaban unidos y la capital era Guatemala. FOTO/ ISTOCK

La más afectada de las provincias era la más lejana, Costa Rica, golpeada por la pobreza.

Nicaragua era gran productor de añil y ganado. También había producción de vainilla y, por supuesto, de maíz. El cultivo de café aún no había explotado.

Era una época en la que aún se usaba el cacao como moneda en los denominados trueques. También se pagaban la mercancía u otras actividades con monedas de circulación en España. Se habla de ducados, de maravedís e igualmente circulaban los pesos de oro, reales, marcos de oro.

Por las calles de las ciudades nicaragüenses, de tierra, circulaban las carretas jaladas por bueyes.

Las principales ciudades eran León, con su universidad, y Granada, con sus fastuosas casas coloniales. Managua era entonces solo un pequeño pueblo de pescadores, sin escuelas, sin grandes casas, sin catedral, solo favorecido por las aguas del lago. Ni soñaba en convertirse en capital.

La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra (Museo de las Cortes de Cádiz). FOTO/ TOMADA DE INTERNET

La mayoría de la población vivía sumida en la ignorancia. La gente se acostaba temprano no porque no existiera la luz, pues las autoridades coloniales ya habían encomendado que en la parte de afuera de cada casa se colocara una luminaria, que en esencia era una vela de sebo dentro de una linterna de forma rectangular, cuyos cuatro lados estaban cubiertos por un pellejo de vejiga de res, explican los historiadores.

Se acostaban temprano porque eran tiempos de mucha superstición. Se creía en espantos. Por ejemplo, la gente creó un espanto sobre la figura de la última autoridad de España en Nicaragua, el coronel Joaquín Arechavala, jefe de las milicias. Era un hombre muy rico y la gente, ha explicado el historiador Manuel Noguera, comenzó a decir que escondió su dinero en botijas ante las revueltas en la época del proceso de independencia.

Arechavala se paseaba en las calles de León en su yegua La Cordobesa. Esa imagen, indica Noguera, de Arechavala en su equino, en la que se veía imponente, quedó grabada en la mente de los leoneses y después de la muerte del militar español comenzaron a decir que asustaba en su yegua porque también había hecho pacto con el diablo. Así nació la leyenda del Caballo de Arrechavala.

Las otras autoridades de Nicaragua en 1821, además de Arechavala, eran el intendente Miguel González Saravia y el sacerdote Nicolás García. Todos ellos eran españoles y fieles a la corona española.

Médicos no había, sino que cada quien se curaba solo, únicamente atendiendo los consejos de los curanderos, muchos de ellos muy inteligentes a la hora de dar un diagnóstico. En cuanto a medicinas, la gente recurría a las hierbas. Había una para cada mal.

La cotona era el traje de los varones autóctonos y la camisa “emperingonada” de las mujeres.

Por las tardes, la gente solía sentarse en las afueras de sus casas, recostadas a la pared o al pilar esquinero, en un taburete forrado en cuero. En la boca de los hombres casi siempre había un puro chilcagre.

En definitiva, cuando amaneció el domingo 16 de septiembre de 1821, en Nicaragua ni se sospechaba que un día antes se había efectuado una reunión en la que se había firmado el acta de independencia.

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Tras abandonar el palacio los enemigos de la independencia, hubo una mayoría a favor de la separación de España. El debate se orientó entonces hacia cómo realizarla. Había partidarios de unirse al proyecto imperial de Iturbide, como lo había hecho Chiapas, y otros querían que el Reino de Guatemala se volviera autónomo totalmente.

Sonaban en el ambiente las palabras de José Cecilio del Valle, de que no se podía tomar una decisión final hasta que no estuvieran reunidas las autoridades de todas las provincias.

Entonces se propuso que se organizara un congreso centroamericano y que se mantuvieran las personas en sus cargos hasta que se tomara una final decisión.

Unas 100 personas entraron al salón pidiendo que declarara de inmediato la independencia. Para calmarlas, se decidió la destitución de algunos jefes militares, pero no fue suficiente. Los gritos de la muchedumbre iban en aumento.

Gabino Gaínza trató de proclamarla pero anexándose a México. La gente no lo permitió y Gaínza finalmente optó por declarar la independencia.

En ese momento, Gaínza pasó de ser la máxima autoridad de España en Centroamérica a nuevo gobernador de una Centroamérica ya desvinculada de España, quedando al frente de una Junta Provisional Consultiva.

Firma de la Independencia, pintura de Luis Vergara Ahumada. Que representa el momento en que el padre José Matías Delgado firma el acta. FOTO/ TOMADA DE INTERNET/ WIKIPEDIA

Ahí entra en escena Miguel Larreynaga.

El acta de independencia fue redacta en esa noche del 15 de septiembre de 1821 por José Cecilio del Valle, quien no la firmó, a como tampoco lo hizo Larreynaga.

La primera firma fue de Gaínza y luego otras 12 personas reunidas en el Real Palacio.

Lo que sí hizo Larreynaga al día siguiente fue firmar el acta de la Junta Provisional Consultiva, siendo electo miembro de la misma en representación de Nicaragua, a pesar de que no era una autoridad constituida en Nicaragua.

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El 16 de septiembre de 1821, con el acta ya firmada, los mensajeros salieron en sus caballos a comunicar el acta a todas las demás provincias de Centroamérica.

El acta fue debatida en Chiapas el 26 de septiembre. Dijeron que ya reconocían a México como autoridad.

En Honduras fue leída el 28 de septiembre. Igual se sujetaban a México. Pero en la misma Honduras, en Tegucigalpa, el 29 de septiembre aceptaron el acta de independencia y decían que se sujetaban a Guatemala. Inició así una disputa entre ambas ciudades.

En Nicaragua el acta también se leyó y debatió el 28 de septiembre, a pesar de que llegó el día 22. Las autoridades nicaragüenses, con el sacerdote Nicolás García a la cabeza, emitieron otra acta que se denominó de Los Nublados.

Acta de Independencia. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Las autoridades, que estaban en León, indicaron en esa acta que el tema de la independencia se resolvería “hasta tanto se aclaren los nublados del día y pueda obrar esta provincia con arreglo a lo que exigen sus empeños religiosos y verdaderos intereses”. De esa manera dejaban en suspenso si se acogían o no a la independencia proclamada en Guatemala.

Los historiadores han explicado que los “nublados del día” no se refieren específicamente a problemas del tiempo, sino a la incertidumbre que reinaba en el momento respecto a si apoyar o no la independencia, cuando todavía la misma estaba en proceso en México y en algunos países de América del Sur.

Además, las autoridades leonesas estaban todas a favor de la corona española.

En Granada fue rechazada la decisión leonesa. El comandante Crisanto Sacasa proclamó su adhesión absoluta al acta de independencia del 15 de septiembre de 1821.

Es decir, el pueblo de Nicaragua estaba de acuerdo con la declaración de independencia, pero las autoridades españolas se opusieron.

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Nicaragua terminó, después del 15 de septiembre de 1821, adhiriéndose al imperio mexicano de Agustín de Iturbide, cuando el 5 de enero de 1822 Gabino Gaínza anunció la anexión de Centroamérica a México.

El intendente de Nicaragua, Miguel González Saravia, ya había obligado a la diputación provincial de Nicaragua a declarar la independencia conforme al Plan de Iguala, es decir, anexándose a México.

Durante este tiempo hubo rebeliones contra la anexión de Nicaragua a México. Aquí se destacó Cleto Ordóñez, granadino.

A partir del uno de julio de 1823, las provincias de Centroamérica se declararon libres de cualquier otro Estado, incluyendo España y México. Fue como una continuidad del 15 de septiembre de 1821. Se separan de México y da inicio a las Provincias Unidas del Centro de América.

La representación de la firma del acta del 15.sept.1821 en el Parque Xetulul, en Guatemala. Resalta el presbítero salvadoreño Dr. José Matías Delgado y de León, último comisario del Santo Oficio en la Intendencia de San Salvador. FOTO/ TOMADA DE INTERNET/ WIKIPEDIA

Las provincias reunidas ese uno de julio de 1823 determinaron que la anexión a México se había producido por medio de una “expresión violenta y arrancada por medios viciosos e ilegales”.

Entre los historiadores existe el dilema de cuál es la fecha correcta de independencia, si es el 15 de septiembre de 1821 o el uno de julio de 1823.

Para otros, la independencia de Nicaragua fue un proceso que comenzó entre 1805 y 1811, con los levantamientos indígenas.

En la actualidad, la independencia se celebra los 15 de septiembre con desfiles escolares en toda Nicaragua. Igualmente, se hace en el resto de Centroamérica.

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El 22 de noviembre de 1824, siempre con el afán de mantener unida a Centroamérica, se formó la República Federal de Centroamérica.

Si la independencia fue pacífica el 15 de septiembre de 1821, los años posteriores no estuvieron exentos de conflictos armados en el interior de Centroamérica.

Nicaragua se separó finalmente de la Federación el 30 de abril de 1838 y se constituyó como una nación independiente. Se conoció primero como Estado de Nicaragua y a partir de 1854 fue conocida como República de Nicaragua, hasta hoy.

 

Próceres de la independencia

MIGUEL LARREYNAGA

FOTO/ CORTESÍA

Larreynaga ocupó varios cargos públicos durante la colonia y logró ser nombrado magistrado de la Real Audiencia de Guatemala, en agosto de 1821. Fue por este último motivo que fue invitado a la reunión del 15 de septiembre de 1821, en la que se declaró la independencia.

Según el analista político y académico Carlos Tünnermann Bernheim, Larreynaga fue un clásico criollo y pertenecía a los grupos liberales que colaboraban en La Gaceta de Guatemala, promotora de las ideas independentistas.

Larreynaga estuvo en la reunión de la independencia pero no firmó el acta, aunque sí firmó el Acta de Instalación de la Junta Provisional Consultiva, de la que fue nombrado miembro.

Nació en León el 29 de septiembre de 1771. Hijo de Joaquín Larreynaga y de Manuel Balmaceda. Su madre murió durante el parto y el padre suyo ya era fallecido. Lo criaron unas tías en Telica.

Su abuelo materno, Baltazar de Silva, le dio educación. Estudió en el convento de La Merced y en el seminario Conciliar de San Ramón. Los estudios superiores los hizo en la Universidad de San Carlos, en Guatemala.

Tünnermann explica que Larreynaga fue brillante estudiante y se graduó con honores de derecho civil y canónico.

TOMÁS RUIZ

FOTO/ CORTESÍA

Es uno de los próceres de la independencia a pesar de que no participó en los hechos de 1821.

El historiador Tomás Ayón señala a Ruiz como uno de los instigadores en 1805 de la insubordinación de los pueblos de Chinandega y El Viejo, y como activo propagandista de las doctrinas revolucionarias.

La participación de Ruiz en el proceso de independencia de Centroamérica tuvo su punto más álgido en diciembre de 1813, en el Convento de Belén, ciudad Antigua, Guatemala, dirigiendo la famosa conspiración conocida como la Conjura de Belén. Fue capturado en la noche del uno de diciembre, un día antes de que se llevara a cabo el plan revolucionario que fracasó por la traición de Pudenciano de la Llana.

José Tomás Ruiz nació el 10 de enero de 1777, hijo de Joaquín Ruiz y Lucía Romero, indios principales (caciques) del entonces pueblo de Chinandega. Indígena de raza pura. Su benefactor fue el obispo de Nicaragua, Juan Félix de Villegas.

Ingresó en el Seminario Conciliar, donde estudió latinidad. El obispo De Villegas, en una constancia que escribió para Ruiz, dijo de él que prestaba puntual asistencia a las horas señaladas, sin faltar a ninguna de sus obligaciones, y dando muestra de grande aprovechamiento de sus estudios. Cuatro años y tres meses permaneció Ruiz en el seminario.

Ya siendo arzobispo de Guatemala, De Villegas se llevó a Ruiz a Guatemala, donde ingresó en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde a los 17 años obtiene el grado de bachiller en Filosofía y, posteriormente, bachiller en ambos derechos –civil y canónico–.

En 1801 llegó a León para ser ordenado sacerdote y en 1804, a los 27 años de edad, se doctora en derecho canónico. Es el primer indio que se doctoró en Centroamérica.

Según Carlos Tünnermann Bernheim, el padre Tomás Ruiz fue la encarnación de los curas liberales de la época, entusiasmados con la revolución independentista que en México encabezaron los curas Hidalgo y Morelos.

Ruiz permaneció siete años en prisión, sufriendo largos períodos de incomunicación, privaciones y desprecios.

Ya libre en 1819 solicitó permiso para trasladarse a la cuidad real de Chiapas, en México, donde falleció como consecuencia de los vejámenes y torturas recibidos en la cárcel. Tenía entonces 47 años. Se desconoce donde fue enterrado. No participó en los hechos de 1821.

GABINO GAÍNZA

FOTO/ TOMADA DE INTERNET

En 1821 era el máximo representante de la corona española en Centroamérica. Hizo redactar el acta de independencia, forzado a hacerlo por los independentistas de Guatemala, y fue el primero en firmarla.

A partir del 15 de septiembre de 1821, pasó de representante de España a primer gobernador de la Centroamérica independizada.

Gabino Gaínza y Medrano nació en Pamplona, España, el 26 de octubre de 1753.

Se inició en la carrera militar a los 16 años de edad como cadete en el Regimiento de Infantería de Soria. Por ser buen estudiante, en poco tiempo llegó a teniente y luego a capitán.

A los 26 años de edad llegó a América con el ejército que salió de España al mando del teniente general Victorio de Navia.

Peleó en la expedición sobre Pensacola. Después prestó servicios en La Habana y en Perú.

Regresó a España pero en 1790 lo regresaron a América, al Perú.

Luego permaneció seis años como comandante general de Trujillo. También estuvo en Chile.

A causa de un revés militar en Chile, estuvo procesado hasta el año 1816, pero salió bien del mismo y en 1818 lo nombraron inspector general de tropas veteranas y milicias de infantería y caballería de Guatemala.

Todos los anteriores datos fueron recopilados por el costarricense Luis Cartin, quien expone que en 1820 Gaínza alcanzó el mando superior militar en el Reino de Guatemala.

JOSÉ CECILIO DEL VALLE

FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Al principio a Del Valle se le consideraba un opositor a la independencia. Después de que redactó el acta de independencia, se le consideró un defensor.

Del Valle es el pensador más destacado en la época de la Independencia de Centroamérica y uno de sus actores políticos clave, asegura la Real Academia de la Historia.

Nació en Honduras en 1877 y en 1894 se bachilleró en artes en la Universidad de San Carlos, en Guatemala. Se graduó en leyes en 1799.

Sus padres fueron José Antonio Díaz del Valle y Gertrudis Díaz del Valle, criollos, de buena posición económica, y terratenientes dedicados a la agricultura y ganadería.

Según la Real Academia de la Historia, por su conducta intachable, sus sólidos y vastos conocimientos de las leyes de Castilla e Indias y en su calidad de hijodalgo, Del Valle tuvo casi el mismo privilegio que los españoles. Fue funcionario de la colonia.

En 1809 fue elegido por León de Nicaragua diputado para la Junta Suprema de España. Fue profesor de economía política desde 1812.

Del Valle fue elegido alcalde de la ciudad de Guatemala a comienzos de 1821, desempeñándose en este cargo hasta mayo de ese año cuando fue nombrado auditor de guerra, cargo por el cual fue invitado a la reunión del 15 de septiembre de 1821.

REY FERNANDO VII

Está considerado el peor rey de España. Así lo aseguran varios reportes periodísticos de medios españoles, entre ellos La Vanguardia, el cual explica que se debe a su carácter y por su incapacidad para afrontar los avatares que vivió el país durante su reinado.

Le apodaron el Deseado porque por su actitud de resistencia frente al invasor francés y en 1808 fue recibido como rey en Madrid por multitud de personas, pero en 1814, tras finalizar la ocupación francesa en España, la figura del rey español fue vista con otros ojos. Algunos de los calificativos que le señalan son incapaz, hipócrita, populista, mujeriego y vengativo.

National Geographic explica que era hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, Fernando VII nació el 14 de octubre de 1784 en el Palacio de El Escorial. Llevó a cabo una conspiración contra su padre aprovechando el descontento popular alrededor del valido Manuel Godoy, pero en 1807 sus intenciones fueron descubiertas y tras declararle culpable el rey lo absolvió.

En 1808 Fernando VII lideró el Motín de Aranjuez, un levantamiento mediante el cual arrebató definitivamente el trono a su progenitor. Justo después comenzó la Guerra de Independencia, especialmente en América del Sur y en México, en el marco de las Guerras Napoleónicas, un periodo que Fernando VII vivió fuera de España, prácticamente como prisionero de Napoleón en Bayona. A su regreso en 1813 recuperó el trono, derogó la Constitución de 1812 y reinstauró el absolutismo.

Su reinado fue testigo de la pérdida de la mayor parte de las posesiones españolas de ultramar, que declararon su independencia.

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Reportaje