El día que cayeron los Ché

Reportaje - 27.01.2008
Siete jugadores de la Selección Nacional de Futbol de 1966

Fue apoteósico. Nadie esperaba que el 9 de enero de 1966 un grupo de jugadores nicaragüenses le ganara a la afamada selección de Estudiantes de La Plata, pero pasó y así los 90 minutos que jugaron sobre el campo se convirtieron en el partido más recordado de la historia nacional

Loanny Picado

A inicios de enero de 1966, Santiago Berrini, director técnico de la Selección Nacional de Futbol, se enteró que Estudiantes de la Plata haría una gira de pretemporada por Centroamérica y no dudó en contactar a los directivos del club argentino para saber si podían incluir a Nicaragua en su lista de encuentros.

Estudiantes de la Plata, el gran equipo argentino, aceptó jugar por la cantidad de cuatro mil dólares. Cuando se supo la noticia, los periodistas nacionales y extranjeros esperaron con desespero la llegada del equipo más importante de América y la predicción del juego era una absoluta victoria para el club sudamericano.

“Aterrizan Estudiantes de la Plata”, “Partido ante Estudiantes causa gran expectativa nacional”, fueron algunos de los titulares de los medios escritos que dieron cobertura al partido sin sospechar que aquel juego entraría en la historia del futbol nacional.

2008
Estadio Nacional. Aquí se realizó el juego. Han pasado 42 años desde entonces, pero el episodio sigue fresco en la memoria de sus protagonistas.

—Que emoción saludarlos otra vez —dice Juan Bautista Arríen con el tono quebradizo de la voz. Casi llora. Han pasado muchas cosas en su vida y ahora se encuentra con sus amigos y antiguos compañeros de equipo.

Allí está Salvador, que es Salvador Dubois; Miguel Buitrago, alias el “Chocorrón”; Francisco Camacho, Camacho para él; Pedro Jirón, “Peche”, y Emilio Gutiérrez, “Camarón”.

Arríen ya no viste la sotana, porque desde hace años la dejó para formar una familia, lo que no ha evitado que lo sigan llamando “padre Arríen” en tono solemne, lo que no describe al personaje adicto al futbol, y enamorado también de su trabajo como representante en el país de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

“Entonces padre Arríen, cómo me le va, tanto tiempo sin verlo”, le saluda afable “Peché” Jirón. Unos kilos extras se reflejan en el que fue su firme abdomen. Tiene 68 años y alguien que sepa de futbol sabe que es el mejor mediocampista de todos los tiempos.

“Peché” Jirón sigue siendo el de la voz grave, con un singular toque además de buen humor. Nunca se desligó del deporte y es subdirector en la actualidad de la Escuela de Talentos en Diriamba.

—Ajá “Peché” estamos comiendo bien se escucha la voz del hombre bajo, 67 años, saludable como un roble y gerente financiero del Diario La Prensa. Es Miguel Buitrago.

—Y vos, no te quedás atrás — replica el otro inmediatamente.

Ubicados en el campo están prestos para recordar la historia.

—Que dicen ¿nos echamos una jugadita? —pregunta Francisco Camacho, 63 años, vistiendo pantalón negro y camisa gris.

—Vamos pues, pero yo quiero que me den un pase aéreo para anotar de cabezazo responde Arríen. En eso “Peché” toma el esférico entre sus pies y lo domina como en sus años de juventud, utilizando su pecho y piernas.

Cuando el balón toca el césped, Arríen recibe un pase aéreo de Gutiérrez y cabecea, rematando frente a Dubois, pero el tiro es desviado. Es el momento de la fotografía. Es tiempo para recordar.

Más de 12 mil personas abarrotaron el colosal estadio capitalino. Nunca se miró tan lleno por un partido. Al caer la tarde, el tiempo transcurrió con rapidez hasta que el reloj marcó las cuatro. Una voz resonante salió de las bocinas del estadio para anunciar las alineaciones

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La tarde del 4 de enero aterrizaba Estudiantes de la Plata en el Aeropuerto Las Mercedes de Managua
con un plantel de primer nivel.

Alberto Poletti, Enri Barale, Oscar Mabernat, Rubén Francisco Chévez, Miguel Angel López, Raúl Horacio Madero…

Había más estrellas argentinas: Carlos Salvador Billardo, Roberto Santiago, Marcos Noberto, Conigllario, Eduardo Flores, Juan Román “La Bruja” Verón, Juan Alberto Oley, Hugo Spadaro, Echecopar, Carlos Péchame y Jorge Krstenmacher.

Berrini convocó a Dubois, Róger Mayorga, “Cocho” Alvarado, “Cuchubal” Flores, Alfredo Alemán, Tapia, Eddy Benard, Buitrago, Camacho, Jirón, “El Cuervo” Ocampo, Hugo “Bazuca” Huete, Gutiérrez, Juan Carlos Pacheco, Arríen y otros más.

Por petición de los propios jugadores de la selección nicaragüense se reconcentraron dos días antes en el Estadio Nacional, en esa época llamado Anastasio Somoza García.

Un improvisado cuarto con literas en uno de los salones del estadio albergó al conjunto nicaragüense. Hubo bromas en aquellas horas previas al juego, además de expectación familiar.

El portero Salvador Dubois era la estrella de los chistes.

—Mucho jodía. Le quitaba los resortes a las camas para que nos cayéramos cuando llegaba la hora de dormir, pero nos daba risa —cuenta Tapia.

Después estaban los entrenamientos, una larga jornada bajo la dirección de Berrini. No era para menos. Se enfrentaban a los mejores. Era David contra Goliat. Rezaron. La tarde del sábado 8 de enero, el padre Arríen realizaba una misa que alentaba a los jugadores.

El equipo argentino Estudiantes de la Plata en pleno entrenamiento en el Estadio Cranshaw de Managua, cuatro días antes del partido ante la Selección de Nicaragua.

***

La capital se paralizó el domingo 9 de enero y muchas personas que asistieron al partido como Rafael
Chamorro, quien ahora es abogado, se levantaron temprano para ir al estadio. Chamorro quería apoyar
al que fue su maestro de futbol en el Colegio Centro América, Juan Bautista Arríen y por supuesto ver a
Estudiantes de la Plata.

“El estadio se puso muy lleno y todo el mundo comentaba acerca de lo que pasaría en el partido, lógicamente que no esperábamos una victoria de Nicaragua ante semejante equipo”, relata Chamorro.

Más de 12 mil personas abarrotaron el colosal estadio capitalino. Nunca se miró tan lleno por un partido. Al caer la tarde, el tiempo transcurrió con rapidez hasta que el reloj marcó las cuatro. Una voz resonante salió de las bocinas del estadio para anunciar la alineación de ambos
equipos.

El onceno de los argentinos era impresionante. “Alberto Poletti en la portería –se escuchaba– Enri Barale, Francisco Chévez, Miguel López y Manera en la línea defensiva; Roberto Santiago, Raúl Horacio Madero en los carriles; Carlos Billardo, Echecopar Román “La Bruja” Verón y Escos en la delantera”.

De pronto, la inspiración. “Peché” le quitó el balón a Billardo para hacer pase a Orellana que se coló entre la defensa argentina para habilitar a Gutiérrez que miró a Goyen desmarcado. ¡G0000ll, gritaba la gente

Pero cuando se escucharon los nombres de la Selección de Nicaragua las voces en el estadio se escucharon más, animando con aplausos y gritos de aliento al equipo local.

“Por Nicaragua Salvador Dubois en la portería; Tapia, Buitrago y Gilberto Mendoza en la defensa, Pedro José Jirón y Hugo Huete en el medio sector junto a Emilio Gutiérrez en la contención; Mario Orellana, `Chiqui’ Calvo, Salvador Dávila y Luis Goyen en el área ofensiva”. No faltaba nadie.

José Urtecho, el árbitro central, dio inicio a los 90 minutos más largos que haya vivido el futbol nicaragüense. En la primera parte, el combinado azul y blanco se mostró nervioso, pero “Peché” Jirón fortaleció la estrategia pinolera en el mediocampo y junto a “Camarón” Gutiérrez y Huete empezaron con ofensivas destinados a los pies de Goyen.

José Urtecho, árbitro central del partido, continúa con vida en Diriamba, ahora tiene 82 años.

De pronto, la inspiración. “Peché” le quitó el balón a Billardo para hacer pase a Orellana que se coló entre la defensa argentina para habilitar a Gutiérrez que miró a Goyen desmarcado y este fulminó el portal argentino.

¡G0000l!!!…

En las graderías todo era emoción. Se escucharon miles de gargantas que estaban en el estadio. Los narradores describieron una y otra vez la jugada que definió el primer tanto para Nicaragua. La gente se abrazaba unos con otros, entre la emoción y la incredulidad de ver lo que estaba pasando en la cancha.

“Fue increíble, pero a la misma vez decíamos a qué hora nos echan el gol, pero no pasó nada, todo lo contrario, la selección jugaba bien”, recuerda Chamorro.

Los nicas no bajaron el ritmo de juego. Goyen se convirtió en un dolor de cabeza para los argentinos, recibió una fuerte intercepción de Poletti en el área chica, y Urtecho no dudó en pitar el penalti.

“Toda la gente estaba con los pelos de punta, nerviosa, casi rezando para que Nicaragua echara el gol”, dice Chamorro. En el momento decisivo, Berrini delegó a “Chava” Dávila para que hiciera el disparo de gracia. El atacante nica no titubeó y tras el pitazo del juez, disparó con potencia. Todas las cabezas en el estadio seguían el movimiento del esférico de cuero en una imagen congelada, en la que se apreció en su totalidad cómo el balón entró en la esquina superior derecha del marco argentino.

Una euforia total se apoderó de los fanáticos. El segundo gol hizo temblar los pilares del estadio. La incredulidad quedó atrás. Los fanáticos gritaron extasiados. El corazón se les aceleró y ese día conocieron el cielo, el firmamento que sólo conocen los amantes del futbol cuando la jugada culmina en gol.

“Me quedé sin voz, era un festín tremendo y una bulla en el estadio que hacía eco hacia las afueras. Fue una excelente definición de Dávila”, se acuerda Bayardo Cuadra, otro de las presentes en el partido.

En una ola humana, los brazos se extendieron hacia el cielo, gritando la victoria anticipada de Nicaragua, pero aún no todo estaba dicho. A los 41 minutos llegó el descuento de los argentinos.

El atacante argentino Echecopar remata de cabeza el balón que fulminó el arco protegido por el nica Salvador Dubois. El único tanto que marcó Estudiantes de la Plata frente a la Selección Nacional.

El periodista radial narraba: “Santiago se mueve rápido sobre la banda derecha, cuidado que se viene la artillería argentina, va a centrar, va a centrar y de zurda hace un pase aéreo a Echecopar que se encuentra desmarcado. Echecopar va a cabecear, ¡golazo de Echecopar!”

La barra se lamentó, y los dedos empezaron a ser cruzados, oraban en su interior para que Nicaragua ganara. “Yo dije, en el segundo nos empatan, y aunque los argentinos tuvieron oportunidades, la selección se mantuvo en pie de lucha”, cuenta Cuadra.

Faltaba la segunda mitad. Berrini hizo algunos cambios. Entró el padre Arríen como atacante, Dubois salió por Róger Mayorga y entró Eduardo Morales.

Estudiantes de la Plata cambió a Poletti por Juan Oleynicky en este ajedrez en que se había convertido el juego que ganaba Nicaragua.

Mayorga proporcionó mayor fortaleza al equipo pinolero, desviando todo lo que “La Bruja” Verón disparaba hacia su marco. El arquero nicaragüense era una muralla dura de derribar y salvó a la selección de un posible empate. Arríen le inyectaba más ofensiva al juego nica, creando arribos muy peligrosos que hicieron temblar al portero argentino.

Los minutos parecían eternos, los espectadores miraban a cada momento sus relojes y gritaban al árbitro central para que terminara el partido.

Estudiantes no pudo y la gente se lanzó al campo a celebrar con sus héroes, que ahora viven de sus recuerdos.

Hoy, todavía se preserva una foto en blanco y negro de aquella selección gloriosa. Todavía está colgada en la pared que guarda lo mejor del futbol nacional en el Salón de la Fama.

Algunos jugadores como Salvador “Chava” Dávila perecieron hace unos años. Otros se encuentran en Estados Unidos como Róger Mayorga, pero ex jugadores como Manuel Tamariz y “Camarón” Gutiérrez viven una situación difícil en su natal Diriamba —el primero es pobre y el segundo está enfermo—. Pero todos recuerdan lo que pasó. Cuando David botó de dos goles al Goliat del futbol argentino. Ese día cayeron los Ché y celebró Nicaragua.

Un día después de la derrota, los argentinos quisieron la revancha. Pero el entrenador Berrini y los jugadores no aceptaron. Fue una apertura al futbol mundial. Otros equipos de renombre internacional sostuvieron partidos amistosos con la selección.

Así que los nicaragüenses de esos años vieron al plantel nacional medirse con el Flamengo y Botafogo de Brasil. Como símbolo de aquel logro, la Selección de Nicaragua fue condecorada con la medalla de honor y sus nombres quedaron en la historia.

Salvador Dubois en plena acción, despejando uno de los disparos del atacante argentino, la “Bruja” Verón.

¿Y cómo leva al futbol?

Los años sesenta son considerados como la época de oro en el futbol nacional, no sólo por el juego ante Estudiantes de la Plata, sino también porque el balompié tenía estrellas a quien ver en la cancha, algo carente en la actualidad.

Muchos futbolistas de esa generación fueron los primeros en jugar en las ligas internacionales.

Salvador Dubois estuvo en el Motagua de Honduras, al igual que Róger Mayorga, quien también jugó en el América de Cali en Colombia.

Mayorga fue nombrado como el mejor atleta del siglo XX en el balompié nicaragüense y el mejor portero centroamericano en los sesenta.

El nivel de juego y calidad que tenían los jugadores y directores técnicos extranjeros que contrataron los equipos para los campeonatos nacionales de esa época también le agregó el espectáculo fusionado con la brillantez futbolística.

Ante la ausencia de figuras nacionales, jugadores extranjeros de calidad, y un apoyo nulo en las bases del futbol, el avance de este deporte en el país caminará a paso de tortuga.

Hoy, los jugadores parecen faltos de motivación y, algo más grave, carentes de un buen nivel futbolístico.

En el orden. Miguel “Chocorroncito” Buitrago, José “Peche” Jirón, Salvador Dubois, Emilio “Camarón” Gutiérrez, Bladimir Tapia, Juan Bautista Arríen, y Francisco Camacho, siete de los jugadores que pertenecieron a la Selección Nacional que ganó ante Estudiantes de la Plata.

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