El diputado catrín

Perfil, Reportaje - 16.05.2010
Wálmaro Gutiérrez

Wálmaro Gutiérrez es uno de los más destacados diputados de la Asamblea Nacional y sin duda el mejor vestido de ellos. Se le conoció cantando, como uno de los artistas más populares de Nicaragua. Genio y figura, hasta… el parlamento

Dora Luz Romero
Fotos de Héctor Esquivel/Archivo

Considerado uno de los diputados mejor vestidos de la Asamblea Nacional, Wálmaro Gutiérrez hace
honor a ese título. Hoy, como de costumbre, luce impecablemente combinado. Lleva saco y corbata de color oscuro, y una camisa gris con rayas celestes que lo hace ver sencillo, pero elegante.

Es jueves. El plenario de la Asamblea Nacional luce congestionado. Los diputados de las diferentes bancadas discuten sobre la Ley del Adulto Mayor. La sesión ha sido maratónica. De ésas que empiezan por la mañana y terminan por la tarde. A pesar de la jornada, a Gutiérrez no se le quita ese aire de pulcritud con el que parece haber nacido.

En medio de aquella masa de gente, que se mueven como las olas del mar, es evidente que el parlamentario dedica más tiempo a su estética que el resto de diputados. También es notorio su gusto y estilo al vestir. Él, por su parte, asegura que ésas son cosas “de carácter superfluo” y esboza una sonrisa
como sacada de catálogo.

No se queda sólo en figura. El diputado Wálmaro Gutiérrez es considerado también uno de los mejores legisladores de la Asamblea Nacional, donde logró entrar cuando tenía apenas 28 años. Pero mucho antes de ocupar ese escaño, a este hombre le tocó trabajar como peón en un beneficio de café. También fue cantante de baladas. Representó a Nicaragua en 1993 en el Festival OTI de la Canción y hasta llegó a cantar en el programa Sábado Gigante.

Gutiérrez confiesa que gran parte de lo que es hoy se lo debe a esas etapas de su vida. Etapas que considera ya superadas, pero que no deja de recordar con cierta nostalgia.

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El terremoto de 1972 dejó a Wálmaro Gutiérrez y a su familia con una mano atrás y otra adelante. “Pasamos de ser clase media alta a ser damnificados”, recuerda Gutiérrez detrás de su escritorio, ordenado con nitidez.

Para ese entonces, Gutiérrez tenía cuatro años y junto a su mamá y su hermana mayor les tocó emigrar de la capital que había sido devastada por el desastre natural hacia la ciudad donde se respira futbol, Diriamba. Ahí, empezaron de cero, dice. Vivieron en cuarterías y fue hasta después de un tiempo que lograron trasladarse a una casita. “Tuve una niñez muy sana. Éramos chavalos de barrio, con muchos juegos de cuartería”, recuerda el diputado.

Gutiérrez nació el 5 de mayo de 1968. Su madre, doña Ana Mercado, fue quien lo crió porque a los tres meses de nacido su papá don Miguel Gutiérrez falleció. Sin embargo, su tío (hermano de su madre) el profesor de danza Heriberto Mercado, lo crió como a un hijo. “Para mí él fue un padre”, reconoce.

En la Casa de Cultura de Diriamba, el maestro Heriberto Mercado no puede contener las lágrimas al hablar de su sobrino. “Fue una bendición de Dios poder ayudar a su formación. Le doy gracias a Dios por ese regalo”, dice con la voz entrecortada. “Yo creo que todos los seres humanos venimos a cumplir con un plan divino. Dios me puso en el camino no para engendrar hijos, pero sí para abrazar a mi madre, a mis hermanos y a sus hijos”, dice Mercado.

Extrovertido. Coqueto. Educado. Súper protegido. Así recuerda a su pequeño el profesor Mercado, quien además reconoce que fue muy noviero. “Es que era lindo. Yo decía que se lo habíamos quitado de las manos a la Virgen. Todas las muchachas de mi ballet eran locas enamoradas de él”, rememora Mercado tras soltar una larga carcajada. “Las novias me lo seguían. Yo como papa sólo cruzaba los brazos. Era feliz de saber que todas las muchachas me lo seguían. Me gusta que me lo quieran”, confiesa con orgullo.

Como estudiante, dice Gutiérrez, fue un alumno promedio. Ni tan malo, pero tampoco brillante porque siempre prefirió las actividades culturales. Cantaba, tocaba guitarra y participaba en los sociodramas.

“Fui un muchacho de escuelas públicas”, destaca. Se graduó de secundaria en el Instituto Nacional
Diriangén, al que llama “el más bonito y aguerrido de los institutos de Carazo”.

Al director de ese instituto, en aquel entonces, el profesor Octavio Argüello, no le cuesta retroceder un
poco y recordar a aquel muchacho delgado, de cabellera negra y simpático caminando por los pasillos del centro educativo. “Era un muchacho popular, muy inteligente. Tenía una excelente capacidad de expresión. Siempre andaba catrín, bien peinado, bien vestido”, cuenta Argüello.

Para este maestro, Wálmaro Gutiérrez sigue siendo el mismo. El mismo que un día vio en las aulas del Instituto Diriangén y que ahora ve en el parlamento nacional. “Sólo que ahora con más años”, bromea.

Desde muy niño, a Gutiérrez le tocó salir a la calle a trabajar. Su primer trabajo fue en un beneficio, rastrillando café. “Siendo la única figura masculina en mi hogar desde que tuve uso de razón entendí que el rol de hombre de la casa tenía que ser jugado por mí”, explica. “Trabaje como peón y lo digo a
mucha honra”, afirma el diputado.

Su tío reconoce que siendo tan pequeño no le gustaba verlo trabajar. “Cuando yo lo vi con un rastrillo asoleando café, que llegaba como un camarón a la casa, no me gustaba, pero lo acepté porque ésa sería parte de su formación”.

Pronto el muchachito delgado y blanco pasó de ser peón a ser administrador de aquel beneficio, y era así como llevaba dinero a su casa.

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Para 1993, Wálmaro Gutiérrez tenía 25 años y estaba convencido de que sería cantante. Ese año, viajó a Valencia, España, donde representó a Nicaragua en el Festival OTI de la Canción. De aquella velada artística, a Gutiérrez no le quedan más que gratos recuerdos.

La página de youtube.com reproduce un vídeo de aquel día, donde el cantante erguido y con la frente en alto subió al escenario a cantar Cuando tengo tu amor de Holbein Sandino.

Vestido de blanco, con el cabello negro y espeso peinado hacia atrás, Gutiérrez se desplazaba de un lado hacia otro cantando: “Cuando tengo tu amor no hay llanto ni dolor…”. Señalaba al público, se inclinaba, levantaba la pierna en su performance.

“No me dejes que no soportaré tanta fatalidaaaaaad”, finalizó la canción mientras Gutiérrez abría sus brazos como un ave que está a punto de emprender vuelo. El público no hizo más que aplaudir. El sonrió con agradecimiento.

Para ese entonces —rememora la cantante nicaragüense Lya Barrioz- Wálmaro Gutiérrez era “el artista masculino más popular de Nicaragua. Era bien famoso”. Barrioz lo recuerda simpático, extrovertido, con mucho carisma y muy exigente, sobre todo. Relata que era uno de los pocos, sino el único, que se vestía verdaderamente como un artista. “Los trajes eran hechos a su medida. Eran exclusividades para él. Él se guiaba por lo que estaba sonando fuera, a pesar de que aquí no fuera tan común. Siempre anduvo a la moda. Tenía mucho cuidado con su imagen. Era como un figurín”, lo describe Barrioz.

Pero si hay algo que quedó perpetuado en la memoria de esta cantante es el apoyo que Gutiérrez recibía de su familia. “Ellos siempre andaban con él”, cuenta. De hecho, su madre, Ana Mercado, modista de profesión, era quien confeccionaba algunos de sus trajes. “Siempre anduvimos como buitres detrás de él. Siempre lo apoyamos en todo. Su mamá se quedaba tras bambalinas y yo me iba al público a temblar hasta que escuchaba las ovaciones”, recuerda su tío, nuevamente con las lágrimas al florecer.

Cuenta Gutiérrez que desde muy niño sintió gusto por la música. Su primera vez en un escenario de
los festivales Rafael Gastón Pérez fue como compositor. “Tenía unos 14 años y no me permitieron que
participara como intérprete porque era muy pequeño”, dice. Más tarde logró subir al escenario para cantar, pero nunca una canción compuesta por él.

De aquella etapa de su vida, de la que guarda algunas fotografias en blanco y negro, Gutiérrez asegura tener recuerdos entrañables. No puede evitar que una sonrisa se dibuje en su rostro al recordar el día que pisó el escenario de Sábado Gigante para cantar. “Siento que mi faceta artística la desarrolló a plenitud. Esa ya es una etapa de mi vida superada”, considera. Aunque no deja de reconocer que de vez en cuando le entran cabangas, más cuando ve a sus amigos de época que siguen haciendo vida dentro del arte.

Foto de Héctor Esquivel/Archivo
Éste es el tercer período de Wálmaro Gutiérrez como diputado. El primero como diputado departamental y los dos últimos como diputado nacional. Actualmente es el presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional.

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Pero, ¿cómo es que un joven cantante, que vivía dentro de la farándula nacional llega a ser diputado del FSLN? Desde muy joven —confiesa Gutiérrez- se involucró en las acciones del partido. Fue activista de la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), activista de la Juventud Sandinista e integrante de los batallones que cortaban café y algodón.“Yo he pasado por toda la estructura político-partidaria del Frente Sandinista”, asegura Gutiérrez, quien además confiesa que la iden- tificación con el FSLN ha sido una constante histórica en los integrantes de su familia.

Resulta que en 1996, cuando el Frente Sandinista abre a elecciones primarias las candidaturas de elección popular, el decide lanzarse. “Sin ser militante del FSLN, postule’ mi candidatura como diputado departamental en 1996 y tuve la fortuna que Carazo me respaldó de manera contundente”, recuerda. Ése fue su primer período como primer diputado por el departamento de Carazo, los otros dos períodos han sido como diputado nacional.

—Pero, ¿qué lo hizo postularse?

¿Alguna razón en especial?

—Siempre habia tenido esa inquietud de participar en todo lo que era la vida partidaria dentro del
Frente Sandinista. Es fácil criticar desde afuera, es mejor estar adentro y tratar de hacer los cambios, promover las transformaciones de las instituciones politicas desde adentro, al menos yo pienso así. Vi la oportunidad de incorporarme de manera más activa.

—Usted era cantante para ese entonces. ¿Le costó que las personas le vieran con seriedad? ¿Implicó
un problema pasar de cantante a diputado?

No fue tanto mi expresión artística, sino el problema de la juventud con la que tuve que lidiar. Cuando llegás a ostentar un cargo público de este tipo, la juventud en lugar de ser una ventaja se convierte en una limitante. ¿Qué es lo primero que te dicen? Estás muy joven, no tenés experiencia, tenés que madurar. Venir y romper con esa idea. Ciertamente somos jóvenes, pero pensamos, tenemos criterios, podemos establecer, discutir y acertar en nuestros criterios. Ésa fue una lucha fuerte que se tuvo que desarrollar desde el parlamento nacional.

Así fue que Wálmaro Gutiérrez llegó a la Asamblea Nacional. Desde su escaño, considera ha aportado
“en desarrollar una legislación bastante técnica y profesional en diferentes ramas de las ciencias jurídicoeconómicas. Temas tan importantes como un código tributario, una ley de mercado de capitales, leyes de arrendamiento financiero”.

De peón a cantante y de cantante a diputado. Así ha transcurrido la vida de Wálmaro Gutiérrez, quien
considera que sólo le ha tocado migrar de escenario. Del artístico al político. Pero siempre catrín, como de costumbre.

Sus amores

Tiene cuatro amores y confiesa que junto a ellos es totalmente feliz. A Wálmaro Gutiérrez no le gusta
hablar de su vida privada, pero con certeza dice que los amores de su vida son sus cuatro retoños: Alexander, de 19 años; las gemelas María Michelle y María Fernanda, de 16 años y Wálmaro Antonio, de 14 años. “Definitivamente ellos mis hijos han dado luz a mi vida”, dice el diputado. Cuando está fuera del parlamento, asegura que lo que más disfruta es pasar tiempo con sus pequeños. “Soy un hombre de gustos muy domésticos. Disfruto de mi hogar”, dice.

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