El enorme poder de las redes sociales

Reportaje - 14.01.2019
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Las plataformas que antes se usaban principalmente para compartir memes, hoy se han convertido en un espacio de denuncia e información, por el que incluso el Gobierno ha intentado competir

Por Amalia del Cid

Tal vez usted lo recuerde o alguien se lo haya contado: todo comenzó con algo llamado Hi5, una red social para compartir fotos, videos y comentarios de la manera menos sofisticada, hoy devenida en una aplicación para conseguir pareja. La usaban, sobre todo, los universitarios y los muchachos de secundaria y en el furor del momento, la novedad era hacerse amigo de completos desconocidos. Casi como hoy.

Por alguna razón, en Nicaragua decidimos que nuestra red social iba a ser Hi5. “Un fenómeno raro”, dice Manuel Díaz, consultor de marketing digital y creador del sitio Bacanalnica, pues en aquel momento, ahí por 2005 o 2006, la red social que estaba de moda en el mundo era Myspace.
Todo eso fue poco antes de que apareciera Facebook en español, un sitio más organizado y más abierto que arrasó con la competencia a una velocidad vertiginosa. Luego cobraron popularidad aplicaciones como Twitter y WhatsApp y ya conocemos el resto de la historia. O al menos eso creíamos hasta el 17 de abril de 2018.

Para Díaz, el uso de las redes sociales como un espacio para la denuncia y para la información durante las protestas ciudadanas que comenzaron el 18 de abril, “nos tempraneó a todos, tanto a los expertos en internet como a los expertos en dictaduras”.

“Los nicas de pronto encontramos en internet una forma de crear una revolución cívica sin precedentes en el país. Sin grandes líderes, ni grandes estrategias, ni golpes de Estado, simplemente con la comunicación, se autoconvocaron miles y miles y ahora estamos en la situación que estamos”, observa el experto.

Hace nueve meses, sin embargo, a Manuel Díaz le parecía “triste” y “desalentador” el uso que en Nicaragua se le daba al internet porque “no era necesariamente productivo”. La mayoría lo utilizaba para chatear en WhatsApp o para reenviar memes creados por “algún chavalo en México”, afirma.

Hoy día, de acuerdo con la poca información que hay disponible al respecto, las redes sociales continúan siendo las reinas de la web. Acaparan un 80 por ciento del uso que en Nicaragua le damos al internet, según la Cámara Nicaragüense de Internet y Telecomunicaciones (Canitel) e incluso se utilizan como un instrumento para estimar cuántas personas tienen conexión a la web.

Fuera de eso, las redes sociales, sobre todo Twitter y WhatsApp (que más que una red, es un canal de comunicación), también se han convertido en la “única herramienta que los nicaragüenses tenemos para la democracia, después de los medios de comunicación tradicionales que no se someten a los deseos de la familia gobernante”, sostiene el fundador de Bacanalnica. “Hoy día nos podemos dar el caché de que estamos a punto de botar a un dictador, sin armas, sin líderes, sin estrategias, a punta de internet y tecnología. Un brinco inmenso, que pasó de ser triste a ser algo de lo cual estoy orgulloso”.

Gracias a los celulares se pudieron hacer públicos los mensajes que algunos presos políticos enviaron a Nicaragua desde los Juzgados de Managua. FOTO/ CORTESÍA

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Para 2008, el año en que Facebook fue lanzado en español, en Nicaragua solo había 19,280 cuentas en esta red social, de acuerdo con la empresa consultora Ilifebelt, que ha realizado siete estudios sobre el Uso de Redes Sociales en Centroamérica y el Caribe. Apenas tres años después, en 2011, la cifra había llegado a unos 400 mil usuarios y actualmente el sitio suma más de dos millones 800 mil perfiles en el país, tomando en cuenta a usuarios desde los 13 hasta los 65 años.

De esos, al menos “un millón 400 mil” son de Managua, sostiene Alberto Cuartero, cofundador de la empresa consultora Cuartero-Agurcia. Estos datos, dice, son facilitados por el propio Facebook cuando segmenta a los usuarios por país para mostrar el alcance que puede tener el contenido promocionado a través de pago.

Según Cuartero, se estima que en Nicaragua Twitter puede tener unos 275 mil perfiles, aunque con otra ubicación “seguro hay unos 100 mil más”. Es decir, alrededor de 375 mil cuentas de nicaragüenses. “Pero no son números oficiales”, aclara. Son cálculos que él puede sacar de su experiencia, informes de análisis de redes sociales y su trabajo con cuentas personales y de empresas.

La información oficial tendría que ser facilitada por la Cámara Nicaragüense de Internet y Telecomunicaciones (Canitel), “pero no necesariamente la comparte”, lamenta Manuel Díaz, creador del sitio Bacanalnica. La escasez de información pública ha hecho que Facebook se convierta en “el censo no oficial de la cantidad de usuarios conectados a internet en Nicaragua”.

Sin embargo, Facebook no es un indicador muy confiable. Al fin y al cabo, hay muchas cuentas echadas al olvido y también cuentas falsas y personas que tienen más de un perfil.

Tampoco puede tomársele como el indicador definitivo del comportamiento y las preferencias de las personas en la vida real, porque simplemente hay demasiados factores en juego, señala Díaz. Primero, las redes sociales son plataformas con un dueño y Facebook decide qué quiere que se publique en su sitio. Puede que un día, por ejemplo, quiera mostrar solo información positiva y sin querer “se convierta en un vehículo de propaganda” de las campañas optimistas del gobierno de Daniel Ortega.

Por otro lado, agrega el experto, en el actual contexto de Nicaragua existen dos extremos: las personas que hacen “un esfuerzo por ser una especie de megáfono y terminan dando una versión exagerada de la realidad” y las que son “extremadamente discretas y no comparten nada y por lo tanto no conocés su realidad”.

A eso hay que sumar que cada usuario crea su propio ecosistema en Facebook, con sus amigos, su familia y la gente que conoce. “Hay tantos factores funcionando que es imposible que esa sea la realidad de Nicaragua”, sostiene Díaz.

Ahora, “Twitter es otra historia”, dice. Es mucho más útil porque te da información de último minuto, con menos filtros que los usados por Facebook. “Es un termómetro mucho más preciso”, pero igual sigue siendo solo un indicador. Uno importante, pero no el único.

Díaz está convencido de que durante los primeros meses de las protestas ciudadanas el canal de comunicación más importante fue WhatsApp, porque es privado y a diferencia de las redes sociales no hay una tercera persona decidiendo qué información verá el usuario.

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El día que mataron a Marcelo Mayorga, Masaya despertó con el fuerte rumor de que la Policía y los paramilitares iban a entrar a la ciudad para quitar los tranques que los ciudadanos habían instalado y “rescatar” al comisionado Ramón Avellán, atrapado en el cuartel policial. Quienes no participaban directamente en la protesta se encerraron en sus casas, esperando el inminente ataque armado del orteguismo.

Marcelo Mayorga cayó en una calle de Masaya. Llevaba una tiradora y una mochila con chibolas.

Ese 19 de junio seis personas murieron en Masaya. Mayorga fue la tercera. Hacia el mediodía cayó de bruces sobre el pavimento de una calle, cuando un balazo le perforó la cabeza. Tenía una resortera en la mano izquierda y una mochila llena de chibolas sobre la espalda. Su esposa, Auxiliadora Cardoze, llegó llorando a retirar su cuerpo y alguien la grabó en video cuando pedía a gritos: “¡Ayúdenme!”

Ese video se viralizó casi simultáneamente e incluso los vecinos y la familia de Mayorga se enteraron de su muerte a través de las redes sociales, afirma una habitante de Masaya a quien llamaremos María González, pues solicitó se omitiera su nombre. Ella se dio cuenta de lo que había ocurrido cuando vio las imágenes en Facebook y reconoció a “la Chilito” llorando junto al cuerpo de Marcelo.

María no le quiso dar la noticia a su madre, que a esa hora se encontraba rezando en su habitación; pero la señora también miró el video, porque a ella alguien se lo mandó por WhatsApp.

En las redes estaba todo. Y ese nuevo papel de las plataformas que antes se usaban primordialmente para compartir memes, música y estados de ánimo, fue estudiado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes conformado para Nicaragua. En su informe final el GIEI destacó que a partir de abril de 2018 las redes sociales funcionaron como “medio de comunicación adicional o alterno para informar a la sociedad sobre lo que estaba sucediendo durante las diversas manifestaciones”.

Además de eso, las redes sociales permitieron “dar visibilidad internacional a los hechos”, expresar el descontento social y “difundir información sobre las convocatorias a las marchas, la represión, la inseguridad y la presencia de grupos de choque y grupos armados”.

Por otra parte, dice el informe, a través de las redes las personas que asistían a las marchas pudieron “compartir imágenes del desarrollo de las mismas, en muchas ocasiones solicitando auxilio”. E igual gracias a estas plataformas se identificó a las víctimas caídas en las manifestaciones y se compartieron textos, imágenes y videos que luego sirvieron “como prueba de quiénes provocaron la violencia”.

Las redes eran un hervidero. Miles de usuarios se cambiaron el nombre en sus perfiles y crearon nuevas cuentas para mantener a salvo su identidad y compartir información con mayor seguridad.

“Yo llevaba años trabajando en temas vinculados a la participación ciudadana, la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos. Buscaba métodos alternativos y entretenidos para motivar a la gente”, relata el activista Yaser Morazán. Pero fue a partir de abril que notó “un despertar” en las redes sociales. “La cantidad de seguidores aumentó a miles y decidí centrar mi atención en los contenidos y no tanto en las formas”, señala. “Hace un año brindé una charla para TEDx sobre el uso de las redes sociales para el cambio político. Ahora me atrevo a decir que ese es un asunto resuelto para el pueblo de Nicaragua”, sostiene Morazán. En abril de 2018 el activista tenía una comunidad digital de aproximadamente 10 mil contactos y seguidores, repartidos en dos cuentas de Facebook, Twitter, YouTube e Instagram. Ahora son ochenta mil.

Morazán no usa el mismo lenguaje ni el mismo tono en todas sus redes. La gente en Twitter es más crítica, dice. “Representan un grupo social con características socioeducativas diferentes al de Facebook”. En cambio, “en Facebook está la mayoría”. En esta, la más popular de las redes sociales, la gente es “más espontánea” y “representa más el sentido popular de interpretar las noticias y la vida misma”. A pesar de la alta viralidad de Twitter, “en Facebook mi forma de interactuar es más cuidadosa”, asegura el activista.

La tumba de Marcelo Mayorga.

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De cada cuatro minutos que pasamos en internet, uno se gasta o invierte en redes sociales, de acuerdo con Global Web Index. Y aunque en Nicaragua todavía hay camino que recorrer para que más personas tengan acceso a la web, es un hecho que las redes no son un espacio que se pueda menospreciar.

Si nos atenemos a las estadísticas brindadas por Facebook, “uno de cada tres nicaragüenses” tiene una cuenta en esa red social, señala Alberto Cuartero, de la consultora Cuartero-Agurcia, una empresa que ya lleva dos años realizando encuestas sobre el uso del internet en Nicaragua.
Las grandes convocatorias de 2018 se realizaron gracias a las redes, afirma. “No se necesitó perifoneo, ni mantas publicitarias, ni spots en las radios. Todo fue por las redes sociales, que no me digan que no sirven”, sostiene.

Los expertos creen que la experiencia de las protestas marcó un punto y aparte en la forma como los nicas utilizan las redes sociales. Quedó claro su gran alcance y el enorme poder que tiene en sus manos un ciudadano con celular e internet.

Para el activista Yaser Morazán es un fenómeno social que de ahora en adelante “buscará nuevas formas de manifestarse”, sin que la gente deje de registrar la información y denunciar los abusos del poder.

Al cabo las redes tampoco han dejado de reinventarse. Se han ajustado a la medida de las necesidades de su mercado y sin proponérselo se han convertido en herramientas elementales para la protesta ciudadana contra gobiernos democráticos y dictatoriales. Así pasamos del Hi5 al 18 de abril.

Mayo de 2018. Periodistas y ciudadanos en las afueras de la Dirección de Auxilio Judicial, adonde son llevados los detenidos y presos políticos. Las fotos se viralizaban luego en las redes sociales. FOTO/ ARCHIVO DE LA PRENSA/Uriel Molina

Lecciones de abril

Con la experiencia de las masivas protestas ciudadanas de 2018, los ciudadanos nicaragüenses aprendieron algunas lecciones sobre el uso de las redes sociales, dice Lissbeth Reyes Agurcia, especialista en marketing digital y consultora de la empresa Cuartero-Agurcia.

Uno de los aprendizajes más importantes es la confirmación de las noticias, señala. Durante las protestas, debido a las emociones del momento, las personas solían difundir toda la información que recibían, sin detener a analizar su procedencia. En muchos casos resultó ser información falsa que luego era utilizada por el discurso oficialista en un intento de restar legitimidad a las denuncias reales.

Aparte de aprender a verificar información, muchos nicas también filtraron sus propias redes sociales, dice Reyes Agurcia. Es decir, depuraron su lista de amigos y ahora son más selectivos al momento de aceptar nuevos contactos.

Por otro lado, agrega, la conversación en las plataformas digitales pasó de ser superficial a ser crítica. Se dejó de hablar de farándula para empezar a discutir sobre política. Afloró la parte social y el nacionalismo.

La historia del rey

El gigante de las redes sociales nació en la universidad de Harvard, Massachusetts, el 4 de febrero de 2004. Originalmente fue bautizado como The Facebook, un proyecto fundado por Mark Zuckerberg, entonces de 19 años, y sus compañeros de habitación.

De acuerdo con las biografías de Zuckerberg, el nombre de la que hoy es la red social más popular del mundo, fue inspirado por el directorio de alumnos que publicaba la preparatoria donde él estudió. La portada decía “The Photo Adress Book”, pero los estudiantes lo llamaban simplemente “The Facebook”.

La intención original fue crear una red que conectara a los alumnos de Harvard. Básicamente se podía agregar amigos para intercambiar fotos y mensajes y unirse a grupos; pero en dos semanas dos tercios de los estudiantes tenían una cuenta, para finales de febrero ya había 10 mil usuarios y para junio la red había llegado a más de cuarenta universidades estadounidenses y contaba con 150 mil suscripciones. Zuckerberg se fue de Harvard para dedicar su atención al proyecto.

Su uso continuó extendiéndose a gran velocidad y en 2006 Facebook ya era todo un fenómeno mundial. Para entonces tenía 64 millones de usuarios concentrados en países de habla inglesa pues la red solo estaba disponible en ese idioma. Fue hasta 2008, cuatro años después de su fundación, que se empezó a ofrecer en otros idiomas, entre ellos el francés, el alemán y el español.

Actualmente cuenta con más de dos mil millones de miembros y se encuentra disponible en más de cien idiomas. En el ranking de las redes y canales de comunicación más usados del planeta le siguen, en este orden, YouTube y WhatsApp, fundados en 2005 y 2009.

Mark Zuckerberg.

Las cifras de Canitel y Facebook

Hasta enero de 2018, las estadísticas de la Cámara Nicaragüense de Internet y Telecomunicaciones (Canitel) decían que el ciento por ciento de la población de Nicaragua está cubierta por redes de internet móvil 3G. Sin embargo, eso no significa que todos esos nicaragüenses están conectados a la web. Hasta enero de 2017, el porcentaje de acceso era de 19 por ciento. Es decir, que en Nicaragua solo dos de cada diez personas lograban tener acceso a internet, pese a la amplitud de la cobertura.

También en enero de 2018 Canitel tenía registrados 2.9 millones de teléfonos inteligentes y 2.1 millones de conexiones a internet, además de 212 mil conexiones de banda ancha o conexiones fijas, un número que habría que multiplicar por un promedio de cinco personas viviendo en cada hogar. Según la cámara, en materia de banda ancha en Nicaragua existe una cobertura del 92 por ciento de los municipios.

Hasta enero quedaban sin cubrir: Desembocadura del Río Grande, El Tortuguero, La Cruz de Río Grande, Mulukukú, Murra, Paiwas, Prinzapolka, San Juan de Nicaragua, Santa María, Santa Rosa del Peñón y Waspam.

Facebook lleva su propio registro de sus usuarios en Nicaragua. Hasta el primero de enero, la popular red social tenía registrados dos millones 800 mil usuarios en todo el país, desde los 13 hasta los 65 años de edad, y eran dos millones 500 mil usuarios de 18 a 65 años. En Managua se concentraban un millón 400 mil y un millón 300 mil, respectivamente.

Para los expertos, los números de esta plataforma son un censo no oficial del porcentaje de conexión a internet en Nicaragua, pues casi toda persona que tiene acceso a la web también tiene un perfil en Facebook. Sin embargo, es solo un indicador.

Las redes y el gobierno

El régimen de Daniel Ortega intentó competir por las calles y también por las redes sociales. Perdió en ambos espacios, a pesar de contar con los recursos del Estado. FOTO/ ARCHIVO

Durante su trabajo de campo en Nicaragua, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) encargó un análisis de la actividad en las redes sociales para determinar qué tan deliberadamente había influido su comportamiento en el desarrollo de las protestas ciudadanas. Querían saber si hubo o no intentos de desinformar y qué impacto habrían tenido esos intentos en los acontecimientos.

Luego de que se estudió la actividad registrada en Facebook, Twitter y YouTube, los expertos llegaron a la conclusión de que las manifestaciones “no hacían parte de un movimiento que propiciaba un golpe de Estado planificado”, pues no se encontró en estas redes sociales ningún “movimiento anormal” ni antes, ni durante, ni después del periodo que cubre el informe: del 18 de abril al 30 de mayo de 2018. Para esto se analizaron más de tres millones de tuits, publicados entre el 6 de marzo y el 10 de junio.

El GIEI también confirmó que hubo una lucha por las redes sociales. “Aunque diversos grupos intentaron dirigir la comunicación en favor y en contra del Gobierno de Nicaragua, estos intentos no tuvieron éxito ni influyeron en las interacciones, puesto que la gran mayoría de las personas pudo expresar su punto de vista y compartir los diversos sucesos que han vivido”, determinaron los expertos.

Para Manuel Díaz, especialista en marketing digital y fundador de Bacanalnica, las campañas del gobierno de Daniel Ortega en redes sociales “no tienen importancia”. Ninguna. Según él, debido a que sus simpatizantes son minoría en la web, el régimen no ha podido competir en el campo de los hashtags, con frases como “Nicaragua quiere paz” y “No pudieron ni podrán”.

Debido a eso, señala Díaz, el orteguismo ha adoptado la estrategia de atacar cuentas claves. Como la de monseñor Silvio Báez y la del periodista Miguel Mora, por ejemplo. “Es fácil, con 100 o 200 chavalos todo el día, atacando solo a esa cuenta”, sostiene. Cuando encuentran a un usuario de interés que no los bloquea, llegan “a un lugar donde ganarse los centavos y ahí sí entran con mucha fuerza”.

Para Díaz, esa estrategia ha contribuido a que en algunas cuentas anteriormente muy activas hayan disminuido su frecuencia de publicación.

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