El final de los padres de Rosario Murillo

Reportaje - 15.07.2019
pl_1_original-98

Ella era sobrina de Sandino. Él era un rico algodonero. Ella murió en un accidente. Él murió de pena moral porque su hija y su yerno, en nombre de la revolución, le arrebataron su más preciada propiedad

Por Eduardo Cruz

Teódulo Murillo Molina, el padre de Rosario Murillo, era un hombre con carácter fuerte y explosivo. Quien más lo sufría era su esposa, Zoilamérica Zambrana Sandino, sobrina del general Augusto C. Sandino. A Murillo le enojaba rápido que le llevaran la contraria y por esa causa con frecuencia ofendía a Zambrana.

“Las razones para discutir a veces no eran más que un mal genio expresado en terquedad y que en cuestión de segundos se convertía en un arrebato de furia”, dice un familiar.

Para la época en que estuvieron casados, entre los años cincuenta y los sesenta, Murillo tenía “amigos de tragos” con los que se iba después de una pelea con su esposa y casi siempre regresaba llevándole una serenata con la canción Perdón. “Perdón vida de mi vida, perdón si es que te he faltado, perdón cariñito amado, ángel adorado, dame tu perdón”, decía el inicio de la música.

La relación matrimonial llegó a su fin el 12 de octubre de 1973, cuando Zambrana murió en un accidente de tránsito y Murillo quedó en depresión. Pero casi 23 años después, el 21 de febrero de 1996, el día en que murió Murillo, fue a él a quien le cantaron esa misma canción, con mariachis, cuando ya estaba en el ataúd.

Quien le mandó a poner esa serenata fue su hija primogénita, Rosario María Murillo Zambrana, a quien en vida siempre dijo que fue la que más amó de las cuatro que procreó con Zambrana. Era también la hija que le causó grandes dolores en el alma.

Cuando murió, Murillo tenía una relación cordial con su hija Rosario, pero estaba tan resentido con ella que dos años antes de morir, el 11 de abril de 1994, cambió el testamento que había hecho en 1991 y la dejó sin herencia.
Entre varias causas, el principal enojo de Murillo contra su amada hija fue que le dio todo, la amó, la mandó a estudiar al extranjero, le cuidó a sus tres primeros hijos y, cuando triunfó la revolución sandinista, ella y su marido, Daniel Ortega, aprovechando que estaban en el poder le arrebataron una propiedad que Murillo amaba: El Trapiche.

Rosario Murillo, consciente de que su comportamiento siempre había sido el de una hija rebelde, se sentó en la vela de su padre a recibir condolencias junto a Ortega y, como hacía su padre cada vez que ofendía a Zambrana, le puso una serenata con la canción Perdón.

Teódulo Murillo y Zoilamérica Zambrana Sandino. Foto/ Cortesía

***

La historia de amor entre Teódulo Murillo y Zoilamérica Zambrana Sandino empezó mucho antes de que ellos se conocieran, a finales de los años cuarenta, cuando el primer esposo de ella, Alfonso Valerio, la dejó sola en Niquinohomo porque enfermó de tuberculosis y tuvo que permanecer casi tres años en Costa Rica, donde se encontraba un grupo de médicos norteamericanos especialistas en esa enfermedad.

Zambrana era hija de Orlando Zambrana Báez, masatepino, y de Zoilamérica Sandino Tiffer, hermana del general Augusto C. Sandino, quien murió en 1925, cuando daba a luz precisamente a Zoilamérica Zambrana.

Con el asesinato de Sandino, el padre del guerrillero, Gregorio Sandino, y su esposa América Tiffer, abuelos maternos de Zambrana, tuvieron que irse al exilio hacia El Salvador, adonde también llegaría la adolescente Zoilamérica Zambrana y en ese país ella estudió perito mercantil.

En la portada del diario La Noticia, en su edición del viernes 11 de diciembre de 1942, aparece una imagen de Zambrana junto a la cual se anuncia su regreso a Nicaragua. Inmediatamente, en la casa de Gregorio Sandino, donde hoy está la Casa Museo en Niquinohomo, ella puso una escuela de taquimecanografía.

La publicación de La Noticia anunciando el regreso de Zoilamérica Zambrana a Nicaragua el 11 de diciembre de 1942.
FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Ulises Franco Calderón, un músico niquinohomeño que hoy vive en Masatepe y que ronda los 88 años de edad en la actualidad, era un niño en ese tiempo y recuerda que en esa escuela de Zambrana él cursaba taquigrafía y su hermano Jaime mecanografía. La maestra era la misma Zambrana y la mensualidad costaba 80 centavos de córdoba.

Al poco tiempo, Zoilamérica Zambrana se casó con el masatepino Alfonso Valerio. “(Valerio) era un chelote, parecía italiano”, dice Calderón Franco, quien también describe a Zoilamérica como una mujer inteligente, hermosa, con grandes piernas, bonita, especialmente después que regresó de El Salvador.

Rosa Argentina Alvarado Sandino fue la niña que llevaba los anillos el día en que Zambrana se casó con Valerio, y de los nervios hasta los botó y rodaron por el suelo en plena boda. Alvarado se ríe al recordar la anécdota. Ella es hija de Asunción Sandino, la hermana menor de Zoilamérica Sandino y del general Sandino, por tanto, Zambrana era su prima.

Alvarado recuerda que tuvo suerte con los dos esposos que tuvo su prima, ya que Valerio la quiso mucho, como también lo hizo Teódulo Murillo tiempo después. A ambos los describe como hombres muy buenos.

Aún recién casados, Valerio enfermó y su familia lo envió a un hospital de Costa Rica, donde estuvo por tres años, asegura Ulises Calderón Franco, quien por ese entonces vivía cerca de la casa de Zoilamérica Zambrana, solo separados por un predio.

La ausencia de Valerio afectó negativamente la relación con Zambrana. Calderón recuerda que en aquellos tiempos se hablaba de la “separación de cuerpos”, que se daba cuando un matrimonio se separaba por tres años y ya no se respetaba el vínculo matrimonial.

Ulises Franco Calderón de niño era vecino de Zoilamérica Zambrana y aprendió taquigrafía con ella. FOTO/ EDUARDO CRUZ

De acuerdo con Calderón, por ese entonces llegó a Niquinohomo el diputado de Masaya, Manuel F. Zurita, acompañado de un amigo de nombre Teódulo Murillo y así Murillo conoció a Zambrana, estando Valerio en Costa Rica. La versión que brinda Rosa Argentina Alvarado es que Zambrana, ante la ausencia de su esposo, se fue a Managua a trabajar y en la capital fue que conoció a Murillo.

Hay una tercera versión, de que habría sido Celina Salvatierra quien habría presentado a Zambrana ante Murillo. Salvatierra era la hija de Sofonías Salvatierra, ministro de Agricultura del presidente Juan Bautista Sacasa, y quien tuvo una relación cercana con el general Augusto C. Sandino.

Murillo, originario de Chontales, era un algodonero y también dueño de ganado. El padre de Murillo, que también se llamaba Teódulo, en agosto de 1905 había adquirido una propiedad en Tipitapa de 91.86 manzanas de tierras, las cuales eran atravesadas por fuentes de aguas naturales y se le llamó El Trapiche.

El Trapiche, la propiedad de Teódulo Murillo, fue convertida por los sandinistas en los años ochenta en un balneario público, una parte, y la otra en un lujoso centro de diversión para la cúpula sandinista, especialmente para Daniel Ortega. FOTO/ ARCHIVO

Teódulo Murillo (padre) murió en 1937 y su hijo se hizo cargo de El Trapiche. Para ayudar con el sostén de su madre y sus siete hermanos, Murillo trabajó por 20 años sembrando algodón en El Trapiche. Amó esa propiedad. El periodista Eduardo Marenco, en un reportaje para LA PRENSA en 1999, cuenta que Murillo a diario producía 150 galones de leche y tenía como costumbre levantarse de madrugada a preparar la tierra fumando puro para espantar los mosquitos. Y siempre expresó que quería ser enterrado en El Trapiche.

El dominio de los Murillo en Tipitapa alcanzaba todos los balnearios de la zona y tierras consecutivas, desde los Cinco Tubos, El Trapichito y El Trapiche, los cuales Murillo compartía con sus hermanos Rodolfo y Salvador. En esa zona se sembraba algodón y de ahí provenía el capital de la familia. Al caer el mercado del algodón las tierras fueron usadas para sembrar plátanos y Murillo empezó a alquilar tierras y lotes.

Murillo se enamoró de Zambrana, a quien, de acuerdo con Ulises Calderón, solo la visitó unos pocos domingos, cuando llegaba a la casa de los Sandino en un carro. “Tres veces llegó (Murillo). Al tercero o cuarto viaje se llevó a la Zoilamérica a Managua”, recuerda Calderón Franco, quien también recapitula que cuando Alfonso Valerio regresó ya curado, al no hallar a Zambrana, se dedicó a la bebida.

***

Los Murillo Zambrana tuvieron cuatro retoños, todas mujeres: Rosario, Lourdes, Lorena y Violeta. Los “ojos de su cara” de Teódulo Murillo fue Rosario. Algunos familiares cercanos cuentan que Murillo decía que estaba orgulloso de su hija porque era inteligente. Inclusive, ya en los últimos años de su vida, junto a su última esposa, Margarita Simpson, ambos la llamaban “Rosarito”. La madrastra también la quiso mucho.

Algunos piensan que Rosario Murillo salió a su mamá, Zoilamérica Zambrana, de quien habría adquirido el gusto por la poesía. Y también por lo esotérico. Quienes la conocieron, dicen que Zambrana gustaba leerle las cartas a la gente. “Rosario era muy bonita, graciosa, gordita, tenía un lunar por aquí (se toca el rostro rápidamente). Desde pequeña le gustaba la poesía”, dijo hace pocos años Lastenia Zambrana, recientemente fallecida y quien era hermana de padre de Zoilamérica Zambrana y tía de Rosario.

Tanto fue el amor de Teódulo Murillo por su hija Rosario que, a pesar de tener mucho dinero, fue a la única hija que mandó a estudiar al extranjero. A los 11 años de edad, Rosario Murillo se fue a estudiar a Inglaterra y Suiza.
El problema fue que Rosario desde pequeña también fue motivo de aflicciones para sus padres, quienes consideraban que era “indómita”. En una ocasión, ella fue expulsada del colegio porque la encontraron fumando en los baños. Al volver de Europa, regresó aún más rebelde y Murillo y Zambrana se desesperaron más todavía.

Rosario Murillo en 1965, cuando llegó de Suiza a pasar vacaciones navideñas en Nicaragua. FOTO/ ARCHIVO

La situación agravó los conflictos entre el matrimonio, porque Murillo culpaba a Zambrana de la conducta de su hija mayor.

Por su parte, de acuerdo con fuentes cercanas a la familia, Rosario Murillo siempre se sintió juzgada por su madre. “La vio como a alguien que no la dejaba ser libre. Tomaba sus regaños como una actitud deliberada en su contra. Sentía que sus otras hermanas eran las buenas y decía que a ella la miraban como la oveja descarriada y por eso nunca pudo relacionarse con sus hermanas. Siempre las ha visto con sospecha, porque pensó que su madre influenció a todas las personas de la familia para que la juzgaran”, dice la fuente.

En la actualidad, Rosario Murillo no tiene relación con ninguna de sus hermanas, ni sobrinas. Tampoco los hijos de ella se relacionan con sus tías maternas ni primos.

Una de las circunstancias más difíciles para los padres de Rosario fue el embarazo de ella a los 16 años de edad. Fue cuando nació su hija Zoilamérica. Murillo y Zambrana consideraban que se había invertido en su educación en Suiza e Inglaterra y ese momento fue duro para ellos.

En cuatro años, Rosario tuvo tres hijos, el último tras casarse con el periodista Anuar Hassan.

Como vieron que su hija mayor no cambiaba, sus padres tomaron la decisión de hacerse cargo de los tres niños que su hija había tenido cuando todavía no había cumplido los 20 años de edad. Inclusive, fue Zambrana quien decidió los nombres de los niños, al menos los de Zoilamérica y Rafael, porque el tercero se llamó Anuar, como el papá.
Este tercer hijo de Rosario Murillo tuvo un final trágico, cuando murió luego que le cayera encima la casa de Teódulo Murillo durante el terremoto de diciembre de 1972.

Los padres de Rosario también la obligaron a “alejarse” de los niños para que su vida poco convencional no les afectara. Los abuelos convirtieron a Zoilamérica, a Rafael y a Anuar en motivo de alegría y se dedicaron a superar sus propias diferencias para crearles a los hijos de Rosario un mundo que supliera los vacíos que provocaba una madre con una edad que, según ellos, no le permitía hacerse cargo de los niños.

***

Zoilamérica Zambrana era una mujer muy alegre, sonriente, con muchas amigas con las cuales disfrutaba de largas conversaciones. Tenía una casa en el balneario El Tránsito, adonde le gustaba viajar con amigos y organizar estadías prolongadas.

El viernes 12 de octubre de 1973, ella iba al mar para despedir a una amiga que viajaba al extranjero cuando murió en un accidente de tránsito. Al día siguiente, en la portada de LA PRENSA salió la noticia, ya que su hija Rosario trabajaba en el diario como secretaria del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

En el kilómetro 38 y medio de la carretera a Masachapa, a las 12:30 del mediodía de ese 12 de octubre, Zambrana conducía un carro placas 108-05, cuando un camión, que circulaba hacia Managua, aventajó en una curva y chocó contra otro camión, en los que se transporta cemento. Este último camión se salió de la carretera pero se pasó llevando el carro de Zambrana y posteriormente, a un lado de la vía, le cayó encima.

El carro quedó destrozado y Zambrana murió instantáneamente. Los niños, Zoilamérica y Rafael, iban en el vehículo, pero quien sufrió más golpes fue Rafael, en la cabeza.

En esta foto se aprecia al camión que cayó encima del carro que conducía Zoilamérica Zambrana el día en que murió, el 12 de octubre de 1973. FOTO/ ARCHIVO
Así quedó el carro que manejaba Zoilamérica Zambrana. Ahí también viajaban sus nietos Zoilamérica y Rafael y Sara Hassan Morales. FOTO/ ARCHIVO

Las familias Sandino y Zambrana, de Niquinohomo, llegaron a la vela. Lastenia Zambrana, hermana de la fallecida, recuerda que tenía mucho tiempo sin ver a su sobrina Rosario, porque había estado estudiando en Europa. “Vino muy distinta (de Europa). Andaba con una camisa como de manta, como se vestía en esa época, y con un pantalón blue jeans”, contó Lastenia a LA PRENSA en 2013.

Tras la muerte de su esposa, Teódulo Murillo dio muestras de tener un sufrimiento severo. Incluso se despojó de una de sus joyas más caras, un crucifijo de oro puro, para que Zambrana fuese enterrada con la prenda.

Lastenia Zambrana de Valerio, ya fallecida, era tía materna de Rosario Murillo. FOTO/ ARCHIVO

Los familiares de Murillo recuerdan que él vivió con mucha culpa por la mala vida que le había dado a Zambrana. Cuando se tomaba sus tragos es cuando más exhibía su pena. “Decidió dedicarse a Zoilamérica y a Rafael como una forma de cumplir con su esposa fallecida en su dedicación a sus nietos, los hijos de Rosario”, dice un familiar.

Fue tanta la depresión en la que cayó Murillo, que solo salía tres días a la semana, cuando llevaba a su casa a los hijos de Rosario. “Al morir su esposa, él tuvo temor por la capacidad de Rosario de cuidar a sus propios hijos. Por eso tejió la rutina de hacerse cargo de ellos tres días a la semana”, explica el mismo familiar.

Para esa época, y como había perdido su anterior casa con el terremoto de 1972, Teódulo Murillo vivía en Ciudad Jardín, en la casa E-34, y se encontraba construyendo otra casa en Planes de Altamira, que fue en la que finalmente falleció en 1996. Zambrana logró visitar el lote y vio algunas etapas de la construcción de la casa, pero no la vio finalizada.

Rosa Argentina Alvarado, prima de Zoilamérica Zambrana Sandino y tía de Rosario Murillo. Vive actualmente en Niquinohomo. FOTO/ EDUARDO CRUZ

***

Teódulo Murillo se volvió a casar siete años después de la muerte de Zambrana. En 1980 contrajo nupcias con Margarita Simpson. Eran dos viudos, ella de unos 60 años de edad y él mayor casi 10 años, que jalaron dos años a su manera, a la antigua. Él le llegaba a hacer la visita como un novio.

No tuvieron hijos pero —dicen fuentes cercanas a Simpson—, fueron muy felices juntos, unidos. Simpson lo atendió siempre a él hasta su muerte.

Murillo y Simpson tuvieron una relación estable, aunque sin faltar los mismos arrebatos de enojo y agresividad que había experimentado con Zambrana, agravados por la amargura de todo lo que le tocó vivir durante la revolución.

De acuerdo con familiares de Murillo, antes de casarse con Simpson, él era cortejado por varias señoras y disfrutaba cuando se le mencionaba algún paseo con ellas. Sin embargo, no prestaba atención seria a ninguna por el temor a tener que compartir su dinero. “Él decía guardar la plata para heredar. Heredar era para él un legado muy importante”, dice un familiar.

Teódulo Murillo junto a su segunda esposa, Margarita Simpson. FOTO/ CORTESÍA

Fue a Margarita Simpson a quien le correspondió acompañar a Murillo en uno de los momentos más difíciles para él, cuando, tras subir al poder los sandinistas, es decir, también su yerno, Daniel Ortega Saavedra, unido con Rosario Murillo, el gobierno de los años ochenta le arrebató la propiedad que tanto amaba: El Trapiche.

Cuando ya estaban bien instalados los sandinistas, un día se le acercó a Murillo el mandador de su hacienda, Julio Castillo. Según publicó en LA PRENSA el periodista Eduardo Marenco, Castillo le dijo: “Rosario lo quiere sacar de la propiedad”.

Aunque después lo negó el entonces director del Instituto Nacional de Turismo (Inturismo), Herty Lewites, a Murillo lo obligaron a firmar un contrato de arrendamiento con Inturismo por 400 dólares mensuales y el gobierno sandinista sería el administrador de El Trapiche. Además, obligaron a Murillo a aceptar que, si él o sus herederos querían recuperar la propiedad, antes debían de pagar todas las inversiones o mejoras que los sandinistas le hicieran a la propiedad. Si Murillo no aceptaba, el inmueble sería declarado de utilidad pública.

Casamiento de Teódulo Murillo con Margarita Simpson. Observa Rosario Murillo. FOTO/ ARCHIVO

En El Trapiche, según Marenco, los sandinistas construyeron dos casas de protocolo y dos pozas, más una pista para correr que era utilizada por Daniel Ortega, quien habría dado la orden para que se realizara el despojo a su suegro, con la venia de Murillo, quien se enfrentó a su padre y le dijo que ella administraría el lugar.

También había en El Trapiche una presa de más o menos 1,500 metros de largo, edificaciones destinadas a servicios de alimentación, bebidas y diversión, con parqueos incluidos. Además, una bodega y otros edificios.

A Teódulo Murillo esa situación lo fue afectando a tal punto que pensó en el suicidio, pero decía que no lo hacía porque “no tenía el valor de matarse”. La estocada final llegó cuando una vez Murillo quiso ingresar a El Trapiche y unos guardas no lo dejaron entrar a la propiedad, la misma que fue herencia de su padre y que a él le había costado tanto mantener bien administrada.

Murillo, indican familiares, no se negó a alquilarle a Daniel Ortega la finca, solo le pidió que lo dejaran ingresar esporádicamente. Él tenía apego emocional a esa tierra, pero lo engañaron. Al inicio le dijeron que sí le permitirían la entrada y luego nunca lo hicieron.

Algunos sábados, Murillo se iba a parquear en la entrada de El Trapiche y recibía insultos. Lloraba frente al portón.

A los amigos les decía: “¿Vos creés que es fácil para mí lo que esta mujer (Rosario) me ha hecho? Es la hija que más he querido y en la que más he gastado”.

Familiares de Murillo explican que él no solamente le había dado lo mejor a Rosario Murillo, hasta estudios en el extranjero, sino que también le había apoyado con la crianza y manutención de sus tres primeros hijos y la sostuvo económicamente cuando ella se fue al exilio por la lucha contra Somoza.

“Ella (Rosario) le reclamaba a su padre dinero con insultos y justificaba la negativa de él a razones políticas. Decía que su padre era un burgués. Llegó a insultarlo y a hacerle escándalos en su casa por eso”, dice una fuente familiar.

Luego de que le quitaron El Trapiche, Rosario Murillo también dejó de visitarlo y él solo le mandaba mensajes con su nieta Zoilamérica, de que se acordara de él, pero ella únicamente mandaba emisarios con paquetes “AFA”, es decir, arroz, frijoles y azúcar, que también contenían pastas dentales, jabón y otros pocos productos de la canasta básica.

A Margarita Simpson no solo le tocó acompañar el sufrimiento de Murillo por el maltrato de su hija, sino que también personalmente llamaba a la oficina de Rosario o Daniel para suplicar atenciones para su esposo o pedir apoyo económico. Entonces, la asistente doméstica de los Ortega Murillo era enviada al supermercado o a sacar cosas de la bodega de alimentos para enviar comida a Murillo.

Al final, cuando los sandinistas perdieron el poder en 1990, poco después el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro le regresó El Trapiche a Teódulo Murillo, pero para él el dolor permaneció hasta su muerte.

Boda de Rosario Murillo con Annuar Hassan. Acompañan los padres de ella y el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. FOTO/ ARCHIVO

***

Teódulo Murillo no murió de una enfermedad específica, sino que poco a poco sufrió un deterioro severo en su salud debido a la depresión. Desde antes de que falleciera su primera esposa, y de que le arrebataran El Trapiche, ante sus arrebatos de ira y agresividad recibió atención psiquiátrica. Seguía un tratamiento para atender sus escaladas de agresividad. Era un tratamiento muy serio. En aquella época se trataba con choques eléctricos.

Tras fallecer Zoilamérica Zambrana, continuó siendo tratado y medicado, pero se le agravaron los síntomas con una depresión severa que solo era manejada con altas dosis de fármacos psiquiátricos. Lloraba en voz alta y a veces pedía la muerte, explican quienes le sobreviven.

El 25 de abril de 1991, Murillo hizo su testamento. En el mismo estaba incluida Rosario Murillo. Pero el 11 de abril de 1994 lo cambió. En esta última versión ya no aparecía su hija mayor. La desheredó.

En lugar de Rosario, en el testamento final de Teódulo Murillo aparecía su nieta Zoilamérica. Y también borró del mismo a su nieto Rafael, porque decía que este último era muy fiel a la familia Ortega Murillo.

Las razones para desheredar a Rosario las explica un familiar así: “Porque sintió traicionado el profundo amor que un día le dio a ella. Sabía que ella lo viviría como una humillación que no soportaría y así fue. Destruyó la propiedad antes de entregarla a sus hermanas”.

A pesar de que Murillo quería borrar de su corazón a su hija mayor, nunca lo logró. Murió amando a su hija, afirman sus parientes.

Un miembro de la familia Simpson señala que no son ciertas todas las cosas que se dicen entre la mala relación que hubo entre Murillo y su hija Rosario, sino que en los últimos años ella siempre lo llegó a ver a él. Fueron muchas las veces que ella lo invitó a él a su casa, en El Carmen, pero él era de poco salir y habrá llegado a esa residencia una o dos veces solamente. Tal vez tres, pero no fueron muchas.

“Ella (Rosario) siempre lo trató, lo llegaba a ver, pero sí es verdad que él estaba resentido. Y él era un hombre trabajador, de su casa, de familia, de pocos amigos. Adoraba a sus nietos, a Zoilamérica y a Rafael, a los otros (hijos de Daniel) no los trató mucho”, dice la fuente familiar.

A pesar de que los Murillo tienen una bóveda en el Cementerio General de Managua, Teódulo Murillo fue sepultado en el mausoleo de la familia de su última esposa. La canción “Perdón” lo acompañó hasta su lecho de muerte, cuando una hija arrepentida se la dedicó con mariachis en la vela.

Rosario Murillo y Daniel Ortega no tuvieron buena relación con Teódulo Murillo en los años ochenta. En 1996, cuando murió Murillo,la actual pareja presidencia llegó a la vela. Rosario Murillo tenía como cinco años sin verlo. FOTO/ ARCHIVO

Daniel Ortega y su suegro

Teódulo Murillo conoció a Daniel Ortega en Costa Rica antes del triunfo de la revolución sandinista. En ese momento no supo realmente quién era. Lo conoció por casualidad en un viaje que hizo Murillo a San José a visitar a sus nietos.

Luego del triunfo de la revolución sandinista, Daniel Ortega se hospedó en la casa de Murillo mientras la Junta de Gobierno se instaló en el Camino Real. Él no se sentía bien en ese hotel. Luego, Ortega y Murillo solo se vieron unas tres o cuatro veces en eventos familiares. Una de ellas fue la boda de Murillo con Simpson. Ortega solo cumplió formalidades.

Daniel Ortega nunca le dio la cara a Murillo, quien lo culpó de haber ayudado a su hija a despojarlo en nombre de una revolución que solo sirvió de justificación para que su hija continuara siendo como fue de niña y adolescente: la hija que siempre lo desafío y lo retó. Su mayor decepción.

En esta imagen, Teódulo Murillo carga a su nieta Zoilamérica Narváez. Sentada, abajo de él, está su esposa Zoilamérica Zambrana, y a su izquierda Rosario y su segundo esposo, Annuar Hassan. FOTO/ CORTESÍA

Primero, la caja fuerte

Teódulo Murillo heredó de su padre, del mismo nombre, tierras en la zona de Tipitapa y allí sembró algodón.
En 1972, Murillo solo tenía la casa en la que habitaba al momento del terremoto, cerca de la sorbetería La Hormiga de Oro. Pero tenía fuertes sumas de dinero en cuentas bancarias y también en joyas que utilizaba, como relojes Rolex, leontinas, crucifijos y cadenas que le gustaba exhibir porque tenían grabadas sus iniciales y eran heredadas de sus padres.

Era un hombre desconfiado en el manejo de su plata, bastante tacaño podría decirse, y por eso tenía gran parte de dinero en efectivo en una caja fuerte en su propia habitación. Al momento del terremoto él insistió en que, antes que a él, sacaran su caja fuerte.

Después del terremoto, en Tipitapa, Murillo lotificó un reparto llamado San Rafael y alquiló a familias humildes los mismos. Él personalmente recibía los pagos y daba recibos. Hasta su casa de Planes de Altamira llegaban personas a pagarle. Cuando no llegaban con el pago completo se portaba cruel.

Las familias pagaban mensualidades de alquiler de manera indefinida y por eso, al llegar el gobierno sandinista al poder, declararon todos los terrenos de “utilidad pública” y los sandinistas entregaron las tierras legalmente a quienes le habían pagado por años a Murillo.

Las mayores pérdidas económicas para Murillo fueron las provocadas por las políticas de la revolución sandinista: perdió todos los terrenos y le fue ocupado El Trapiche para ser convertido en balneario público y la otra parte de la propiedad fue forzado a alquilársela a Inturismo para uso personal y privado de Daniel Ortega. Ante los reclamos de Murillo, y al declararse totalmente en quiebra, obtuvo la compasión de Herty Lewites y este último le pagaba una mensualidad simbólica que se convirtió en el único ingreso de Murillo, en concepto de alquiler de El Trapiche privado, finca usada por Daniel Ortega.

Al morir solo contaba con una reserva económica bancaria que había evitado usar para dejar herencia a sus hijas.

Sección
Reportaje