El FSLN y el fatal secuestro del vuelo 419 de Lanica

Reportaje - 09.03.2020
La Nica

Tres miembros del FSLN, con dos pistolas y una navaja, secuestran un avión BAC-111 de Lanica en 1971. Todo termina con dos de ellos presos, uno muerto, la nave destruida y el hijo de un ministro de Somoza baleado

Por Eduardo Cruz

Era ya el tercer secuestro en menos de dos años de un avión de Lanica, la línea aérea de los Somoza, a manos de miembros del Frente Sandinista (FSLN). Y era la segunda vez que era violentado el mismo avión, un BAC-111, el preferido de Anastasio Somoza Debayle.

Y el motivo del secuestro del avión era el mismo de casi todos: liberar rehenes del FSLN que estaban en las cárceles somocistas de La Aviación y La Modelo. Entre esos estaba José Daniel Ortega Saavedra, quien para ese entonces ya era uno de los jefes guerrilleros sandinistas. Y también jefeaba entre los presos.

Cinco minutos tenía el vuelo 419 de haber despegado del aeropuerto de Ilopango, en El Salvador, con destino a Managua, aquel mediodía del 12 de diciembre de 1971, cuando tres hombres se levantaron y dijeron a los 46 pasajeros que el avión estaba secuestrado por el FSLN. Uno de los secuestradores se metió a la cabina de mando y ordenó al piloto que dirigiera la nave a Cuba.

Así inició este poco conocido operativo del FSLN que terminó en tragedia. Por falta de combustible, el avión fue dirigido a San José, Costa Rica, donde uno de los asaltantes murió y los otros dos fueron detenidos, tras mantener de rehenes unas tres horas a los pasajeros y propinarle tres balazos a uno de ellos, al hijo de 18 años de edad de uno de los ministros de Somoza, el de Agricultura, Alfonso Lovo Cordero, cuyo vástago se llama igual.

Gustavo Villanueva, uno de los secuestradores del aviòn de Lanica en 1971, hoy es opositor a Daniel Ortega. FOTO/ CORTESÍA

La Revista Magazine logró hablar con dos de los protagonistas del hecho para recrearlo. Uno, el hijo de Lovo Cordero, Alfonso Lovo Blandón, quien logró sobrevivir y siguió su pasión de ser músico. Y con Gustavo José Villanueva Valdez, uno de los secuestradores, hoy convertido en férreo opositor a Daniel Ortega, a quien en junio de 2013, cuando ocurrió lo de OcupaInss, le escribió una carta que inicia así:

“Don Daniel Ortega y Saavedra: Protestar cívicamente no es delito. Delito político es subvertir de forma armada el orden establecido. Así como lo hacíamos contra Somoza. Cuando pintábamos paredes, se asaltaban bancos, desviábamos aviones, luchábamos en la montaña, conspirábamos desde la cárcel, sufrimos persecución, exilio, cárcel. Nuestras madres sufrían, eran avergonzadas, registradas de forma vergonzosa, lloraban y sufrían en lo más hondo de su alma, cuando usted estaba en las cárceles de La Modelo y yo en la cárcel de La Aviación. De ingrato y nefasto recuerdo. ¿Se acuerda?”

Alfonso Lovo Blandón con su esposa. FOTO/ CORTESÍA

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Claudio Lovo Blandón era en 1971 un joven a quien le gustaba comunicarse por radio con personas que estaban fuera de Nicaragua. Pero en la mañana del 12 de diciembre de ese año tuvo que suspender su afición porque ese día llegaba su hermano mayor Alfonso, procedente de Miami, donde estudiaba enviado por su padre, el ministro de Agricultura, Alfonso Lovo Cordero.

El avión nunca llegó al Aeropuerto Las Mercedes de Managua. Dejando a sus padres en el aeropuerto, Claudio se regresó a su casa porque tenía una cita por radio con su novia Margarita Schnnegans, quien estaba en Lake Taho (Sierra Nevada, Estados Unidos).

De pronto entró una llamada muy extraña. “Break, break. YN1LC... Tenemos una llamada urgente de San José, Costa Rica. Favor encontrarnos en la banda de 40m (banda de radioaficionados que está abierta prácticamente las 24 horas del día aunque con distinta propagación). Que hay una emergencia”.

Alfonso Lovo Blandón, a la derecha, con gafas y una guitarra, siempre fue aficionado a la música. FOTO/ CORTESÍA

Claudio acudió a la cita, pero se encontró con una voz que le decía que su hermano Alfonso había sido baleado en un secuestro aéreo en San José. Inmediatamente llamó al teléfono VIP de Lanica y simuló calma al hablar con su madre Tere Blandón. Su madre le negó el hecho y él, aliviado porque se lo decía ella, comenzó a informar por radio que era falsa la información.

De nuevo el “Break, break. Este es TI2NS, emergencia, emergencia...”. Y una voz le confirmó que Alfonso se encontraba herido en un hospital de San José.

La madre de Claudio ya no se lo pudo negar.

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Alfonso Noel Lovo Blandón, un joven apasionado por la música, había salido de Miami, Florida, en el vuelo 419 de Lanica a las 9:00 de la mañana de ese 12 de diciembre de 1971. El avión bajó pasajeros y subió otros en El Salvador, donde abordaron la aeronave tres jóvenes que resultarían nefastos para el destino del vuelo.

Con el primero de ellos, aunque Lovo Blandón no se percató inmediatamente, había estudiado en los colegios Calasanz y Centro América. Se trataba de Raúl Ignacio Arana Irías, nacido el 31 de octubre de 1949 en Masaya, y era hijo del periodista Raúl Arana Selva.

Arana era también cuñado de Doris Tijerino, militante del FSLN. Y, aunque Arana no era militante activo de ese grupo, sí mantenía vínculos indirectos con ellos.

El segundo era un joven que se inició en la vida política activa con los sucesos del 22 de enero de 1967. Para esa época, Gustavo José Villanueva Valdez, nacido el 9 de octubre de 1950, ya era miembro de Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN).

Los secuestradores provocaron fuego dentro del avión de Lanica cuando se vieron perdidos y que no podrían ir a Cuba. Los bomberos trataron de apagar el fuego, pero este acabó con todo lo que no era de metal. FOTO/ CORTESÍA/ LA NACIÓN DE COSTA RICA

Luego, Villanueva se integró al FSLN y fue entrenado en guerrilla urbana por Julio Buitrago, Carlos Fonseca y Ricardo Morales Avilés. Participó en varias protestas contra Somoza.

El tercero era el clave. Se llamaba Leonel Mena Balladares y era el jefe. Había participado en Juventud Patriótica Nicaragüense y era el compañero de celda de Ajax Delgado cuando ambos se fugaron de las celdas de La Aviación, en septiembre de 1960. A Delgado lo mataron en el acto y a Mena le propinaron un balazo en la cadera que lo dejó renco.

Mena había tenido comunicación con Daniel Ortega, quien se encontraba preso en La Modelo desde 1967, y a quien le planteó la posibilidad de secuestrar un avión para exigir la liberación de los presos del FSLN que estaban en La Modelo y en La Aviación.

Ortega aceptó el operativo con la salvedad de que el FSLN estaba en un “período de acumulación de fuerzas”, explica ahora Villanueva.

En los primeros días de diciembre de 1971, Arana, Mena y Villanueva llegaron a El Salvador para desde ahí abordar el avión que sería secuestrado, el BAC-111-419 AN-BBI, de Lanica, la empresa de los Somoza. De hecho, ese avión, valorado en cinco millones de dólares, era el favorito del dictador Anastasio Somoza Debayle, según recuerda Villanueva.

Era el mismo en el que llegaba a pasar vacaciones en Nicaragua Alfonso Lovo Blandón, quien estudiaba en Estados Unidos.

Su padre, Alfonso Lovo Cordero, era hijo de dos nicaragüenses que tuvieron que huir a Honduras en tiempos de la guerra de Sandino, donde nació y por eso era también hondureño. Aunque estudió Derecho, se hizo importador de tractores, se afilió al Partido Liberal Nacionalista (PLN) y en 1967 Somoza Debayle lo nombró ministro de Agricultura en medio del auge del algodón.

En 1974, Lovo Cordero habría de ser parte de la junta de gobierno o triunvirato que formó junto con el general Roberto Martínez Lacayo y el conservador Fernando Agüero. Terminó siendo senador.

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El piloto Miguel Murciano se puso nervioso cuando Raúl Arana lo encañonó con una pistola y le ordenó que dirigiera el avión hacia Cuba. Apenas habían pasado cinco minutos desde el despegue del aeropuerto de Ilopango y eran las 12:05 de la tarde de ese día.

La azafata Sonia Vigil entró repentinamente a la cabina y Arana la tomó por la fuerza y la apuntó a ella por la espalda. A Vigil, posteriormente, la tuvieron que sacar en silla de ruedas porque Arana la empujó violentamente y la lesionó.

Dos de los secuestradores tenían pistolas, una Luger y una 45, mientras que el tercero, supuestamente Villanueva, tenía una navaja.

La pistola con que hirieron a Alfonso Lovo Blandón y con la que mantuvieron encañonado al piloto. A la derecha, el cadáver de Leonel Mena Balladares. FOTO/ CORTESÍA/ LA NACIÓN DE COSTA RICA -
FOTO/ CORTESÍA/ LA NACIÓN DE COSTA RICA

El piloto, cubano, y el copiloto Octavio Ocampo, nicaragüense, le explicaron a los secuestradores que no tenían suficiente combustible para llegar a Cuba y que caerían en medio del océano Atlántico. Habían salido de Miami con el combustible necesario para llegar a Managua.

Parecía que los asaltantes tenían bien planeado todo y los pilotos no pudieron comunicarse con las azafatas. Desconocían con exactitud cuántos armados eran.

El piloto indicó que era necesario aterrizar en el aeropuerto Las Mercedes de Managua, pero Arana le enterró con fuerza el cañón de la pistola en la nuca y le dijo que si aterrizaba en Managua lo mataría aunque murieran todos.
El piloto le indicó el marcador de combustible y logró convencerlo de que no había mucha gasolina para ir más allá. Después de un breve intercambio de ideas, Arana sugirió que aterrizaran en San José, Costa Rica.

En cuanto aterrizaron, los secuestradores, a través del piloto, dijeron a los operadores de la torre que necesitaban que les llenaran los tanques y que no estaban dispuestos a esperar mucho tiempo.

En poco tiempo el avión, que fue estacionado a 75 metros de la explanada principal del aeropuerto, quedó rodeado por la Guardia Civil de Costa Rica. Los motores permanecieron encendidos pero el piloto les bajó las revoluciones, explicaría después el diario La Nación, de Costa Rica.

A partir de entonces solo hubo discusiones estériles. Las autoridades ticas dijeron que se daría el combustible si se dejaba bajar a mujeres, niños y un hombre inválido. Los secuestradores se negaron.

Trabajadores del Aeropuerto Juan Santamaría simularon llenar de combustible los tanques del avión, engañando a los armados. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

Un nuevo intento. Los secuestradores dijeron que se quedarían con las mujeres y los niños. Esta vez fueron las autoridades ticas las que dijeron no.

Tras un periodo de silencio, los armados amenazaron con herir a un pasajero si no satisfacían sus peticiones, pero las autoridades costarricenses mantuvieron su negativa. Después del hecho, algunos pasajeros nicaragüenses se quejaron de la forma en que actuaron los costarricenses.

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“Aquí va un hijo de Lovo Cordero”, dijo Raúl Arana, faltando unos 10 minutos para que aterrizaran en San José. Y Leonel Mena le respondió: “Traémelo para acá”. A Alfonso Lovo Blandón lo llevaron al primer asiento.

El joven se movió con calma y sin hablar. “Me tomaron como rehén y por radio del avión pidieron gasolina y otras cosas al Gobierno de Costa Rica. Premeditadamente me pusieron en un asiento  de la primera fila. No dije nada más que: ‘¿Adónde vamos, a Cuba?’ No incité a la violencia ni me puse en plan de pleito, creyendo que iba a Cuba en un plan tranquilo y de aventura”, recuerda Lovo Blandón ahora.

Desesperado porque no llegaban a ningún acuerdo con las autoridades ticas, Leonel Mena le dijo al piloto que le comunicara a la torre de control que ellos no estaban jugando y que si no les daban el combustible iban a empezar a ejecutar uno por uno a los pasajeros y que el primero sería al hijo de Lovo Cordero.

Momento en el que sacan del avión a Alfonso Lovo Blandón, quien va herido de bala. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

De la torre contestaron que sí se lo darían, pero que en ese momento andaban buscando unos aditamentos especiales para las mangueras.

Mena no lo creyó. Inmediatamente se dio vuelta y a quemarropa le disparó tres balazos a Lovo Blandón, quien recuerda así ese momento: “Acá va el primer hijueputa muerto, el hijo de Lovo Cordero (dijo Mena). Y se voltea y me pega varios tiros en el abdomen, pierna y torso, y cuando me apuntó a la cabeza instintivamente metí la mano y me dio en la izquierda, que me arrancó dos dedos que quedaron colgados de la piel”.

Los pasajeros del avión dijeron que Mena disparó a vista de todos. “Que oigan que ya ejecuté al primero, al hijo de Lovo Cordero y después seguiré uno por uno con la tripulación y los pasajeros”, gritó Mena.

Lovo Blandón rememora que se levantó herido y quiso quitarle el arma, pero ya estaba muy desangrado, y la gente del avión aterrorizada al ver la escena. “En eso se llenó de mi sangre Mena y se puso como loco”, dice Lovo Blandón.

El joven sentía mucho dolor por los balazos recibidos y le pidió a su excompañero de colegio, Raúl Arana, que lo rematara o le diera el tiro de gracia. “Le temblaban las manos (a Arana) y no pudo. Le pedí la pistola para dármelo yo y no quiso. Mena dijo: Déjenlo que muera lento, que sufra, es capitalista”, explica Lovo Blandón.

Los secuestradores permitieron después que dos médicos, que iban de pasajeros, sacaran al herido del avión.
Lovo Blandón fue llevado al hospital México, donde fue operado con rapidez.

“Me salvó la vida una intervención de emergencia y sin anestesia del doctor Dennis García Urbina, de origen nica, y unos doctores ticos, José Manuel Quirce, Carlos  Manuel Gutiérrez y la mano me la salvó el doctor Werner Steinworth. Pasé gravísimo con una oclusión intestinal  e infección en mis heridas, pues tenía 18 perforaciones en el intestino y me cortaron partes de él. Un balazo en el hígado, que me lo cercenó, y después me volvieron a operar  con la ayuda de un médico famoso de los Estados Unidos, amigo de mi papá, el doctor Rufus Broadaway, que me intervino una semana después”, recuerda Lovo Blandón.

Para Lovo Blandón fue especial que al hospital lo llegó a ver Sor María Romero.

“Me daba ánimos y no permitió que me amputaran la mano que la tenía agangrenada, pues ella siempre me dijo que yo iba a volver a tocar guitarra, ella sabía que yo era músico. Se me curó la gangrena y después de varias operaciones del doctor Riordan, en Nueva Orleáns, volví a tocar”, afirma.

Otro hecho que recuerda Lovo Blandón es que Sor María también le tocó la herida de la fístula del hígado y al día siguiente se le cerró. “Volví a poder ir al inodoro, normalmente, la verdad fue una cosa milagrosa que ella me visitara y me ayudara en mi recuperación total”, reafirmó.

***

La tensión siguió en el avión. Al final los ticos no cedían y los pistoleros estaban impacientes. Frente al avión estaba colocada una enorme autobomba y en la parte posterior una avioneta.

Los secuestradores se pusieron más agresivos y el que más estaba sufriendo todo era el piloto.

Luego, los ticos llenaron los tanques hasta la mitad y los secuestradores dejaron bajar a los pasajeros, quienes fueron recibidos con efusividad para que se les atenuara el pánico. Pero fue entonces cuando todos entraron en una especie de histeria, hasta que ya había pasado todo para ellos.

Con el número 1, la azafata Sonia Vigil en el suelo; con el 2 Mena cae con su pistola y tiene agarrada del cuello a la azafata con el número 3. El 4 es Raúl Arana. FOTO/ ARCHIVO

Las autoridades costarricenses quitaron la avioneta, mientras que en el avión estaba la tripulación: el piloto, el copiloto, dos azafatas y un contramaestre.

Antes de las 2:00 de la tarde, Mena disparó tres veces contra el piloto, pero no le dio, sino que perforó la ventana del avión y de esa manera dejó al avión inutilizable. Algunos testigos dijeron que el piloto movía violentamente la cabeza de un lado hacia otro. Estaba muy nervioso.

El momento de tensión era tal que hasta el presidente costarricense José Figueres había llegado al aeropuerto Juan Santamaría y con una ametralladora se dirigió hacia el avión secuestrado, para sacar a los tres hombres, pero militares y civiles lo detuvieron.

Los motores permanecían encendidos y las turbinas podían incendiarse si no se les aplicaba refrigeración. Y ocurrió a las 2:05 de la tarde. El motor derecho empezó a incendiarse y se inició la siguiente plática, según recogió el diario La Nación, de Costa Rica, entre el piloto y los operadores de la torre, empezando por el piloto:

—Este es el 419. Confirme si hay fuego en la turbina número dos.

—El recalentamiento incendió la turbina y empieza a arder.

—No se acerquen. Torre, por favor, dígale a esos bomberos que se quiten, esta gente me está encañonando. Ellos no creen que hay fuego.

—419, confírmeles que hay fuego y que si no se combate se incendiará el avión.

—Me exigen que despegue inmediatamente.

—Usted sabe que no puede moverse. Tiene un motor completamente incendiado. Dígale a esa gente que permita apagar el fuego. Todos se van a asar vivos allí.

—Por favor, torre, hagan algo, están enfurecidos porque el copiloto se tiró (momentos antes el copiloto abrió una ventana de la cabina y se tiró al suelo, logrando escapar de las balas).

—Negativo. No pueden despegar porque se matarían todos.

—Dicen que los bomberos pueden llegar. Ya se convencieron de que hay fuego.
Los bomberos ya habían apagado el fuego pero se las ingeniaron para hacer creer a los secuestradores que todavía había llamas.

Los secuestradores comenzaron a insistir en que debían volar, esta vez a la isla de San Andrés. Mientras tanto, el piloto suplicó una vez más por su vida.

—Torre, me van a matar, insisten en que nos movamos. Retiren a la gente (policías).

Los secuestradores le pasaron el micrófono a una de las azafatas:

—Por Cristo, no permitan que nos maten aquí. Ya lo van a hacer, cómo es posible que nos quiten la vida ante ustedes. Preferimos irnos secuestrados a Cuba, pero no se opongan, nos están matando.

Las autoridades ticas pidieron calma, pero las azafatas ya habían hecho bastante. Barbara Stein y Silviana Lambotte estaban asignadas al BAC-111 y ya habían sufrido un primer intento de secuestro siempre a manos del FSLN en ese mismo avión, por lo que tenían experiencia y habían logrado ayudar a mantener la calma mientras los pasajeros estuvieron dentro. Pero ya en ese momento tenían poca tolerancia a la frustración.

Los secuestradores ya se autoproclamaban mártires y decían que no les importaba morir.

Momentos de tensión, evacuando pasajeros. FOTO/ ARCHIVO

Cerca de las 3:00 de la tarde, los secuestradores empezaron a pedir otro avión. Pero los guardias ticos comenzaron a lanzar granadas por la parte trasera del avión, en una abertura que hicieron, y la aeronave comenzó a inundarse de gases lacrimógenos.

Ahí se hubieran asfixiados todos si no ha sido porque una de las azafatas empujó a uno de los secuestradores y logró abrir una puerta.

A esa hora comenzó un tiroteo. Los hombres quisieron salir del avión. Uno de ellos, Mena, usó a una azafata como escudo, pero cayeron unos sobre otros, momento que un guardia aprovechó para disparar en el tórax a Mena, quien cayó muerto.

La Policía también hirió a Arana, quien cayó y se hizo el muerto. Villanueva fue capturado sin que le dispararan, pero estuvo a punto de morir linchado por la población que había llegado al aeropuerto. Tenía a más de 200 personas tras de él, pero lo rescataron los policías.

El avión quedó quemado.

El interior del avión quedó destruido tras el fuego provocado por los secuestradores. Lanica compró un nuevo avión para reponerlo. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

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El pantalón de Mena quedó perforado por las balas. El cuerpo de Mena llegó con la misma ropa que andaba el día que lo mataron.

Se armó un dilema alrededor de dónde deberían ser juzgados Villanueva y Arana. El delito inició en El Salvador y terminó en Costa Rica. Pero los protagonistas eran nicaragüenses. Costa Rica decidió mandar los prisioneros a Nicaragua.

El teniente Ronald Sampson, recientemente fallecido, fue el encargado de trasladar a los reos de Costa Rica a Nicaragua.

La justicia nicaragüense los condenó a 27 años de cárcel. Después les rebajaron la pena a 23 años. Pero solo estuvieron un año presos.

Arana y Villanueva fueron recluidos en la cárcel La Aviación, la cual se cayó con el terremoto de 1972. “Murieron cerca de 600 reos comunes. Solo en la celda llamada La 13, había más de cien. Los reos políticos logramos salir. La condena que me impuso Somoza era de 27 años. Solo pasé uno por gracia de Dios”, dice ahora Villanueva.

Leonel Mena, a la izquierda, y Raúl Arana Irías, dos de los secuestradores del avión de Lanica. El primero murió en el acto y el segundo fue herido y capturado. FOTO/ ARCHIVO

Villanueva y Arana pasaron al exilio y a tareas de estudio y organización para luego conformar el Frente Norte Carlos Fonseca Amador.

Del Frente Norte, antes del triunfo de la revolución, Arana se habría ido a vivir a Venezuela, explica Villanueva.
Él, por su parte, en 1980 pasó a ser funcionario del Ministerio del Interior y también del Exterior.

En 1986, renunció al FSLN y fue perseguido y capturado, siendo recluido en el Chipote, de donde salió al exilio.
“Tuvimos que malvender nuestra casa y finca familiar para vivir años de exilio en Honduras hasta 1997 que logramos regresar”, recuerda Villanueva.

En la actualidad, es opositor a Daniel Ortega. En la carta que le escribió en junio de 2013, le dice:

“Hoy reclamar cívicamente ese derecho del hombre y mujer que dieron su esfuerzo, su trabajo, es ser de ‘derecha’, es querer desestabilizar a su gobierno. Un absurdo. Por lo tanto declaro públicamente ser el primer ciudadano que le dice: tengo objeción de conciencia en su forma de gobernar. Me declaro ante todo Nicaragua y el mundo, adversario de su gobierno. No le tengo miedo a la muerte. Dios me espera”.

Mauricio Llanes, un niño de 8 años edad, inválido, era uno de los pasajeros. FOTO/ CORTESÍA/ LA NACIÓN DE COSTA RICA

El BAC-111

Cinco millones de dólares valía el avión BAC-111, de Lanica, que quedó inservible tras el secuestro a manos del FSLN.

La aeronave no podría volverse a utilizar ya que fue altamente dañado en su presurización, es decir, la compactación de la nave, perforada por muchos disparos que no admiten reparación.

Lanica tenía asegurada sus naves y mensualmente pagaba 20 mil dólares en seguros.

Pocos días después del secuestro, Lanica compró otro avión, otro Jet BAC-111 serie 500, con capacidad para 119 pasajeros que costó seis millones de dólares.

Alfonso Lovo Blandón

Después de mucho tiempo, Alfonso Lovo Blandón logró recuperarse. Fue a la universidad y, en 1972, estaba en Managua cuando el terremoto.

En esa época, meses antes, conoció a su esposa Leonor Cuadra en un espectáculo en el Teatro Nacional Rubén Darío y pasaron juntos el sismo. Se casaron en 1973, antes del concierto que él organizó, en octubre, con Carlos Santana y Chepito Areas en el Estadio Nacional, para los damnificados del terremoto.

Lovo Blandón mientras se recuperaba en un hospital junto a sus padres Tere Blandón y Alfonso Lovo Cordero, ministro de Agricultura del régimen somocista. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

“Tengo una vida normal, dedicado a mi música, y mis negocios, mis hijos y nietos”, dice.

La última presentación que hizo en Nicaragua fue en el Teatro Nacional Rubén Darío en el 2016.

Se mantiene viajando entre Miami, Managua y da conciertos en Europa. Escribió una novela de realismo mágico: La increíble historia del supertorero.

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Reportaje