El general orteguista

Reportaje - 13.04.2020
Ejercito de Nicaragua, en su 40 aniversario realiza defile de fa

Lo acusan de haber entregado el Ejército a los Ortega Murillo. Julio César Avilés lleva 10 años al frente del ejército y le faltan cinco. Esta es su historia

Por Eduardo Cruz

La fotografía la distribuyó el propio ejército. En medio, el general Julio César Avilés firma un decreto, el de la salida de la institución del hasta ese momento jefe del Estado Mayor, general Óscar Balladares, quien aparece a la derecha de la imagen, viendo con la cara desencajada como era firmada su salida. Y al otro extremo el general Óscar Mojica, quien sería el nuevo jefe del Estado Mayor del ejército.

Para muchos, como el general en retiro Hugo Torres y el mayor en retiro Roberto Samcam, ese fue el principio de cómo Avilés entregaba en bandeja la sumisión del ejército a Daniel Ortega y Rosario Murillo, para que el cuerpo armado se convirtiera “en un soporte de la dictadura”.

Balladares, a quien sus excompañeros de armas lo consideran un militar muy bien preparado y con gran nivel académico, era quien sucedería en la jefatura del ejército a Avilés pero lo retiraron y pusieron en su lugar a Mojica, quien siempre había sido un cuadro administrativo dentro de la institución militar.

Eso ocurrió en diciembre de 2013. Y poco tiempo después, luego de que Ortega reformara la ley militar y borrara en la misma una frase que decía “El Comandante en Jefe del Ejército no podrá ser reelegido”, Avilés fue reelegido en el cargo, siendo la primera vez, desde 1990, que un jefe del Ejército estaba en el puesto más allá de los cinco años establecidos en la ley.

Hoy, Avilés ya tiene 10 años al frente del Ejército y Ortega lo volvió a nombrar para otros cinco años que se le agotan en 2025.

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Desde ya, Avilés es considerado como alguien que no ha tenido carácter para enfrentar a Ortega cuando éste último utiliza al ejército para sus propios beneficios, como a partir de abril de 2018, cuando policías y paramilitares orteguistas utilizaron armas de guerra para atacar hasta masacrar a la población civil, tras salir esta a las calles a protestar contra unas lesivas reformas al seguro social.

César Avilés ya tiene 10 años al frente del Ejército y Daniel Ortega lo volvió a nombrar para otros cinco años que se le agotan en 2025. Foto/Óscar Navarrete

“Su actuación es deplorable. Come de la mano de Ortega. Su reelección está diseñada para convertirse en un soporte de la dictadura”, dice la comandante guerrillera Dora María Téllez.

El también comandante guerrillero Hugo Torres es más duro con Avilés: “Ha primado más la lealtad (de Avilés) con Daniel Ortega que el sufrimiento del pueblo de Nicaragua, que el baño de sangre que Ortega ha propiciado con las fuerzas policiales y con los paramilitares”, dice Torres.

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Al “Chele Avilés”, como le dicen en su natal Jinotepe, lo vieron crecer yendo a la escuela Anexo de la Normal Franklin Delano Roosvelt y la secundaria en el instituto “Juan José Rodríguez”.

Este hombre, que le gusta montar a caballo y ver jugar beisbol al equipo de Carazo en la primera división, a pesar de que también sigue al equipo del Ejército, los Dantos, estudió Derecho en la Unan-León y se matriculó en Periodismo en la Unan-Managua, y en 1976 desapareció de vista para irse clandestino a la lucha contra Somoza en las filas del FSLN, donde fue conocido como “Maynor”.

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“Julio quería seguir legal, pero ya estaba haciendo actividades militares, él ya andaba armado, y dos veces se habían agarrado él y “El Cabo” Sánchez con la Guardia de la oficina de Telecomunicaciones que quedaba frente al Parque.

Ellos habían detectado guardias cuidando la planta, entonces se les ocurrió atacarlos para quitarles sus armas. En la noche, ¡pra!, disparaban con sus pistolitas, y los guardias tiraban con garand. Cuando regresé después de la cárcel, ya no estaba Julio”, le relató Eva María Samqui a Mónica Baltodano, contándole cómo Avilés se fue a la clandestinidad.

A Avilés lo habría reclutado para el FSLN Luis Caldera y en la clandestinidad estuvo primero en Rivas y luego en León.

El padre de Avilés, igualmente llamado Julio César, era conservador. “Recuerdo los famosos pactos con los conservadores, y entre ellos, al principal pactista de Jinotepe y el principal zancudo jinotepino que teníamos en esa época: el doctor Julio César Avilés, padre del actual Jefe del Ejército. Recuerdo una anécdota, porque yo creía que Julio César era mi amigo, hasta que tiempo después descubrí que era todo lo contrario”, le dijo Enrique Yico a Mónica Baltodano, y luego agregó: “Nosotros andábamos luchando por unos ideales y él (Avilés padre) siempre andaba luchando por su propio bienestar”.

Según contó el general Avilés a El Nuevo Diario, el triunfo de los sandinistas en julio de 1979 lo agarró en el norte de Nicaragua combatiendo contra los últimos residuos de la Guardia Nacional mientras otros ya celebraban en la plaza de la República.

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Los cuadros históricos del FSLN reconocen a Avilés como un exguerrillero pero no le otorgan gran relevancia. Tras el triunfo se unió al Ejército Sandinista y en 1980 le otorgaron el rango de teniente primero, un rango relativamente bajo en la oficialidad militar.

En los años ochenta estuvo de jefe en Estelí. Allí lo relevó en el cargo Roberto Martínez en 1985 y luego lo enviaron a estudiar a Cuba.

La derrota electoral del FSLN en 1990 lo encontró en Managua trabajando en la desarticulación de un Ejército que ya no tenía razón de ser.

Hasta Javier Carrión, la jefatura del Ejército había estado en poder de un tropista. Es decir, un jefe militar que ha trabajado de cerca con la tropa.

Eso cambió en el año 2004, cuando el entonces presidente Enrique Bolaños nombró en el cargo al general Omar Halleslevens, quien había sido jefe de la Contrainteligencia militar.

General Omar Halleslleven, exjefe del Ejercito de Nicaragua. Foto/Óscar Navarrete

“Halleslevens movió sus fichas, gente de su confianza, y los puso en la línea de sucesión, a gente de la inteligencia y de la contrainteligencia”, dice el general en retiro Hugo Torres.

Luego, explica el exmayor del ejército, Roberto Samcam, estando Halleslevens en la jefatura, nombra a Avilés como jefe del Estado Mayor y lo ubica directo a la jefatura de todo el ejército.

“Avilés primero fue tropista y después se pasó a la inteligencia. Llegó a ser jefe y era como el brazo derecho de Halleslevens, que era el jefe de la Contrainteligencia. Halleslevens lo protegió y después, cuando dejó de ser jefe del ejército, lo dejó a Avilés”, cuenta otro exmiembro del ejército que prefiere el anonimato.

La historia de cómo Avilés llegó a ser de la confianza de los Ortega Murillo es otra, dicen los exmilitares.
“Lo que pasa es que Avilés es muy cómodo. Con negocios se lo fueron ganando y después se plegó totalmente a Daniel Ortega. Lo tienen bien pegado, no se les va a voltear”, dice una fuente militar.

De acuerdo con esa fuente, Avilés tiene varias propiedades, tierras, fincas, casas en Carazo y las habría legalizado a través de su padre, que es abogado. “Si ese protocolo (de Avilés padre) hablara, cuántas cosas no diría”, dice un exmilitar. Según él, Avilés tendría hasta una pedrera.

Otra fuente militar explica que Avilés, “y todo mundo lo sabe”, ha tenido problemas con el alcohol, lo cual lo hace vulnerable como persona y por eso los Ortega Murillo lo escogieron para que fuera jefe del Ejército, alguien a quien ellos pudieran controlar.

Los Ortega Murillo, explica Hugo Torres, vieron que podían manejar a Avilés y prepararon todo para que él siguiera al frente del Ejército. Primero le truncaron la carrera a Óscar Balladares, quien era tropista y altamente preparado, no porque no le tuvieran confianza, sino porque no les generaba la “absoluta” que Avilés sí.

Luego, los Ortega reformaron la ley militar, ley 181, para eliminar el obstáculo de que un jefe del ejército no podía ser reelecto para un segundo mandato de cinco años.

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Torres considera que la reelección de Avilés no es solo por la “confianza política”, sino también por la “identificación política” que Avilés tiene con el proyecto dictatorial de los Ortega Murillo.

Esa lealtad de Avilés le ha generado todo el apoyo de los Ortega Murillo, lo que ha hecho que muchos consideren que su gestión al frente del ejército “ha sido buena”, ya que el presupuesto que se le asigna es generoso y le han permitido la compra de tanques y otros vehículos para la Fuerza Aérea y para la Fuerza Naval, así como otros beneficios.

Managua 03 de septiembre de 2019 Ejercito de Nicaragua, en su 40 aniversario realiza defile de fantasia en la Avenida Bolivar. Foto/ Jader Flores

Abril de 2018 es considerado un mes de revolución en Nicaragua, igual que como en 1893 fue la liberal o en julio de 1979 la sandinista. En ese mes el pueblo salió a las calles a protestar contra la dictadura de los Ortega Murillo, que desde 2007 había prácticamente negado el derecho de los nicaragüenses a protestar en las calles, porque siempre las turbas orteguistas agredían a los manifestantes.

En ese mes no hubo turbas orteguistas que valieran. Fue imposible para el orteguismo detener las protestas. Para muchos, la dictadura caía en esos días. Los mismos Ortega Murillo lo sabían porque no podían quitar los tranques que la ciudadanía había levantado en varios puntos del país, especialmente en las arterias viales principales como la Carretera Panamericana.

De repente, salieron las armas de guerra. Los jóvenes en las calles comenzaron a morir de disparos en la cabeza, la garganta y el pecho y a manos de francotiradores. Fueron más de 300 los asesinados.

A la Policía primero, pero también al Ejército, les correspondía desarmar a los paramilitares orteguistas porque no puede haber más cuerpos armados en el país que los dos primeros. Pero el Ejército no dijo esta boca es mía.

Tiempo después Avilés se pronunció. “Tenemos un Ejército fuerte, sólido, acerado en mil batallas y altamente cohesionado. Jamás lograrán descohesionarnos. Jamás nos van a dividir, como pretendieron hacerlo funcionarios de organismos no gubernamentales que hacían llamados a leales compañeros, para abrir la posibilidad de darle un golpe de Estado al gobierno legítimamente constituido, lo que jamás haremos”, dijo Avilés en septiembre de 2019, refiriéndose a las protestas de abril de 2018 y lo que pasó posteriormente.

Aunque Avilés pareciera tener un papel pasivo, para muchos siempre ha estado disponible cuando Ortega lo necesita. “Cuando Ortega lo ha necesitado ha salido a gritar a favor de Daniel Ortega, contra los golpistas. Hace el trabajo que Ortega necesita”, dice la comandante guerrillera Dora María Téllez.

“Es evidente que las armas (en abril de 2018) salieron de los arsenales de ellos (Ejército), pero ahora se quieren limpiar”, dice un exmilitar, refiriéndose a que el ejército ha andado en campaña haciendo ver que ellos no han tenido nada que ver con muertes ni en la ciudad ni en el campo.

A raíz de la masacre perpetrada en contra de la ciudadanía, los Estados Unidos han decretado sanciones para varios funcionarios de la dictadura, empezando por Rosario Murillo, y el jefe del Ejército quiere evitarlas.

“Al Ejército lo están dejando de último, pero Avilés está muy vinculado (con toda la represión”, dice un exmilitar, quien señala que hasta un hermano del general en Carazo, Bolívar Avilés Castillo, es señalado de paramilitar en Jinotepe. “Ese hombre camina amenazando a medio mundo”, dice la fuente.

“Nada de lo que está pasando habría pasado con otros jefes del ejército, ni con Humberto Ortega, ni con Joaquín Cuadra, ni Javier Carrión, ni aún con Halleslevens”, dice una fuente militar, quien considera que la debilidad de carácter y la ambición de Avilés lo han llevado a someter a toda la jefatura del Ejército a los intereses de los Ortega Murillo. “Su actuación es deplorable, es el peor jefe que pudo tener el ejército”, dice la fuente.

El Avilés íntimo

El jefe del ejército es padre de 13 hijos, 11 de ellos propios y los otros dos como si lo fueran, suele bromear.

Está casado con Concha Marenco Salinas, originaria de Granada.

Estudió administración de empresas y recibió cursos militares en Francia, Cuba, además de haber intentado estudiar

Derecho y de haber matriculado en Periodismo.

Suele ver las peleas de boxeo y más cuando hay algún nicaragüense en el ring. Es gran admirador de Alexis Argüello.

Le gusta leer los diarios, en este caso La Prensa.

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