El largo exilio de Juan Domingo Perón y su escala en Nicaragua

Reportaje - 14.12.2020
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Nicaragua fue una de las estaciones en el periplo de casi 18 años del político argentino más importante del siglo XX: Juan Domingo Perón. Su largo exilio agitó las aguas en Latinoamérica

Por Amalia del Cid

Salió de Panamá sin anunciar por qué se iba, con trece minutos de retraso y en el vuelo regular 516 de la Panamerican Airways. Aterrizó en Nicaragua a las 3:35 de la tarde del jueves 19 de julio de 1956, con un traje azul claro y su sonrisa de fotografía. Para entonces Juan Domingo Perón llevaba casi un año de exilio y había sobrevivido a varios intentos de asesinato en Argentina, Paraguay y Panamá.

En Nicaragua se hospedó en la residencia oficial de su amigo Anastasio Somoza García. Fue una especie de asilo interino. Cosa de nueve días. Poco después se confirmó —porque ya se sospechaba— que Perón había abandonado abruptamente Panamá porque el sábado 21 y el domingo 22 de julio en el país canalero se celebraría la reunión de presidentes de América Latina y Estados Unidos.

Debía estar lejos de Panamá porque no podía ni debía coincidir en ese país con el general Pedro Eugenio Aramburu, a esa fecha presidente de facto de Argentina y al sol de hoy recordado por el profundo antiperonismo que lo llevó a prohibir la sola mención del nombre de Perón, que pasó a ser citado en los medios de comunicación argentinos como “expresidente”, “tirano prófugo” o “dictador depuesto”.

Cuatro meses antes del encuentro de presidentes, el 5 de marzo de 1956, el gobierno de Aramburu había promulgado el decreto Ley 4161, declarando disuelto al Partido Peronista y castigando con cárcel acciones como cantar la marcha peronista, usar emblemas del partido, mostrar imágenes del depuesto presidente o de su esposa Eva Perón (muerta desde julio de 1952) e incluso pronunciar sus nombres, no importaba si era en público o en privado.

El gobierno de Aramburu, uno de los impulsores de la autodenominada “Revolución Libertadora” que el 16 de septiembre de 1955 derrocó a Perón durante su segundo mandato, estaba entregado a la difícil tarea de la “desperonización” de Argentina. Se descabezaron monumentos, eliminaron efemérides y borraron de la vida pública todos los nombres alusivos al movimiento peronista, retirándolos de calles, provincias, municipios, plazas, escuelas, hospitales y estaciones de ferrocarril.

En respuesta, varios grupos de militantes peronistas recurrieron a la violencia, con el boicot a empresas y la colocación de bombas en puntos estratégicos. Una forma de resistencia que decayó a mediados de 1956.
Así estaban las cosas cuando se reunieron los jefes de los Estados de América. Y a exigencia de Aramburu y pedido del gobierno panameño, Perón tuvo que trasladarse a un territorio amigo: la Nicaragua de los Somoza.

En encuentro con su amigo Anastasio Somoza García.

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La historia oficial y más conocida afirma que Juan Domingo Perón nació el 8 de octubre de 1895 en Lobos, provincia de Buenos Aires. Pero incluso sus orígenes han sido fuente de polémica y desavenencias. Dos ciudades argentinas se disputan el título de cuna del padre del peronismo y ambas cuentan con papeles para respaldar sus afirmaciones.

“La disputa entre Lobos y Roque Pérez surgió en 1995, está bien documentada por ambos lados y no tiene veredicto firme, a pesar de que se discutió hasta en el Congreso de la Nación”, afirma el periodista Eduardo Médici en el reportaje ¿De Lobos o de Roque Pérez? El misterio del nacimiento de Perón. Y no se trata solamente de un debate sobre fechas y lugares; también se han puesto en discusión las circunstancias que rodearon el acontecimiento.

En Lobos se sostiene que Juan Domingo fue el segundo hijo del matrimonio entre Juana Sosa Toledo y Mario Tomás Perón, “miembros de una familia de clase media” establecida en esa provincia. Pero según los roquepereneses el general nació el 7 de octubre de 1893 en un “ranchito”, cuando la ciudad era “apenas un caserío junto a la estación de tren”, como “hijo natural” de Juana.

La verdad parece ser que sus padres sí vivían juntos y juntos criaron a sus hijos, pero se casaron recién en 1901, cuando Juan Domingo ya tenía 6 u 8 años, dependiendo de la versión histórica que se prefiera. Fue hasta entonces que el niño dejó de ser considerado “hijo natural”, pero ya estaba inscrito en el registro y es posible que ese sea uno de los orígenes de la confusión.

Por ahora se admite como “casa natal” la de Lobos y como “casa de la infancia” la de Roque Pérez. En la actualidad ambas funcionan como museo. Y el conflicto por el origen de Perón se parece al que entablaron las ciudades argentinas de Junín y Los Toldos por la verdadera procedencia de su célebre esposa, Evita Perón.

Según el Instituto Nacional Juan Domingo Perón, el padre del caudillo fue un pequeño productor agrícola-ganadero y su abuelo “uno de los médicos más célebres de su tiempo, el profesor Tomás L. Perón”. Su familia paterna era de origen sardo, un pueblo del sur de Europa asentado en Cerdeña, región autónoma de Italia; mientras que por la vía materna tenía sangre española.

Juan Domingo Perón en su niñez.

Pasó su infancia y primera juventud “en las pampas bonaerenses y en las llanuras patagónicas del sur de la Argentina”, adonde se trasladaron sus padres en 1899 en busca de trabajo. Deseaba ser médico como su abuelo, pero en 1911 ingresó al Colegio Militar de la Nación, situado en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, y egresó en 1913 con el grado de subteniente del arma de Infantería.

Hizo carrera como militar, especializándose en Infantería de Montaña (alpinismo y esquí), lo que le permitió recorrer Europa. Recibió formación profesional en el extranjero, principalmente en Chile e Italia, donde quedó deslumbrado por Benito Mussolini y su modelo fascista.

En cartas escritas por Perón desde Italia y publicadas por el medio argentino Infobae, “se revelan sus sentimientos y reflexiones en la etapa en que simpatizó con el fascismo”. Arribó a Génova en abril de 1939, a bordo del transatlántico Conte Grande, meses antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, y le pareció que Italia era “una maravilla” llena de orden y lujosos trenes.

Mussolini, por otro lado, era “un gran hombre” que “sabe lo que quiere y conoce bien el camino para llegar a ese objetivo”. Perón, dice Infobae, “estaba convencido de que el fascismo era el mejor sistema de gobierno para equilibrar las relaciones entre capital y trabajo y pensaba, como la mayoría de sus compatriotas, que la Argentina era un país inmensamente rico, en condiciones de soportar la mala administración de sus recursos”.

Sin embargo, hasta principios de 1943 no se le conoció ideología alguna. Ese año se unió al GOU, una logia militar conformada por nacionalistas, liberales y filofascistas que tuvo un importante papel en el golpe de Estado del 4 de junio de 1943.

Fue una acción militar que derrocó al gobierno del presidente Ramón Castillo, el último de los presidentes de una serie de gobiernos conservadores tan desprestigiados por su corrupción, su fraude electoral, su sumisión al extranjero y la pobreza de las clases obreras que su época es conocida como la Década Infame, apunta Roberto Ferrero en el libro Del fraude a la soberanía popular.

Tras el golpe, Perón ocupó diversos cargos públicos de forma simultánea, como secretario de Trabajo de la nación, ministro de Guerra y vicepresidente de Argentina. En ese tiempo desarrolló las ideas que acabarían desembocando en el peronismo, que nació oficialmente como corriente política tras la gran manifestación obrera del 17 de octubre de 1945.

La clase obrera lo llevó a la Presidencia, que asumió el 4 de junio de 1946. Su gobierno se caracterizó por grandes avances en materia de derechos laborales y civiles, un marcado tinte nacionalista y un moderado crecimiento económico. Aunque, por otra parte, anuló casi por completo la libertad de prensa y cometió persecución política. Sus adversarios lo calificaron como un régimen fascista, cosa que naturalmente han negado sus adeptos. En lo que todos están de acuerdo es en que fue un populista.

Cumplía su segundo mandato cuando le dieron un golpe de Estado, luego de haber entrado en confrontación con la Iglesia católica. Todavía contaba con el apoyo nominal de la mayoría del Ejército, pero prefirió renunciar para “evitar un baño de sangre”. Estaba por empezar un exilio de casi 18 años, del que volvería triunfante en junio de 1973 para participar en las elecciones presidenciales de septiembre y asumir un tercer mandato, que ya no pudo completar.

Evita, fallecida a los 33 años de edad, es la más famosa de las esposas de Perón.

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Antes de partir a su largo exilio, Perón se resguardó en un buque de guerra paraguayo que casualmente estaba atracado en el Puerto Nuevo de Buenos Aires por trabajos de reparación, mientras se obtenían las garantías que le permitirían salir vivo de Argentina. Se alojó ahí desde el 20 de septiembre hasta el 2 de octubre de 1955.

En esos días la cañonera “Paraguay” estuvo en la mira de toda la región. Hubo amenazas de asalto, hundimiento y ataques aéreos y submarinos; pero también guitarreadas y romerías para entretener al defenestrado presidente, además de “buques de la Armada Argentina controlando el Río de la Plata”, narra el reportaje El breve exilio de Perón en Paraguay: curiosidad mediática, presiones políticas y afecto popular.

Finalmente abandonó el territorio argentino, pero no lo hizo en la famosa cañonera, sino un pequeño hidroavión llamado Catalina. Nadie estaba interesado en que el líder del peronismo realizara una travesía acuática hasta Paraguay, exponiéndose a ataques armados, o bien, despertando simpatías a lo largo del trayecto.

Pese a que contaba con el afecto del gobierno y el pueblo paraguayos, Perón no se quedó mucho tiempo en ese país. Sus entrevistas concedidas a la agencia United Press agitaron las relaciones externas de Paraguay, y la embajada de Estados Unidos empezó a manifestar preocupación por la presencia del argentino. Además, se filtró información sobre un operativo que pretendía ejecutarlo en la quinta donde residía.

Ante tantas presiones políticas decidió migrar a Nicaragua, atendiendo la invitación de su amigo, el dictador Anastasio Somoza García. El 2 de noviembre de 1955 partió en un avión de la presidencia paraguaya, pero hizo una parada técnica en Panamá y, después de entrevistarse con el presidente Ricardo Arias, anunció que se quedaría ahí por un tiempo.

Por entonces Managua apenas tenía dos hoteles y Panamá era una mejor opción, señaló el historiador nicaragüense Bayardo Cuadra en un reportaje publicado en julio de 2013. Además, estaba fresco el recuerdo de la rebelión de abril de 1954 y Perón sabía o al menos sospechaba que el dictador nicaragüense tenía los días contados.

Apenas dos meses más tarde, en septiembre de 1956, Somoza García estaba muerto. El tirano y el caudillo no coincidieron a la llegada de Perón, porque el nicaragüense tuvo que asistir a la cumbre de presidentes de la que precisamente el argentino estaba escapando.

Con la banda cruzada en el pecho, el general Pedro Eugenio Aramburu.

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Su estadía se prolongó por más de una semana, mientras en Panamá se preguntaban si volvería. Al menos en dos ocasiones se presentó en la Casa del Obrero, dio discursos, le escribió a La Prensa para refutar un artículo de opinión, atacó al régimen de Aramburu y en la conmemoración del cuarto aniversario de la muerte de Evita Perón, firmó autógrafos en fotografías de quien fue su esposa.

Fue el primero en bajar del avión, con una ancha sonrisa y el cabello engominado. Y el primero en saludarlo fue Anastasio Somoza Debayle, en ausencia de su padre, Anastasio Somoza García. Dos periodistas lo vieron desde lejos y al día siguiente, el 20 de julio, La Prensa publicó en portada: J. Perón en Managua.

Su primera actividad pública tuvo lugar el 23 de julio en la Casa del Obrero, donde se reunió con “el desacreditado grupito de obreros reeleccionistas y dinásticos” que invitaron a 26 adherentes para oír a su ilustre visitante a las 6:00 de la tarde de ese día, según reportes de La Prensa del 25 de julio de ese año.

Llegó a la hora acordada en un carro oficial y vistiendo una guayabera. Lo recibieron los aplausos de los presentes y uno a uno fue saludando a los “compañeros” nicaragüenses que se arremolinaban entusiasmados y ansiosos. Primero agradeció las actividades por el cuarto aniversario de la muerte de Evita y luego pasó a su tema favorito: su régimen y el golpe que dio a tierra con su mandato presidencial de casi diez años.

De los 26 invitados originales pronto se subió a unos doscientos oyentes, porque se corrió la voz de que el argentino estaba en la Casa del Obrero. La reunión que se pensaba sería íntima, se transformó en un mitin en el que Perón elogió sus políticas en beneficio del sector obrero y dijo estar arrepentido por “no haber abierto los arsenales del país a las masas trabajadoras que deseaban defender las conquistas sociales hasta el máximo sacrificio”.

Dos días después, el 25 de julio, envió a La Prensa una misiva para aclarar que él nunca había matado a nadie y pedir que se hablara de los crímenes cometidos por el nuevo régimen argentino, al que acusaba de practicar fusilamientos en masa. Todo esto en respuesta una carta publicada por el ciudadano Rafael Gutiérrez, en la que señalaba a Perón de ser el “cerebro” en el caso del médico Juan Ingalinella, opositor desaparecido tras el golpe de Estado de 1955.

El día 26 presidió otro mitin en la Casa del Obrero, ante una concurrencia de 500 personas. Doscientas veces menor a la que solía escucharle en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires. Nuevamente agradeció los homenajes a Evita y esta vez pronunció un discurso más comedido, desde un estrado que se levantaba en el extremo del salón.

El público lo vitoreaba enardecido y, según la nota publicada en La Prensa, era “fácil distinguir los agudos gritos de entusiasmo de las mujeres”.

Todos querían estrecharle la mano y muchos le pidieron que se quedara. Sin embargo, Perón solo esperó a que Somoza García volviera a Nicaragua y regresó a Panamá, donde había llevado una vida modesta en un pobre departamento, con muebles prestados y sin ascensor.

Según La Estrella de Panamá, mientras estuvo en ese país el expresidente leía hasta altas horas de la madrugada, sobre todo libros de medicina; él mismo cocinaba su comida y planchaba su ropa. También solía escuchar música, con especial preferencia por “La Marcha Peronista”. En tierra panameña conoció a quien se convertiría en su tercera esposa, la bailarina argentina María Estela Martínez, “Isabelita”. Al morir Perón, sería ella quien heredaría su tercera Presidencia.

Pocos días después de su visita a Nicaragua, Perón partió hacia Venezuela, adonde llegó el 10 de agosto de 1956, acompañado por Isabelita y una comitiva de ayudantes y aduladores.

Más tarde se asiló en República Dominicana, regida en ese entonces por el dictador militar Rafael Leónidas Trujillo, y finalmente se asentó en la España de Francisco Franco, también militar y dictador, donde residió de 1960 a 1973. Fue elegido presidente de Argentina por tercera vez el 23 de septiembre de ese año y falleció unos meses más tarde, el 1 de julio de 1974. La portada del diario argentino Crónica solo dijo: “Murió”.

Juan Domingo Perón con el dictador español Francisco Franco.

¿Qué es el peronismo?

El peronismo nació en 1945, después de la llamada Década Infame del partido conservador. “Fue una reacción al fraude electoral, los abusos patronales y los acuerdos comerciales con el Reino Unido que condenaban al país a ser proveedor de materias primas. Lo formaron miles de obreros emigrados a la ciudad de Buenos Aires desde las provincias; eran mestizos que se unieron a hijos y nietos de migrantes europeos, principalmente italianos”, dice el diario Milenio en el artículo Las claves para (tratar) de entender el peronismo.

La corriente política nació en una masiva movilización de trabajadores el 17 de octubre de 1945.

Se le considera “un movimiento nacional y popular policlasista, englobando a diferentes ideologías”. Defiende la industrialización, el control de las exportaciones y el estado fuerte, así como la salud y educación públicas, los subsidios sociales, la neutralidad internacional y la integración política y comercial sudamericana.

De su seno surgieron en los años 1960 y 1970 expresiones extremas: la guerrilla de los Montoneros y la organización paramilitar Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Se atribuye a los Montoneros el secuestro y ejecución del exdictador Pedro Eugenio Aramburu, en 1970.

Aramburu fue secuestrado y ejecutado por los Montoneros.

Las esposas de Perón

Su esposa más célebre es Evita, pero Juan Domingo Perón se casó tres veces.

El 5 de enero de 1929 contrajo matrimonio con Aurelia Gabriela Tizón, quien falleció en septiembre de 1938 de cáncer uterino.

El 22 de octubre de 1945 se casó en Junín con la actriz Eva Duarte pocos días después de la marcha del 17 de octubre. El 10 de diciembre concretaron el casamiento con una ceremonia privada. Ella también murió de cáncer uterino, el 26 de julio de 1952, durante el segundo mandato de Perón. Colaboró en la gestión de su esposo con una política de ayuda social y apoyo a los derechos políticos de la mujer.

El 15 de noviembre de 1961 se casó en España con María Estela Martínez Cartas, conocida como Isabelita, que luego lo acompañó como vicepresidenta en las elecciones de septiembre de 1973 y le sucedió en el cargo tras su fallecimiento, hasta el 24 de marzo de 1976, cuando fue derrocada por un golpe militar.

"Isabelita" Perón, la tercera y última esposa del caudillo argentino.

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