El lente de Pedro Meyer y la caída de Somoza

Reportaje - 13.07.2020
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La primera vez que Meyer estuvo en la guerra fue en Nicaragua. Fotografió a Somoza y Ortega. Hoy dice que no reconoce a este último. El referente de la fotografía latinoamericana recuerda su paso por la historia del país.

Por Abixael Mogollón G.

Un jeep de la Guardia Nacional patrulla la ciudad de Estelí. Armando Moreno camina de regreso a su casa cuando es interceptado por el vehículo. Con violencia, los guardias lo detienen y se lo llevan. El fotógrafo Pedro Meyer apenas alcanza a ver la escena cuando una mujer con dos niños de la mano sale gritando: “¡Auxilio se me lo llevan!”

El fotoperiodista se acerca para preguntarle a la mujer lo que ocurría. Antes de eso, y como por reflejo automático, ya le había tomado fotos al jeep que se alejaba a toda velocidad y a la mujer con las dos criaturas.

“La Guardia se acaba de llevar a mi marido”, dice desesperada sin soltar de la mano a los dos niños.

Sin tener las ideas claras, Meyer se va en dirección al comando de la Guardia somocista y entra a la brava con su cámara en mano. Los guardias no dan crédito a lo que estaban viendo, un hombre entrando al comando y tomando fotografías de varios presos golpeados y torturados. Así como si nada.

Al rato llega el que parece ser el jefe del comando y comienza una discusión.

“Mire, se acaban de llevar a un muchacho en un jeep y quiero que lo suelten”, dijo el fotógrafo ese día de 1978 que hasta hoy no ha olvidado.

El jeep de la guardia que se lleva al joven Armando Moreno. Fotografía Pedro Meyer

El mexicano acababa de aterrizar en Nicaragua. “Se lo dije al guardia actuando con esa impunidad que es verdaderamente de una ignorancia celestial. Ni sabía nada de con quién estaba hablando”, dice entre risas recordando ese episodio.

Comienzan a llegar curiosos, la suegra y los vecinos del detenido y hasta otros fotógrafos y periodistas que cubrían los bombardeos que Somoza había realizado recientemente sobre la ciudad. Todos miran como aquel extranjero se enfrenta a uno de los jefes de la temida guardia somocista, cuerpo armado que sin tantos miramientos ejecuta, tortura o desaparece a cualquiera.

Se arma tal escándalo que en la discusión se mete el doctor Andrés Aguilar, miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que visitaba la ciudad para constatar varias denuncias.

Al final, y para sorpresa de todos, Armando Moreno es puesto en libertad. Sale todo tembloroso del comando sabiendo que se acaba de librar “por los pelos” de una tortura segura.

Al siguiente día, Pedro Meyer se entera por el periódico de Somoza, Novedades, que la persona con que se enfrentó el día anterior era nada más y nada menos que el jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional, el general Armando Fernández.

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El 14 de noviembre de 1977 en la ciudad de México fue fundado el diario Unomásuno, un año después Pedro Meyer, quien por entonces trabajaba en ese rotativo, llegaría a la redacción proponiendo irse a Nicaragua para fotografiar los combates entre la guerrilla del Frente Sandinista y Somoza.

El fotoperiodista en aquella época tendría 43 años, nunca había apuntado su cámara en ninguna guerra, pero estaba muy interesado por las noticias que llegaban desde el corazón del continente sobre una revolución, una dinastía y bombardeos en ciudades.

“¿Por qué Nicaragua? Era una historia política importante, una revolución o insurrección. No estaba convencido de que los fotógrafos que la cubrían estuvieran haciendo un buen trabajo, así que decidí lanzarme un reto a mí mismo. Por supuesto, esto estaba relacionado con mis propias ideas. Si no hubiera tenido sensibilidad política hacia lo que allí ocurría, no habría ido a Nicaragua”, declaró muchos años después en entrevista a un medio mexicano.

El jefe de redacción del Unomásuno le dio el visto bueno y al poco estaba aterrizando en Managua.

Cargando con todo el equipo fotográfico logró encontrar habitación en un hotel, donde a como pudo instaló todo “el mugrero” que trajo. El laboratorio de revelado y ampliado y el telefax por donde enviaría las instantáneas hasta México. El veterano fotógrafo todavía siente rechazo por aquellos artilugios.

“No, no, no. Eso sí era un drama en quince episodios, imagínate. Llevaba todo ese mugrero de equipos que hoy en día se reduce a un celular”, dice vía telefónica desde su casa en México.

Pudo fotografiar a presos políticos de la dictadura Somocista. Fotografía Pedro Meyer.

Instalado el equipo, alquiló un vehículo y salió a recorrer las calles de Managua. En una de esas idas y venidas se encontró con dos jóvenes periodistas que no tenían carro para movilizarse y les propuso que se fueran junto a él a Estelí, donde Somoza había lanzado un feroz bombardeo. Salieron al siguiente día.

Pasó varios días fotografiando la ciudad y haciendo sus primeros contactos clandestinos con los guerrilleros. En esas estaba cuando le ocurrió el episodio con Armando Moreno, el muchacho al que se lo habían llevado en un jeep los guardias.

Al retornar a Managua y tras muchas gestiones logró conseguir que el mismísimo Somoza aceptara ser entrevistado y fotografiado en su búnker.

Meyer recuerda el escondite del dictador como un lugar “pequeñito con cuartos modestos”, lo entrevistó desayunando, luego haciendo ejercicio y admite que le pareció un tipo “listo y manipulador” que llevaba el país como si fuera su finca.

“Era dentro del corte de estos políticos sagaces. Que manipulan todo para su propio beneficio y actuaba correspondiente a eso. Tenía el apoyo de los norteamericanos y tenía el apoyo de la burguesía”, apunta Meyer.

Entrevistó a Somoza y hasta lo fotografió haciendo ejercicio. Fotografía Pedro Meyer.

En cambio, del otro lado se llevó muy buena impresión de los principales dirigentes y guerrilleros sandinistas, aunque en la actualidad piense lo contrario.

—¿Logró conocer a Daniel Ortega?
—Claro que sí, le tomé varias fotos.
—¿Y qué le pareció?
—Pues, me pareció muy bien en ese momento. ¿Qué quieres que te diga? La verdad es que teníamos una ilusión muy geniuda de que iba a ser un nuevo renacer y no el cochineo que es hoy.
—¿Qué piensa ahora de Ortega?
—No le reconozco. Todo lo que ha pasado con el régimen de Ortega es un desastre. Y pensar de dónde salió él y cuáles eran sus metas declaradas en aquellos momentos. Su mujer Rosario Murillo es igual. Es una aberración total.

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A las puertas de la guerra civil española y con la dictadura de Franco en el horizonte, nació Pedro Meyer en Madrid, el 6 de octubre de 1935. En plena guerra y en medio del exilio republicano, su familia salió rumbo a México en 1937.

Luego de cumplir 10 años recibió de regalo una cámara de doble lente de segunda mano. De ahí salió el amor por la fotografía, aunque tardaría décadas en lograr dedicarse y vivir de lleno de su trabajo como fotógrafo.

En los planes de sus padres no estaba que Meyer se dedicara a la fotografía. A los 21 ya estaba casado y tenía un hijo. Trabajaba en una fábrica de lámparas junto a seis obreros. La empresa de los Meyer comenzó a ir bien y poco a poco fue creciendo hasta llegar a tener a unos 500 trabajadores y 21 socios.

La primera guerra de Pedro Meyer fue en Nicaragua. Fotografía Ricardo Lugo

Pero un día todo terminó, un horno de la fábrica explotó destruyendo el edificio y matando a varios de los obreros. Fue en medio de esa desgracia que Meyer hizo la transición entre dejar esa empresa y dedicarse a la fotografía.

Entonces, se desataron las protestas de 1968 en México. Les dio cobertura a todas las marchas, incluida la masacre de Tlatelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, en octubre de ese año.

En ese tiempo estaba en mitad de todo en su vida. Dejando la fábrica, construyendo su propia casa y en medio de comenzar su camino por el mundo de la fotografía.

De su trabajo en las protestas y represión de 1968 salió bien librado y se hizo con cierto reconocimiento. Una década después en 1978 saldría rumbo a Nicaragua a cubrir la guerra. Luego tomaría fotos en el terremoto de 1985 que marcaría profundamente a su país.

Pedro Meyer es un referente de la fotografía contemporánea. Si alguien ha pasado fácilmente de la fotografía analógica a la digital ese es él. Así lo reconocen cientos de profesionales de la imagen y la fotografía a lo largo del mundo. Tan pionero fue que publicó el primer CD-ROM con imágenes y sonido que se hizo en la historia.

Pero no se quedó ahí, al cumplir 70 años realizó la que posiblemente sea la exposición fotográfica más grande hasta el momento. Se llamó Herejías y estuvo expuesta simultáneamente en más de 60 museos del mundo, con muchas fotografías inéditas de sus archivos.

Una de sus obras que más orgullo le provocan es el fotomuseo Cuatro Caminos. Lo inauguró en 2015 y es posiblemente uno de los museos fotográficos más grandes del mundo.

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Armando Moreno no sabe qué ocurrió, pero ya está fuera del comando de la guardia somocista. Le presentan a Pedro Meyer y su esposa le cuenta que gracias a su gestión está libre.

—¿Y tú qué vas a hacer? —le pregunta el fotógrafo ya montados en su carro.
—No sé —responde con franqueza Moreno.
—Si te soltaron ahorita ten la seguridad de que al rato te van a ir a buscar de nuevo. Si quieres te vas fuera del país, quizás a México, en mi casa no te van a encontrar nunca —le ofreció.

No supo cómo le hizo, pero Armando Moreno dejó su taller mecánico y logró salir rumbo a México, allá pasó varios meses en la casa de Meyer y luego se marchó con rumbo desconocido.

Armando Moreno, su esposa, sus hijos y su suegra luego de ser liberado. Fotografía Pedro Meyer.

La Nicaragua que se encontró el fotógrafo hispano-mexicano fue un país en ruinas, con la muerte en todas partes y donde quedarse sin gasolina antes del toque de queda podía significar ser ejecutado por la guardia en plena calle.
Se recorrió casi todo el país y estuvo en varios campamentos guerrilleros, sobre todo en el Frente Sur Benjamín Zeledón. Ahí conoció a Edén Pastora y fue uno de los pocos que logró fotografiar a Daniel Ortega de visita en la montaña.

—¿Cómo recuerda a Edén Pastora?
—Edén Pastora era un tipo muy carismático, muy narcisista, vanidoso, presumido, ignorante. Lo que más tenía era carisma.
—¿Sabe que murió hace poco y se presume que a causa de Covid-19?
—No sabía que había muerto. No me digas. Qué cosa. Ese es otro que también falló.

A finales de 1978, el sacerdote Ernesto Cardenal fue llevado a uno de los campamentos del Frente Sur para celebrar una misa. Ahí coincidió con Gaspar García Laviana, que también era sacerdote. Meyer estuvo presente en la misa y logró fotografiar aquella inusual eucaristía en medio de la montaña.

De regreso cruzaron en un jeep por un río crecido y casi mueren todos los que venían en el vehículo, incluido el mismo Ernesto Cardenal. Al regreso de la montaña por andar con los guerrilleros, se tuvo que quedar en una casa de seguridad durante varias semanas. Esos días encerrados se le han venido a la memoria en la actualidad en medio de la pandemia del nuevo coronavirus.

“Estar en esa casa de seguridad es como estar ahora, metido todo el día en mi casa”, dice.

Según Meyer en esa casa de seguridad donde estaba había un argentino que era parte del Movimiento Tupamaro. Este grupo sudamericano por aquellos años tuvo una guerrilla urbana. En Nicaragua estaban planeando junto a los sandinistas una emboscada a un convoy de la Guardia Nacional. Meyer lo sabe ya que este argentino que había quedado con él en el mismo cuarto le contó todo y lo invitó a tomar fotografías del ataque.

Desde el inicio esta idea a Meyer le pareció muy peligrosa. Por aquellos años se estaban popularizando unos dispositivos para disparar las cámaras a control remoto. Entonces el mexicano se fue a Panamá y ahí compró uno de estos controles.

Logró fotografiar a Daniel Ortega de "visita" en la montaña. Fotografía Pedro Meyer.

Probaron el equipo varias veces y siguieron esperando, ya estaba todo listo. Pasaban las semanas y nada. Hasta que un día se aburrió y regresó a México, en su lugar se quedaron otros periodistas internacionales, entre los que estaba un conocido de él de apellido Morales.

“A los dos días me llamaron informándome que había muerto Morales en la emboscada. Resulta que uno de los compas era un delator y los cacharon a todos. Yo pude morir en ese ataque, pero me salvé por impaciente”.

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Un día cualquiera recibió un correo electrónico preguntándole si era “el Pedro que anduvo tomando fotos en Nicaragua”. El fotógrafo respondió que sí era él.

Al contar el desenlace de esta historia Meyer hace una pausa y se emociona. Luego dice de memoria el siguiente mensaje que recibió.

“Yo soy uno de los hijos de Armando Moreno. Mi hermano y yo vivimos en Canadá, nosotros tenemos en la sala de nuestra casa la foto que nos tomó. Queríamos darle las gracias por salvarle la vida a mi papá”, decía el correo electrónico.

De nuevo el fotoperiodista hace una pausa y suspira.

“Esos dos niños que vas a ver en las fotos se hicieron banqueros en Canadá. Como da vueltas la vida. Es Increíble”, dice muy emocionado desde México.

“¡Ay chingados! Me recordó que fue una vez que estábamos en medio de un tiroteo y este muchacho iba a salir corriendo y yo me le tiré encima y no lo dejé. La gente hace pendejada y media en esas circunstancias. Hacemos, como lo que yo hice con el jefe de la Guardia Nacional. Eso es llevarlo al máximo el límite”, reflexionó ya casi al finalizar mi conversación con él.

Meyer se enteró de la muerte de Edén Pastora durante la entrevista para realizar este reportaje. Fotografía Pedro Meyer.

Luego del triunfo de la revolución regresó hasta en cinco ocasiones a Nicaragua. Dice que hizo muchos amigos en el país, pero a mediados de los 80 se desconectó de todo lo que tenía que ver con la revolución sandinista. Hasta que le llegaron noticias de las protestas de abril de 2018.

“Es una tragedia. Es ver la diferencia que hay y cómo la ambición de poder y de riqueza terminan destruyendo todo, la honestidad y la integridad de un pueblo dispuesto a mejorar su vida y la traición de los líderes. Una vez más es la misma historia de nuestra América Latina”, dice al otro lado del teléfono.

Desde que las muertes por Covid-19 se dispararon en México, Meyer está en cuarentena. Pasa todo el día leyendo, dando charlas por videollamadas a personas de todo el mundo y claro, pasa el día tomando muchas fotografías.

Da a entender como que le gustaría volver a Nicaragua, pero en los tiempos que corren le parece mucho pedir.

“Es interesante la pregunta, pero en tiempos de pandemia si yo no salgo de mi casa aquí en México, menos que pueda ir a Nicaragua”.

Museo Cuatro Caminos

Esta iniciativa de la Fundación Pedro Meyer se inauguró en septiembre de 2015. Las instalaciones durante los años 40 fueron una fábrica de plástico que el padre del fotógrafo compró y que al morir heredó a su hijo, pero “sin papeles”.

Luego de varios años de pleitos legales, Meyer logró quedarse con la propiedad y la convirtió en uno de los museos fotográficos más grandes del mundo. Con más de 5 mil metros cúbicos de superficie que abarcan tres galerías, un auditorio, cuatro aulas múltiples, cafetería, tiendas, restaurantes y terraza.

Herejías

Esta exposición fotográfica fue inaugurada en octubre de 2008 en simultáneo en más de 60 exposiciones repartidas por todo el mundo. Abarcaron cinco décadas del trabajo del fotoperiodista.

Algo innovador de esta primera exposición masiva es que ya en ese año todo el material podía ser visto de manera digital, incluyendo audios y material multimedia y que era de fácil interacción con dispositivos móviles.

CD-ROM

Publicado en 1991 fue titulado “Fotografío para Recordar” y fue el primer CD-ROM audiovisual del mundo. Este trabajo fue un memorial y retrato de los últimos años de vida de los padres de Pedro Meyer.

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