El partido de la vergüenza

Reportaje - 10.08.2014
Fotografía del Archivo Familia Cuadra Serrano.

Una vez, hace 39 años, Nicaragua se enfrentó a Brasil en el campo de futbol. El resultado fue humillante para los nicas: 14 goles por cero. Este es el relato de aquel partido histórico

Por Dora Luz Romero

El árbitro da el pitazo inicial y los brasileños comienzan tocando el balón. Uno, dos, tres pases, gol. No hubo tiempo para reaccionar. El reloj ni siquiera marcaba el primer minuto del juego y uno de los defensas nicaragüenses aún estaba en cuclillas terminando de persignarse cuando volteó su mirada y vio que el balón ya estaba dentro de la portería. El partido más triste de la historia del futbol nicaragüense había comenzado.

Era viernes 17 de octubre de 1975 y la selección nicaragüense se medía ante la selección brasileña. Eran los VII Juegos Panamericanos que se desarrollaban en la ciudad de México.

A pesar de lo sorpresivo, un gol no era derrota, así que los nicas volvieron a sus posiciones, se organizaron para salir al ataque. Porque eso era lo que llevaban en mente, nunca vieron un partido con un planteamiento defensivo, al contrario. Hay quienes recuerdan que se posicionaron con cinco delanteros, otros hablan de cuatro. Cuatro o cinco, no importa, al menos en papel, Nicaragua iba, ingenuamente, en busca de goles.

Brasil ya era Brasil para 1975. Llevaban tres Copas del Mundo en su récord, la de 1962, 1966 y 1970. Por la verdeamarela habían pasado jugadores de la talla de Garrincha, Pelé, Roberto Rivelino…

De hecho, para los Panamericanos —dice Mauricio Cruz—, uno de los futbolistas nicaragüenses que jugó ese partido, Brasil no mandó a su primera selección, sino a la segunda. En ella figuraban jugadores como Batista y Oscar, quienes luego brillaron en el Mundial de 1978.

Al minuto cuatro del partido llegó el segundo gol. Algunos de los nicaragüenses ni siquiera habían podido tocar el balón. Y ahí, en ese momento, Salvador Dubois, el arquero nicaragüense, supo que vendrían muchos más.

 En la imagen, atletas de la Selección de Futbol, Boxeo, Levantamiento de Pesas y Atletismo. Fotografía del Archivo Familia Cuadra Serrano.
Esta foto se le tomó al primer contingente de la delegación nicaragüense que viajó a los VII Juegos Panamericanos en México. En la imagen, atletas de la Selección de Futbol, Boxeo, Levantamiento de Pesas y Atletismo. Fotografía del Archivo Familia Cuadra Serrano.

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Mauricio Cruz corría de un lado hacia otro, se esforzaba, se sudaba, intentaba recuperar balón, pero el intento era inútil. En los noventa minutos nunca logró desarrollar el juego, ni él ni sus compañeros. Él era mediocampista, tenía 18 años y era la primera vez que salía con la selección mayor, previo lo había hecho, pero con la selección juvenil. Ese día —recuerda—, los once salieron animados al campo de juego, aunque también iban con “mucho nervio”.

El Estadio Azteca estaba casi vacío, asegura Edgar Tijerino, cronista deportivo que estuvo ahí. Para un espacio donde caben más de cien mil personas, “si ese día habían cien personas era una exageración”, asegura.

Fue un juego desordenado, que estaba concentrado en la portería nicaragüense. Si los nicas, por casualidad, lograban el balón era tanto el nervio que ni siquiera intentaban dar pases o avanzar, solamente reventaban el balón hacia adelante y ahí lo recuperaban los brasileños y venían de regreso como cazadores en busca de su presa.

Al minuto 5, al 16, al 20, al 24, al 30, al 32, al 34… Los goles ametrallaban la portería de Salvador Dubois. “Lo que más recuerdo de ese partido es que cada vez que miraba el reloj venía otro gol”, dice Dubois, quien asegura que lo único que sentía cuando llegaba la ofensiva brasileña a su portería era arrepentimiento, arrepentimiento de estar ahí.

“Queríamos hacer las cosas bien, pero no ayudó el aspecto direccional, yo creo que todavía nuestros técnicos no estaban bien capacitados”, dice Cruz.

¿Cómo se puede seguir jugando con nueve, diez goles encima? Por inercia, pidiendo que el partido acabe pronto. “Lo más triste es que de tantos goles como jugador pues entrás con ánimos a jugar, pero después ya quería que terminara el partido, volvía a ver el reloj y como que no pasaba el tiempo, yo quería que terminara, era demasiada la superioridad”, dice Cruz. Y es que por más esfuerzo que hicieran, por más que trataran de jugar, confiesa, no estaba dentro de sus capacidades. Aunque trataron de defenderse no podían. “Ellos eran más grandes, tenían gran velocidad. Fuimos avasallados, nos sentíamos impotentes, no podíamos hacer las cosas porque el otro grupo es superior, mentalmente queríamos, pero físicamente no podíamos”.

Nicaragua estaba en el Grupo D junto a Brasil, Costa Rica y El Salvador. Perdió los tres partidos. “Esos equipos que tenían mayor nivel futbolístico llegaron a defenderse, y nosotros no, llegamos a jugar como que era un equipo normal, un equipo cualquiera. Los otros echaron su gente atrás y un delantero, si hubiéramos sabido, claro que no íbamos a ganar pero no hubiera sido una goleada tan catastrófica”, cree Cruz. La verdad, asegura Dubois, la selección no iba preparada. Muchos jugadores —dice—, lo tomaron como paseo.

 Fotografía del Archivo Familia Cuadra Serrano.
La Selección de Futbol nicaragüense de 1975 en entrenamiento en la cancha del Instituto Pedagógico de Diriamba. Fotografía del Archivo Familia Cuadra Serrano.

“Vivo arrepentido de haber aceptado ir con la Selección, pero ¿qué puedo hacer? Ya es tiempo pasado”.

Salvador Dubois, 78 años, arquero de la Selección 1975.

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Salvador Dubois vive en la colonia Christian Pérez (antes Salvadorita) de Managua. En su casa conserva un álbum de recortes de periódicos viejos donde ensalzaban su desempeño como portero. Fue arquero de varios equipos nacionales, pero siendo un veinteañero se fue seleccionado a Honduras a jugar con el Motagua en la Liga Primera División. Con ellos se enfrentó a equipos como el Santos de Brasil, el Guadalajara de México o el Breman de Alemania y nunca, dice, nunca fue goleado.

Para 1971 Dubois había decidido dejar el futbol. Viajó a México para estudiar y convertirse en técnico, pero al regresar a Nicaragua no encontraba trabajo. Así que se fue a Honduras donde dirigió algunos equipos.

En 1975 lo llama la Selección de Nicaragua y le propone ir a México a los Juegos Panamericanos. Dubois había sido el arquero de aquel juego el 9 de enero de 1966 cuando Nicaragua le ganó 2 a 1 a los Estudiantes de la Plata de Argentina. Con los recuerdos de aquella victoria y “la ambición”, Dubois dice que sí. “Haber aceptado fue una de las decepciones más grandes de mi vida”, reconoce ahora, de 78 años. “Pensé que el futbol estaba mejor, pero no había preparación física, entrenamiento, técnica. Yo pensé que el futbol estaba mejor. Yo tenía la ilusión porque Nicaragua le había ganado a Estudiantes de la Plata”, asegura.

Después de aquel partido hubo gritos, reclamos, echadas de culpa, pero todos salieron cabizbajos, humillados. “Fue como una pesadilla”, dice Dubois. Y Mauricio Cruz reconoce que no fue el único que lloró tras la paliza.

Después de ese juego, cuenta Dubois todavía le llegó una oferta del extranjero, pero él ya no quiso porque se sentía decepcionado. “Ese partido influyó para que dejara de jugar porque fue feo, la gente me vulgareaba, me decían cuántos te comiste y yo les decía que pudieron haber sido más porque detuve varios”.

“Qué pena!… caímos 14 a 0” tituló La Prensa el 18 de octubre de 1975, en una nota firmada por el cronista deportivo Edgar Tijerino, quien dio cobertura a los juegos. “La goleada se esperaba, pero no de forma tan desastrosa”, se lee en la nota. Y continúa: “Era el duelo de David contra Goliat, un David sin honda y sin nada, que lógicamente terminó vapuleado inmisericordemente”. Los culpables, decía no eran los jugadores, si no de los directivos, quienes estaba interesado más en el viaje sin importar la calidad del equipo.

Estos, son de los recuerdos que nadie quiere recordar. Cuando se reúnen —dice Mauricio Cruz—, este es un tema del que no se habla. Pero aunque hagan un intento por borrar aquel día de su memoria, el cerebro los traiciona, y aún en hilachas llegan las imágenes. Algunas, Salvador Dubois las tiene claritas en su cabeza y son escenas que las revive una y otra vez. Como cuando pidió el cambio porque estaba golpeado y también porque no quería más goles y el otro portero dijo estar lesionado. “Me dejaron morir ahí como dicen”. O como cuando faltaba un minuto para que terminara el partido y Dubois, abatido, desde su cancha divisaba a un jugador nicaragüense que corría y corría con el balón hacia la cancha brasileña. Los brasileños lo dejaron correr, sería, quizás, el gol del honor. Pero el aire no le dio y no pudo acercarse lo suficiente para disparar. En eso el árbitro dio el pitazo final.

“Sentía que los minutos eran siglos, quería que el silbato final sonara, todos discutíamos, nos echábamos la culpa”.

Mauricio Cruz, 57 años,

mediocampista de la Selección de 1975.

La placa récord

En la entrada del Estadio Azteca hay decenas de placas que reflejan los récord alcanzados en este estadio. El histórico partido Nicaragua contra Brasil se ganó una placa, la de mayor goleada. Marlon Rosales, comentarista deportivo de un canal de televisión nacional, recuerda que en el 2002 o 2003, la primera vez que visitó el Azteca, iba con un grupo cuando los edecanes mostraron las placas. Primero, agrega, le dio una risa de sorpresa. “Después la verdad es que sentí un poco de pena porque ahí estábamos en ese estadio, Nicaragua reflejada, pero como la mayor goleada de la historia de ese estadio”. Dice que ha regresado al Azteca varias veces, pero nunca más quiso volver a verla.

LA SELECCIÓN

Según el historiador de futbol nicaragüense Milton Cuadra Serrano, esa selección la conformaron: Mauricio Cruz Jirón, Rodolfo Zúniga Mendieta, Norman Cuadra Serrano, Armando Cuadra Serrano, Gustavo Sequeira Moreno, Mario Acevedo Bolaños, Francisco Romero Mendoza, Mauricio Rivas López, Ricardo Fernández Ortiz, Silvio Aguirre Villavicencio, Manuel Cuadra Serrano, Tulio López Baltodano, Manuel Aguirre Villavicencio, Edgar Flores Donaire, William Parrales Quintanilla, Florencio Leiva Domínguez, Francisco Hernández Tapia, Rodolfo Acevedo Molina y Salvador Dubois Leiva. El director técnico era Armando Arroyo Ugarte y el preparador físico Leonel Quintanilla López.
Algunos —dice Cuadra Serrano—, niegan haber estado en dicha selección.

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