El peor partido de beisbol de Nicaragua

Reportaje - 11.09.2017
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Hace 56 años Nicaragua sufrió su más grande humillación en mundiales de beisbol. Un 16-0 que todavía resuena en la memoria de los sobrevivientes de aquella selección

Por Amalia del Cid

En la parte baja del cuarto inning la pizarra se puso 9 a 0. Cuba ya había anotado nueve carreras; Nicaragua, ninguna. En esta tarde de agosto, caliente como boca de horno, Alejandro “Zorrito” Arana está leyendo la “radiografía” de aquel partido nefasto jugado hace 56 años, una simple hoja de papel bond con los resultados escritos a mano. La mira con cierta melancolía, a pesar de que muestra, número a número, la paliza que la Selección Nacional recibió esa noche: 16-0, hasta hoy la peor derrota que el país ha sufrido en mundiales de beisbol.

Ocurrió el miércoles 12 de abril de 1961, en el Parque Escarré de San José, Costa Rica. Un estadio con capacidad para 10 mil personas. Era el décimo quinto Campeonato Mundial de Beisbol Amateur y, aunque sin mayores esperanzas, los amantes del beisbol nica tenían la mirada puesta en la novena que nos representaría entre otros diez países. Los más entusiastas consideraban que con una positiva participación la pelota menor de Nicaragua podía, quizás, recuperar una pizca de su vieja gloria, pues venía de “capa caída” desde la aparición de la “pelota rentada”, el beisbol profesional, y llevaba siete años sin asomarse por un torneo mundial.

Pero los conocedores que se decían más realistas afirmaban desde los diarios que aquella selección, enviada a Costa Rica a la buena de Dios, carecía de fuerza en el bateo y que, es más, solo el departamento de lanzadores era bueno.
El “Zorrito” Arana sigue mirando la hoja y cada número le trae un recuerdo que creía olvidado. Sonríe cuando lee los nombres de sus compañeros de juego. Un montón de muchachos dicharacheros que tras el 16-0 guardaron absoluto silencio. “Nadie dijo una sola palabra cuando íbamos de regreso en el bus, por lo menos la mitad estaba llorando”, recuerda Reinaldo “Camarón” Torres, de 76 años, otro sobreviviente de aquella generación y amigo del Zorrito.

La vida, como siempre hace, los llevó por distintos caminos; pero no los alejó del beisbol. Ambos recuerdan exactamente dónde estaban el domingo 3 de diciembre de 1972, cuando Nicaragua volvió a enfrentarse a la selección cubana, en el XX Campeonato Mundial de Beisbol Amateur, y la venció 2 carreras a 0 en un partido histórico, celebrado todavía como la mayor victoria del país a nivel de selecciones nacionales.

“No lo logramos nosotros, pero otros lo hicieron”, se dijo a sí mismo el Camarón, escuchando en la radio al legendario Sucre Frech. El Zorrito, sin embargo, empezó a sentir ese día una “espinita” que nunca logró sacarse: no haber podido jugar otra vez contra Cuba en el momento en que se sentía mejor preparado para ello. En el año del 16-0, tenía apenas 16 años.

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Acababa de terminar el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Futbol, realizado también en Costa Rica, y en las tiendas de San José ya quitaban de los escaparates los pósteres de los equipos de balompié para reemplazarlos por fotos y postales donde aparecían las selecciones de beisbol y los rostros sonrientes de los jugadores más destacados. Era la primera vez que Costa Rica, país de tradición futbolera, montaba un evento beisbolístico de esa magnitud.

Once países se disputarían el campeonato. México, Venezuela y Cuba conformaban el grupo de “Los Tres Grandes”. En materia de posibilidades, en segundo lugar se encontraban Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Aruba, pequeño paraíso insular donde rara vez llueve, que pertenece al Reino de los Países Bajos y se ubica a 25 kilómetros de la costa de Venezuela. En tercera división, con pocas esperanzas de alcanzar el trofeo, estaban Guatemala, El Salvador y Honduras, cuya selección era considerada la más débil. En el caso del debutante Brasil, era simplemente una “incógnita”, con varios japoneses nacionalizados.

En esos días la era dorada de la pelota amateur era cosa del pasado, pues había sido desplazada por la Liga Profesional, que apareció en 1956 y estuvo en auge hasta 1967, señala Julio Miranda, estudioso de la historia del beisbol nicaragüense.

El público del deporte rey se entusiasmó por los espectáculos de la profesional y no correspondió ni siquiera a los juegos de exhibición que se realizaron antes del viaje de la Selección Nacional. “El beisbol amateur vive la época de la decadencia. Existe una Comisión Nacional del Deporte más endeudada que un albañil vicioso en día sábado, las ligas terminan a medias o no terminan, los jueces reciben la paga cuando cae uno que otro cheque firmado a la deriva y no menos de cinco o seis jugadores son expulsados por conducta antideportiva”, señaló el periodista Oscar Montalbán en un artículo publicado en el diario La Prensa, como un mal presagio, unos días antes del torneo.

A dos semanas del Mundial, la selección nica todavía no tenía el dinero requerido para ir a San José. Faltaban seis mil córdobas y el comité de beisbol empezó a llamar públicamente a los personajes que habían prometido ayuda y aún no la habían entregado. Para recaudar fondos se organizaron juegos de exhibición y para disminuir gastos, los uniformes de los peloteros fueron confeccionados en el país, a una tercera parte de lo que habrían costado en el extranjero.

En la Sastrería Morales, dijo La Prensa, también les dieron a hacer dos trajes enteros a cada jugador, en color azul claro, así como dos camisas con dos corbatas que hacían juego con los trajes. Y conforme avanzaban los preparativos, en la afición beisbolera despertaba, tímidamente, una brizna de entusiasmo. Ya se hacían comentarios en las calles, oficinas y “en la esquina de los coyotes”, apuestas al aire sobre las posibilidades del equipo de Nicaragua en Costa Rica.

Llegó abril y las selecciones empezaron a presentarse en la capital tica. Cuba estuvo entre las primeras y su delegación fue la más numerosa, pese a que en esas fechas Fidel Castro y las fuerzas anticastristas acaparaban las portadas de los periódicos del mundo, apenas cediendo algo de espacio a los avances de la vertiginosa carrera espacial entre Estados Unidos y Rusia. “Cuba al estallar”, “Cubanos a las armas”, “Cuba vive días negros”, rezaban los titulares, en el preludio de la invasión a la Bahía de Cochinos, que ocurriría del 15 al 19 de ese mismo mes.
Pero el beisbol era asunto aparte. Aunque la isla era un hervidero, envió 18 jugadores acompañados por otras veinte personas: masajista, médicos, dos entrenadores, jefe de delegación, representantes ante la Federación Internacional de Beisbol Amateur (FIBA), técnicos y scouts, periodistas y locutores.

Reinaldo “Camarón” Torres, segunda base en aquel mundial, está convencido de que la revolución encendió el espíritu nacionalista de ese equipo isleño, que llegó dispuesto a “matar”. Amén de que los cubanos siempre han jugado buen beisbol.

Reinaldo "Camarón" Torres

“Andaban como no tenés idea. Querían malmatar a todo mundo. Y lo lograron y lo lograron... Además de que son muy buenos llevaban ese empuje ideológico para ponerse al frente de todos esos equipos. Ninguno le metió la mano, ni México, ni Venezuela. Ninguno. Invicto se lo llevaron”, relata Torres. Él tenía 20 años en el año de ese campeonato.

Recuerda el estadio, pequeño “como el de Masaya”, lleno a reventar, con cientos de nicaragüenses observando el partido desde las gradas. Y el Camarón, en el campo, con ganas de adelantar el tiempo para que el juego se acabara ya.

Unos días antes habían llegado al menos 17 buses con aficionados de Granada, Masaya y ciudades aledañas, para presenciar el primer partido de Nicaragua, jugado contra Guatemala. La pizarra quedó 4 a 0, el público se alegró y los cronistas deportivos empezaron a considerar seriamente que a lo mejor y los nicas sí tenían posibilidades de dar pelea. Pero el siguiente juego apagó todos los ánimos.

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México, uno de “Los Tres Grandes”, blanqueó a la selección nica 14 carreras a cero. “Nicaragua decepcionó a los fanáticos anoche, borrando la magnífica impresión que había dejado en su primera salida en este XV Campeonato Mundial de Beisbol Amateur al ser masacrada por el team de México 14 -0”, informaron las agencias. Cachiro Quiroz, el director técnico, usó quince hombres, entre ellos cuatro lanzadores y movió todas sus fichas para mejorar la alineación del equipo; “pero ya estaba escrito que Nicaragua recibiría esa tremenda paliza”. Una paliza que dejaría al equipo desmoralizado y listo para ser aun más vapuleado por la poderosa Cuba.

Por si fuera poco, en el partido contra México José “El Toro” Avellán recibió un pelotazo en la cara, durante “el séptimo de la suerte”, que nada tuvo de buena suerte. Fue alcanzado por la bola cuando el shortstop mexicano intentaba hacer un doble play y tuvo que ser hospitalizado. De modo que la selección se quedó sin sus dos cácheres titulares, porque Enrique Pérez también estaba indispuesto. Parecía como si el equipo nicaragüense andaba “con la cinta negra al brazo”.

Pero con todo y los malos presagios, se dijeron que ante Cuba no iban a jugar “con complejos”, asegura el “Zorrito” Arana. “Me da tristeza recordar eso”, admite. Él jugó como shortstop en “el partido de la humillación” y si no lloró al salir del estadio fue porque, a pesar de tener solo 16 años, había bateado dos de los cinco hits que Nicaragua logró conectar a los cubanos.

En el sexto inning el juego ya iba 10-0; pero los muchachos nicas se daban ánimos en el dugout: “¡Tablealo a ese pendejo zurdo!” “¡Ese baboso cree que nos vamos a dejar!” “Dale raya a ese pendejo!” Sin embargo, conforme se acercaba la novena entrada, los gritos entusiastas derivaron en un modesto: “Vamos, muchachos, al menos la del honor”.

Había talento en esa selección, asegura el Camarón, pero no habían tenido la preparación necesaria. “Solo entrenamos un mes y ni siquiera todos los días. Nos veíamos las caras dos veces a la semana, cuando los de León y Chinandega podían venir a Managua”, sostiene.

Tampoco hubo partidos de tope, agrega el Zorrito, quien años después, durante la década de los ochenta y parte de los noventa, fue mánager del Bóer y de la Selección Nacional. Y un equipo necesita “al menos seis u ocho juegos de tope antes del oficial, para bajar la presión”.

De regreso a la pensión, el Zorrito se sentó al fondo del autobús. “Naaadie hablaba”, dice. Muchos lloraban, pero él se mantuvo sereno un buen rato. Tarde, esa noche, creyó que la cena le había sentado mal, porque empezaba a sentir que algo le pesaba en el estómago. Entonces dejó que corrieran las lágrimas.

El Camarón se siente orgulloso de decir que él no lloró. Sin embargo, la imagen de sus compañeros de juego entregados al llanto lo dejó marcado de por vida. Por eso, en sus treinta años de entrenador siempre les dijo a sus muchachos que el beisbol solo era un juego y que estaba prohibido llorar.

También aprendió a no humillar a los equipos más débiles. “Si te lo hicieron no lo hagás. Te queda como lección de vida”, explica. En el partido 16-0 él se sintió “completamente humillado” y hasta se preguntó: “Ideay, ¿y yo qué hago jugando pelota si no puedo contra esto?” “Pero luego uno va aceptando y te va sirviendo de experiencia en la vida”, señala.

Después de la derrota ante Cuba, la selección cayó ante Aruba y pasó al último lugar en el campeonato. La crónica deportiva dejó de dedicar tinta a los partidos y se enfocó en la crítica: “Waterloo del beisbol nica fue San José”. Además, algunos aficionados solicitaron que el equipo se regresara a pie desde Costa Rica y la Asociación de Deportistas Nicaragüenses en México, “llegando al máximo de la decepción”, retó públicamente a la selección para que se vieran las caras en el campo que los peloteros consideraran “conveniente”.

El nocaut técnico, que aplica cuando un equipo lleva una ventaja de 10 carreras en el séptimo inning, nació para agilizar el tiempo en el beisbol, asegura el historiador Julio Miranda. Reinaldo Torres, no obstante, considera que fue una medida para evitar humillaciones en el campo.

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A l Zorrito no le gustan los números que está leyendo. Son puros ceros en el lado nica de la tabla, excepto en la casilla de los errores: ahí Cuba tiene cero y Nicaragua seis. Más que una radiografía, es una autopsia, pese a que en cuatro entradas los cubanos no anotaron ninguna carrera. “Pudo ser peor”, como dice el Camarón, autor de dos de los cinco hits bateados en ese partido.

Alejandro "Zorrito" Arana

En el octavo inning los cubanos hicieron seis carreras y el Camarón solo quería irse para la pensión. Se sentía triste, enojado, humillado. Nunca, en ningún equipo, había recibido una “apaleada” semejante. Y no se sintió mejor ni siquiera cuando poco después Guatemala se enfrentó a la selección cubana y el marcador quedó 25 a cero, en un partido en que Cuba impuso varios récords.

“Tantos amigos que ya no están”, dice para sí el Zorrito cuando mira los nombres de sus viejos compañeros de juego. “Ignacio Cruz... un pícher zurdo. Ricardo Velásquez, un derecho que trabajaba en el banco, el más serio de todos. Iván Ruiz, segunda base, un muchacho narizón, blanco, alto, bueno. José Adán Varela, jugaba en León, un moreno fuerte que le pegaba bien a la bola y corría bien, bueno, bueno. Enrique Obando, tercera base, le decían ‘caballo con ropa’ y se enojaba. Enrique Pérez, uno de los mejores cácheres que yo he visto en Nicaragua. Reinaldo Torres, ahí están sus numeritos, creo que fue el mejor bateador de Nicaragua en esa serie. Modesto Loáisiga, le decían el ‘chanchero’ porque tenía una cría de chanchos”, va recordando el Zorrito, con la lista en la mano.

Le llena de nostalgia ver aquellos nombres y la foto de la Selección Nacional que viajó a Costa Rica. Allá está él, al fondo, donde él mismo se colocó en su calidad de “chigüín”. Eran tan niño que los demás le preguntaban por la pacha y el chaperón. Era tan joven que para 1972 tenía solo 28 años de edad y estaba en plena condición física.

No pudo jugar nuevamente con una selección nacional, porque en los años sesenta participó en la Liga Profesional y en aquella época la pelota menor no hacía tratos con la pelota rentada. Así que tuvo que conformarse con escuchar en la radio la victoria de Nicaragua ante Cuba, en estadio lleno y en la propia Managua.

El Zorrito estaba en el club social de Masaya y en la algarabía de la gente apenas se oía la voz de Sucre Frech intentando narrar el doble play que puso fin al partido (“Señores, ya no se puede hablar aquí”). Alejandro Arana estaba feliz. Y también el Camarón, que igual escuchó el juego en la radio porque como buen pelotero viejo jamás va al estadio a que lo vean sentado en las gradas. Aquel 2 a 0 era la victoria del siglo y Reinaldo Torres sonrió.

El juego del 72

A partir de 1970 hubo un nuevo auge del beisbol amateur y la pelota menor comenzó a enderezarse un poquito, señala Julio Miranda, estudioso del beisbol nicaragüense. Este nuevo despertar se debió a la caída de la industria la pelota rentada, considerada “un parásito” por cronistas deportivos de aquella época, pues mantenía vigilancia sobre los campos menores para reclutar de inmediato a cualquier revelación. Y en ese tiempo cuando ya se había estado en la Liga Profesional, aunque solo hubiera sido de pasadita, no se podía volver al beisbol amateur, ni era permitido participar en la selección.

“El gobierno, se dice, hacía algunas dispensas fiscales (en el beisbol profesional); ya para el 67 no hubo ese beneficio y los dueños de los equipos se retiraron. Y ahí terminó el beisbol profesional. Sin la profesional, el beisbol amateur se fue puliendo”, señala Miranda, y así surgieron los talentos que en 1972 se enfrentaron a Cuba y quedaron en el tercer puesto del XX Campeonato Mundial de Beisbol Amateur, realizado en Managua.

A juicio de Miranda, el partido del 2-0 “se recuerda y se venera tanto porque la victoria fue aquí en Nicaragua”.

Destacó en ese juego el pícher Julio Juárez, de quien Sucre Frech dijo “se cubrió de gloria”. Nicaragua estaba ganando 2-0 en la primera mitad del noveno episodio. Cuba llevaba un solo out. Lanzó Juárez y bateó Urbano González.... “Es una línea. Doble play, doble play... Señores, ya no se puede hablar aquí, el griterío es ensordecedor. La línea fue a las manos de Jarquín (…), para el doble play milagroso que le da la lechada al equipo cubano y Julio Juárez se cubre de gloria. Lo más importante de la victoria de Nicaragua fue la blanqueada de Julio Juárez. Dos a cero Nicaragua derrotó a Cuba. (...) Los nicaragüenses lograron blanquear al campeón mundial, se anticipa la celebración de La Gritería”, narró el locutor, para la historia.

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