Dinorah Sampson: la amante de Somoza

Perfil, Reportaje - 30.01.2005
Dinorah-Sampson

Admirada y temida, Dinorah Sampson controló buena parte del poder en el régimen somocista. Durante 18 años fue la amante del dictador y hoy vive con mucho hermetismo en Miami, donde finalmente se casó con un norteamericano de origen nicaragüense. Amigos, confidentes, críticos y un novio con quien estuvo a punto de casarse describen en este perfil a quien algunos consideran “la mujer más influyente de su época en Nicaragua”

Por Fabián Medina

Un día de 1962 se velaba en León al capitán Jorge Zogaib. Entre la multitud, compuesta por familiares, curiosos y militares, se encontraba una muchacha que a lo sumo tendría 17 años. No era una belleza clásica, pero llamaba la atención por su porte de mujer coqueta. De baja estatura, cabellera negra y larga, echada para atrás. Guapa, la definiría bien. El difunto que descansaba en el ataúd era su padrino.

El corazón le dio un vuelco cuando en el velorio irrumpió el general Anastasio Somoza Debayle, un personaje con quien estaba familiarizada desde su niñez. En la casa de su abuelo, el coronel Felipe Lagos —liberal admirador del clan de los Somoza— siempre hubo fotos del viejo caudillo Somoza y de su hijo, quien asumió la jefatura de la Guardia Nacional el 28 de julio de 1956, poco antes de la muerte de su padre en septiembre de ese mismo año. Ella se enamoró de aquel militar bisoño que admiraba su abuelo, y es por eso que el corazón le dio un vuelco cuando lo vio entrar, y más aún cuando él se acercó a ella, con evidente actitud de hombre en cacería.

Dieciocho años más tarde, Dinorah Sampson Lagos relataría esta escena ante otro ataúd, el del propio Somoza, cuando conversó con un equipo de periodistas de la revista Gente, de Buenos Aires. “Yo crecí enamorada del general Somoza, de manera que cuando le conocí quedé deslumbrada. Y da la casualidad que yo también le gusté. Nos presentaron en aquel velorio y después nos encontramos”.

El periodista, curioso como todos los de su especie, a pesar del duelo, quiere saber cuáles fueron las primeras palabras de amor que dijo Somoza a quien sería su amante hasta el día de su muerte.

—Me dijo que le gustaba muchísimo para ser su mujer —respondió ella.

Hay quien cree que esta escena fue inventada por Dinorah Sampson. El periodista Nicolás López Maltez, director del periódico La Estrella de Nicaragua, que se edita en Miami, asegura que Somoza no acostumbraba ir a los velorios. Según una crónica de ese periódico, Dinorah y Somoza se conocieron en una fiesta, a la que unos amigos llevaron muchachas para congraciarse con su jefe, Somoza.

También el periodista Adolfo Pastrán Arancibia, en un artículo titulado Somoza: verdades y mentiras, asegura que fue en una fiesta donde Somoza y Dinorah se conocieron. “En una fiesta privada a la que acudió el General, le presentaron a esta muchacha, morena, esbelta, sensual y risueña, que se declaró 'admiradora' de él. Inmediatamente cautivó a Somoza, que se volvió loco por ella”, dice Pastrán.

El capitán Justiniano Pérez, quien fuera miembro del batallón presidencial y quien llegaría a conocer mucho de las andanzas de Somoza Debayle, también asegura que el primer encuentro fue en una fiesta. “Dinorah Sampson, una mujer elegante, conoció al general Somoza en una fiesta privada de oficiales GN con muchachas solteras que habían sido invitadas para la ocasión en Las Mercedes, una especie de finca de recreo situada frente al Aeropuerto Internacional en esa época”25.

Sea cual fuere la verdad, la fecha del primer encuentro sí puede establecerse en 1962. Antes de esto, poco se sabe del origen de Dinorah Sampson. Nació en León en una familia “humilde y pobre, pero conocida”, diría una amiga que nos pidió no identificarla. La madre tuvo dos o tres maridos, y según le contó Dinorah a esta amiga, uno de sus padrastros quiso abusar sexualmente de ella. Su madre, como pasa a veces en estas historias, no le creyó.

Antes de Somoza, Dinorah Sampson tuvo un novio llamado Fabio Abaunza. “Estaba locamente enamorada de este hombre”, dice la amiga. Abaunza mantenía una actitud vergonzante. “Ella me contó que un día Fabio la invitó a cenar en el Drive Inn El Retiro, en Managua. Ella se estaba comiendo su primer pedacito de churrasco cuando él le preguntó:

—¿Cómo te sentís?

—Bien —le contestó, y aquel ¡plaf! le pegó. La abofeteó.

—Hoy llegaste a mi casa a preguntar por mí —le explicó y siguió comiendo su churrasco.

En el exilio, y ya Somoza muerto, se volverían a encontrar y a reanudar aquella relación que quedó interrumpida cuando ella decidió cambiar de novio.

 

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Azucena Castillo, quien fuera directora del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) en el gabinete del presidente Enrique Bolaños, dice que conoció a Dinorah en una reunión del Jockey Club de Granada, en 1978. “Llegó con un vestido tipo Lucha Villa, blanco con vuelo de encajes. La blusa con los hombros descubiertos y una flor en el pelo. Era una mujer guapísima. Guapa y simpática. Se sonreía y tenía una sonrisa muy agradable. Saludó de uno en uno”.

Castillo se convertiría en confidente de la amante de Somoza en los primeros días de exilio y es quien estaría con Dinorah en Paraguay (y así se le ve en las fotos) al momento que ella se entera que un comando guerrillero había asesinado a Somoza en una calle de Asunción, Paraguay. La fotografía en blanco y negro muestra a Dinorah de grandes lentes para sol, pantalón y botines, corriendo por la calle para reconocer el cadáver del dictador. A Azucena Castillo se le ve al fondo, aparentemente cansada. A la par de Dinorah, corriendo también, el esposo de Castillo, Edgard Solano, quien fuera el último secretario de la Presidencia.

En esos días, Sampson se acercó a Castillo y le pidió ayuda para mejorar su redacción. Había estudiado en la Escuela de Comercio Julieta Matamoros de Morán y trabajado fugazmente en Radio Mundial como recepcionista, pero ella sentía que estaba destinada para cosas más grandes. Así empezó a encontrarse a diario, de una a dos de la tarde con “la señorita Sampson”, como se le llamaba oficialmente entre los funcionarios del régimen somocista. A espaldas de ella y de Somoza era simplemente “la Dinorah”, “la Dino” o “la querida del Hombre”.

Para ese tiempo todavía no abandonaba la intención de ser una Eva Perón, idea que se le alojó en la cabeza cuando se hizo evidente el descontento de la ciudadanía contra el régimen somocista. Pensaba que si se daba algún tipo de repartición entre los pobres no llegarían los sandinistas al poder.

Decidió absorber al personaje. Cargaba dos o tres libros sobre Eva Perón. Se le veía en los aviones leyendo biografías sobre la primera dama argentina y todavía en Paraguay mantenía la idea de copiar al personaje.

“Estaba interesada en esa figura. Había decidido apoyar a todo lo que era la pobreza. Yo le dije que eso no sucede, porque si vos regalás lo que otros han hecho es un populismo que termina por dejar pobre a todo el mundo”, recuerda Castillo que le recomendó en una de las muchas conversaciones que tuvieron sobre este tema.

Castillo, quien asegura no haber llegado a la categoría de amiga en el círculo de Dinorah, dice que la última vez que tuvo contacto con ella fue en 1980, cuando empacó maletas en Paraguay para instalarse definitivamente en Miami, después de la muerte de Somoza.

“Tenía un carácter fuerte. Celosa. Y ambiciosa. Su capacidad como mujer y la soledad que tenía el presidente Somoza en el exilio incidieron para que en los últimos días el presidente Somoza estuviera como dependiente de ella”, dice Castillo.

Esos celos serían los protagonistas del “episodio de la llave”, sucedido la noche anterior al asesinato de Somoza, y por el cual algunos de los cercanos a Somoza terminaron echándole algo de culpa a Dinorah Sampson por la “muerte del Hombre”.

 

Dinorah Sampson corre por la calle de Asunción al encuentro del cuerpo destrozado de su amante
Dinorah Sampson corre por la calle de Asunción al encuentro del cuerpo destrozado de su amante. A su lado Edgar Solano Luna y atrás, rezagada, Azucena Castillo.

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Según el relato que Dinorah Sampson hizo a los periodistas argentinos, el último día de Somoza transcurrió en paz y armonía.

“La noche anterior a su muerte tuvo la visita de dos amigos paraguayos. Esos amigos trajeron dos dorados. Entonces me dijo: ‘Mi amor quiero que cocinés estos pescados a las brasas’. Se los cociné, cenamos y estuvo muy contento haciendo chistes, hablando de negocios, de política en Nicaragua y de generalidades. A las 11 nos fuimos a acostar. Al día siguiente se levantó a las siete de la mañana, desayunamos juntos y me dijo: ‘Mi reina, tengo que ir hasta un banco, volveré para almorzar’. Pero ya no volvería a verlo con vida. A las diez y quince me llamaron para anunciarme su muerte”.

Sin embargo, este relato no explica por qué Somoza viajaba aquella mañana en el auto Mercedes que no tenía blindaje. Según los cercanos a la familia Somoza, esta circunstancia queda explicada en el “episodio de la llave” que sucedió en la víspera, en una noche no tan tranquila como Dinorah Sampson dice.

“La noche anterior él (Somoza) iba a salir y ella no quería que saliera, discutieron, y le tiró las llaves (del vehículo blindado) a la grama. Como no las encontraron se fue en el otro carro y al día siguiente como no había aparecido la otra llave se fue en el mismo carro (sin blindaje)”, relata un amigo que conoció los hechos de cerca.

Cierto o falso el “episodio de la llave”, el exilio somocista le atribuye a esta mujer una cuota de responsabilidad en la muerte de Somoza. Más aún los altos oficiales de la Guardia Nacional, educados en una fidelidad perruna hacia Somoza, y entre los cuales hay quienes critican ácidamente el tráfico de influencias que promovió Dinorah entre las filas militares.

 

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Vicente Molieri entró en 1950 a la Academia Militar y se graduó con honores en 1954, en la novena promoción de esa institución. Molieri es el cadete No. 455. Destacó como oficial de la Guardia Nacional y recibió la baja honrosa. Por celos. Celos de Somoza. Actualmente vive en Miami y tiene 70 años.

El nombre de Vicente Molieri aparece en el libro Semper Fidelis, sobre la Guardia Nacional que escribió su compañero de armas, el capitán Justiniano Pérez.

“...y otros como Vicente Molieri, serían injustamente removidos del servicio mediante bajas honrosas, por celos pasionales, en un mundo de intrigas palaciegas que se tejían alrededor de la señorita Sampson”, dice Pérez, en el capítulo donde habla de los oficiales de la Academia Militar que fueron purgados por Somoza de la Guardia Nacional.

Sobre la Dinorah dice que “se convirtió en la mujer a través de la cual se podían conseguir” los mejores puestos en la Guardia Nacional. Las plazas codiciadas, agrega Pérez, eran “los comandos de Chinandega, León, Tráfico, Migración. Eran puestos que le daban al comandante libremente casi medio millón de córdobas anuales de prebenda”.

¿Cómo le pedían esos puestos?

En su casa había fiestas, recomendaciones...

¿Ella despachaba en alguna oficina?

No, no, era una cosa muy discreta. No era público. La Dinorah le decía al general: “Amor, quiero que me pongás en tal puesto a Fulano de tal...” Allá iba...

Pérez perteneció durante algún tiempo a la Patrulla Presidencial, una unidad de 50 0 60 hombres bien escogidos, cuya misión era proteger al general Somoza por cualquier lugar donde él se moviera. “A través de esa patrulla tuve la oportunidad de ver cosas que no todo mundo tiene acceso”, dice.

¿Le fue fiel Dinorah a Somoza?

No, no, no. Ese fue otro de los problemas. En el libro menciono a Vicente Molieri. Molieri había sido un oficial carismático, instructor en la Academia. Era un hombre bien parecido, muy preparado y tuvo relaciones con la Dinorah. Eran relaciones muy privadas, muy secretas. Y eso llegó al oído del General y ordenó que le dieran la baja, pero que no le dieran la baja deshonrosa, sino que le dieran la baja honrosa. El motivo fueron celos, celos pasionales.

¿Los puestos en la Guardia se ganaban por favores sexuales?

Probablemente. El problema con la Dinorah es que es una mujer y no se puede denigrar, pero si nos enfocamos desde el punto de vista histórico, y de las consecuencias, fue bastante determinante la influencia de ella en ciertas acciones de nombramientos. Además, también era muy dada a los negocios, el contrabando a través de ella era bastante, bastante acentuado. Aviones de la Fuerza Aérea se destinaban para traerle productos de otros países.

Sin embargo, en su libro Semper Fidelis, el capitán Pérez es más explícito sobre la forma en que funcionaba el “grupo privado” de Dinorah Sampson. “Al círculo de protegidos por Dinorah pertenecieron: el doctor Saavedra, director general de Aduanas; William Barquero que logró a través suyo el nombramiento de embajador en Chile; el coronel Miguel Blessing, el coronel Iván Alegrett, el coronel Orlando Villalta y el coronel Rafael Lola quien obtuvo a través suyo la gerencia del Casino Militar”. Estos militares y otros funcionarios de alto nivel hacían gala —dice Pérez— de una “hipocresía desmedida”, pues por un lado saludaban reverentemente a la primera dama, doña Hope Portocarrero, y por el otro participaban alegremente en las fiestas y jolgorios que organizaba la amante.

Si al principio los favores eran gratis, pronto Dinorah Sampson supo cómo sacarle partido. “Dinorah, que inicialmente se mostró sencilla y franca, llegó con el tiempo a desarrollar la avaricia adquirida cuando comenzó a exigir el 50 % de participación en todos los cargos que conseguía en la alcoba. Sus productos comprados en Miami eran transportados por la Fuerza Aérea sin cargo alguno; la Aduana no existía para ella y el ministro del Distrito Nacional se encargaba de construirle cuanta casa se le imaginaba construir”.

 

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Hope Portocarrero y Dinorah Sampson eran dos mundos aparte. Dos mujeres distintas que compartieron un mismo hombre. La primera, nacida y criada en Estados Unidos, con una educación universitaria formal, y prima de Anastasio Somoza a través de la rama familiar de mayor linaje: los Debayle. Esposa y primera dama oficial de la República. La segunda, de origen humilde, primera dama de hecho.

Hope Portocarrero Debayle nació el 28 de junio de 1929 en Tampa, Florida, y creció en Miami. Su nombre oficial fue Blanca Esperanza, aunque toda su vida fue conocida como Hope. Proviene de una familia nicaragüense radicada en Estados Unidos, y de procedencia española, alemana, húngara y francesa. Sus padres fueron el Dr. Néstor Portocarrero Gross y Blanca Debayle Sacasa. Hope Portocarrero era nieta del Dr. Luis H. Debayle, llamado el “Sabio Debayle”.

Somoza y Portocarrero se casaron el 5 de diciembre de 1950, cumpleaños de Somoza. Fue un matrimonio mal nacido. Somoza García, el viejo, habría obligado a su hijo a casarse con esa prima que conoció en Tampa, Florida. Para ese tiempo, Somoza era novio de una linda joven llamada Berta Zambrano, radicada actualmente en México, también de origen humilde, de la que aquel estaba prendado.

La diferencia de caracteres pronto afloró. “Al presidente Somoza se le notaba que era una persona que se acercaba al pueblo, bailaba con el pueblo, se mezclaba, y doña Hope mantenía una especie de distancia, aunque Nicaragua le tiene que reconocer a doña Hope su entrega a las obras sociales”, compara Azucena Castillo.

Las obras sociales que alude Castillo son aquellas que se le atribuyen a la iniciativa de la señora Portocarrero, como la construcción del Teatro Nacional Rubén Darío, considerado por The New York Times “el mejor centro para las presentaciones escénicas en Latinoamérica”, el Hospital del Niño, el Hospital Luis Somoza en León, el Centro de Huérfanos La Esperanza, y una clínica especializada para mujeres en la colonia Tenderí, entre otras. Según los cercanos a la primera dama, también fue destacada su participación en socorrer a las víctimas de Managua, en 1972, en contraste con la actitud de rapiña que mostró su esposo, Anastasio Somoza Debayle. Según Viktor Morales, autor del libro De Mrs Hanna a la Dinorah, doña Hope comentó: “Este General no se compone, no le basta el dolor y el sufrimiento del pueblo. Quiere tener tiempo para fechorías y sodomías. Le odio... le odio...”

 

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Doña Hope, culta y refinada, se llegó a ver como ícono de la moda en Nicaragua. Su casa El Retiro, en Managua, era según la élite de la época, un templo al buen gusto y contaba con amplias zonas verdes, cancha de tenis, piscina frente al bar de paredes de vidrio, caballerizas y un cine privado. Para establecer las diferencias entre uno y otro se decía: “A Somoza le gusta el ron y a doña Hope el champagne”.

En esta diferencia de mundos es que aparece Dinorah Sampson Lagos, la mujer de humilde origen que Somoza llega a convertir en su amante durante 18 años, y que llegó a desplazar a la primera dama oficial. Las diferencias entre los esposos llegaron a tal punto que en los eventos oficiales donde el protocolo exigía la presencia de la primera dama, esta llegaba al final, solo para la foto oficial, y se iba tan pronto podía.

La aparición de Dinorah dividió al mundillo político nicaragüense. Había “el grupo de la Dinorah” y “el grupo de doña Hope”. Aunque a veces se veía a muchos haciendo la corte en uno u otro grupo indistintamente.

Como aquella ocasión, en la reunión del Jockey Club de Granada, cuando Azucena Castillo vio a lo más rancio de la sociedad granadina, que criticaba duramente la relación extramatrimonial de Somoza, hacerle rueda a la despampanante “querida del Hombre” que llegó “a lo Lucha Villa”. “La política y los políticos y los que rigen la sociedad nicaragüense son así, cierran un ojo... La criticaban, pero llegaban a pedirle favores”, recuerda Castillo.

Esta sorda disputa, y el amor de Somoza por la muchacha de León, inspiró al escritor nicaragüense Sergio Ramírez en su novela Sombras nada más. “Martinica (personaje en la novela de Ramírez) fue testigo de las disputas entre la esposa del dictador, Hope Portocarrero, y la amante de este, a quien se llama en el libro La Pérfida Mesalina, pero cuyo nombre real fue Dinorah Sampson. Hay alguna fotografía de ella en traje de baño: se ve por qué su belleza volvió loco al dictador. La Pérfida Mesalina logró que Somoza se separara de Portocarrero, con quien únicamente aparecía en actos públicos, por obvias razones de imagen”, escribió Luis Alvarenga, poeta y ensayista salvadoreño, al comentar la novela.

 

Fotografías Reproducidas del Diario La Estrella de Nicaragua y la Revista Gente de Argentina El Poder de. "LA SEÑORITA SAMPSON" Admirada y Temida, Dinora Sampson controló buena parte del poder en el régimen somosista. Durante 18 años fue amante del dictador y hoy viví con mucho hermetismo en Miami, donde finalmente se presentó con un norteamericano de origen nicaragüense. Amigo confidente, crítico y un novio que tubo a punto de casarse se divulga este perfil a lo largo de lo que se conoce como "la mujer más influyente de su época en Nicaragua. Reproducciones del Diario La Estrella de Nicaragua y la Revista Gente de Argentina
Hope Portocarrero y Anastasio Somoza, en un yate, en una de sus últimas apariciones juntos.

 

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Dinorah Sampson ha decidido llevar su vida con mucho hermetismo en Miami. Tiene unos 65 años, y desde aquella ocasión, hace casi 30 años que conversó con los periodistas argentinos, nunca más volvió a dar una entrevista. Ya en esa entrevista anunciaba que su vida la manejaría “con la reserva que lo he hecho siempre”. Para este trabajo intentamos en múltiples ocasiones hacer una cita con ella y siempre, a través de una amiga, respondió que quería llevar su vida discretamente.

Después de la muerte de Somoza, Sampson se trasladó a vivir a Coral Gables, Florida 33134, mansión heredada de Somoza, que se dice perdió en uno de los muchos errores cometidos al administrar la fortuna que quedó en sus manos.

Hace algunos años, una empresa subastadora de antigüedades de Miami puso a la venta un lote de objetos que Dinorah dejó en una bodega. Los objetos fueron embargados porque la propietaria no pagó la renta de la bodega por varios años.

“En varias cajas se guardaban libros personales de Somoza, fotografías, afiches, pósteres, algunas pinturas al óleo, un busto del presidente Lyndon B. Johnson, y hasta una parte del libro personal, el libro diario de Dinorah”, relata el periodista Pastrán Arancibia.

La propia Dinorah llegó a la Subasta tratando infructuosamente de comprar su libro personal. Ella declaró al Miami Herald: “Me siento muy dolida por las cosas privadas de nosotros (ella y Somoza) que están siendo vendidas, me siento tan dolida como cuando lo mataron en el Paraguay”.

Dinorah Sampson se casó hace unos años con un norteamericano de origen nicaragüense llamado Fay Moganam, funcionario de una agencia de viajes.

Antes, estuvo de novia y a punto de casarse con el doctor David Santamaría, un economista que fue presidente ejecutivo del INCEI (el instituto estatal que regulaba el comercio interior) en el gobierno de Somoza y ministro de Planificación en los primeros meses del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.

Santamaría, consultado para este trabajo, dice que conoció a Dinorah en el Drive Inn El Retiro (el mismo donde la abofetearía Abaunza) y luego la reencontró en el exilio, durante una misa.

El diario La Estrella de Nicaragua anuncia en la portada de la edición del 21 de agosto de 1992:

“La señora Dinorah Sampson Lagos, persona muy ligada a la historia de Nicaragua desde 1963, contraerá matrimonio con el caballero David Santamaría...”

La ceremonia estaba prevista a realizarse el sábado 29 de agosto de 1992, a las 3:00 de la tarde, en San Agustín, la ciudad más antigua de Estados Unidos. Estaban invitadas solo 120 personalidades. Sin embargo, en la edición del 14 de septiembre del mismo diario, aparece un titular que anuncia: “Dinorah canceló su boda”. No se dan explicaciones y la notita publicada en páginas interiores solo dice que Sampson “notificó que decidió cancelar definitivamente ese matrimonio...”

El director de La Estrella de Nicaragua, Nicolás López Maltez, asegura que fue la propia Dinorah Sampson la que llegó en ambas ocasiones a dar los anuncios.

Santamaría, por su parte, niega que haya habido planes de casamiento, tal como lo anunció el periódico, aunque sí reconoce haber tenido una relación sentimental con la señora Sampson.

 

Alguna vez Somoza se refirió a Dinorah en los términos: "Me gusta la carne de monte como a mi padre".

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¿Es esta una historia de amor? ¿Acaso Somoza y Dinorah solo estuvieron unidos por poder, sexo y dinero? ¿Fue Dinorah una trepadora o una Cenicienta? “Yo lo único que puedo decir en los 18 años que pasé al lado de Anastasio Somoza Debayle, (es que) jamás tuvo una dureza, una frase o una grosería para mí. ¡Nunca! Todo fue amor, todo fue dulzura, todo fue cariño”, describió Dinorah en su última entrevista.

Cuando el periodista le pregunta por qué se enamoró de Somoza, dado que “no era buen mozo”, Dinorah responde: “En principio no estoy de acuerdo con lo que no era buen mozo. Él era un hombre lindo, pero yo primeramente me enamoré por su personalidad y después aprendí a quererlo”.

Dinorah describe a Somoza como un hombre romántico con el cual hasta tenían una canción de amor: Strangers in the night (Extraños en la noche), de Sinatra: Strangers in the night / exchanging glances / Wond’ring in the night / what were the chances / We’d be sharing love / before the night was through… “Es increíble que al general Somoza lo pinten como un ogro. Nadie, nadie lo conoció como yo. ¿Usted cree que si ese hombre hubiera sido duro conmigo alguna vez, o grosero, o mostrado odio o rencor hacia sus enemigos, yo lo habría querido como lo quise?”, se pregunta.

Sin embargo, en su diario, aquel que fue subastado en Miami, se encuentran anotaciones, que demuestran que no todo fue color de rosa: “Hoy me molesté con el Jefe, estaba malcriado, parecía un dictador dándome gritos”, relata en una parte del libro citado por el periodista Pastrán Arancibia.

Somoza estaba en la cama, acompañando a Dinorah, cuando sufrió el infarto de 1977 que puso en jaque a Nicaragua. Ella estaba embarazada y perdió a su hijo por la tensión que sobrevino. Este sería el quinto aborto que sufriría, según confesó ella misma.

“Perdí cinco hijos. El último, de seis meses, fue precisamente cuando a él le dio el infarto. Estaba a mi lado, en la cama, porque yo no podía levantarme, cuando le dio el ataque”.

Ya para los últimos años de su gobierno, Somoza había casi oficializado su relación con Dinorah. En 1978 Hope Portocarrero se divorcia de Somoza y decide vivir en Londres. Se casó nuevamente el 25 de mayo de 1982 con el multimillonario salvadoreño de origen italiano Archie Baldocchi, cuando ya era viuda. Murió de cáncer el 5 de octubre de 1991 en Miami, a los 62 años de edad.

Fue Dinorah Sampson sí quien estaba con Somoza en Paraguay el día que lo mataron.

¿Es entonces esta una historia de amor? Nadie puede asegurar que no. Hasta los más enconados enemigos de Somoza reconocen la carga de sentimientos que hubo en esta polémica relación que influyó en buena parte del destino de Nicaragua. El comandante Tomás Borge, uno de los más altos líderes del Frente Sandinista, escribió sobre la relación de Somoza con su amante: “A mi juicio, Somoza, siendo un monstruo moral, el amor por esa mujer lo convirtió en un ser humano”.

 

El Poder de. "LA SEÑORITA SAMPSON" Admirada y Temida, Dinora Sampson controló buena parte del poder en el régimen somosista. Durante 18 años fue amante del dictador y hoy viví con mucho hermetismo en Miami, donde finalmente se presentó con un norteamericano de origen nicaragüense. Amigo confidente, crítico y un novio que tubo a punto de casarse se divulga este perfil a lo largo de lo que se conoce como "la mujer más influyente de su época en Nicaragua. Reproducciones del Diario La Estrella de Nicaragua y la Revista Gente de Argentina
Somoza y Dinorah tenían su canción: Extraños en la noche, de Frank Sinatra.

 

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