El primer burdel de América

Reportaje - 19.06.2005
Esta es la casa de Hilario Alemán

Un arqueólogo cree haber encontrado en El Realejo, Chinandega, el prostíbulo que fundó hace 500 años la viuda del gobernador Pedrarias Dávila y que hasta ahora parecía la historia salida de la mente de un novelista

Octavio Enríquez 

Hace 10 años el escritor nicaragüense Ricardo Pasos Marciaq publicó una novela que escandalizó desde su título: El burdel de las Pedrarias. La historia era como para una película ambientada con brutos conquistadores que se acostaban con indias en un prostíbulo a orillas del Puerto El Realejo o La Posesión en pleno siglo XVI.

La jefa era una mujer altiva, de clase española, nacida en Segovia, viuda de quien fuera el más famoso y cruel gobernador de Nicaragua, Pedrarias Dávila. Doña Isabel de Bodadilla encarnaba la
“Celestina” con más poder en el país, gracias a lazos que la unían a la corona española. Tenía el talento para hacer dinero y una autoridad que nadie objetaba. Su mina de oro se llamaba, según los pobladores, La Casa de las Margaritas.

Sin embargo el arqueólogo Ramiro García cree haber encontrado los restos y el lugar donde funcionó este prostíbulo hace casi 500 años, posiblemente el primero que instalaron los españoles en América. García fue quien descubrió los restos de Pedrarias Dávila, en la ruinas de León Viejo, en el año 2000, y desde esa fecha estaba empeñado en encontrar testimonio arqueológico de la existencia del famoso burdel.

El Realejo era en 1534 el principal puerto de España en América. Toda una urbe que tenía iglesia, hospital y construcciones que hacían cómoda la vida a los capitanes y conquistadores españoles que llegaban a Nicaragua como Pedro Alvarado "El Adelantado", quien nombró despectivamente por primera vez El Realejo al puerto de La Posesión, porque para él no era un Real como llamaban a sus residencias, sino un pueblito que no los merecía.

Pero en El Realejo estaba lo mejor de España en el nuevo continente. Se construían barcos y se comerciaba con Perú, adonde el gobernador Pedrarias Dávila mandaba al conquistador Francisco Pizarro madera preciosa, gran parte de la cual todavía hoy adorna las iglesias de aquel país. Pedrarias murió en 1531 y doña Isabel llegó desde España para recuperar los bienes de su esposo y hacerse cargo de las encomiendas de indios en la región de Teotega, cerca de El Viejo, en el dominio del cacique Agateyte. De allí sacó a las indias que tenían las caderas más hermosas para que fueran parte de su negocio.

Según Pasos, el Burdel de las Pedrarias olía en ese tiempo a mangle y los zancudos eran insoportables en el galerón con piso de lajas que permanecía abierto hasta las seis de la tarde, porque el servicio de energía eléctrica fue un invento que conocieron en el pueblo más de 400 años después.

Las espaldas húmedas de los conquistadores se iluminaban gracias a las teas, pero se podía quemar el techo, pues era muy bajo y de paja. Doña Isabel de Bobadilla se paseaba entre esa oscurana y vigilaba a 80 indias con sus piernas abiertas mientras copulaban con los españoles que por cada servicio pagaban dos barritas de oro, aunque "por una india hermosa piden a vn precio e por otra que no loes tanto otro precio".

Los españoles tenían derecho a hacerles todo a las mujeres sin que les apuraran con el tiempo o les prohibieran alguna posición. Pasos dice que muchas morían. El ritmo de trabajo, sin embargo, siempre fue brutal. Después del primer grupo de españoles satisfechos, entraban otros 80 conquistadores durante una jornada que solo interrumpía la oscuridad. Al final, 14 habían pasado por cada india y la ganancia del día rondaba las 2,240 barritas de oro.

"¿Cuántas indias morían? A Isabel de Bobadilla no le importaba. Tenía la materia prima para la explotación, que era el vientre y de allí sacaba el oro". Ricardo Pasos Marciaq se arrellana en un sillón y cuenta que su novela nunca fue refutada por el Departamento de Historia en la universidad de Valladolid, en España, a pesar que viajó hasta allá para presentarla.El Realejo

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La finca donde supuestamente funcionó el Burdel de las Pedrarias se llama La Batería, y es actualmente propiedad del señor Hilario Alemán. El arqueólogo Ramiro García tenía el reto de probar que en ese lugar se asentó La Casa de las Margaritas y se dejó guiar por la frase con la que inició Pasos Marciaq su novela, sacada de la colección histórica del historiador Vega Bolaños, que deja claro en un español antiguo que existía el prostíbulo:

"Yten que consiste que en un pueblo de Indios que tiene en administración Rodrigo de Contreras (yerno de doña Isabel y gobernador años después de la muerte de Pedrarias) que se dize Teotega ques de su suegra se alquilen las indias libres a marineros es otras personas que están en El Puerto de El Realejo ques doze leguas de León e una legua del dicho pueblo deste Teotega esto para que se hechen con las tales personas en ansy por vna india hermosa piden a vn precio e por otra que no loes tanto otro precio y si otra persona las alquila las castigan y le hechan pena por ello".

La novela también le dio las luces de dónde podía estar: A 600 varas del atracadero, la distancia donde está ahora la casa hacienda de don Hilario. Las inspecciones empezaron el 21 de marzo del 2005. La gente comentaba con insistencia que en el lugar había sido el burdel, pero García lo manejó con cuidado.

No siempre lo que dice la población es verdad, pero intuía algo en esa casa colonial de Hilario, de techo de madera con cuatro corredores y un gran salón en el centro. Allí descubrió que esa casa hacienda estaba construida sobre la base de otra edificación entre el sector este y oeste del sitio, donde se ve con claridad el montículo en el que estaba la cuartería, según un informe de García.

Para Hilario Alemán el descubrimiento lo agarró de sorpresa. Don Medardo, un vecino ya muerto, se lo había comentado, pero él nunca creyó hasta que vio al arqueólogo, de pelo desaliñado, excavando en su propiedad y asoció el descubrimiento con sonidos extraños que se escuchaban durante las noches como el galopar de un caballo o el toque imprevisto de la puerta.

García halló en la finca pruebas como cerámica precolombina, porcelana de la colonia, botellas de vidrio de aquella época y un maravedí, las monedas españolas que los pobladores de la zona encuentran en los patios de sus casas. Don Hilario encontró una hace meses y logró venderla en 80 dólares a un militar centroamericano que pasaba por el pueblo. La venta de piezas coloniales no es un negocio extraño para los pobladores. El alcalde Rafael Blanco tiene una colección propiedad municipal y muestra botellas de vidrio, pedazos de porcelana y en un medallón una virgen de plata cargando un niño.

El otro que tiene muchas piezas coloniales es el padre José Schendell, de Corinto, quien atesora en su parroquia objetos religiosos coloniales que le llegaban a dejar con el cuento de "aquí me hallé padrecito".

Ruinas del antiguo Convento San Francisco,
Un funcionario de la Alcaldía de El Realejo está sobre las ruinas del antiguo Convento San Francisco, uno de los lugares de más atractivo histórico.

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Entre los cuentos de la población y sus excavaciones, el arqueólogo descubrió un mundo que parece salido de la ficción, donde los pobladores del vecino Corinto con los de El Realejo se disputan el suelo para enterrar a sus muertos, porque los primeros se cansaron de hacer sepelios en una isla a la que llegaban en un bote que en muchas ocasiones se dio vuelta con todo y difunto.

La ruta para encontrar la magia, parte de la plaza central, donde se bifurca el camino que lleva a la finca La Batería. Por allí pasa la gente para comprar la leche de la mañana, el alimento del mediodía o visitar la iglesia Santiago de El Realejo y su apariencia de monasterio antiguo, en uno de los costados de la plazoleta.

A unos 100 metros hacia el oeste está el antiguo Convento San Francisco, donde los vecinos vieron a Ramiro García concentrado sobre las ruinas del que inicialmente se llamaba Convento San Antonio, construido por primera vez entre 1640 y 1646, porque durante ese año se quemó el edificio por un incendio que un huracán provocó.

Lejos de allí, en una cumbre desde donde se ve Corinto, está el antiguo fortín colonial donde los españoles vigilaban los mercantes o piratas que podían llegar a su territorio. Lo malo es que las huellas de que algo existió son pocas. Durante los ochenta, en plena guerra, los sandinistas remozaron la fortaleza y se ven algunas barricadas de concreto que el dueño de la finca ha empezado a destruir, pasándole un tractor que amenaza con destruir tanto los vestigios de la construcción colonial como los que hicieron en la guerra de los ochenta.

Para el alcalde, pocos valoran la historia, pero la verdad es que El Realejo es un pueblo venido a menos por el olvido de los gobiernos, tanto que a ningún visitante le extrañaría escuchar al padre Schendell decir que la luz eléctrica es una canción nueva que tocan desde 1969, u oír a Hilario Alemán quejarse de que las lluvias cuando son muy fuertes inundan todo. Hasta La Casa de Las Margaritas.

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A pesar de las limitaciones, El Realejo es un pueblo que atrae por su historia. Florencio González es un oficial de la marina española que ancló en Nicaragua hace nueve años y que tiene ideas de montar un proyecto para que la gente recorra la ruta de los españoles desde Managua, pero su queja es que no hay infraestructura.

"Es un poquitín, como decimos en España, la pescadilla mordiéndose la cola sola: no viene gente porque no hay nada que mostrar y no hay nada que mostrar porque no viene la gente. Debemos romper con eso. El Realejo lo tiene todo para ser un encanto", dice Florencio con el atardecer de fondo en Pasocaballos.

La materia prima ahí está: en la naturaleza privilegiada, la iglesia de Santiago, el Convento San Francisco, los esteros y el burdel, del que Pasos Marciaq insiste no hay nada de que avergonzarse. "Para Nicaragua no debe ser penoso reconocer que aquí se instaló el primer burdel de la conquista española. Lo que estoy diciendo no es juguete, porque fue con la aprobación silenciosa de la corona real", dice Pasos Marciaq.

Está pendiente todavía la búsqueda de navíos en la zona donde atracaban, que queda a unos kilómetros hacia el mar desde la finca de don Hilario. Allí se pueden encontrar algunos barcos hundidos, porque llegaban a cargarse. Para llegar al pueblo ocupaban bergantines que hacían el mismo recorrido que siglos después hacen los pescadores de concha sonrientes que extienden una mano y dicen adiós sin importar si les contestan. ¿Cómo es un realejeño? Tal vez el mejor ejemplo son los hijos de Hilario Alemán que caminan por un surco y siembran aprovechando la lluvia, mientras su padre cuenta la historia desmentida por algunos hace años, pero que ahora creen como purita verdad.El Realejo

El Realejo contra Corinto

Durante más de 160 años, El Realejo permaneció en abandono. El 20 de diciembre de 1858 el presidente Tomás Martínez ordenó su traslado a Corinto, un nombre que empezó a leerse en los registros comerciales tres años después, según el historiador municipal de ese lugar, Iván Cortez.

Pero Cortez no cree en divisiones. Casi el 30 por ciento de los pobladores de El Realejo es gente que ha emigrado hasta allá en busca de la tranquilidad del pueblo. Lo mejor sería, opina, que se unan ambos municipios con base en las dos necesidades: la de territorio de Corinto y la de recursos de un municipio pobre como El Realejo. Que se acaben los pleitos.

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