El retorno de "El Bufalo"

Reportaje - 07.08.2011

Uno de los mejores boxeadores de Nicaragua, dos veces campeón del mundo y el único que mandó a la lona al mexicano Ricardo "Finito" López, considerado el mejor peleador de categorías pequeñas de la historia. Después de cinco años inactivo Rosendo "El Búfalo" Álvarez se pone de pie y dice estar listo para dar la batalla en el ring. A sus 41 años, con cuatro hijos y tres nietos, camina sobre un
sueño: llegar a ser tricampeón mundial

Dora. Luz Romero
Fotos de Brenda Beets Brown

Su voz daba la impresión de haberse apagado. Pasaron los años y su nombre se fue escuchando cada vez menos. Pronto había dejado de ser la comidilla de los medios de comunicación. Su historia era la misma que la mayoría de los boxeadores, tuvo sus días de gloria y luego se retiró a una vida aderezada por los recuerdos y el anonimato. Pero no. Rosendo Álvarez, mejor conocido como "El Búfalo" por su fortaleza en el ring, se resiste a ser olvidado. Se resiste a dejar el ring que por muchos años lo acogió. Ahora con 41 años encima y desde California, donde se encuentra reconcentrado para su próxima pelea, "El Búfalo" dice estar de vuelta. Sin embargo, un retorno —opinan los expertos en deportes no sería la mejor decisión para una deportista de su talla.

Los especialistas lo catalogan como el segundo mejor boxeador de Nicaragua, después de Alexis Argüello, y el mejor de las categorías pequeñas. En su época, dio mucho de qué hablar. No solo por sus destrezas en el cuadrilátero, sino también por su indisciplina, su controversia) vida sentimental, el alcohol y el dinero.

Ahora, su nombre empieza a escucharse nuevamente. En julio pasado fue integrado al Salón de la
Fama del Deporte de Nicaragua y hace algunos meses anunció que volvería al ring. Su retorno ha generado diversas opiniones. Hay quienes prefieren quedarse con la imagen del Rosendo que en 1998 logró llevar a la lona al mejor boxeador de categorías pequeñas de la historia, el mexicano Ricardo "Finito" López. Hay algunos otros que les gustaría volver a verlo con los guantes puestos.

Sin importar las opiniones, Rosendo asegura estar listo. Lleva tres meses entrenando, haciendo dieta para subir al ring. Piensa hacerlo en septiembre y según cuenta le están pagando "buen dinero", tal y como la hacían en sus mejores tiempos. Quiere llegar a ser tricampeón mundial. Y a ese sueño, no piensa darle tregua.

Hace tres meses que Rosendo se encuentra reconcentrado en California, donde se prepara para su regreso en septiembre próximo.

***

El 16 de mayo de 1970 nació Rosendo José Álvarez Hernández. Creció en medio de una humilde familia en Ciudad Sandino, en ese entonces llamado Open III, y es el menor de ocho hijos que tuvo doña Celina Hernández. "Él es mi tierno", dice con una sonrisa la viejita de más de ochenta años.

Fue formado en un hogar evangélico, donde todos los domingos por la mañana se iba a clase dominical y por la noche al culto. El pastor Rufino Soza, quien tiene más de treinta años de conocerlo, lo recuerda entrando a la iglesia junto a su madre para asistir a los cultos.

Al igual que sus hermanos pasó por algunas dificultades. Su mamá, Celia, tenía una fabriquita de condimentos y su padre, Rosendo, era chofer. Así sobrevivían.

Era un niño inquieto, dice su mamá. Siempre estuvo involucrado en peleas con niños, era muy enamorado , y se salía escondido de su casa. "Me daba guerra. Ya grandecito lo mandaba hacer mandados y había chavalos que le pegaban y él no se dejaba".

No era extraño ver a Rosendo llegar después de clases sucio y desaliñado producto de una pelea. "Una vez se agarró con cinco y les pegó. Las mamás llegaron a poner queja y a mí me daba pena, yo les decía que lo iba a castigar porque no me gustaba que anduviera peleando" Pero también le gustaba escaparse de su casa. Desde niño, relata doña Celina, se iba a la playa para andar pescando. "Tenía que darle palo porque era vago", dice con una mirada que sabe a nostalgia.

Fue un niño enamorado. Tuvo muchas novias y cuando tenía unos 11 años, la profesora del colegio mandó a llamar a su mamá porque no lo aguantaba. "Me dijo que la pasaba enamorando", cuenta entre risas. Fue tan enamorado y bandido que a los 16 años tuvo su primera hija, quien ya lo hizo abuelo.

Fueron pasando los años y la fama de buen peleador se la ganó a pulso. Sus amigos del barrio lo buscaban cuando estaban en aprietos. Pero su pasión por el boxeo la desarrolló algún tiempo después cuando fue reclutado para el Servicio Militar Obligatorio en 1986.

Estando ahí, recuerda, buscaban talento deportivo y apareció él. Participó y ganó en varios torneos organizados por Ejército. "Me dieron obsequios y eso me motivó a quedarme en el boxeo, porque no tenía que estar en la unidad de combate, hacer vigilancia, posta, cargar un fusil, ya solamente era boxear. Ahí comíamos bien, en la unidad de deportes", recuerda. Y así dio sus primeros pasos.

***

La Plaza de Toros de México estaba al reventar Era 1998 y en una esquina estaba el mexicano Ricardo "Finito" López, en la otra Rosendo "El Búfalo" Álvarez. Ambos eran campeones y llegaban invictos al cuadrilátero.

Rosendo llevaba un short gris con ribetes azules. Esa noche cumplía uno de sus sueños, enfrentarse al "Finito" López, considerado el mejor boxeador de categorías pequeñas de todos los tiempos.

"Un día estaba en la casa de mi hermana y dije: este tipo me mata si me agarra" Cinco años después de estar sentado frente al televisor viendo una pelea del "Finito", Rosendo estaba ahí, frente a él, dando la batalla. Esa noche, cinco años después de desearlo, su sueño se hizo realidad.

Esa noche, en la Plaza de Toros, Rosendo mandó a la lona a su contrincante. No cualquiera lograba aquella hazaña, de hecho, en toda la carrera del boxeador mexicano, él fue el único que lo botó.

Tras el primer round de la pelea, Rosendo recuerda con emoción que desde su esquina miró a su oponente. "Recuerdo que dije: en el nombre de Jesús te golpearé hoy. Yo salí decidido y confiado en la palabra que salió de mi boca y me sorprendí cuando lo conecté y cayó espectacularmente. Impactante esa experiencia", relata.

Doña Celina acompañaba a su hijo. La masa mexicana, recuerda, no era ni siquiera comparada con los nicaragüenses que habían llegado para apoyar a su Rosendo. Ella, desde la primera fila vio cuando el "Finito" cayó. "La gente se puso de pie y ahí sí me asusté, dije: le van a caer encima a mi hijo".

En condiciones no muy claras, se declaró un empate y meses más tarde se realizó el desempate que Rosendo perdió.

En una entrevista realizada en el 2006 por el editor de Deportes del diario La Prensa, Edgard Rodríguez, a Ricardo "Finito" López, este confesó que Rosendo "ha sido el boxeador más fuerte que enfrenté. Incluso me envió a la lona y aquel empate olió a derrota allá en México".

Pero aquella pelea le costó caro a Rosendo. Su deseo por pelear con "Finito" truncó su carrera, asegura. "Desgraciadamente yo firmé con Don King para pelear con el gran 'Finito' López, que ese era mi sueño. Por esa razón firmé con Don King, si no firmaba con él no me daban la oportunidad de pelear con él y ese fue mi fracaso. El congeló mi carrera. Hice 11 peleas en 11 años. Daba una pelea y se desaparecía, yo pensé que se iba a mejorar la cosa y después no lo volvía a ver", relata acongojado.

Esa, reconoce, fue la derrota de su vida. Pasó muchos años a la espera de esas grandes peleas que nunca llegaron. "Eso es algo de lo que me arrepiento. Fue el peor error de mi vida. Yo hacía buen dinero, no necesitaba a Don King, me hice campeón sin él".

Pero su carrera como boxeador no se vio estropeada únicamente por eso. En sus mejores tiempos, el púgil nicaragüense era noticia en los medios, no solo por su labor deportiva, sino porque en algunas ocasiones protagonizó escándalos relacionados al dinero, mujeres y alcohol. Además de esa mala ima-gen se le tachaba de indisciplinado, que no se preparaba bien y que siempre estaba fuera del peso indicado.

El cronista deportivo Edgard Tijerino opina que "careció del comportamiento que uno espera ver de quien es un deportista de tanta notoriedad. No supo cuidar su imagen y tampoco físicamente, descuidando varias veces su preparación" Pero su grandeza deportiva, dice, Tijerino, "no admite discusión" Hay otros, un poco más duros, como el historiador y cronista Bayardo Cuadra quien en una entrevista reciente tachó a Rosendo de que "a veces fue mediocre, sin el hambre de triunfo que tenía Alexis" No es que haya sido malo, dice Cuadra. "Fue un boxeador muy bueno, pero le faltó disciplina. Yo soy muy exigente en materia de boxeo y graduarlo en el sentido de boxeador excelso no lo pondría yo".

Rosendo reconoce sus errores. Algunos, no todos. Sabe que malgastó su dinero, pero insiste que nunca lo hizo en alcohol, drogas ni mujeres. "Lo hice en malas inversiones", recalca. Su primer error, dice, fue haberse metido junto a su exesposa Ana Francis Donaire a promover boxeadores. "Me dediqué andar promoviendo a otros y no me ayudé a mí mismo. No iba al gimnasio por andar buscando dinero para promover peleas de boxeadores".

Rosendo admite que las peleas que perdió en su carrera fueron culpa de su irresponsabilidad. "Es solo culpa mía. No perdí porque fueran súper mejores que yo, son buenos, pero yo sé que bien entrenado las cosas no hubieran sido así".

La primera pelea de Rosendo Álvarez en boxeo profesional fue el 12 de diciembre de 1992 "Me pagaron bien, mil córdobas oro", asegura.

***

Un boxeador fuera de serie, con habilidad para tapar salidas, contragolpear y establecer su ritmo. Un púgil visto desde cualquier butaca" Así describe Edgard Tijerino a Rosendo Álvarez. Pablo Fletes, periodista deportivo de La Prensa, por su parte, lo califica como un "boxeador excepcional, con buena técnica y una pegada con ambas manos que hacía mucho daño".

Pero además de esas sus envidiables características, este peleador —dice Fletes— fue quien "marcó la resurrección boxística nicaragüense cuando ganó la corona mínima de la AMB en Tailandia ante Chana Porpaoin, en diciembre de 1995. Luego de que el boxeo profesional se prohibiera en Nicaragua en la década de los ochenta, fue él quien volvió a poner a Nicaragua en el concierto boxístico internacional".

Hace aproximadamente cinco años que Rosendo vive en Miami. Salió del país junto a sus hijos y su ahora exesposa Ana Francis Donaire. "Mi carrera estaba aquí en Miami", dice. El rumbo de su vida cambió cuando en el 2006 se separó de quien fue su esposa durante 14 años, quien se llevó consigo a sus tres hijos: Francisco, Sharon y Rosendo Isaac. Se retiró del boxeo y ahora, no le gusta hablar de su vida privada. El pasado prefiere dejarlo donde está.

De su vida en Estados Unidos se escuchó que lavaba carros y que cargaba maletas, pero él asegura que nunca le ha tocado hacer un trabajo como ese. "Eso no es una deshonra, si fuera verdad yo lo digo, pero mi Dios no lo ha permitido", dice. Desde que llegó a ese país le ha tocado trabajar con promotores de boxeo.

Pero para Rosendo, ni su pa-sado, ni sus problemas, ni sus miedos, absolutamente nada le hará echar pie atrás. El va en busca de su tercera corona.

—¿Cómo te sentís para tu regreso?

—Al comienzo fue duro. Tenía cinco años de no estar haciendo ejercicios ni nada. Me resentí bastante. Ahora me siento más cómodo, más ágil, más rápido, con mejores condiciones.

—¿Has tenido problemas con el peso?

—Llegué pesado. Llegué gordo, estaba un poco desanimado por el boxeo por todas las cosas que atrae la fama. Amigos falsos, traiciones, mi matrimonio se terminó un mes antes que peleara con Jorge "El Travieso" Arce. Eso me afectó. Llegué en 154 libras. Ahora estoy 130. Mi meta es 118 libras. Estoy en la recta final y dos meses es suficiente.

—Hay quienes piensan que haces tu regreso por dinero.

Tengo la necesidad de ganar dinero, pero también no quiero dar una mala presentación. Estoy aquí porque soy orgulloso, porque el boxeo es mi pasión. Además, ¿quién no se mueve por dinero? Nadie hace un trabajo de balde.

—¿Por qué ahora?

—En cinco años que pasaron jamás toqué este tema del boxeo. No tenía las intenciones. Estaba resentido con el boxeo, con mucha gente. Pero hubo muchas personas positivas a mi alrededor que me decían "tú puedes volver" Yo dije que de verdad este es mi talento. Esto viene de Dios.

—¿Cuánto te están ofreciendo?

—Ahora no me gusta hablar de dinero.

—¿Te están pagando como en tus buenos tiempos?

—Me están pagando bien. Los campeones actuales de Nicaragua no ganan lo que me están ofreciendo para pelear. Se me paga lo que valgo. Igual que en mis buenos tiempos. —¿Te da temor subir nuevamente al ring?

—Tengo 41 años y estoy muy orgulloso. Me siento muy fuerte, muy bien. Mi equipo de trabajo se ríe de verme cómo he ido evolucionando en estos días de preparación y se quedan asombrados. Ahora que ya estoy entrenando que he guanteado me he dado cuenta que yo estuve equivocado al no regresar hace cuatro años. Yo soy un guerrero, soy un valiente, soy un gladiador. Yo nací para boxear.

Intimidad

Lo que más amo... Dios, mi madre y mis hijos.

Me gusta... ayudar al más necesitado.

Me disgusta... la injusticia.

Mi sueño es... graduara mis hijos como profesionales y conquistar una tercera corona mundial.

Creo en... Jehová, el Dios omnipotente y Creador del universo.

Un momento triste... A los nueve años perdía mi padre Rosendo y a mi hermano Sandro en la revolución de 1979.

La mala inversión de su vida —asegura— fue meterse a promotor de boxeo junto a su exesposa. "Pasé nueve años haciéndolo, perdí casi 250 mil dólares y ahora ¿quién me agradece? Ninguno". En la fotografía en una de sus tantas presentaciones en el país.

Sección
Reportaje