El rostro de la censura

Reportaje - 13.07.2008
Nelba Blandón

En los años ochenta a Nelba Cecilia Blandón, a juicio personal y político, le tocaba decidir qué se publicaba y qué no en los medios nicaragüenses. Hoy, aunque ya no comulga con el FSLN, no se arrepiente de haber sido “la censora”

Dora Luz Romero Mejía

Para 1982 la censura de prensa se estableció como ley en Nicaragua. El gobernante del Frente Sandinista había dividido a los medios de comunicación entre sandinistas y “enemigos del poder revolucionario”. Los medios “enemigos” eran sometidos a una escrupulosa revisión de sus contenidos, y era una oficina militar la que decidía qué y cómo se debían publicar. El diario La Prensa era uno de los principales blancos de la censura.

El trajín de los diarios empezaba así: luego de que el editor armaba el periódico con las noticias, enviaba las planchas a la Dirección de Medios de Comunicación del Ministerio del Interior. Ahí, el encargado de llevar el diario esperaba largas horas a que los “oficiales” que analizaban la información dieran el visto bueno. Si nada les atrasaba la espera sería de unas tres o cuatro horas. A veces podía ser más.

Los editores del diario no hacían más que esperar mientras en la oficina de la censura –ubicada en Carretera a Masaya donde actualmente es el Casino Pharaohs– los encargados de leer las noticias analizaban la información recibida. Ahí estaban quienes irónicamente Pedro Joaquín Chamorro Barrios –codirector y editor de La Prensa en ese entonces– llama “los sabios que querían leer nuestras mentes y saber qué queríamos decir detrás de cada palabra escrita”.

Quien mandaba en la oficina de censura era Nelba Cecilia Blandón. Una mujer que vestía de verde olivo, botas y pistola al cinto y que llegaría a ser subcomandante del Ministerio del Interior. Ella daba la resolución final donde aparecía qué notas serían publicadas y cuáles no.

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Las órdenes expuestas en la resolución se leían así:

“Página 5, Artículo: Millares en vía crucis del perdón. Resolución: Cambiar titular, párrafos 1, 2, 4 suprimirlos, párrafo 11 sustituir República por Revolución, suprimir desde no obstante hasta Bravo, párrafos 12, 13, 14, 15, 16 suprimirlos”.

Cuando las extensas resoluciones escritas a máquina de escribir llegaban al Diario, el editor cambiaba, ponía, quitaba noticias. Luego llamaba a la oficina de medios y dictaba por teléfono lo que había puesto después de las órdenes recibidas. Al final se daba un aprobado.

El periodista Horacio Ruiz (q.e.p.d.) en más de una ocasión se quejó de que no se trataba únicamente de censura, sino de la intención deliberada de entorpecer la salida del periódico, con largas esperas y absurdos cambios que en varias ocasiones provocaron que La Prensa no saliera o bien saliera a deshora.

Casi 25 años después, Blandón, retirada de la vida militar y hasta del partido en que militaba, dice que la censura es un tema “incómodo” para hablar, reconoce que “hubo excesos” pero considera la censura como “necesaria” en esa época y justifica su actuación porque “era militar y obedecía órdenes”.El rostro de la censura

***

“Un pequeño dictador lleno de soberbia”. Así describió Horacio Ruiz a Blandón en un artículo publicado en junio de 1986 en el Washington Post. No tenía otras palabras para explicar como era la mujer que decía: “No te puedo permitir que pongás eso en esa página”.

Blandón se defiende y asegura que nunca fue una mujer soberbia. Está convencida que él al igual que ella, libraban una batalla de sus concepciones y quería ganarse la opinión pública internacional. Asimismo considera que Ruiz no se refería a ella, sino que probablemente “él quiso graficar en una persona el ejercicio de esas medidas y la persona más cercana era yo. Quizás con eso él describía la arrogancia, la soberbia del poder y tenía que darle un rostro”.

Eso sí. Dicen que era una mujer bromista. “Puede ser acogedora y bromear a veces”, dijo Ruiz, pero después aseguró que “otras veces es mordaz, insultativa, hiriente y provocadora... Tiene un ego exaltado que la hace sentirse la controladora máxima de cómo la gente debe expresarse y qué debe pensar y cómo debe de opinar en los medios de prensa de Nicaragua”. Tan controladora que no se limitaba a censurar, sino que además, decía Ruiz, proponía noticias oficiales para sustituir las que ya había censurado.

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Jaime Chamorro Cardenal, director de La Prensa, guarda un buen recuerdo de Blandón, pero aclara: “No de su trabajo”. Aunque su labor no fue plausible para él, reconoce que “era mujer con gran sentido del humor, tranquila... Yo estaba claro de que ella recibía órdenes. Incluso yo quedé con cierto aprecio hacia su persona”, asegura entre risas Chamorro en una oficina donde aún guarda parte de esa historia, aún archiva decenas de resoluciones enviadas por Blandón. Aunque Blandón tomaba decisiones, ella seguía lineamientos de un partido y recibía órdenes de su superior, Tomás Borge y de la Dirección Nacional. “Nunca fue grosera, sino que tenía una formación ideológica recta, abyecta.

Era Dirección Nacional ordene”, dice por su parte Pedro Joaquín Chamorro Barrios, uno de los codirectores de la época.

En uno de esos arranques de humor Jaime Chamorro recuerda una anécdota. Él le dijo:

—Nelbita decile a esos tus asesores cubanos que me saquen temprano el periódico.
Ella contestó a carcajadas:

—¿Asesores cubanos? Tenemos asesores en salud, militares pero ¿en medios de comunicación? ¡Si los cubanos no tienen medios!

A él no le quedó de otra más que reír junto con ella.

Por su parte, Guillermo Rothschuh Villanueva, quien fue el primer Director de la oficina de Dirección de Medios de Comunicación (sucedido por Michelle Najlis y ésta por Blandón) asegura que Nelba Blandón “no era una mujer mezquina. Era muy agradable, simpática y de buen vestir a pesar de que le tocó un cargo complejo, difícil por las circunstancias en las que transcurrió la vida del país en los años 80. Cualquier persona que hubiese estado en el cargo hubiera cumplido idénticas funciones”.

***

Blandón es la sexta de diez hermanos. Nacida en San Rafael del Norte, Jinotega. Su padre, ganadero; su madre, maestra. De niña junto a su familia emigró a Matiguás, Matagalpa y para estudiar el año básico en la universidad se trasladó a la capital.

Guarda recuerdos vívidos de su adolescencia. Cuando jugaba en el campo y solía ir nadar en el río o cuando se decidió por Derecho en lugar de Periodismo y Arquitectura. Desde muy joven se integró a las luchas sociales que lideraba el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). “Yo estaba en secundaria, pero aún así peleaba por el porcentaje que pedían los universitarios, me vinculé en las tomas de las iglesias en solidaridad con presos políticos”, recuerda.

Pero fue a mediados de los años 70, mientras cursaba el año básico en Managua, cuando fue reclutada para el Frente Sandinista por Antenor Rosales, actual presidente del Banco Central. Después le tocó trasladarse a León a estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y ahí es donde se vincula más directamente. “Me reclutó un compañero que se llama Irvin Dávila como en 1975-1976”, afirma.

Blandón considera que en su caso, el terremoto fue determinante. Fue voluntaria para levantar los censos de los damnificados que habían llegado por el terremoto de 1972 a Matagalpa. Fue la primera vez que trabajó de manera organizada con el FSLN y según dice fue un momento clave donde “el Frente (FSLN) detectó posibles candidatos, supongo yo, a ser reclutados”.

Su abuela materna también influyó. Ella era colaboradora del FSLN y su casa era casa de seguridad por donde pasaron, según dice, los comandantes Víctor Tirado y Edén Pastora.

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Al salir de estudiar Derecho, se convirtió en profesora de Sociología en la misma universidad. A la vez trabajaba en capacitación política de los sindicatos de obreros del campo. Pero después del triunfo de la revolución recibió un telegrama en el que le notificaban que debía presentarse a la oficina del Ministerio del Interior (MINT) para convertirse en la jefa de Dirección de Medios de Comunicación del MINT. “Como militante del FSLN era una orden”, explica. Para ese tiempo aún no se había decretado censura, pero “había una voluntad del Gobierno”, recuerda.

***

La mañana está fresca y nublada. Se escucha el cantar de los pájaros y desde la terraza de la casa de Nelba Cecilia Blandón, en Las Colinas, se observa el verdor. Ella sonríe. Su cabello es corto y canoso. Su voz es ronca e imponente.

Enciende el primero de muchos cigarrillos. Luce nerviosa. Suda mucho y de vez en cuando le tiem­bla la quijada al hablar y la voz ronca y fuerte se apaga un poco.

—Cuando le dijeron de qué se trataba el trabajo, ¿tuvo algún inconveniente?

—Absolutamente no –dice con rostro serio.

—¿Cómo era su dinámica de trabajo?

—Por la oficina pasaban todos los medios de comunicación, exceptuando por supuesto Barricada, Radio Sandino y la Voz de Nicaragua. Pasaba La Prensa, El Nuevo Diario, Radio Católica, los noticieros... la programación de Radio Católica tenía que pasar íntegra por ahí. Espacios noticiosos de la Radio Mundial, de la Corporación...

—¿Con quiénes trabajaba?

—Tenía un equipo que se llamaba Departamento de Análisis. El grupo de oficiales revisaba, con lineamientos que yo les daba, las noticias de carácter militar porque ya estábamos en guerra y noticias de carácter económico. Cuando hay un país en crisis, en guerra, las dificultades económicas fueron sujetas a manipulación a la hora de la información para generar incertidumbre, miedo, caos, se especulaba con la existencia de tal o cual producto, eso estimulaba el acaparamiento y eso a su vez provocaba miedo en la población. Ésos eran lo ejes fundamentales.

—¿Cómo era el proceso?

—Los medios llevaban todas las planchas a mi oficina. Ahí, el Departamento analizaba la informa­ción y me pasaban sus sugerencias. Yo después miraba las sugerencias y aprobaba o desaprobaba. En el equipo para los medios impresos era como de ocho compañeros. Variaba dependiendo del trabajo.

—¿Cuáles eran los parámetros para censurar?

—Valoración política y eso estaba a cargo mío. Si en algún momento yo consideraba que esa medida era de mayor gravedad, en varias ocasiones llamaba al comandante (Tomás) Borge. Me dieron bastante discrecionalidad en el ejercicio.

—¿Usted tenía el poder de cerrar los medios?

—No. Cerrar un medio era decisión del Ministro del Interior (Tomás Borge). Esa facultad no me fue concedida nunca.
—¿En algún momento se sintió incómoda por lo que hacía?

—Sí. En muchas ocasiones, pero era mi trabajo.

—¿Qué pensaba cuando censuraba?

—Lo que se me pasaba por la mente siempre cuando estaba censurando es que la información siempre será un conflicto de derechos. Yo reflexionaba el derecho que tenía la revolución sandinista de defender el proyecto revolucionario. Desde afuera uno dice ¡qué horror!, pero cuando todos los días escuchabas que se caía un helicóptero con los niños de Ayapal, habían minado los puertos en la Costa Atlántica, habían minado puertos en Corinto... y que ese medio, a lo interno, con su posición política estuviera de acuerdo, aunque no lo dijera así, pero con su posición estaba aplaudiendo, estaba estimulando. El cardenal Obando y La Prensa eran la expresión de la resistencia nacional a lo interno.

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—Para usted, ¿la censura era lo adecuado?

—Yo creo que fue lo correcto. Estábamos en guerra. Nicaragua acorralada, empobrecida y la potencia más grande del mundo sobre nosotros. Claro que hubiera sido preferible que las condiciones no nos llevaran a eso, pero en ese momento, La Prensa era cosa seria.

Insólita y excesiva. Así era la censura según los censurados. La explicación que Blandón había dado a los medios del porqué de la censura fue ésta: “Se trata de una censura total para proteger la Seguridad del Estado y defender la Revolución Popular Sandinista de la agresión del imperialismo gringo, de tal forma que la censura abarcará hasta lo ideológico”. Para Ruiz, esas palabras de Blandón se convirtieron en una realidad “sacada de lo más refinado de las tiranías. Una tiranía mental...”. Ya que no solamente se trataba de “suprimir noticias que representaran un riesgo a la seguridad de estado sandinista, o las noticias que pudieran deteriorar la imagen del mismo, sino el modo de pensar de los editores que planean, realizan, procesan y seleccionan el material informativo del diario y dirigen la orientación del mismo”.

Anécdotas como ésta eran las que ocurrían: “Recuerdo que en una ocasión envío la foto de un elefante esquiando en la Florida y llega censurada”, dice Chamorro Barrios y ese momento llamó para preguntarle indignado:

—¿Cómo es posible que me hayás censurado la foto de un elefante esquiando si no tiene nada que ver con lo militar, con lo político, economía, ministerios...?

Ella respondió:

—No te hagás Pedro Joaquín. Eso es diversionismo ideológico. Quieren publicar la foto para que el pueblo nicaragüense en lugar de estar haciendo las tareas de la revolución que es cavar trincheras para repeler la invasión, esté distraído viendo la foto de un elefante.

Chamorro Barrios dice que quedó sin argumentos y no podía creer hasta dónde llegaba la mente de los censores. Era sencillamente una forma de pensar “ilógica” para él.

En otra ocasión el Ministerio de Salud dijo en un comunicado oficial que unas latas de conserva que habían llegado de Bulgaria estaban en mal estado. La nota fue redactada, el periódico enviado y la resolución recibida decía: “No puede publicarse”.

Otra llamada de reclamo.

—¿Cómo es posible que censuren al propio gobierno? –preguntó Chamorro Barrios.

—No te hagás. No aparentés lo que sabés. A lo largo de los años Nicaragua ha importado miles de latas del bloque capitalista y apenas viene una donación del bloque socialista ustedes sacan que las latas de conserva están malas, por consiguiente el mensaje subliminal para los nicaragüenses es que los países quieren envenenar al pueblo de Nicaragua –dice que contestó.

Por su parte Jaime Chamorro recuerda el día que Blandón faltó a su palabra. Miguel Vigil, entonces Ministro de Vivienda, hizo un proyecto de ley en que si alguien tenía más de una casa, la segunda pasaba al inquilino. Blandón aseguró que el anteproyecto podía ser comentado y criticado. Cuando Chamorro envió un artículo escrito en forma de carta que se leía (escrito en forma de parábola): “Habían dos hermanos uno trabajó toda su vida, economizó e hizo su casa, hizo otra para ayudarse con la renta. El otro hermano era un borracho, le alquiló la casa a su hermano. El que trabajaba perdió su casa y el borracho...”. El artículo fue censurado a pesar de que, según Chamorro, la censora había prometido no hacerlo.

Era tan fuera de toda lógica algunas de las cosas que se censuraban que Ruiz contó en su artículo una anécdota que hoy no causa más que risas. En ese tiempo era prohibido publicar en el diario el nombre del cardenal Miguel Obando y Bravo. Cuando se jugaba “el Campeonato Mundial de Béisbol de Grandes Ligas entre los Cardenales de San Luis y los Royales de Kansas, La Prensa hizo una encuesta de preferencia entre los dos equipos. El resultado fue titulado: “Nicas: Cardenales serán campeones”. El titular fue censurado y se tuvo que sustituir la palabra “Cardenales” por “San Luis”.

Pero lo que a Ruiz le parecía más inverosímil era que no sólo censuraba los diarios, las radios y los programas de televisión, sino que también “la censora se censura a ella misma”. Blandón había brindado una entrevista al corresponsal de la agencia AP (Eloy Aguilar) y cuando La Prensa intentó publicar la noticia titulada: “Blandón comenta censura” ella no lo permitió. Luego el mismo corresponsal –en una entrevista posterior– le preguntó el porqué y ella contestó: “Porque las declaraciones que te di eran para publicarse en el exterior y no aquí en Nicaragua”.

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Y había más. Algo aún peor. La censura iba más allá de las páginas del periódico. Chamorro Barrios recuerda una ocasión en la que llamó a la censora y le dijo:

—Nelba, hoy tengo una recepción así que te voy a mandar un periódico dundo para que salgás rápido.

La espera fue igual o peor que todos los días. Aquel día la resolución llegó casi por la madrugada y con cientos de correcciones por hacer. Chamorro no logró ir a la recepción, y no entendió por qué sucedió eso cuando “había mandado un periódico insulso”. Lo supo años después (en los 90). Miró a Blandón y le preguntó por qué había ocurrido eso en aquella ocasión.

Ella sonriendo le dijo:

—No te hagás Pedro Joaquín. ¿No te acordás? Vos ibas a una recepción a la Embajada Americana.

Ese detalle lo llevó a confirmar lo que ya sospechaban: “Los argumentos para censurar iban más allá del contenido del periódico. A veces dependía del humor que esta gente andaba y de su ánimo”.

Blandón no niega los excesos. “Es una tentación muy humana en el ejercicio de poder. Si esto tiene que ver con la difusión de las ideas es una tendencia muy humana de cometer excesos. Ese equilibrio es difícil y obviamente sí hubo excesos”.

—Cuando cierran Radio Católica porque no transmitió el discurso de año nuevo de Daniel Ortega ¿considera que fue un exceso?

—No. Tenía sentido. Había una Ley de Medios de Comunicación y cuando se consideraba de interés nacional (hace gesto de comillas con las manos) tenían que encadenarse a la voz oficial del gobierno. Estábamos en guerra, el Daniel Ortega de esa época, normalmente cuando comparecía daba un mensaje a una nación en guerra y tenía contenido. No son los “corta y pega” que hace ahora. La actitud de la radio fue desafiante, de desobediencia a la ley.

En La Prensa no hubo un solo día en el que se dejara de censurar. Según Ruiz es lo hacían para “...demostrar que el Diario tiene que ser censurado todos los días para mantener el principio que le impone su disciplina militar”.

El rostro de la censura
Lo reconoce. Uno de sus defectos es “fumar mucho”. Durante la entrevista encendió al menos ocho cigarrillos.

***

Blandón, de 50 años, sigue siendo sandinista, “no danielista”, aclara. En medio de la entrevista su única hija, Valentina, se acerca a darle un beso de buenos días. Blandón, una mujer delgada, de ojos grandes y hablar gesticulado, ahora trabaja por cuenta propia como abogada. Le gusta “jardinear”, ama las orquídeas y aunque desde entonces ha vivido retirada de la política cosidera que es hora de volver.

—¿De qué lado de la acera está ahora?

—Soy simpatizante del MRS, pero no soy militante.

—¿Qué piensa del papel que le tocó jugar en los 80? ¿Se arrepiente de algo?

—Yo no me arrepiento. Creo que en el ejercicio de toda función pública se cometen errores y tienen aciertos. En lo personal creo que a mí me hizo crecer en lo ideológico, político...

—En la época que usted fue censora se prohibió utilizar el nombre de Alexis Argüello y del cardenal Miguel Obando y Bravo en los diarios. Ahora Argüello es el candidato a la Alcaldía de Managua por el FSLN y Obando se reconcilió con ellos. ¿Cuál es su opinión al respecto?

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—Son las cosas de la vida. Ahora el cardenal Obando es el confesor oficial. Es el capellán. Yo pienso que el danielismo en aras, no de hacer una revolución, no de incidir en la transformación, sino de poder para sí mismo es capaz de aliarse con quienes se ha aliado. No es que Argüello y Obando hayan cambiado. Quienes han cambiado han sido Daniel y su banda.

—Si bien ahora no existe censura previa hay secretismo de parte del Gobierno y éste amenaza con la publicidad estatal. ¿Qué tanto cree que ha cambiado el FSLN en materia de censura?

—Yo siempre he creído que hay diferentes maneras de ejercer la censura. En aquel momento fue la medida más evidente, más tangible, pero si vos le quitás la publicidad estatal a un medio porque no publica lo que vos querés oír que se oiga de vos, estás censurando.

—Según sus conceptos de censura, de libertad de expresión, ¿el Gobierno está ejerciendo censura?

—¡Claro! Lo que pasa es que el método ha cambiado.

—Y ¿cómo lo ve ahora?

—Pues como una gran barbaridad porque no estamos en guerra. Los gringos no le han desatado la guerra a Daniel Ortega. No hay ninguna razón que justifique ninguna medida que restrinja la libertad de expresión.

—En los 80 fue su líder, ¿cuál es la imagen que tiene hoy de Daniel Ortega?

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—Quiero aclarar que siempre fui antiorteguista. La imagen que tengo es la de un hombre enfermo por el poder. Incapaz de gobernar fuera de la lógica del autoritarismo o de la disciplina vertical que impuso la guerra. Quiere gobernar a Nicaragua con las mismas armas con que administró el gobierno en los ochenta, sin que las condiciones sean las mismas.

El rostro de la censura
Así eran las resoluciones que la Dirección de Medios de Comunicación del MINT enviaba a La Prensa.

DATOS DE LA CENSURA

El gobierno sandinista decreta censura previa bajo manu militari el 15 de marzo de 1982.

Se prohibió mencionar en las páginas del diario el nombre del boxeador Alexis Argüello ya que éste se había declarado simpatizante de los rebeldes antisandinistas. También era prohibido mencionar el nombre del cardenal Miguel Obando y Bravo.

En los periódicos se debía usar la palabra “contra” en lugar de “antisandinistas” o “rebeldes”.

Para referirse a Edén Pastora se le debía anteponer la frase “el traidor”.

La Prensa fue cerrada el 26 de julio de 1986. Aparece un año después. El primero de octubre de 1987.

Radio Católica fue censurada el primero de enero de 1985 por no transmitir al igual que todas las radios nacionales el discurso de año nuevo del presidente Daniel Ortega.

Según un relato de Roberto Cardenal, recogido en el libro Bajo dos Dictaduras de Jaime Chamorro, “después del 4 de marzo, día que vino el Papa (Juan Pablo II), la censura impidió la publicación de comentarios, cartas de solidaridad y desagravio al Papa y críticas al Gobierno por las interrupciones cometidas durante la misa y por el irrespeto... durante todo el período más de 500 noticias y comentarios que de alguna manera se referían al Papa fueron censurados”.

Había tres prohibiciones, según cuenta Jaime Chamorro, “llevar espacios en blanco, espacios en negro y noticias que hayan sido censuradas. Siempre había que llevar alguna noticia”.

La Prensa no circuló en 40 ocasiones entre 1982 y 1986 porque la censura la dejó sin material para publicar.

CIERRE DE LA SEMANA CÓMICA

Hubo un cierre que sí le dolió, afirma. Fue el de La Semana Cómica, el suplemento humorístico de Barricada, el diario oficial del FSLN.

La Semana Cómica no pasaba por censura. Ésta es la historia: “Carlos Fernando Chamorro y Róger Sánchez me llamaron para plantearme que harían un suplemento semanal (La Semana Cómica) pero no querían que pasara por censura. Para efectos de todo el mundo yo lo censuraba, pero la verdad nunca lo censuré”, asegura Blandón.

Recuerda que el caricaturista Róger Sánchez publicó una caricatura de una mujer afeitándose el pubis. “Con eso él estaba cuestionando el rol secundario de ama de casa que el Gobierno le asignaba a las mujeres”. Una de las directivas de la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza (AMNLAE) se quejó ante Tomás Borge, quien le ordenó de inmediato que el suplemento fuera cerrado.

Blandón asegura que intentó convencerlo diciendo:

—Comandante, un gobierno que reprime el humor es un gobierno políticamente débil.

—¡Carajo amor! Te estoy dando una órden –recuerda que le contestó molesto Borge.

Guillermo Rothschuh Villanueva dice que “me consta que Nelba intercedió ante el comandante Borge”.

Según Blandón, ésa no fue la única vez que habló en contra de la censura. En una de las reuniones que realizaban con la Dirección Nacional “propuse que se suspendiera la censura y que se aplicara la Ley de Orden y Mantenimiento Público. Hubo reacciones de estupor y no se suspendió, pero yo lo propuse”, afirma.

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Reportaje