El terremoto de 1931. El primer gran sismo que marcó Managua

Reportaje - 09.03.2020
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Es el primer gran sismo que marcó profundamente a Managua. Arrasó con una joven ciudad que quedó en “estado de guerra” y casi pierde su título de capital de Nicaragua

Por Abixael Mogollón G.

El Martes Santo de 1931 cayó en 31 de marzo. Esa mañana la ciudad de Managua se despertó muy temprano para aprovechar el día. Los mercados estaban llenos de personas que compraban pescado seco, pinolillo, frutas, conservas y todo lo que se pueda comer sin cocinar.

Por entonces, las tradiciones católicas se seguían de manera radical. Decían que comer carne el Viernes Santo era pecado mortal, que si se bañaban esos días se podían transformar en sirena, no se podía encender fuego y a los niños les prohibían correr porque se podía abrir la tierra. Algún niño debió violar la prohibición porque ese día la tierra se abrió.

A las 10:23 de la mañana Managua trepidó. El escritor Apolonio Palazio lo describió como un “indescriptible corcoveo” de la tierra “como si las casas que tiene encima fueran un estorbo que quisiera arrojar”.

Los primeros segundos de sorpresa fueron seguidos por gritos de horror, estruendosos sonidos de grandes estructuras que se vienen al suelo. La gente en las calles enloqueció, corrió, cayeron, se levantaron los que pudieron.

Una nube de polvo envolvió todo el centro de esa pequeña Managua. El sol se oscureció bajo aquella espesa nube café que lentamente fue dejando ver el horror.

Palazio autor del libro “La catástrofe de Managua, 31 de marzo 1931”, describe los primeros minutos luego del terremoto con una imagen dantesca.

El autor habla de carruajes incendiados que son tirados por caballos que corren despavoridos, los pocos automóviles en las calles estrellándose contra las ruinas, edificios completamente destruidos y gritos por todos lados, mientras algunos de rodillas piden perdón a Dios empapados en sangre y llenos de polvo.

Uno de los primeros en avisar al mundo de que Managua había sido destruida por un terremoto, fue Mr. S. M. Craigie, operador inalámbrico de la Radio Tropical Telegraph Company, emisora norteamericana cuya cabina estaba ubicada en Portezuelo.

La señal de onda corta bañó con la terrible noticia a toda Centroamérica, por lo que gracias a la radio en pocos minutos ya se sabía incluso en Estados Unidos, que el corazón de la República de Nicaragua estaba herido.
La nube de polvo, producto de la caída de las viejas casas de adobe, fue sustituida por un humo negro que volvió a apagar el sol. Los mercados estaba ardiendo, a lo lejos se escuchaban explosiones en las farmacias, tiendas, cantinas y abarroterías.

Los grandes incendios se prolongaron hasta el Jueves Santo, pese a que al momento del sismo, Moisés Henríquez, jefe de la Planta Eléctrica, cortó el servicio de electricidad.

Alejandro Cuadra M., cronista del Diario LA PRENSA, sobrevivió al terremoto. En 1956, cuando se cumplieron 25 años de la catástrofe escribió en el periódico cómo aquel terremoto lo dejó paralizado en plena Calle El Triunfo, una de las más viejas de la capital y por ende una de las más afectadas debido a las viejas construcciones.
“Fue una sacudida violenta. Algo indescriptible que paralizó mi mente y solo actué de inmediato en forma subconsciente, obedeciendo al instinto natural de conservación”.

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Gilberto Saballos, subsecretario de instrucción pública, murió en el baño de su casa. Le cayeron las paredes. Don Sinforoso Sáez Rodríguez, pereció en su tienda del Mercado Viejo, aplastado por una pared. Las señoritas Victoria y Elsita Stadthagen murieron en el establecimiento de repostería de J. Prío y Cía. Sucesores, en donde tomaban un refresco.

La señora Elsita Anzoátegui de Mejía pereció en la acera del almacén Zarruck Hermanos. Su cadáver fue encontrado bajo los escombros el Miércoles de Pascua. Se le identificó por unos anillos de brillantes que llevaba en la mano izquierda.

Así fueron recordados los muertos de la alta sociedad de la capital. Eliodoro Cuadra dedicó el último capítulo de su libro “Leal Villa de Santiago de Managua”, publicado en 1939 a recordar la destrucción de la ciudad.

Entre los nombres y las terribles historias destaca la de “la virgen del terremoto”, la señorita Chepita Sevilla, hija de una de las familias más respetadas de la ciudad. Según Cuadra, por su belleza y virtudes la gente la bautizó con ese nombre de santa. Murió en el Hotel Sevilla, propiedad de sus padres.

Mientras ardía la ciudad, las familias, los obreros, oficinistas y los vecinos se comenzaron a contar para ver quiénes estaban desaparecidos. Así fue como en la Imprenta Nacional aseguraron que de su personal, solo un tipógrafo había muerto. Se trataba de don José Moreno, quien murió al salir de la oficina del doctor Rosendo Argüello.

Pero los muertos de “abolengo” fueron pocos en comparación con los humildes que murieron bajo sus propias casas, en los mercados o el mismo Sistema Penitenciario Nacional.

La cárcel más grande del país se vino abajo completamente. Al estar situada muy cerca del Estadio Nacional, que fue el epicentro del sismo, no resistió la embestida.

Varios sargentos, soldados y el mismo médico de la Guardia Nacional que estaba de guardia en el penitenciario murieron. No se compara con los más de 103 reos comunes que perecieron en sus celdas. Para muchos esa cárcel fue su tumba, ya que al ser delincuentes las autoridades nunca fueron a socorrerlos y cuando finalmente llegaron debido al estado de descomposición de los cuerpos, muchos no fueron identificados.

Eliodoro Cuadra cuenta que el único corinteño del que se tiene registro que murió en el terremoto del 31 fue Emeterio Dávila, un delincuente al que conocían como Guacamol y que llegó al penitenciario días antes del cataclismo.

En Nicaragua por entonces había una fuerte presencia de marines estadounidenses, los que habían ayudado al presidente José María Moncada a llegar al poder en enero de 1929. Muchos de ellos murieron en el terremoto.

Incluso esposas y familiares de miembros de la Marina fueron víctimas de este desastre. Tal es el caso de la esposa del mayor J. D. Murray, del Cuerpo de Infantería de la Marina estadounidense. La señora de Murray falleció cuando el carro en que se movilizaba se accidentó y se incendió. Los rescatistas solo lograron sacar la mitad de su cuerpo del vehículo en llamas.

Los marines estadounidenses fueron clave en la rápida reacción ante el desastre.

Minutos luego de producirse el terremoto, Harold D. Hoke, aviador del Cuerpo de Infantería de la Marina de Estados Unidos, que estaba acantonado en Managua, salió en su aeroplano rumbo a Puerto Corinto, para traer medicamentos y pedir socorro a los vapores de guerra que estaban en la bahía.

El presidente de la República, general José María Moncada, se encontraba de veraneo en su residencia campestre llamada Palacete de Venecia, ubicada en Masaya. Al tener noticias del terremoto se trasladó de inmediato a la zona, llegando a la ciudad ese mismo día por la tarde. Para cuando Moncada se enteró, en Washington y Nueva York ya estaban al corriente de lo que había ocurrido gracias al sistema de radio militar.

Por los daños en el Palacio de Gobierno, Moncada instaló una improvisada sede presidencial en Masatepe. Ese día ese pueblito se sintió capital de Nicaragua.

Las primeras palabras de Moncada sobre el terremoto fueron las siguientes: “La hora es dolorosísima para la nación. Debemos todos llamar las energías ocultas de nuestros corazones y la Divina Voluntad de la Providencia. Managua, la Capital de la República, yace casi destruida”.

El presidente Moncada intentó trasladar la capital del país a otro departamento, pero las familias más adineradas e importantes de Managua protestaron contra esta iniciativa que también fue desaprobada por el arzobispo, monseñor José Antonio Lezcano.

Mr. Matthew E. Hanna, el enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos, en Nicaragua, llegó de sus vacaciones en Guatemala al día siguiente del terremoto. Encontrando su oficina destruida, que estaba ubicada en La Sarracena, uno de los mejores edificios de la capital. Se cuenta que la esposa de Hanna, la baronesa Gustava Von der Than perdió una gran cantidad de joyas en el terremoto. Nunca se encontraron.

Uno de los primero decretos emitidos por el presidente Moncada fue publicado el 6 de abril y fue para decretar un Estado de Guerra. Se encomendó a la Guardia Nacional llevar a cabo todas las órdenes del Gobierno y se dictó una ley marcial, donde quedaron sujetas todas las autoridades de Managua mientras se restablecía el orden constitucional.

Ese mismo 6 de abril llegó un telegrama para el presidente Moncada, donde le informaban que en San Francisco, California, se había formado un “Comité Pro-Nicaragua”, con el objetivo de recaudar fondos para socorrer a los damnificados. Este comité estaba presidido por Isaac Montealegre, cónsul del país en Estados Unidos. Además formaron parte de este grupo todos los cónsules de Centroamérica quienes organizaron fiestas y bazares en esa ciudad de Estados Unidos para recolectar dinero.

Las tareas de rescate y saneamiento se iniciaron casi de inmediato. La encargada de esto fue la Cruz Roja Americana que se ofreció de manera voluntaria.

Al llegar el aeroplano de Harold Hoke a Corinto e informar de la terrible noticia, el comandante de armas, el general Augusto J., dio orden inmediata para que desde el puerto saliera un tren con varios vagones llenos de sacos de harina, conservas, vino y víveres en general. Mucha de esta mercadería fue donada por agencias privadas de Corinto.

Además, en ese mismo tren salieron varios médicos del puerto y más de 200 obreros para ayudar en los rescates.
En Managua, los aeroplanos del Cuerpo de Infantería de EE. UU. que no fueron afectados se encargaron de trasladar hasta Corinto a los oficiales y miembros de la marinería para que fueran atendidos en los barcos norteamericanos.

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El bachiller Luis Cuadras Cea escribió sobre un extraño fenómeno que se observó en la zona de la laguna de Asososca y el cerro Motastepe. Según Cuadras, el día del terremoto la zona de la laguna y el cerro “permaneció todo el día envuelta por una nube, al parecer de lejos de humo, pero ya una vez en el sitio se notaba que no era humo ni neblina”.

Este “humo misterioso” fue descrito como un gas inodoro y “sin acción sobre la respiración”.
Además, en la zona de la laguna se registraron varios derrumbes que arrastraron una propiedad que se llamaba Chalet de Las Piedrecitas.

En su escrito publicado en el periódico La Voz del País, el bachiller Cuadras relata la aparición de grandes grietas en el suelo.

“Comienzan a cierta distancia del parque Las Piedrecitas y que se acompañan de hundimientos del terreno”, dice Cuadras, quien agrega que las grietas tomaron una dirección de norte a sureste con una longitud de 15 a 20 metros y una anchura de dos a tres pies.

Entre los edificios que colapsaron están el Palacio de Comunicaciones, que era un edificio moderno y recién inaugurado, el Mercado Central, el Mercado San Miguel, el Teatro Variedades, las iglesias Candelaria, San Antonio y San Pedro, el viejo Palacio de Gobierno y otros edificios centrales. La ciudad se quedó sin agua potable y luz eléctrica.

La gran mayoría de edificaciones sufrieron daños, algunas colapsaron de manera total o parcial. Pocos edificios permanecieron de pie. Entre ellos estaba el armazón de hierro de la antigua Catedral de Managua, cuya construcción había iniciado en 1928. En 1972 la Catedral ya terminada volvió a ser sacudida fuertemente y sufrió daños una gran parte de su infraestructura, pero sigue en pie. Se habla de que solo un tercer terremoto en Managua la derribaría.
El 15 de abril se decretó que las sesiones de la Cámara Legislativa se realizarían en Masaya, debido a que la ciudad estaba en ruinas.

El Estado compró una cantidad enorme de víveres para los terremoteados. El encargado de repartirlos en Managua fue monseñor Lezcano.

Se hizo una fosa común donde terminaron gran parte de los muertos, que más tarde serían llamados “héroes” por las autoridades.

No se sabe la cifra oficial de víctimas. Se calculan entre 1200 y 1500 personas solo en Managua. La cifra de damnificados fue superior a las 36 mil personas y las pérdidas económicas rondaron los más de 35 millones de dólares.

Pese a que se creó un comité de reconstrucción local, cuya principal finalidad era reparar las casas y edificios de la ciudad una gran parte de las familias terremoteadas se vieron obligadas a levantar casas improvisadas a orillas del lago.

Anastasio Somoza García formó parte de este comité. 48 años después, en el terremoto de 1972, Anastasio Somoza Debayle, monopolizaría la mayor parte de la reconstrucción de Managua lucrándose de gran manera.

En la actualidad son pocos los sobrevivientes que siguen con vida. Los historiadores concluyen que se habla poco del terremoto del 31 por la gran distancia en el tiempo. Sin embargo, es probable que el terremoto del Martes Santo de 1931 sea el primero que marcó profundamente una ciudad que las siguientes décadas seguiría temblando y que es casi seguro que vuelva a ser sacudida por otro gran sismo.

Los terremotos antes del 31

Desde 1881 hasta 1926 se registraron en Nicaragua al menos cinco grandes terremotos o sismos.

El primero ocurrió en abril de 1881 con una magnitud e intensidad desconocida. Solo se sabe que afectó varios edificios de Managua.

En octubre de 1885, de nuevo en Managua se registró un terremoto de intensidad IX. Afectó varios edificios entre ellos el Palacio arzobispal y varias instalaciones militares.

En 1898 se registró otro terremoto con una intensidad no calculada. El 5 de octubre de 1925, Managua fue sacudida por una secuencia de sismos moderados, pero no se reportaron daños. Lo mismo ocurrió en 1926 varios sismos de intensidad moderada golpearon las ciudades de Managua, Masaya y Granada.

Ficha técnica del terremoto

Hora: 10:23 a.m.
Magnitud: 6.0 ML
Localización: Área urbana de Managua
Latitud: 12°8´58.07´´(N)
Longitud: 86°16´58.50´´(W)
Fuente sísmica: Falla local (Falla Estadio)
Víctimas: Entre 1200 y 1500 muertos (2.5%-5% de la población urbana de Managua).

Los terremotos después del 31

Apenas siete años después en 1938, un fuerte sismo sacudió Managua reviviendo los fantasmas de 1931. Se registraron algunos edificios dañados.

En 1951 se produjo el terremoto de Cosigüina, que fue de origen volcánico con una magnitud de 5.8. Se sabe muy poco de este evento natural y se habla de muchas víctimas.

En 1968, la colonia Centroamérica en Managua fue sacudida por un sismo de 4.6 (ML). Además, se sintió en Masaya, Granada y Carazo. Finalmente, llegó el terremoto de diciembre de 1972 que es actualmente uno de los más estudiados y documentados de la historia de Nicaragua.

Solidaridad mundial

Los mensajes de condolencia para Nicaragua llegaron de todo el mundo. Algunos de los telegramas decían lo siguiente:

Ciudad del Vaticano.- Noticias del gran desastre telúrico que enlutó a numerosas familias, ha causado profundo dolor al augusto pontífice que invoca de Dios el descanso eterno para las víctimas. Cardenal Pacelli, secretario del Estado Pontificio.

Madrid.- Profundamente apenado al conocer terrible siniestro, envío señor Presidente, sentido pésame por duelo de esa nación hermana. Alfonso, Rey de España.

Londres.- Me he enterado con la más profunda aflicción del terrible desastre que ha sobrevenido a la ciudad de Managua, y pido al señor presidente que acepte mi más sincera y simpatía y condolencia. Jorge, rey Emperador.

París.- Profundamente emocionado por la extensión de la catástrofe que ha sufrido tan trágicamente, la ciudad de Managua, quiero expresar a vuestra excelencia la parte muy sincera que yo tomo, con toda Francia en el duelo de la República de Nicaragua. Gastón Doumergue, Presidente de Francia.

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