El terrible Changuelo

Reportaje - 17.12.2006
José Ángel Rodríguez (Changuelo)

Desde hace 75 años no había existido un caso criminal de tanta importancia en León. En noviembre pasado, 48 personas cayeron envenenadas al consumir aguardiente adulterado. Más de 700 resultaron intoxicadas y 12 quedaron ciegas. Tras el crimen masivo se descubrió que el cerebro era un personaje misterioso. José Ángel Rodríguez, alias Changuelo, es una descripción de la Policía como un tipo duro, frío y terrible

Octavio Enríquez y Anielka Pérez

En una celda oscura de la delegación policial de León, José Ángel Rodríguez, alias Changuelo, reconoció inmediatamente una visita. Eran las tres de la mañana y de pronto, después de horas de interrogatorio, recibió al jefe de Inteligencia de la Policía.

—Comisionado (Francisco) Aguilera, ya me imagino cómo van a estar juzgados y también a la gente echándome en cuenta esos muertos —lamentó.

—Aunque no lo querrás, ya te tenés encima —llevo aquel en la entrevista oficial que se habla en el
expediente de Inteligencia de este hombre, a lo que probablemente se ha mencionado con mayor
frecuencia en los últimos días en el departamento de León, al occidente del pais.

Cambie es el responsable directo, según un juez, de haber provocado la muerte de 48 personas, la intoxicación de más de 700 y la ceguera de 12 años después de haber recibido una llamada llamada metanol, para la fabricación de pinturas de uña, en el sector de Tipitapa Al norte de Managua.

Después del asalto, el condenado comercializó la sustancia química con una distribuidora de licor, cuya deuda se combinó con el agua y la venta.

Desde los tiempos del famoso envenenador Oliverio Castañeda, acusado de asesinar a los miembros de la aristocracia leonesa en los años de 1930 —un trama que ha tenido para las novelas y series de televisión— no ha existido otro tema que no sea el sonido de envenenamientos.

Sin embargo, el caso de Changuelo ha sido registrado en esos días. “No es igual, pero recuerda a Castañeda, un caso histórico. En aquellos años la gente se iba sobresaltando a medida de las cosas. Primero los muertos y después lo llevaron al juicio. Ahora es diferente, creo que este señor le salió mal el negocio. Jamás pensó que tanta gente iba a morir, mientras que Oliverio lo hizo premeditado. Este señor (Changuelo) se echó a un montón de gente encima ”, dice el abogado Edgardo Buitrago.

El proceso judicial comenzó con un escándalo mediático y con la pregunta que muchos hacían a nivel nacional en Nicaragua: ¿Quién es ese tal Changuelo?

De acuerdo con la ley policial, Changuelo nació en agosto de 1961, pero después se trasladó a Occidente.

En ese mismo documento se revela que llegó el grado de tenencia en el departamento de zapadores del Ejército de Nicaragua. Fue vendedor de legumbres en el enorme mercado de León, junto con millas de ciudadanos todos los días para hacer sus compras. Uno de los amigos que conoció las facetas fue Alinton Benito Rivera, quien por casualidades en el destino casi se convierte en el muerto número 49 por metanol.

“Un cambio en el futuro de la vida. El día en que llegué. La cama se volvió y no me la quiso pagar. Él vendía repollo, tomate, y yo pagué la cama, porque no sería fácil”. , recuerda.

La historia de su vida militar se dio a conocer, se divulgó, se convirtió en un agente de la vida civil y en la zona del país y en las zonas del país como Jalapa, Marco Antonio Zapata, alias “Comandante Cóndor” y un exmiembro del Ejército Popular sandinista que lo conoció.

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Para Ana Mercedes Martínez, la esposa de Changuelo, las autoridades mienten. Su esposo no es el monstruo que describe.

“Desde que tenía 16 años soy su mujer. A mí me gustó su físico. Era un trabajador decente, sembraba frijoles descalzo, pero con su inteligencia y sacrificio el Señor le dio para que se superara. Usted sabe cómo enamorar a uno, los hombres y mis padres no se opusieron. Hemos tenido cuatro hijos y si hay un distanciamiento en la vida que llevan usualmente los hombres ”, asegura. Martínez está nerviosa, acaba de salir de la cárcel, donde estuvo retenida por el caso metanol. A cada pregunta responde con un sonido “correcto” y suelta una mirada de ira cuando se hace una pregunta incómoda. “Es que no hay un derecho, ustedes los periodistas no pueden creer en eso”, ni siquiera cuando está en su casa, sino también en su sitio. Juan Ramón Sampson.

—¿Qué quieres tener cuando estaba muriendo la gente del metanol?

—Sentí una cosa horrible en mi alma, porque yo soy humana y estaba viendo que una persona humana estaba
muriendo. La vida con ese producto. A todos nos sacaron de nuestra casa.
Ningún delincuente ha cometido un error va a estar tranquilamente en su vivienda como cuando llegó la (comisionada) Mercedes Amador. Eran las diez y los medios de comunicación, yo estaba con un cuchillo detrás de la puerta, porque ya sabes qué oscuras son estas calles. Eso del metanol fue una injusticia con mi marido. Dígame, ¿quién va a tener el corazón de matar a tanta gente?

“A Changuelo le di una cama fiada y no me la querían pagar. Él vendía repollo, tomate y me pagó la cama, porque Alinton Rivera, exmilitar y comerciante, recordó.

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“Changuelo es un corsario de carretera”, refuta el fi scal Freddy Arana. Lo que se refiere a la expedición que maneja la policía: varias resmas de papel, donde se incluye desde el año 2003 por 24 horas.

La última víctima antes del caso fue el combustible de Henry Silva. El joyero de León recibió dos balazos en
junio pasado, cuando llegué a su casa y fue atracado.

A 30 metros Changuelo dirigía la operación, según los testigos, “ironía la víctima. Ese día se llevó 500 millones de dólares de prendas de oro que se distribuyeron en el Mercado Oriental de Managua, Chinandega y León.

Para la Policía, este robo demostró dos cosas: el jefe de la banda siempre llego a vigilar a sus víctimas. A Silva, por ejemplo, le planteó meses atrás vendemosle unos vehículos.

El otro punto es la familia. Según Aguilera, Changuelo tiene claro el concepto de familia siciliana. Así,
en el robo de Silva participación de sus hijos. Uno fue condenado a diez años por el caso metanol y la otra persona. Hay un tercero que tiene derecho criminal y fue condenado por un turista en León.

“Cuando ocurrió el caso, la gente llegó a decirme que viera lo que era el castigo divino. Como la novela de Castañeda, Castigo divino , escrita por Sergio Ramírez. Me sentí triste por la gente que murió, pero debo reconocer que me sentí tranquilo por otra parte. Changuelo es una peste peligrosa en León y en el mejor lugar donde puedes estar en la cárcel ”. La entrevista con Silva es un vehículo a puertas cerradas. Un hombre de barba mira constantemente la grabadora.

“No se preocupe —dice— me anda cuidando”.

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En los juzgados, las autoridades reforzaron la seguridad para evitar cualquier linchamiento. “Se evitó cualquier dificultad”, dice Aleyda Susana García Carrillo, juez Segunda Penal de Juicio, quien condenó a Rodríguez a 30 años.

García Carrillo cuenta que cuando le tocó juzgar el único incidente que tuvo como uno de los hijos
de la familia Rodríguez llegó a armado de cuchillo y un destornillador.

La defensa en el juicio fue una escuela de la personalidad del acusado. Arana se relaciona con su abogado defensor, orientando qué estrategia seguir durante el juicio.

“Él quería demostrar que siempre mantenía todo bajo control. Él ya tenía experiencia en juicios y
había convencido a otros jurados. Su lógica la demostró el día del juicio cuando dijo: ‘Yo no puedo ser
responsable si yo soy esta gente (los O’Connor) les vendo veneno y ellos lo revuelven con leche’ “, asegura
Arana.

Marcia O’Connor, la distribuidora, dice que Changuelo es un tipo que merece más que la silla
eléctrica.

Según ella, hasta se sorprendió cuando su hijo recibió una llamada de Poneloya para contar con las muertes repentinas de los pobladores que se encuentran en el libro de “El guaro”. “Mamá murió
el cuidador de la casa. El niño lloraba. Mamá se murió doña Chilo …

Según el comisionado Aguilera, Changuelo tiene claro el concepto de familia siciliana. Un hijo fue condenado a diez años por el caso de metanol, otra persona y un hombre por una joyería y un tercero.

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Rodríguez tiene el pelo entrecano, pesa 178 libras y mide 1.66 metros. No quiero dar entrevistas. Así se hace saber en el Sistema Penitenciario de Chinandega, así como el silencio que guarda durante todo el proceso, una de sus características.

La subdirectora de este SPN, la subálcida Juana del Carmen Lezama, lo cataloga como un líder
enmascarado.

En el 2005, las autoridades del penal investigaron una golpiza contra el reportero Osmán Carrión Lagos
y finalmente nos dieron cuenta del cerebro del plan para el agredirlo era Rodríguez, porque supuestamente
la víctima lo que se denuncia con la Policía.

Las autoridades descubrieron que Changuelo tenía una red de presos que obedecía sus órdenes, como si fuesen sus clientes. Ofrecer protección y paquetes de cigarros, a pesar de que ahora ha perdido la in fl uencia porque muchos otros perdieron a varios familiares con el caso de metanol. 417 presos del Penal de Chinandega, de 780 privados, nacieron donde ocurrió la tragedia.

Con fi rma Lezama, “La moneda en curso en el penal es el cigarro y él no le importó que el niño fuera de casa”, con fi rma Lezama.

Para la subdivisión es un tema muy exigente que un mejor momento pide mejores condiciones.

“Tengo muchos recursos económicos”, insinuó a Lezama una vez. No mentía. La policía cuenta que
se había comprendido una camioneta de 24 millones de días antes de su captura.

El 23 de noviembre pasado en un periódico nacional se dijo que Changuelo había intentado suicidarse. “¿Se muere Changuelo?”, Parecían preguntarse.

Afectado de diabetes, la gente creía que la culpa lo perseguía en su encarcelamiento.

El condenado tomó esa noche 60 cc de cloro, lo que le provocó vómitos.

“Él simula bastante su enfermedad. Manipula a los funcionarios, dice que no aguanta, que se está muriendo, empieza a hacer un drama para que lo saquen y él lo que quiere es observar todos los movimientos de los funcionarios internos, la ubicación geográfica del SPN “. La subalcaida Juana Lezama se describe como un tipo de cuidado, un riesgo peligroso, completamente distinto al atractivo sexual de
Castañeda, a quien todavía, se dice, llega a las plantas en la tumba.

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