El último “combate” de Humberto Ortega

Reportaje - 10.10.2021
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Un operativo para liberar a Carlos Fonseca de una cárcel de Costa Rica terminó en desastre. Fonseca fue recapturado. Murió un guardia tico y se produjo indignación entre los costarricenses. Además, ese día casi se muere Humberto Ortega y una mano le quedó inhabilitada. Un costarricense que participó en el operativo cuenta su versión de lo que ocurrió

Por Eduardo Cruz

En diciembre de 1969, el fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador tenía cuatro meses preso en una cárcel costarricense en Alajuela, acusado por el asalto a un banco. Los sandinistas sospechaban que había colaboración entre la policía tica y la Guardia Nacional de Somoza y temían que su jefe fuera deportado o que se intentara asesinarlo en la prisión, por lo cual Humberto Ortega Saavedra, entonces un joven de 22 años de edad, propuso y dirigió un ataque sorpresa a la prisión para liberar a Fonseca.

Todo salió mal. Carlos Fonseca fue recapturado menos de tres horas después del operativo de rescate. Humberto Ortega estuvo a punto de morir desangrado y desde entonces perdió el movimiento en una de las manos y no quedó apto para la guerra. Otro que casi murió desangrado fue Rufo Marín y los policías ticos capturaron a parte del grupo de rescate.

Quien sí murió porque una bala le afectó el hígado fue un policía costarricense de apellido Jiménez, fallecimiento que causó la indignación de los costarricenses y el desprestigio de los sandinistas en Costa Rica.

El arquitecto costarricense Sergio Erick Ardón Ramírez era en ese entonces jefe del Partido Revolucionario Auténtico y apoyaba a los sandinistas que estaban exiliados en Costa Rica, especialmente cuando eran perseguidos por la policía tica.

La cárcel de Alajuela de donde un comando sandinistas quiso rescatar a Carlos Fonseca. Hoy es un museo. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Junto a su esposa Jenny también dio cobijo en su casa a Carlos Fonseca y a Humberto Ortega.

Ardón fue uno de los costarricenses que integró el comando para liberar a Carlos Fonseca en ese diciembre de 1969 y ahora cuenta su versión de ese operativo frustrado en el que salen a relucir aspectos no conocidos de esa ocasión. Las revelaciones de Ardón se las dio primero en 2017 a su hija, la fotógrafa Julia Ardón, y ahora lo hace para la revista MAGAZINE.

Ardón explica que lo hace para saldar una deuda histórica especialmente con sus cóterraneos costarricenses, a quienes les pide perdón. Y también porque circularon muchas falsedades alrededor de ese hecho.

En este relato Ardón explica las causas que llevaron al desastre a ese operativo y concluye: “Humberto Ortega no tenía mayor experiencia, e hizo lo que consideró conveniente. Se equivocó, nunca supo diferenciar los escenarios”.

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En 1969 el FSLN es un movimiento guerrillero que busca derrocar a la familia Somoza del poder en Nicaragua. Varios de sus miembros, incluidos su fundador Carlos Fonseca Amador, se encuentran en Costa Rica huyendo de la persecución de la Guardia Nacional, que le ha propinado algunos fuertes golpes, como la muerte de Julio Buitrago el 15 de julio de ese año.

Erick Ardón cuenta que la muerte de Buitrago fue un duro golpe emocional para Fonseca, pero también económico para el FSLN, porque la casa de seguridad donde Buitrago fue asesinado, en Las Delicias del Volga, era donde “se manejaban los fondos de la organización” y se perdió todo ese dinero.

A Fonseca se le tenía mucho respeto en Costa Rica y por eso los costarricenses que apoyaban al FSLN buscaron la mejor casa de seguridad para tener a Fonseca. Ardón lo llevó donde un amigo holandés, Derk van Wilpe, quien alquilaba una quinta en Alajuela y como su esposa alemana andaba de visita donde sus padres, él pasaba solo. La compañía de Fonseca le caía como anillo al dedo.

Ardón presentó a Fonseca y a Humberto Ortega como colombianos ante el holandés.

En la quinta, debajo de un enorme árbol de guanacaste, Fonseca trabajaba de sol a sol elaborando una propuesta para recomponer el FSLN, ya que la mayoría de los miembros de la Dirección Nacional estaban presos, muertos o en el exilio. Le acompañaban Humberto Ortega y aproximadamente una docena de colaboradores del FSLN.

La situación no estaba fácil porque la policía tica estaba en busca de los guerrilleros sandinistas. Habían capturado a Tomás Borge y a Henry Ruiz y los habían enviado a Colombia. A Óscar Turcios y a Francisco Rosales, quien después llegó a ser ministro del Trabajo y magistrado de la Corte, los agarraron cuado iban detrás de unas muchachas, cuenta Ardón, y los expulsaron a Canadá.

Acompañan a Carlos Fonseca en esta imagen parte del comando que lo quiso liberar. Junto a Fonseca está el tico Plutarco Hernández y le sigue Humberto Ortega, quien tiene la mano vendada producto de las heridas sufridas durante el fallido rescate. FOTO/ CORTESÍA

Cuando matan a Buitrago en la casa donde estaba el dinero del FSLN, el grupo de guerrilleros sandinistas que estaba en Costa Rica se aprestaba a regresar clandestinamente a Nicaragua, porque los pocos líderes que quedaban en el país, como Efraín Sánchez Sancho, se encontraban molestos porque los líderes en el exilio se habían demorado mucho tiempo en regresar a Nicaragua.

Como escaseaba el dinero para regresar de Costa Rica a Nicaragua, Ardón explica que los sandinistas decidieron asaltar la sucursal del Banco Nacional de La Uruca. Según el costarricense, en este robo Carlos Fonseca no participó ni siquiera en la planificación, pues se mantenía ocupado leyendo, analizando, escribiendo, siempre debajo del árbol de guanacaste.

El asalto se efectuó el 26 de agosto de 1969. Cuatro guerrilleros sandinistas irrumpieron en la sucursal de La Uruca, hiriendo a dos personas y llevándose más de 2,500 colones.

Erick Ardón cuenta que un amigo del dueño de la casa donde estaban ocultos Fonseca y Ortega le dijo a la policía tica que los extranjeros que estaban alojados ahí no eran colombianos sino nicaragüenses.

La policía tica allanó la casa el 31 de agosto, pero solo estaba Fonseca. Ortega había salido.

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Las autoridades costarricenses no sabían si a Carlos Fonseca lo iban a acusar como autor intelectual del asalto al banco, si lo iban a deportar a Canadá o si finalmente iban a acatar la solicitud extrajudicial que el gobierno de Nicaragua había realizado.

Los sandinistas tenían mucho temor de que extraditaran a Nicaragua a Fonseca, pues sabían de los nexos de la policía tica con la guardia somocista. El capitán Carlos Zeledón, miembro de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) de Somoza y trabajador de la embajada de Nicaragua en Costa Rica, había colaborado en la captura de Fonseca y fue quien lo identificó plenamente.

Humberto Ortega cuenta en su libro La epopeya de la insurrección que los somocistas infiltraron en la cárcel de Alajuela a un delincuente nicaragüense conocido como Mama Lola, con el fin de matar a Fonseca.

En su biografía sobre Carlos Fonseca, la escritora Matilde Zimmermann explica que hubo una enorme campaña mediática para evitar que Fonseca fuera extraditado a Nicaragua y señala que el mismo Fonseca creía firmemente que el gobierno tico colaboraba con el somocismo.

Una reunión en el aeropuerto del Coco (hoy Juan Santamaría, entre Anastasio Somoza Debayle y el presidente costarricense José Joaquín Trejos Fernández, de la cual no se supo qué hablaron, llevó a los sandinistas a pensar que a Fonseca lo podrían extraditar a Nicaragua, explica Erick Ardón, y Humberto Ortega planificó el rescate.

Para Erick Ardón, fue fatal que los líderes sandinistas de mayor envergadura, como Tomás Borge, Henry Ruiz, Óscar Turcios, hayan sido capturados y expulsados de Costa Rica, porque el rescate de Fonseca terminó siendo dirigido por el “miembro más joven e inexperto de la dirección sandinista, Humberto Ortega”.

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Desde la cárcel, Fonseca había aprobado el plan para rescatarlo y hasta había incidido en quiénes debían participar, explica Erick Ardón. En lo que más insistía Fonseca, destaca el costarricense, es que el operativo debía de realizarse sin excesiva violencia.

Fonseca explicaba que la lucha contra los Somoza sería larga y Costa Rica era la “retaguardia natural”, por lo que no podían poner a la opinión pública tica en contra de la causa sandinista.

Erick Ardón recuerda que se alquilaron dos carros. En su libro La Epopeya de la Insurrección, Humberto Ortega dice que él los alquiló en el hotel Balmoral.

En el primero, según Ardón, iban Ortega, que era el responsable de toda la acción; Fabián Rodríguez, El Corzo; y manejando iba el tico Plutarco Hernández. Ellos eran los encargados de engañar al guardia de la puerta principal, tomar la cárcel y sacar a Fonseca. Germán Pomares llegaría a pie y se sumaría a la acción.

En el parque central de Alajuela estaría Julián Roque, controlando el callejón que une al mismo con la Calle Real.

En el segundo carro iban Róger Vásquez, Néstor Carvajal, quien conducía, y Erick Ardón. Ellos se encargarían de trasladar a Fonseca y a Ortega por una ruta segura.

El costarricense Erick Ardón relató su versión de lo que ocurrió durante el fallido rescate de Carlos Fonseca Amador en 1969 de la cárcel de Alajuela. FOTO/ CORTESÍA

En las afueras de la cárcel, pero cerca de la celda de Fonseca, estaría alguien cuyo nombre no menciona Ardón, pero Plutarco Hernández dice que era Roy Pineda, quien iba a aparentar estar borracho y con un grito de “viva el Partido Demócrata” daría la señal a Fonseca de que el operativo estaba en marcha y Fonseca pediría permiso para ir al baño y le abrirían la celda.

Tras ese grito, Plutarco y Fabián iban a presentar a Rufo como a un ladrón que acababan de encontrar dentro de una casa y al cual querían entregar. La puerta se abriría y Rufo controlaría al guardia y Fabián y Germán Pomares al oficial de guardia mientras Ortega entraría a sacar a Fonseca y lo meterían al segundo carro para que fuera llevado a la frontera.

En ese segundo carro solo iban alajuelenses, que conocían bien la ruta de escape, mientras que en el primer carro iban nicaragüenses, quienes no conocían bien la zona, explica Erick Ardón.

Se esperaba también que, en las primeras horas de ese 24 de diciembre de 1969, un grupo de costarricenses y dos chilenos secuestrarían un avión de Lacsa y lo desviarían hacia Cuba. Uno de esos chilenos tenía parecido físico con Fonseca y de esa manera desviarían el foco de la búsqueda de Fonseca hacia ese avión.

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El segundo carro llevaría a Fonseca y a Ortega hasta Puente de Mulas, donde los estaría esperando otro carro para hacer el trasbordo. Erick Ardón explica que “el plan se fue cumpliendo sin tropiezos hasta que se produjo lo inesperado”.

Fabián Rodríguez, a quien Ardón llama El Corzo, pero Humberto Ortega lo apoda Tico Guido, era un campesino del norte de Nicaragua y según Ardón no era el más indicado para la misión que Ortega le encomendó.

El Corzo tenía que entrar a la cárcel armado, pero tratando de persuadir a la calma. Ardón cuenta que ocurrió lo contrario:

“Al entrar, Fabián, El Corzo, debía, ágil como era, saltar hacía la pequeña oficina de la oficialía de guardía y encañonando al sargento Jiménez, al que esa noche correspondía la tarea, conminarlo a mantener la calma asegurándole que nada le sucedería. Pomares, que vendría detrás, ayudaría a la neutralización. Pero eso no fue lo que hizo El Corzo, que entró apuntando al sargento sin decir nada. Este (Jiménez), asustado y sorprendido retrocedió hacía la oficina y abrió la gaveta donde estaba el revólver 38 de reglamento, única arma que había en la cárcel. El Corzo, rudo campesino del norte de Nicaragua, veterano guerrillero, habiendo participado en muchos enfrentamientos con la guardia somocista, empezó a disparar su pistola de nueve milímetros hiriendo a Jiménez y al puerta Oconitrillo y a su compañero Rufo y a Humberto que M3 al ristre entraba”.

Esta es la versión de Ardón, quien aclara que lo cuenta porque estaba afuera de la cárcel, pero los mismos protagonistas de los hechos se lo relataron inmediatamente después. Sin embargo, aunque no es diferente en cuanto a la generalidad de los hechos, Humberto Ortega cuenta algo diferente en su libro La Epopeya de la Insurrección.

Un policía tico custodia a Carlos Fonseca mientras el líder sandinista estuvo preso en Costa Rica. FOTO/ ARCHIVO

Si Ardón dice que los policías ticos solo tenían una pistola en toda la cárcel y que El Corzo falla al no llamar a la calma, Ortega explica que “penetramos a la cárcel y al escaparse accidentalmente un disparo a Fabián, se desata un intercambio de fuego. Yo recibo dos balazos…”

Sobre la actuación de El Corzo, Ardón indica: “La tensión acumulada, la falta de control, sus limitaciones. No es fácil explicarse el porqué hizo lo que hizo, que no solo comprometía todo el operativo, sino que regaba sangre innecesaria”.

Por su parte, el tico Plutarco Hernández, en su libro El FSLN por dentro, explica que una vez los guardias civiles se recuperaron del susto inicial del asalto, “sacaron sus armas y comenzaron a disparar” en una batalla que duró entre ocho y 10 minutos.

Ardón señala que cuenta su versión porque lo necesitaba “para saldar una deuda histórica” con Costa Rica. “Mucha tergiversación e incluso mucha mentira se dijo y se ha acumulado”, explica.

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Ya era 24 de diciembre de 1969 cuando finalizó el fallido operativo de rescate. Humberto Ortega casi pierde la vida. Tras los disparos, Carlos Fonseca, quien ya había salido de la celda, finalmente tuvo que salir solo de la cárcel y en el camino vio a Ortega desangrándose.

Fonseca llevó a Ortega hacia afuera, pero, como dice Plutarco Hernández, ya el plan había fallado y sin saber en qué carro debía montarse se subió al primero de los carros, manejado por Hernández, y no al segundo, que era el destinado para llevarlo adonde lo estaba esperando otro vehículo.

Uno de los balazos recibidos por Ortega fue en el hombro y eso le dejó la mano sin movimiento. También había recibido un balazo que le rozó el corazón.

Ardón cuenta que los del primer vehículo intentaron seguir al carro en que iban Fonseca y Ortega, pero no lo alcanzaron.

En Alajuela se había armado el caos. El saldo del operativo, según Ardón, fue el siguiente:

El policía de la puerta, de apellido Oconitrillo, estaba herido en el hombro y fue al hospital por sus propios pies; Al sargento Jiménez una bala le había afectado el hígado y murió; el guardia Arguedas, que era el que cuidaba a Fonseca, se ocultó en la celda del guerrillero cuando este ya había salido. Posteriormente lo sacaron de las filas de la policía y lo declararon cobarde.

Un guardia que estaba cuidando el parque central de Alajuela, cerca de la cárcel, de apellido Alpízar, sufrió un balazo en uno de los pies. Julián Roque, que estaba cuidando el callejón entre el parque y la Calle Real, se topó con Alpízar y le disparó a los pies cuando el guardia lo quiso detener.

De parte de los sandinistas, Rufo Marín también había resultado herido. Pomares y El Corzo se lo quisieron llevar, pero, según lo relatado por Ardón, Pomares lo dejó en el parque central para que lo encontrara la policía y le dieran atención médica porque se estaba muriendo.

La escritora Matilde Zimmermann asegura en su biografía sobre Carlos Fonseca que 55 patrullas de la policía tica comenzaron a seguir el carro en que iban Fonseca y Ortega, conducido por Plutarco Hernández. Si el operativo se produjo cerca de las 1:00 de la madrugada, según Hernández, a las 4:00 de la madrugada Fonseca ya estaba recapturado.

En la huída, se toparon con 15 patrullas de la policía tica y Carlos Fonseca ordenó que no hubiese disparos, que se rindieran porque Ortega iba muy mal herido.

Carlos Fonseca brindando conferencia de prensa en 1970, después de que fue liberado definitivamente, en un segundo intento, de una cárcel de Costa Rica. FOTO/ CORTESÍA/ ARCHIVO/ IHNCA

Ortega relató: “Plutarco acelera hasta casi 200 kilómetros por hora mientras Fonseca me mantiene sentado para que no me ahogue en sangre debido a las hemorragias que presento y cuando estoy a punto de perecer me sacude de los hombros gritando: no te vas a morir, no te vas a morir… Le pido a Fonseca que me dejen en el camino y se retiren. Carlos responde que nunca se abandona a un compañero herido y ordena a Plutarco que tome rumbo a un hospital, para dejarme salvo allí y luego ellos evadirse.

Después de casi una hora de persecución, somos capturados en Tibás por 13 radio patrullas que rápidamente nos rodean, sin dar tiempo a oponer ninguna resistencia. Desangrado casi totalmente, me conducen al hospital San Juan de Dios, en San José, donde me hacen una transfusión sanguínea y me salvan la vida”.

Según Ardón, a Humberto Ortega le negaron la atención de rehabilitación que los médicos recomendaban. Sería hasta meses después, cuando Fonseca y Ortega fueron liberados por otro operativo, que Ortega pasó por México y recibió atención médica adecuada, que le permitió salvar las manos.

Sin embargo, desde entonces Ortega quedó no apto para la guerra y se dedicó a ser un estratega de la misma, como él mismo cuenta en su libro.

“El operativo de liberación del líder sandinista se había saldado con un desastre. No solo el objetivo no se alcanzó, sino que lo ocurrido trajo seria indignación nacional y gran desprestigio a la causa sandinista”, expresa Ardón.

Lo que sí se llevó a cabo fue el secuestro del avión en el que iba el chileno que se parecía a Carlos Fonseca.

Después de 1979, cuando ya había triunfado la revolución sandinista, y Humberto Ortega era general y jefe del ejército sandinista, Ardón afirma que se indemnizó a las familias afectadas durante el fallido operativo de rescate de Carlos Fonseca, buscando resarcir el daño.

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