El último vuelo de Iván Alegrett

Reportaje - 04.07.2004
El General Iván Alegrett

El general de brigada Iván Alegrett llegó a tener tanto poder como los Somoza. Organizó un complot en contra de Anastasio Somoza Debayle, pero cometió un error: se ganó de enemigo a Samuel Genie, quien le siguió los pasos. Antes de que el complot tomara forma, en septiembre de 1978, su avioneta se vino abajo

Eduardo Marenco Tercero

Es septiembre de 1978, Nicaragua está en llamas, Somoza está contra las cuerdas y acusando al Gobierno estadounidense de Jimmy Carter de estar dominado por comunistas. El asalto al Palacio deja manos arriba al dictador y prende mecha a la insurrección en Managua, Masaya, Chinandega, León y Estelí. Los hombres de Michael Echannis y del general de brigada José Iván Alegrett, jefe de Operaciones y de Inteligencia* de la Guardia Nacional, están descontentos por la manera en que se resolvió el asalto.

“Si yo renuncio me voy con mi gente y con mis armas”, dice Anastasio Somoza Debayle en conferencia de prensa. Iván Alegrett, un hombre de frente amplia, cabello engominado y entradas profundas, lentes de marco grueso y con un pedigree de envidia como militar, sube a su avioneta Aeorocomander 114-A, matrícula AN-BSA.

Va acompañado de Michael D. Echannis y Charles W. Sanders (estadounidenses), así como de Nguyen Van Nuyen, vietnamita. Todos soldados de fortuna, entrenados para matar comunistas y sofocar actividades insurgentes.

La avioneta se dirige al sur de Nicaragua y frente a la Boca del Río Sapoá, sobre el Lago de Nicaragua, se viene a pique, pierde una de las alas en pleno vuelo y se estrella contra las aguas a eso de la una de la tarde. El parte militar refiere que la avioneta se estrelló debido al mal tiempo imperante en la zona, controlada por las fuerzas de Pablo Emilio Salazar, comandante Bravo, quien libra una guerra de posiciones con la guerrilla sandinista. El hecho se conoce el 9 de septiembre de 1978.

Sin embargo, mal tiempo no fue lo que vieron los testigos. Un pescador al que llaman Chinino, vio como la avioneta descendió fuera de control y se estrelló contra las aguas del lago. Las labores de rescate permiten comprobar que la avioneta está perforada, llena de huecos en todo su fuselaje, y que muy probablemente ha sido derribada con fuego de metralleta cincuenta.

MAGAZINE/LA PRENSA/ CORTESÍA CENTRO DE HISTORIA MILITAR
El general de brigada Iván Alegrett. Magazine/La Prensa/Cortesía Centro de Historia Militar

El complot

Iván Alegrett había tenido una carrera militar destacadísima: egresado de la Academia Militar en 1950, había sido jefe de Migración, encargado de abastos, director de Acción Cívica —una unidad militar que realizaba “obras sociales” en nombre de la Guardia— y gerente de la fábrica Chontal. Al momento de morir ocupaba un cargo de gran nivel: jefe de Operaciones y de Inteligencia Militar, el temido G-3. En la vida civil era empresario: dueño del Casino y Night Club Versalles, ubicado en Las Piedrecitas, donde alguna vez estalló un escándalo de trasiego de drogas, manejado por Nino Alvo, el administrador del Versalles, un italiano de La Camorra Napolitana. El terremoto derribó al Versalles.

Alegrett, un hombre alto y apuesto, era algo díscolo y extravagante. Una vez entró en líos con LA PRENSA porque le dio por cazar a un hombre que se había metido a las laderas de la laguna de Asososca. Alegrett le disparó como si de una presa de cacería se tratara y LA PRENSA lo bautizó como El Monstruo de la Laguna Verde. En su juventud Alegrett había torturado personalmente al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal a quien juró matar. Varias veces estuvo espiándolo en las cercanías del parque El Carmen y dijo que lo iba a matar de tal modo que nadie sabría quién era el responsable. Pero reflexionó sobre la repercusión política y decidió no hacerlo.

El día de la muerte de Alegrett, se conoció que no podía tratarse de un simple accidente de aviación: Michael Echannis, el soldado de fortuna experto en artes marciales y que había aparecido en la portada de la famosa revista Soldier of Fortune, mostrando sus dotes, había brindado una entrevista en varias sesiones al corresponsal de Associated Press en Nicaragua, en el café del Hotel Intercontinental, donde le reveló que había una conjura para matarlos.

En realidad había dos conjuras: la de Alegrett para eliminar a Somoza, darle un golpe de Estado y tomar el poder con ayuda de la CIA; y la de Samuel Genie, quien le seguía los pasos a Alegrett. La enemistad entre ambos surgió a raíz del asalto al Palacio, pues Alegrett acusó a Genie de negligente al no poder garantizar, en su calidad de director de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), la vigilancia requerida para evitar un asalto a la sede del Congreso de la República.

—Negro de mierda —le dijo Alegrett a Genie— te cagaste en el jefe, no tenías ninguna vigilancia en el Palacio, si yo fuera el jefe te mandaría a echar preso.

Somoza estaba presente y los calmó. Lo curioso es que Alegrett era de absoluta confianza de Somoza y de la CIA. Por un lado, había sido ayudante de Somoza Debayle, pero por el otro había supervisado la construcción de un aeropuerto en el Caribe nicaragüense para que fuese utilizado por la CIA en acciones subversivas en contra del régimen de Fidel Castro, tal como ya había ocurrido con la invasión de Bahía de Cochinos.

¿Cuál de las dos lealtades pesó más al final? Ese es un enigma hasta la fecha. Sin embargo, una persona que tuvo conversaciones confidenciales con Alegrett reveló que este planeaba con la CIA un complot para implementar en Nicaragua un “Somocismo sin Somoza” a la manera del “Trujillismo sin Trujillo”, surgido a raíz del asesinato del dictador dominicano, lo que llevó al poder a Joaquín Balaguer, atentado fraguado desde el mismo seno del trujillismo.

Echannis denuncia la conjura

“Planeaban matarnos”, dijo Echannis a AP poco antes de morir.

Echannis había venido a Nicaragua en 1977, contratado directamente por Alegrett para adiestrar y dirigir a los comandos de Inteligencia y reveló al corresponsal de la agencia de noticias que había unas personas dentro de la Guardia, “completamente disgustadas con el Viejo por su manejo del asunto del copamiento del Palacio”.

Echannis aseguraba además disponer de un presupuesto de cinco millones de dólares y que acababa de obtener otro millón de dólares y la asignación de seis coroneles para organizar una división especial de inteligencia antiterrorista. En esas estaba, dijo, cuando descubrió la conjura en su contra, por lo que decidió revelar todo a AP, para que se conociera si llegaban a matarlo.

Se jactaba de que sus 78 hombres de boina corrían veinte kilómetros al día, nadaban durante una hora, se entrenaban en la escuela de saltos y desmantelaban, limpiaban y volvían a montar un fusil Galil en veinte minutos. Echannis además se enorgullecía de haber escrito seis libros sobre combate mano a mano.

“Pudimos haber tomado el Palacio en 18 minutos, me imagino que doscientas o trescientas personas habrían muerto. El plan era sacudir el edificio con fuego de tanques y volar sus puertas con disparos de fusiles sin retroceso”, dijo Echannis.

Añadió que el plan incluía “que yo y mis comandos descendiéramos sobre el edificio, pero el Viejo no lo aceptó, solo porque tenían en su poder al hijo de Papa Chepe (José Somoza Abrego)”.

Los miembros del comando Rigoberto López Pérez, que asaltaron el Palacio, han confirmado que Edén Pastora, el comandante Cero, les infundía el temor de que Echannis llegaría por la noche a degollarles uno a uno, de modo que no debían dormirse en sus laureles.

“Mis hombres están descontentos. Lo que hicieron los sandinistas fue liberar a los presos políticos. Militarmente aquello fue un desastre que desmoralizó a las tropas. Yo voy a llevar a mis comandos de vuelta a la selva”, señaló Echannis a AP.

Y agregó: “¿Vio la forma en que Cero llevaba las granadas de mano en sus hombros?… Eso es muy poco profesional. Ese individuo es un novato que ha visto muchas películas de John Wayne”.

Además aseguró que era tal la improvisación del comando sandinista que ni siquiera insistieron en el rescate del millón de dólares, a pesar de que Somoza había mandado a traer diez millones de dólares desde Nueva Orleáns. “Mis hombres custodiaban el avión con el dinero en el aeropuerto pero ellos (los sandinistas) ni siquiera insistieron”, comentó Echannis quien recalcaba: “Odio a los comunistas por lo que le hicieron a mis hombres en Vietnam”.

Días después a la muerte de Alegrett y a las revelaciones de Echannis, quien murió junto a él, estalló la insurrección en el territorio nacional y esta historia quedó sepultada.

Genie da su versión

El general Samuel Genie negó que la misma Guardia Nacional haya mandado a matar a Iván Alegret. Entrevistamos a Genie en Miami y dijo que “Alegrett fue director de Extranjería y el general (Somoza) lo quitó porque decía que él tenía relaciones con un tipo que vendía drogas”.

“Por eso lo quitó”, enfatizó Genie, quien afirma que después de eso Somoza “siempre anduvo con Alegrett”.

“Para mí, pues, Alegrett no lo traicionó” a Somoza, declaró Genie. Lo que pasó, según Genie, fue que Alegrett “agarró la avioneta, andaba con Echannis (un soldado de fortuna) y se metieron a una nube cargada; lo vio el hermano del general Sánchez que venía volando en un avión de LANICA”.

Genie, quien fue jefe de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN) supone que Alegrett iba hacia Costa Rica, para ver el problema del abastecimiento de armas que tenían los sandinistas en ese país.

Magazine/La Prensa/Tomás Stardgarter

 

La versión del Chigüín

Michael Echannis solía decir que había sido reclutado por Anastasio Somoza Portocarrero, a quien conoció en la Escuela de Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos en Fort Brag, Carolina del Norte.

Somoza Portocarrero ha negado esta versión, asegurando que fueron “los americanos” quienes sembraron a Echannis en la Guardia Militar. También ha reconocido que desperdiciaron valiosa información de Inteligencia que Echannis obtenía de “los americanos” porque dudaban de la credibilidad del veterano de Vietnam, quien había sido dado de baja del Delta Force. “Era un Rambo a su estilo”, ha dicho el Chigüín quien también ha reconocido el agrio descontento que provocó entre las filas de Echannis el hecho de que se les apartara de la resolución del asalto al Palacio. Y ha insinuado, en una entrevista con LA PRENSA en el 2000, que a los asesinos de Echannis hay que ir a buscarles a la Carretera Sur, donde quedaba la sede de la Embajada de Estados Unidos.

También ha admitido que los “gringos” solían hacerle ofertas a Iván Alegrett pero que Totín, como le llamaba, lo primero que hacía era contar las ofertas que recibía. “Era un hombre leal”, ha dicho Anastasio Somoza Portocarrero. Los hombres entrenados por Echannis solían tener esta consigna: “¿Qué debe hacer un soldado? Matar, matar. ¿Qué son ustedes? Soldados. ¿Qué son realmente? Tigres. ¿Qué comen los tigres? Sangre roja. ¿La sangre de quién? Del pueblo”.

Magazine/La Prensa/Susan Meiselas
En esta fotografía de Susan Meiselas, los soldados del Chigüín celebran su graduación bebiendo cerveza Schlitz.
Magazine/La Prensa/Susan Meiselas

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