El "viejo" que habita en el cuerpo de Lesther Alemán

Reportaje - 10.11.2019
Lesther Aleman

La vida de Lesther Alemán le cambió a los 20 años de edad, cuando le dijo al presidente de Nicaragua: “Ríndase”. Antes de eso, era un estudiante de periodismo, misionero evangélico, apegado a su madre,
que estudiaba de madrugada.

Por Julián Navarrete

La primera vez que miré a Lesther Alemán esperaba en un lugar clandestino con 15 minutos de anticipación. “¿Ya están por aquí?”, escribió en un mensaje minutos antes. Salía de un cuarto solitario, después de haber tenido un par de reuniones esa mañana. Siempre pendiente de su pequeño reloj negro de manecillas, pero con la paciencia de dejar acabados todos los temas sobre los que le preguntaba.

Hace un mes aterrizó en Nicaragua, mientras una decena de reporteros lo esperaban en el aeropuerto de Managua para escuchar sus declaraciones después de un año de exilio. Alemán denunció hace meses que el gobierno de Nicaragua, presidido por Daniel Ortega y Rosario Murillo, tenía un plan para asesinarlo el año pasado, durante las protestas contra su administración que todavía tiene en una crisis política profunda al país.

Esta tarde de octubre de 2019, Alemán se ve un poco relajado. Pese a que dice no haber visto a sus padres, ni a sus dos hermanas; no ha regresado a su casa desde el 14 de mayo de 2018, ni a las aulas de la Universidad Centroamericana donde estudiaba periodismo; ni a la iglesia evangélica de su barrio, siente que regresó a Nicaragua con solo aspirar fuerte al salir de este cuarto o cuando desde un carro compra la leche agria que le gusta comer por las mañanas.

Antes de abril de 2018, todos los días Alemán caminaba 10 cuadras para tomar la ruta 110 o 120 para ir a la UCA. Le gustaba descifrar “las angustias” en los rostros de los demás pasajeros, mientras transcurrían los 45 minutos de viaje. Al regresar a su barrio, demoraba 15 minutos en saludar a todos los vecinos de su cuadra. “Hacés más estaciones que Santo Domingo”, le decía Lesbia Alfaro, madre de Lesther, cuando lo esperaba en una mecedora afuera de su casa.

Quien conoció a este muchacho de 21 años de edad antes de abril de 2018, sabía que era el misionero evangélico que no fallaba en los cultos de lunes a jueves. El alumno con excelencia académica desde secundaria. Alfaro, su madre, todavía guarda los diplomas y medallas de reconocimientos que le entregaron en los cuatro años que estudió en la UCA.

Ahora, Alemán es uno de los rostros jóvenes más conocidos. Su estruendosa voz y discurso opositor contra el régimen de Ortega le ha granjeado algunos seguidores: hubo muñequitos, afiches, dibujos con su cara. A contrapelo, los militantes del Frente Sandinista hacen memes, chistes, le ponen apodos, y casi a diario le envían un mensaje con alguna amenaza de muerte.

“Yo regresé a Nicaragua preparado para el peor escenario”, dice, mientras admite que vive una vida clandestina, pero aclara que no le gusta hablar sobre este tema y por ahora solo dirá: “Voy a vivir un día a la vez, porque estoy consciente que me puede suceder lo peor”.

Durante el último piquete de protesta en Managua. Foto/ Óscar Navarrete.

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Para Lesbia Alfaro, madre de Lesther, él sigue siendo “Lesthercito”. Es su único hijo de su segunda pareja, don Lesther Alemán, que ha tenido en su vida. De su primer matrimonio tuvo dos hijas que para Lesther son “sus princesas”. A las tres mujeres de su casa, el muchacho las llama “las mujeres de mi vida”.

Lesther Lenín Alemán Alfaro fue criado, hasta mayo del año pasado, por su madre y sus hermanas. El lado femenino de su familia ha tenido una influencia “fuerte” sobre él. Su padre es ahora un pequeño empresario de transporte pesado que inició como camionero. Y por tal razón casi no pasaba tiempo en casa. A pesar de que el trabajo de su padre pagaba todos los gastos de la casa, Lesther recuerda, por ejemplo, que pocos cumpleaños los celebró con Alemán.

“A mi papá lo quiero muchísimo, es mi superhéroe, así le digo. Pero mi madre es mi gran amor”, dice Alemán, quien además recuerda que antes del 18 de abril todas las noches ambos se contaban lo que pasó en el día, mientras ella le preparaba un vaso de avena para que Lesther estudiara de madrugada.

Alfaro y Alemán se conocieron porque eran vecinos del mismo barrio. Ella había fracasado con su primer matrimonio en el que había tenido las dos niñas. Por esa razón, para no volver a decepcionarse, cerró las puertas del matrimonio con el papá de Lesther. Sin embargo, la pareja ya lleva más de 22 años juntos y de momento siguen descartando la opción de casarse.

De su madre, Lesbia Alfaro, Lesther dice que es su “ gran amor”.

Lo que sí decidió la pareja cuando Alfaro quedó embarazada, fue que ella dejara de trabajar para dedicarse a criar a Lesther. Antes Lesbia fue contadora pública en los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, aunque siempre con apatía política.

De hecho, Lesther describe el ambiente de su hogar como apolítico. Su padre siempre rechazó al Frente Sandinista por un trauma de niño: el abuelo de Lesther, decidió abandonar por un tiempo a sus hijos y su trabajo como jefe de transporte del Ingenio Azucarero para ir a cuidar puentes en la reserva del Ejército Sandinista. Don Lesther Alemán vivió sus peores momentos ya que sufrió hambre y le hacía falta su papá.

Desde entonces cuando al papá de Lesther le preguntaban por qué partido se identificaba, él respondía que “si no trabajo no como”. Sin embargo, el muchacho escuchaba las quejas sociales de sus hermanas por la falta de empleo, los bajos salarios; la inflación, mientras cenaban y miraban el noticiero. También, Alfaro le indicaba a su hijo que muchas de las acciones que hacia el gobierno de Daniel Ortega eran erradas.

Hay que recordar que para cuando Daniel Ortega regresó al poder en 2007, Lesther Alemán apenas tenía nueve años de edad. Así que lejos de querer ser la única persona que ha “asaltado” la palabra del presidente en 11 años de poder, Alemán era un niño que le gustaba jugar con carritos y camiones de juguete como los que su padre y abuelo conducían en la vida real.

La familia paterna de Lesther se dedica al transporte pesado.
Foto/ Cortesía

“Mi familia es de camioneros. Desde mi abuelo, mis tíos y mi papá. Por eso les digo que en vez de sangre, les circula diésel”, dice Lesther, con una sonrisa.

De modo que cuando finalizó la secundaria, el deseo de su padre era que Lesther se dedicara a manejar la pequeña empresa de camiones en lugar de entrar a la universidad.

–¿Para qué vas a estudiar? —recuerda que le preguntó su padre.
–Yo para camionero no nací —le respondió y agregó—, quiero estudiar, superarme, quiero ser comunicador.

No obstante, su crítica al sistema de gobierno no estaba tan marcada. Lo que sí marcaría su vida fue una operación de Lesbia Alfaro, su madre, cuando él tenía 12 años de edad. La mamá fue operada de un tumor en el riñón en el Hospital Manolo Morales. Pero como, según Alfaro su hijo siempre ha sido “mamitis”, el niño quedó desesperado por su ausencia. “Daba vueltas por la casa sin saber qué hacer”, dice. En esas Lesther miró que varias personas entraban a una iglesia evangélica que estaba cerca de su casa. Curioso, entró a la casa religiosa, escuchó los cantos y el mensaje. Y ahí, solito, a ese edad, prometió “seguir los caminos del Señor” si su madre regresaba sana de la operación. “Desde entonces le ha sido fiel a Dios”, agrega Lesbia Alfaro.

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El último sábado de octubre Lesther Alemán fue a un piquete de protestas contra el gobierno de Daniel Ortega. Llevaba una camisa de mezclilla y un bluyín con unos zapatos café. Por momentos cargó una Bandera de Nicaragua y su voz, portentosa voz de locutor de radio de antaño, resaltaba entre los gritos y cantos rebeldes.

En septiembre de 2018 Lesther Alemán salió al exilio. Sin embargo, dice que “el deseo de retornar al país era inquietante”. Para aminorar el mal de patria, Alemán, siendo evangélico, se ponía a escuchar los cantos a la Purísima para “sentirme” en Nicaragua.

Su exilio en Estados Unidos fue objeto de burla por parte de los militantes del Frente Sandinista, así como también criticado por los opositores de Daniel Ortega. “Vende patria marginados”, le escribió un usuario de Twitter llamado Lunapaz89, el 15 de octubre de 2019, cuando Lesther subió una fotografía en el Museo de la Memoria de los familiares de algunos asesinados de esta crisis política.

“Degenerados cínicos, dándose la gran vida en Estados Unidos (…) jamás en la vida los miré en un tranque volando verga y ahora andan lucrándose. Y me refiero al tostón (peyorativo de homosexual) de Lesther Alemán y al tal Max (Jerez)”, escribió María Fernan155, en una fotografía que subió el universitario Max Jerez, junto a Edwin Carcache, exreo político, y Lesther Alemán en Estados Unidos.

A Lesther se le critica, además, por ser uno de los universitarios dentro de la Alianza Cívica, organización opositora en el diálogo nacional con Daniel Ortega. Los señalamientos se han realizado por sus viajes al extranjero y sus “privilegios” de ser uno de los pocos universitarios “protegidos”, que duerme en hoteles y se transporta en camionetonas.

Hay, incluso, algunas personalidades del movimiento juvenil que se desarrolló en abril que han criticado a Alemán. “Lesther Alemán miente en una entrevista en Radio Corporación. ¿Cómo puede decir tanta falacia sin el más mínimo descaro? Lo que se llama es tergiversación de la historia”, dijo Víctor Cuadras, joven opositor a Ortega, haciendo referencia a que Alemán se adjudicaba la idea de encarar al presidente y no le daba crédito a toda la Coalición Universitaria que se creó entonces.

“Yo no bloqueo a nadie de mi Twitter”, dice Lesther. “Comprendo que la gente en Nicaragua tiene necesidad de expresarse y yo lucho por la libertad de expresión, así que quiero ser consecuente con esos principios. Las críticas son bienvenidas y si tengo que contestar algo, lo haré”, dice Alemán, aunque no contestó ninguna de las increpaciones anteriores porque dice que “solamente quieren causar ruido”.

Durante el diálogo nacional, con Víctor Cuadras, quien ha realizado algunas críticas a Lesther.
Foto: Inti Ocón/AFP

Para casi todo tiene una respuesta y parece que lo tiene todo calculado. Para las entrevistas, dice, se prepara con anticipación en dependencia del entrevistador. Dice saber cómo poner “un muro” con temas que no quiere contestar, en la mayoría de casos personales, y cómo conducir una entrevista hacia lo que él le interesa.

A sus padres dice que los ha “orillado” hasta que acepten que no abandonará la lucha, aunque eso le cueste la vida. “A mí papá le informé mi decisión de regresar a Nicaragua, no le pedí permiso”, refiere. Desde abril de 2018 dice que la mayoría de decisiones de su familia, incluyendo, a su madre y hermana, ahora las toma él mismo.

—¿Estás realmente consciente del peligro que estás corriendo al regresar a Nicaragua? —le preguntó.
—Yo no lo digo, pero muchos dicen que (Daniel Ortega) lo ha visto como un problema personal conmigo. Porque le toqué el ego, lo intocable que muchos lo miraban. Lo que hice fue decirle a Nicaragua que lo podemos señalar y contraponer en cualquier momento —contesta casi de inmediato, como una respuesta preparada.

Señala que hay personas que le ponen de ejemplo los casos de Pedro Joaquín Chamorro, Carlos Guadamuz y Alexis Argüello, tres muertes que se han vinculado a venganzas políticas en los últimos 41 años. “Pero yo no quiero ser mártir”, dice Alemán. Y para que conste que está consciente “del peor escenario”, me cuenta que antes de regresar a Nicaragua hizo una carta en la que se despide y especifica cómo quiere ser enterrado.

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Lesther Alemán no asiste a cumpleaños, ni bodas o entierros desde que se metió a ser un joven opositor político. Él le llama “negarse de su vida”. Tuvo una novia en los primeros meses de la rebelión, pero terminaron “por un tema de tiempo: no le puedo dar el tiempo a una persona que a veces no lo tenía ni para mí”.

A sus padres dice haberlos visto solamente una vez, en los primeros meses que salió de su casa, cuando llegaron a entregarle ropa y la avena que le gusta comer por las noches. Tampoco asiste a la iglesia evangélica, de la cual era uno de los líderes juveniles a nivel nacional.

—¿No te sentís solo? —le pregunto.
—(Suspira). Lo compensa el amor por Nicaragua. Pero sí es natural la soledad. Con cuidado porque la soledad tiene una espada muy filosa —contesta y señala que intenta todos los días revivir lo que sufrió en los primeros días de abril para seguir en esto.

Ahora, dice, su familia son las personas con las que se ha relacionado desde el año pasado. No ha ido a ninguna celebración social o familiar y no tiene más pasatiempo que la lectura. Aunque siempre que deben ser de historia o novelas preferiblemente “reales”. “No me gusta la ficción (fantasía), me gusta la realidad”, dice.

Tampoco le gusta la música actual o urbana. Prefiere lo “retro”: Nino Bravo, José Luis Perales, Leo Dan y Juan Gabriel. Música en español. “Soy como un viejo en el cuerpo de un joven de 21 años”, dice Lesther, casi jactándose de ello.

Su mejor amigo, Alfonso, compañero de Lesther en la carrera de Comunicación, cuenta que sus preferencias musicales eran conocidas por casi todos en el salón de clases. Y que en un día un profesor mencionó una banda de los sesenta que él no conocía y todos se quedaron sorprendidos. “Siempre desconoce sobre los temas que se supone nos interesa a los jóvenes: música, fiestas, esas cosas”, dice Alfonso.

Su mejor amigo dice que Lesther es de las personas que si va a una fiesta prefiere quedarse sentado platicando. “Disfruta a su manera”, dice Alfonso, quien se define como lo contrario de su amigo: extrovertido, y que esa diferencia cree “hace que se caigan bien porque son polos opuestos”.

Gustavo Ortega, profesor de la universidad de Lesther, también se dio cuenta que era un muchacho diferente a varios de su generación. “Tal vez por su religión, pero no era un muchacho común de andar pensando en novias, en los tragos, en el bacanal. Lesther después de la universidad se iba para su casa y eso no le restaba menos de estar con los otros muchachos molestando”, dice Ortega.

El profesor recuerda que a todo el salón de clases donde estaba Lesther les contaba mucho sobre los problemas en Nicaragua. De Lesther dice que “le brillaban” los ojos cuando se conversaba sobre la historia de este país. “Él (Lesther) lee mucho y le gustaba hablar sobre la economía nicaragüense y del mundo. Es un joven que tiene madera de líder, y es maduro, muy maduro, para su edad”, dice Ortega.

Una de las declaraciones que causaron más controversias el año pasado fue su admiración hacia Carlos Fonseca, el fundador del Frente Sandinista. En un reportaje para The New York Times dijo que “el único apodo que permitía que le dijeran era comandante”. Sus palabras provocaron que se le comparara directamente con el comandante sandinista Daniel Ortega.

Lesther Alemán aclara que sus palabras se malinterpretaron porque la admiración hacia Carlos Fonseca es sobre el escrito “Bienestar social” que le parece “bello”. El doctor Carlos Tünnermann, compañero en la Alianza y exprofesor de Fonseca en León, le ha dicho algunas veces “vos te parecés a Carlos (Fonseca) por miope, flaco, terco, pero propositivo”.

De la referencia de comandante no oculta que desde secundaria se sintió atraído a formar parte del Ejército. “Por su rigurosidad y disciplina”. Para Lesther el mejor mes era septiembre, cuando miembros del Ejército llegaban a su secundaria a entrenarlos para el desfile patrio en el cual era abanderado como mejor alumno. “Mi mejor regalo era cargar la Bandera de Nicaragua”, dice.

En dichos desfiles, su colegio, Modesto Armijo, durante muchos años fue el encargado de abrir o cerrar los eventos, en los que Lesther, con la Bandera de Nicaragua, desfilaba enfrente de la tarima principal donde Daniel Ortega saludaba los niños de secundaria.

Lesther dice que de la entrevista con el medio estadounidense aprendió mucho. Aunque refiere que una de las situaciones que más le molestó fue que el periodista le preguntara por qué usaba un reloj tan pequeño. Alemán cuenta que desde los cinco años aprendió a leer relojes de aguja y desde entonces lleva uno consigo en la mano izquierda. Eso sí, siempre de manecillas y color negro.

—¿Por qué es importante el reloj?
—El tiempo es el mayor aliado en este proceso. Va marcando el destino, pero también el avance de la oposición. Además, el tiempo se encarga en demostrarnos quién es quién.

Una de las manía de Alemán es estar pendiente del tiempo. Pero aunque tenga su celular en la mano se rehúsa a encontrar la hora en otro aparato que no sea su pequeño reloj de pulsera.

Es uno de los universitarios miembros de la Alianza Cívica.
Foto/ Óscar Navarrete

9 datos que no sabías sobre Lesther Alemán

  • Lesther Alemán dice que no ha conocido una discoteca. Tampoco ha tomado licor.
  • Nació el 14 de enero de 1998. Estando en el exilio cumplió 21 años de edad.
  • Fue el abanderado del instituto público donde estudió la secundaria, el Modesto Armijo Lozano.
  • Su escritor favorito es Gabriel García Márquez.
  • Nunca practicó deportes, aunque siempre le ha gustado ver beisbol.
  • Su promedio académico era 96 por ciento en la UCA. Siempre estaba en la premiación anual de los mejores becados y excelencia académica.
  • Fue misionero evangélico y estudió en el Instituto Teológico.
  • La familia de Lesther está fuera del país porque fue asediada en Nicaragua.
  • En Estados Unidos vivió en casas de solidaridad de la diáspora nicaragüense.

Tres preguntas  a Alemán

—¿No le reconoce nada al Frente Sandinista?
(Alemán se queda callado un largo tiempo). Como estructura, no le agradezco nada. Pero reconozco el nivel organizativo que tienen. La solidaridad entre ellos mismos. Por más que no la vea o no la quiera ver. Ellos son cuadros formados desde los barrios, asentamientos, unidades que se sujetan y subordinan. No es que estoy en pro de la estructura… pero me contaba un compañero que de los bonos que daba UNEN los chavalos no cuestionaban.

—¿Pero muchos criticarían que son borregos?
Sí, sí, yo también los critico que no tienen capacidad de crítica ni criterio, debilidad hacia el más fuerte y añoranza. Así que yo te puedo decir que no le reconozco nada en estos 12 años. Así como tampoco reconozco nada de la revolución de 1979 porque para mí duró meses: se disipó, se traicionó. No era un cambio de caras sino de sistema.

—¿Cómo se blinda para no ser manipulado?
Partimos de una premisa clara: no traicionar al país. Cuando reconocés al aliado estratégico hay que asumir los costos que eso amerita. Es un error tener una juventud intransigente. Siempre estamos señalados de apáticos, escépticos, desorganizados, ¿qué más es ser joven en Nicaragua? Bacanaleros, altaneros. Todas esas cosas nos han dicho. La prudencia es reconocer la alianza y tener a los pobres y los vulnerables en primer lugar.

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