Ellos fueron portada

Reportaje - 10.02.2012
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Sus vidas e historias salieron en Magazine. Ahora, años después, decidimos buscar a nuestros protagonistas para contarles la historia después de la portada

Por Dora Luz Romero

Nueve años de historias, de personajes, de realidades. Gente que ha optado por compartir en las páginas de Magazine, quiénes son, qué hacen, qué les gusta y disgusta. Historias de glorias, pero también de desgracias. Gente que se abre y se muestra tal cual es. De eso ha estado llena Magazine.

Pero ¿qué pasó luego con esos personajes?

Las cuatrillizas de Boaco, aquellas chiquitinas de 6 años a quien su propia madre confundía por ser tan parecidas. Los genios de Diriamba. Esa primera generación de alumnos que ingresó al colegio IDEAS. Los niños de la oscuridad. Esos tres pequeños de Rosita condenados por una rara enfermedad en la piel. Los franciscanos de San Marcos, los frailes decidieron vivir en extrema pobreza y obediencia a Dios. ¿Qué pasó con todos ellos?

Recorrimos los archivos y también Nicaragua para encontrar nuevamente a esos personajes que han hecho historia en esta revista.

 

 Una historia que inspira

Gabriela y Eliette fueron las protagonistas Magazine en junio de 2007

Por Dora Luz Romero

Habían pasado apenas tres meses desde el accidente en el que Gabriela Molina perdió su brazo, cuando decidió aparecer sonriente, con pose de modelo, en la portada de Magazine. Era la primera vez que compartía su historia completa, cómo se sentía, cómo había cambiado su vida y cómo la enfrentaba.

No apareció sola en la portada. Abrazada a ella estaba Eliette Morales, también sin un brazo.

Hace cinco años Gabriela Molina y Eliette Morales fueron portada Magazine.
Peinado y maquillaje: Salón de
Belleza Luz y Estilo.

Una foto hermosa, tierna. Dos muchachas sonrientes y coquetas invitaban a leer. Aunque algunos podrían haberlo visto como una historia lastimera, no lo era. Gabriela y Eliette con esas caras de ánimo no lo permitían, ellas transmitían felicidad genuina y a la vez daban una lección de vida. Era entonces una historia que hacía repensar, reflexionar, agradecer.

Gabriela era modelo, tenía 20 años cuando un accidente automovilístico, luego de que regresaba de trabajar en una hípica, le quitó su brazo. Eliette, nació así. Eran amigas cercanas, de esas que salen a bailar y no paran hasta que los tacones gritan.

Aún con los rostros de felicidad, el relato no dejaba de conmover. ¿Cómo se vive con un solo brazo? Para Eliette era un poco más fácil, así lo decía ella misma. Nunca supo qué era tener dos. Pero para Gabriela era una tragedia. Sus sueños de modelo se cayeron. Tendría que pasar mucho tiempo, dijo, para que pudiera volver a ser la misma. Aún así, le sonreía al mundo y trataba de luchar contra sus propios miedos, sobre todo con esa idea del rechazo. “Sentía miedo de que me rechazaran porque no estaba acostumbrada a sentirme así, a verme así. Yo me miraba en el espejo y sentía que no era yo. Pero eso ya cambió, ahora puedo verme y me veo a mí en el espejo. Esta soy yo”. Le tocó ir a psicólogos, psiquiatras, superar el trauma. “Es una etapa que nunca la voy a olvidar, pero ya la superé”, dice ahora ya con 26 años.

Aprendió a hacer todo con un solo brazo, lo único que no puede, aún, es amarrarse los cordones de los zapatos. “Yo me siento muy bien, he pasado años muy buenos y bendecidos, Dios ha sido bueno conmigo”.

Gabriela terminó sus estudios de Periodismo. Trabaja como analista de cobranza en la Dirección General de Ingresos (DGI). “Nada que ver con lo que estudié, pero me gusta, y he aprendido mucho”, cuenta.

Por su parte, Eliette, ya con 23 años, es abogada y notaria pública y trabaja en asesoría legal en el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI).

Cinco años han pasado desde que publicamos el reportaje en el que aparecían Gabriela y Eliette. Siguen siendo buenas amigas, pero ya cambiaron las discotecas por el cine y los karaokes. “Ya los tacones pesan”, confiesan entre risas.

Han regresado para posar y conversar nuevamente con Magazine. A pesar de las dificultades, coinciden ambas, se sienten agradecidas por cómo las ha tratado la vida. Se abrazan, sonríen, posan, y la cámara, igual que la primera vez, se enamora de ellas.

El accidente
El 26 de febrero de año 2007 Gabriela Molina regresaba de La Concha, Masaya, a Managua, cuando ocurrió el accidente. El vehículo en el que viajaba era conducido por el supervisor de la agencia de modelaje Figura’s Pro Model, para la cual trabajaba.
Gabriela presentó la denuncia en contra de la agencia y aún no se ha dictado sentencia. “Ellos eran responsables por mí. Y la verdad es que no me gustaría que eso le pasara a otra muchacha”, asegura.

“Haber salido en Magazine para mí fue increíble, una gran oportunidad, porque mi historia llegó a mucha gente aquí y en el extranjero. Ahí fue donde todos conocieron bien mi historia”.

Gabriela Molina

Gabriela Molina y Eliette Morales

La exclusiva con “el siniestro”

La primera entrevista de Herlan Fabricio Colindres fue con Magazine

Por Arlen Cerda

“ Risa me da esta cárcel. Voy a estar dos meses acá y me voy a escapar otra vez”, aseguró. En septiembre de 2005, Herlan Fabricio Colindres Ramírez apareció en Magazine. Nunca antes había hablado con los medios, fue su primera entrevista.

En el 2005, Magazine viajó a Tegucigalpa para entrevistar a Herlan Fabricio Colindres
En el 2005, Magazine viajó a Tegucigalpa para entrevistar a Herlan Fabricio Colindres. Fue la primera entrevista que dio. En la imagen de abajo, los médicos forenses suben los más de 350 cuerpos de la cárcel de Comayagua, donde falleció Colindres.

Al inicio, verlo ahí, tan pequeño, costaba creer su historia. Un niño al que las autoridades le ponían 13 años (aunque él decía tener 16), se le acusaba por el asesinato de Timothy Michael Markey, un agente de la DEA, que turisteaba en Honduras. No era su único delito. Las autoridades calculaban que había participado en al menos 16 asesinatos. También lo relacionaban con secuestros, extorsión, venta de drogas. El secretario de Seguridad de Honduras decía que era una “verdadera máquina de matar” y por eso él pedía que se le diera cadena perpetua. Le decían “El Siniestro II” y “El Chelito”.

Según los registros de la Policía era miembro de la banda “Los Puchos”.

Cuando Magazine llegó a Tegucigalpa para entrevistarlo, ya le habían construido una celda especial. De acero con barrotes de hierro. Él se reía.

Cumplió su palabra. En noviembre de 2005 volvió a ser noticia, se había escapado.

Ya lo había hecho varias veces del centro de menores donde permanecía. Precisamente por eso es que se había construido una celda para él. Lo volvieron a capturar.

Cuando cumplió la mayoría de edad fue trasladado al penal de Comayagua, en Honduras.

En febrero del 2012 en ese penal ocurrió una tragedia, un incendio provocó la muerte de más de 350 reclusos.

Los medios hondureños aseguraban que el reo Elvin José Colindres Ramírez alias “El Chelito”, fue quien lo había provocado. Luego de una riña con compañeros de celda le prendió fuego a un colchón y sentenció: “De aquí nadie sale vivo”.

La periodista freelance y defensora de los derechos humanos, Itsmania Pineda Platero, confirmó desde Honduras a Magazine, que a pesar de la diferencia de nombre el niño siniestro acusado del asesinato del agente de la DEA y el reo vinculado con el incendio en la cárcel de Comayagua eran la misma persona.

El niño siniestro

Vida de franciscano

Eran 16 en todo el mundo y cuatro de ellos vivían en San Marcos

Por Dora Luz Romero

En mayo del 2008, en la edición 109, apareció en nuestra portada un pequeño grupo de frailes extranjeros que vivían en San Marcos, Carazo. A simple vista llamaban la atención por su vestimenta y sus barbas largas. Pero la historia era más que eso, era mostrar una forma de vida que estaba envuelta con sacrificio, radicalismo, pero también con mucho amor a Dios y al prójimo.

Gabriel Negri dejó de ser fraile en el 2009
Gabriel Negri dejó de ser fraile en el 2009 debido a una enfermedad. En la portada, Negri en el extremo derecho, con lentes. En la imagen además aparecen los hermanos Félix, Pedro, Miguel y uno de los aprendices.

Serafín, Pedro, Félix y Miguel fueron nuestros personajes. Ellos eran diferentes a cualquier otro fraile. Predicaban con su propio ejemplo. Vivían en pobreza, para comer mendigaban en las calles y no podían tomar más de lo que necesitaban, cocinaban en fuego de leña, no tenía luz eléctrica y sus días pasaban entre ayuno, oración y servicio.

Dieciséis en todo el mundo, esos eran todos y ellos bien sabían que no cualquiera se atrevía a vivir así. Cuatro de ellos vivían en San Marcos y había dos aprendices.

Impresionaba ver cómo en pleno siglo XXI existían hombres que pudieran dejar todo. Hacer a un lado a sus familias, dejar los estudios, las comodidades de su hogar por seguir los pasos de San Francisco de Asís.

Ahora, el grupo se ha hecho más ralo. Quedan 12, quizás diez en todo el mundo.

Los miembros de la orden llamada de Observancia Primitiva volvieron a Estados Unidos y hubo algunos como Serafín que se salieron. Serafín dejó de ser Serafín en el 2009. Volvió a llamarse Gabriel Negri, el nombre que le dieron sus padres al nacer.

Gabriel, de 34 años, cuenta que una grave enfermedad lo hizo retirarse. “Nunca fue mi deseo irme, pero era necesario. Nunca imaginé que ese camino iba a ser menos que mi vida entera”. Después de diez años y con votos perpetuos dejó a los Franciscanos y le tocó empezar.

Un par de años más tarde, regresó a San Marcos como traductor de un grupo, luego le ofrecieron un trabajo y decidió quedarse. Ahora es estudiante de tiempo completo, trabaja como profesor de inglés y este próximo abril se casará con su novia, Norma Serrano. “Me costó adaptarme al mundo. Pero no me dio pena aprender a usar computadora, tampoco nunca sentí remordimiento por rasurarme la barba, por usar dinero. Sabía que era la voluntad de Dios y que su gracia me apoyaría”, dice. Lo que más extraña, confiesa, es a sus hermanos.

Gabriel Negri lleva una vida seglar, hace ejercicios, escucha música, va a restaurantes, pero nunca, insiste, ha dejado sus creencias.

La nica en el gabinete de Barack Obama

Por Dora Luz Romero

 Hilda Solís visitó Nicaragua en julio de 2010, para entonces, era secretaria de Trabajo de Estados Unidos. De su vida se sabía que era la primera mujer hispana en la historia de Estados Unidos en ocupar un puesto en el gabinete presidencial. También se sabía que su padre Raúl Solís era mexicano y su madre Juana Sequeira nicaragüense.

Hilda Solís

En Magazine decidimos centrarnos más que en su visita al país, en sus orígenes. Así que viajamos hasta sus raíces, en San Rafael del Norte, Jinotega. Y ahí, en una calle pedregosa, en una casa sin pintar, encontramos a su tía Elsa, hermana de su madre, a sus primos y demás parientes.

Que es la tercera de siete hermanos, que su madre salió de Nicaragua a los 18 años, que viene de una familia muy humilde, que mantiene comunicación con los suyos, se contó en aquella plática. Y su historia fue la portada de una de nuestras ediciones en el 2010.

A inicios de enero de este año, Hilda Solís renunció a su cargo, antes de que el presidente Obama iniciara su segundo mandato. Ella —según dijo— decidió iniciar un nuevo futuro.

CURANDERA DE GRISI SIKNIS

Septiembre 2003. Daniel McOwen tiene el primer ataque de Grisi Siknis. Y así comenzó esta historia. Pronto, en un par de meses, la enfermedad se había multiplicado, más de cien pobladores de la comunidad miskita de Raití la padecían.

Convulsionaban, tenían furia, miedo, ansiedad y corrían desesperados con palos, machetes o cualquier cosa que encontraran. Un padecimiento muy particular de los miskitos. Una especie de histeria colectiva.

Y ahí apareció Porcela Sandino, la miskita que ilustró la portada de la primera edición de Magazine el 18 de enero del 2004.

El Ministerio de Salud, con sus médicos y psiquiatras, se había declarado incompetente para resolver la situación. Así que llegó ella, que se autollamaba profeta y curandera, y dijo que sabía lo que le tocaba hacer. Eso sí, insistió, era secreto.

Sandino atendió a 139 enfermos de Grisi Siknis y logró que Raití regresara a la calma.

Han pasado nueve años desde aquella historia con Sandino en la portada.

Ahora, ella vive en el barrio El Recreo, de Managua, pero no recibe pacientes ni medios de comunicación, solo algunas visitas personales, porque ya no ejerce más su oficio de curandera. Así lo contó Ada Villarreal, la directora del Instituto de Comunicación Intercultural de la Uraccan, del recinto de Bluefields.Magazine, La curandera de Raití

EL NIÑO GENIO EN EL AJEDREZ

El genio del ajedrez, David Alarcón, no eligió una carrera universitaria con matemáticas como uno podría suponer por su destreza con el tablero y los números. Siete años después de que la revista Magazine contó la historia que tenía enamorada a la crónica deportiva de Nicaragua, David tiene 19 años de edad y cursa el segundo año de sicología con una beca en la Ave María University, en San Marcos. Después de aquel perfil que se publicó en octubre del 2005, ganó el Campeonato Nacional de Ajedrez de Primera División y ha seguido jugando desde entonces con excelentes resultados. David sigue siendo un chavalo flaco, seguro de sí mismo, de sonrisa fácil, inteligente y bromista. Aún cita con facilidad libros y autores y, tal como revela su muro de Facebook, confirma que está “en una relación”. Hace dos años se despidió de los juegos estudiantiles centroamericanos Codicader con cuatro medallas de oro y una de plata y “ahora estoy en un nivel alto”, dice, pero su meta es convertirse en un maestro de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Su puntuación ELO-FIDE, que mide su habilidad en el juego es de 2,113, pero él quiere 2,200 o 2,300 puntos. De las matemáticas “parece que me aburrí”, confiesa, y a la hora de elegir carrera la manera en cómo su papá lo preparó para cada juego influyó en él. “Estudio lo que me gusta —dice— y quiero trabajar con la gente”.

Magazine, niño genio

Cuando se conoció a la miliciana

Después de 26 años, los protagonistas de esta foto se reunieron por primera vez y lo hicieron en las páginas de Magazine. El fotógrafo, la mujer del fusil y el bebé. Ocurrió en mayo del 2010.

Desde ese día, la miliciana de Waswalito tuvo nombre y apellido: Blanca López. Y su hijo también, Antonio López.

Blanca y Antonio López

La fotografía tomada por Orlando Valenzuela había recorrido el mundo entero, fue la imagen oficial de la Campaña Mundial de Solidaridad con Nicaragua, era un símbolo del país en los años ochenta.

La miliciana era historia, una foto famosa, hasta que Magazine la encontró y así, ella y su hijo, contaron su historia.

Vivían en Siuna. El bebé, Antonio López, ya tenía 27 años y se había graduado como Administrador de Empresas. Ella tuvo 15 hijos y sus condiciones de vida eran sumamente precarias.

Luego del reportaje en Magazine, la empresa HEMCO quiso ayudarle a Blanca López. En julio del 2011 le dieron las llaves de su casa en Rancho Grande, una comunidad de Siuna. Además le dieron tres manzanas de tierra.

Contar su historia —dijo el hijo en aquel momento—, cambió la vida de su madre.

Las Marías de Boaco

Así viven las cuatrillizas seis años después

Por Dora Luz Romero

Una foto curiosa se asoma desde el archivo de Magazine. Cuatro niñas que parecen gotas de agua, regalan una sonrisa. Seis años, blancas, de ojos saltarines y peinadas con dos colitas. Eran María Alexandra, María Fernanda, María Dolores y María Isabel. Eran las Marías Cucalón, las cuatrillizas de El Chagüite, en Boaco.

Las cuatrillizas, Boaco

¿Qué pasa cuando una embarazada se da cuenta que en vez de una vienen cuatro en camino? La historia la contaba Reina Isabel Reyes, la madre de las pequeñas. Tenía casi siete meses cuando supo que eran cuatro. Pensó que se iba a morir, la panza le había crecido tanto que ni siquiera podía caminar. También le asustaba pensar cómo le iba a dar de comer a cuatro.

Seis años después del parto, Magazine viajó a Boaco, a la comarca El Chagüite que queda a 38 kilómetros de la ciudad, para buscar a las cuatro niñas y relatar su historia. El parecido era asombroso, daba la impresión que las habían copiado a la una de la otra. Eran penosas, hablaban poco, pero nunca paraban de sonreír. La mamá, sin embargo, contaba las dificultades que tenía ahí en el campo para criarlas.

Magazine volvió donde las Cucalón después de seis años. El parecido sigue sorprendiendo. Tienen doce años, van para sexto grado, y ahora sueñan en grande.

María Fernanda quiere ser abogada, María Dolores doctora, a María Isabel le gusta la computación y María Alexandra quisiera ser monja. Para lograrlo, dicen, están seguras que tienen que salir de El Chagüite. Ahí, sienten que el mundo les queda lejos, deben caminar más de dos horas para llegar al poblado más cercano. Por ahora, dicen, una bicicleta para cada una sería un sueño.

Cuando tenían seis años le pedían a sus padres que les celebraran un cumpleaños. Él, con salario de agricultor, y ella, ama de casa, no han podido hacerlo. Ahora, no se trata de cualquier cumpleaños. Las cuatrillizas quieren una fiesta para sus quince. “Una fiesta grande pues, vestidas de rosado, ropa nueva”, dice entre dientes María Fernanda. El resto, la secundan con un si de cabeza. La mamá, Reina Isabel, la observa, se ríe y confiesa: “Cuando ellas me lo piden yo me quedo callada porque solo pienso con qué les hago semejante fiesta. Pero tampoco les puedo decir que no, porque no puedo quitarle sus sueños”.

Genios graduados

Así se enfrenta al mundo la primera generación del Ideas, conocido como “escuela para genios”

Por Dora Luz Romero

Hace cinco años eran unos niños llenos de nervios y temores que comenzaban una nueva etapa en sus vidas: la secundaria. Pero no cualquier secundaria.

Eran 130 pequeños que ingresaban al Instituto de Excelencia Académica Sandino (Ideas), mejor conocido como “escuela para genios”, un proyecto que suponía ser un modelo de educación en Nicaragua. Dejaron sus familias y se internaron en el centro ubicado en Diriamba.

Magazine visitó el Ideas cuando el proyecto iniciaba, en el 2008. Los estudiantes entusiasmados recitaban sus logros académicos en primaria para demostrar que merecían estar ahí. Se sentían los mejores, se sentían especiales y también soñaban con un futuro brillante. De médicos, de presidentes, de ingenieros.

Setenta y tres, según el Ministerio de Educación, lograron culminar y se graduaron en diciembre pasado. Y a partir de ahí, cada cual tomó su camino. Ellos son la primera generación de “genios” graduados.

¿Qué vendría después del Ideas para los estudiantes? Mercedes Cerda, directora del centro, fue clara en aquella entrevista: “Lo que se quiere aquí es que se gradúen bachilleres de calidad, que no hagan examen de admisión en las universidades, sino que sean ellos quienes opten por lo que desean estudiar e inmediatamente se les dé una beca en una universidad estatal. También tendrán la oportunidad para optar a becas en el extranjero”.

Hoy, la historia es otra y la cuentan los cuatros estudiantes que hace cinco años ilustraron nuestra portada.

Nilson Gutiérrez tiene la misma sonrisa penosa. En eso no ha cambiado. De ahí, está más alto, menos gordito y ya tiene 17 años.

Cinco años atrás Nilson dejaba su casa para estudiar secundaria. Todo era nuevo, cuando llegó al Ideas —reconoció— lo que más llamaba su atención eran los inodoros. En casa solo tenía letrina.

En enero hizo examen de admisión en la Universidad Nacional de Ingenierías (UNI). Clasificó en su primera opción, Ingeniería Electrónica. .

 

 

Los números quieren a Clara Ramos, de 17 años. O al menos eso es lo que ella cree. Este año entrará a la Universidad Centroamericana (UCA) donde fue becada para estudiar Economía Aplicada. Pero hay unos números que aún no cuadran. Sus padres todavía no saben cómo harán para costear el transporte de Carazo a Managua para que pueda estudiar.

Este año termina un técnico en Contabilidad y piensa estudiar y trabajar a la vez. “Deseo echarla toda en la UCA, sobresalir, terminar mi carrera”.

Su paso por el Ideas —reconoce— cambió su vida. “Me abrió una puerta, una oportunidad de realizarme y seguir adelante”.

Separarse de su familia durante cinco años —cuenta Amalia Reyes, de 16 años—, fue lo más difícil de estudiar en el Ideas. Su familia había quedado en Juigalpa, Chontales. “No podía superar que no estaba con ellos, me hacían mucha falta”, reconoce.

Ideas le cambió su vida, dice Amalia. “Cuando entré era una niña, pero ahí pude desarrollarme intelectualmente y siento que mis compañeros fueron mis hermanos”.

Ahora Amalia estudiará Odontología, la carrera que siempre quiso desde que era niña.

Las oportunidades no llegan a ella, ella va tras las oportunidades. Mercedes Jahomy Leiva las busca, las crea.

Cinco años atrás, con 13 años, contaba su sueño en voz alta. Quería ser Presidenta de Nicaragua o “también podría ser una cirujana plástica”.

Cuatro de los cinco años que estuvo en el Ideas fue la presidenta del colegio y eso le sirvió para darse cuenta de las necesidades de los alumnos y del colegio.

El sueño de ser presidenta está detenido por ahora. Ya con 18 años, busca estudiar medicina y luego especializarse como cirujano plástico.

Pero Mercedes está molesta. “A nosotros nos prometieron becas al exterior, pero en realidad estamos a la deriva, no tenemos respuesta”, dice.

Ella no es de esperar, así que entrará a la UNAN de León, pero sigue alerta ante la respuesta de las autoridades del colegio y del Ministerio de Educación sobre la beca que le prometieron. “Si Dios quiere, irme a Cuba a estudiar sería lo ideal para mí”, dice.

Magazine, Sueños de grandeza

Origen

Este proyecto fue concebido durante el mandato del expresidente Enrique Bolaños, quien lo inauguró en el 2007, antes de entregar la banda presidencial.
Fue pensado como un sitio donde llegarían los mejores estudiantes de todo el país y recibirían educación de primera categoría.
IDEAS arrancó con 2.7 millones de dólares que la Embajada de Estados Unidos entregó a Nicaragua. Esos fondos provenían de la venta de una propiedad en Miami confiscada al ex director general de ingresos, Byron Jérez, quien fue acusado de corrupción junto al ex presidente Arnoldo Alemán..

El drama de los niños de Rosita

Una enfermedad incurable que aisló del mundo a tres pequeños

Por José Garth

Viven aislados, tienen la piel enronchada y llagada y no pueden exponerse a la luz del sol. Con suerte, predicen los médicos, vivirán veinte años. Ese es el destino de Elisa, de Marlon y de Niesel.

La primera vez que se supo de ellos fue en Magazine, en julio de 2006. Se trataba de esas historias que revuelcan los sentimientos, que erizan la piel, que conmueven.

Los Paterson Pérez fueron la portada de Magazine en julio del 2006 (a la izquierda). A la derecha una foto actual donde aparecen junto a su mamá, Andrea Pérez

Tres niños afectados por una rara enfermedad llamada xerodermia pigmentosa, un padecimiento en la piel que los condena. Los condena a la oscuridad, a la ceguera, a la muerte. Eran tres de los cinco hijos de Solano Paterson Gómez y Andrea Pérez.

Vivían en la comunidad llamada Divahil a cinco kilómetros de Rosita, en una casita de madera, forrada de bambú para que la luz no alcanzara a los niños. Cuando llegaban visitas los escondían debajo de unas sábanas, los niños de la comunidad les decían los “piel podrida”.

La enfermedad —explicaban los médicos— era genética, pero para la cultura miskita se trataba de una sirena que andaba por el río y que les pudría la piel.

Los padres buscaban curanderos, médicos, alguien que les diera una explicación. “Si mi sangre era la mala, les dije, yo matar a todos mis hijos, matarme y a ella también”, confesó Paterson que le dijo a los médicos en un momento de desesperación.

Los niños pedían poco para ser felices. Y eso dolía más todavía. Querían tener juguetes, poder comer carne y no solo arroz y frijoles, anhelaban poder salir a jugar como el resto de los de su edad.

El drama de los Paterson Pérez en las páginas de Magazine despertó la solidaridad. Se les dio una casa y también la Fundación Fabretto colaboró con el traslado de los niños al Hospital Dermatológico Nacional para que recibieran tratamiento.

La enfermedad, la pobreza, el encierro. Uno bien podía pensar que la vida de los Paterson Pérez no podía empeorar, pero sí ocurrió. Magazine los visitó de nuevo y encontró que en el 2007, Solano Paterson murió y su esposa Andrea quedó sola al cuido de los pequeños.

Más todavía. Marlon, de 12 años, ya perdió la vista, igual que su hermana Elisa, de 16 años. Niesel, de 10 años, va por el mismo camino.

Para sobrevivir, Andrea Pérez sale a trabajar de doméstica. Lava y plancha. El Ministerio de la Familia les entrega cada mes un paquete de comida y también reciben ayuda de las religiosas de la Iglesia católica de Rosita, quienes les dan medicina.

La última vez que recibieron consulta médica fue en el 2009.

Y ahí están los tres. Elisa, sentada en una hamaca raída, Marlon camina sin camisa y Niesel, el más chiquito, todos los días desafía la luz del día y sale a jugar al patio.

Sección
Reportaje