Escuela de "Big Leaguers"

Reportaje - 09.09.2012
Kevin Gadea, Ronald Medrano y Héctor Hidalgo son los tres prospectos firmados

Antes de ganar millones y figurar como estrellas en estadios internacionales, estos chavalos sudan la gota gorda mientras apuestan a un sueño: llegar a Grandes Ligas. Para ellos el beisbol es la jugada de su vida

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Ese día no usó la gastada camiseta roja y el short azul de siempre. Agarró la mejor gorra, se puso el mejor pantalón de mezclilla y buscó una camiseta que combinara. En un día normal, a esas horas hubiera estado con la camiseta pegada al pecho, como una servilleta mojada que se prende en un vaso de vidrio. Pero no podía entrenar con sus compañeros, tenía que hacer algo importante. Iba a oficializar frente a los medios de comunicación que es un nuevo Cardenal, miembro de la organización de los Cardenales de San Luis. Como el pájaro colorado de su camiseta, Ronald Medrano se sonroja en entrevistas, se sonroja para las fotos, se sonroja cuando algo “lo saca de base”.

Pero en el campo es un tipo serio, con apariencia de frío y calculador. Seis pies de altura, 165 libras y 16 años. Es el tercer chavalo de la Academia de Beisbol Nicaragüense en firmar con una organización internacional que recluta jóvenes talentos con el objetivo de llevarlos hasta Grandes Ligas. ¿Por qué no creer en esto? Además de su talento, una razón de peso es el espejo que muchos de ellos ven en los 12 nicas que han jugado en Grandes Ligas, empezando por Denis Martínez, la gloria del deporte nacional que impuso un récord con su juego perfecto en 1991. Es el mismo Martínez, junto con Winston Lacayo, Martín Vargas y Gary Wendt, quien se encargó de reclutar chavalos de todo el país para empezar una academia que está hecha con el sudor y las lágrimas de los que dejan sus familias y amigos para internarse y entregarse de lleno al beisbol.

Este apenas es otro paso en un camino que puede tardar varios años y cuya meta incluso podría nunca cumplirse.

Pero el que está aquí no sabe de pesimismo, aunque después de meses de levantarse todas las madrugadas para dar varias vueltas a un campo, hacer decenas de flexiones y estiramientos, de hacer picheos y bateos lo único seguro es continuar dando vueltas en ese campo un par de años más hasta que “alguien” note su talento... y si el talento no alcanza, a buscar otro campo. “No solo son jugadores, son atletas de verdad”, recalca Amílcar Mairena, director de la Academia de Beisbol La Trinidad.

El que está aquí tiene hambre. Tiene ganas. Tiene un sueño: jugar como los grandes, en las Grandes Ligas de Beisbol. Por eso Ronald Medrano sigue empapando la camiseta en cada vuelta que da en el campo de la academia, en la comarca La Virgen que colinda con el Cocibolca, al sur de Rivas. Cada mañana sale de su habitación y no tiene tiempo para contemplar la pintura que aparece en su horizonte, el volcán Concepción y el Madera erguidos enfrente, flotando en el agua, unidos por un hilito de tierra.

En ese rinconcito paradisíaco, todos los días un grupo de 18 jóvenes sale trotando de sus cuartos y va al campo a dejar las fuerzas. En ningún juego hay nada seguro. Lo único seguro para Medrano es que en República Dominicana le espera una competencia feroz entre otros jóvenes que quieren lo mismo que él.

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“Son embajadores de Nicaragua, por eso queremos que concluyan el bachillerato, sepan inglés y computación. Creemos en un deportista con valores y formación integral”, dice Priscilla Cisneros, directora del área educativa de la ABN.

 

No pueden trasnochar, no toman alcohol ni fuman y las visitas de sus novias no son para quedarse. Se entregan al deporte desde que firman el contrato con la academia y quizá antes.

Cuatro horas de entrenamiento intensivo, cuatro horas de clases, gimnasio y un poco de internet por las noches. Esa es la rutina que se rompe una vez al mes, cuando tienen un fin de semana libre para ver a sus familias.

“Es difícil. A veces uno se siente triste o simplemente cansado, pero estoy aquí porque quiero, porque el beisbol es mi pasión y el sueño que puede sacar adelante a mi familia”, reconoce Medrano.

Aquí hay de todo. Son 18 jóvenes que entrenan, estudian y viven en este complejo habilitado en el hotel La Mar Lake Resort. Cómodas habitaciones, alimentación balanceada, educación secundaria, clases de inglés y computación, gimnasio, internet, todo gratis. Pero a veces todo esto se vuelve aburrido, tedioso, cansado para ellos. Son chavalos de 14 a 16 años. No dejan de ser adolescentes inquietos, muchos de ellos provenientes de barrios pobres o con problemas de bandas juveniles.

Yader Álvarez escapó de las calles para meterse al campo de beisbol, pero un día sintió que estaba dejando el cuerpo en aquel cuadro y pensó que volver a la calle podía ser divertido.

“Un día después del entrenamiento se salió de la academia, tomó un bus a su casa. Le llamamos y volvió. Sabemos que son buenos y que desean esto, solo hay que mantenerlos centrados”, cuenta Pablo Paredes, entrenador dominicano y director de esta academia. Pero eso sí, esa noche Yader Álvarez tuvo que darle varias vueltas al campo como penitencia, pero ahora es un chavalo agradecido, se nota cada vez que entra al campo y se entrega al juego. “En su barrio no lo tomaban en serio, ahora es un chavalo respetado, se ha ganado la admiración de la gente”.

Se dan cuenta que el trabajo diario es una inversión personal, social y económicamente. Una firma puede ir de pocos miles a 50 mil, 100 mil o 150 mil dólares, todo depende de la proyección que considere la organización que tendrá el muchacho. Los porcentajes del bono que un prospecto concede a las academias o los representantes varía, en el caso de la Academia de Beisbol Nicaragüense corresponde al 35 por ciento.

El monto más alto logrado este año es del lanzador zurdo Corby McCoy, de 16 años, quien ahora es parte de la organización de los Yankees de Nueva York y firmó su bono por 150 mil dólares. Luego la organización les paga un salario variable mientras juegan en sus ligas. Él y Luis García se desarrollaron en el programa de Hubert Silva, otro personaje que apuesta al talento deportivo.

“A mi parecer estos programas, unos con más inversiones que otros, tienen mucho que aportar a los muchachos. Ellos han venido enfocándose en los jóvenes, han aprendido a reconocer el talento y trabajan en pulirlos, eso es importante.”, reconoce nemesio Porras, un icono del beisbol nacional que encabeza la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociado (Feniba).

Si bien es cierto en año y medio la Academia de Beisbol Nicaragüense ha exportado ya tres prospectos a organizaciones internacionales, no es la única que trabaja en el campo con los jóvenes peloteros. En La Trinidad, Estelí, Amílcar Mairena lleva tres años desarrollando un programa de entrenamiento deportivo para jóvenes con grandes aptitudes en este deporte.

“No solo es un sueño, es algo posible si se trabaja de manera adecuada. Nosotros no tenemos jugadores, aquí lo que se busca es un atleta completo, que rinda en pruebas físicas y aumente su efectividad en el campo. Estos chavalos dejan el alma en un partido, no son jugadores, son jóvenes que ven el beisbol como una profesión seria que requiere compromiso”, asegura el señor Amílcar Mairena.

 

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Pablo Paredes, director de la academia; Miton Villagra y Johnny Álvarez son los entrenadores a cargo.

 

Fue el último en llegar y el primero en irse. Héctor Hidalgo, de 19 años, regresó de Venezuela, donde estuvo dos meses en entrenamiento y uno en liga. Ya no es aquel morenito espigado de cabello esponjado que en julio de 2011 se enfundó una camiseta de los Marineros de Seattle que bailaba sobre su cuerpo. Ahora parece llevar una armadura de músculo; alto, piernas gruesas, brazos definidos y un rape que remata su apariencia de beisbolista.

Él tiene algo de lo que se busca en esto, el “biotipo”. Buena estatura, fuerza en los brazos y en las piernas. Pero la actitud es crucial, aquí nadie es estrella y el que lo es, mejor que no se lo crea. No pueden perder de vista que son deportistas en formación, la disciplina, la responsabilidad y el compromiso son determinantes para estar aquí.

Por eso Kevin Gadea, de 17 años, volvió. Tenía un año de estar en la academia y con sus 6.5 pies de altura, la fuerza en su brazo y entrenamiento extra pasó de trabajar en tercera base a ser el pícher prospecto que este año también firmó con los Marineros. Pero antes de eso había decidido tirar el guante. “Estaba desmotivado porque acababa de pasar un campeonato juvenil y ningún scout se me acercó”, confesó en una entrevista al momento de su firma.

“Algo importante que enseñan las academias es la disciplina. Muchos creen que estar en Grandes Ligas es vivir relajado, pero esto se trata de esfuerzo. Uno valora la calidad del muchacho desde su físico y su desempeño deportivo, hasta la actitud que tiene en los entrenamientos y en el terreno”, señala Nemesio Porras, quien es además scout de los Marineros de Seattle en Nicaragua desde el 2003 y considera que en los últimos tres años el número de firmas a prospectos nicas ha ido en aumento. Los scouts visitan regularmente las academias, están pendientes del desempeño de los jóvenes y reportan constantemente sus avances. En el momento indicado llaman a los representantes y cazan el talento, antes que alguien más lo haga.

“Aquí lo que falta es inversión en entrenadores profesionales, la mayoría de las ligas tiene gente talentosa dirigiéndolas, pero son peloteros retirados que enseñan en base a su experiencia, aquí se requiere más técnica, más disciplina para estar a nivel internacional y que se valore la cantera que tenemos aquí”, apunta Amílcar Mairena.

En el 2007 Erasmo Ramírez, con 17 años y 5.10 pies de altura, firmó con Seattle y creció rápidamente en el sistema de Ligas Menores. Ha lanzado con este equipo en Grandes Ligas y es considerado un jugador de valor por su control en cada disparo y una bola rápida de más de 90 millas por hora.

Ronald Medrano apenas alcanza los seis pies, pero cuando se sube al montículo eso no importa. Toma la pelota, acaricia las rojas costuras, encuentra el punto exacto, presiona y dispara. Su récord es de 92 millas. Cada vez que lo hace piensa que está un lanzamiento más cerca de las Grandes Ligas. Y para sus padres, don Donald Medrano y doña Blanca Obando, es un paso más lejos de aquel barrio de Managua donde creció jugando en cuadros polvosos, más lejos de Rivas que los alojó cuando su papá consiguió trabajo de guarda de seguridad. “Pero yo sé que él va a llegar más lejos, es un buen muchacho, un buen hijo, un buen jugador”, alcanza a decir don Donald antes que se corte su voz por la emoción.

 

Nicas en grandes Ligas

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