Exploradores del ADN nica

Reportaje - 14.08.2005
Jorge Huete y Ramón Ernesto Flores

Un grupo de científicos busca cómo descifrar el ADN del nicaragüense, lo que será una especie manual de instrucciones genéticas, se podrían controlar enfermedades que afecten a la población. Ésta es una larga carrera de maratón que apenas iniciamos

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

El Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, debió estar muy lúcido en la Casa Blanca el 26 de junio de 2000 cuando dijo que ese día "estaban aprendiendo el idioma con el que Dios creó la vida". Estaba rodeado de Francis Collins y Graig Venter, los dos científicos que encabezaron el grupo de investigadores que descifró el genoma humano. Al fin y al cabo se consideraba que esto era tan importante como el invento de la rueda.

La exaltación no era para menos. Se estaba conociendo el manual de instrucciones genéticas del ser humano, que le permitiría a los científicos el estudio de determinadas enfermedades, una larga carrera que inició en 1951 cuando un joven estudiante en Londres, James Watson, se percató que el ADN tenía forma de hélice y que debía trabajarse en un modelo con esa imagen. Fue una casualidad. Rosalind Franklin, una conferencista en el King College, presentó una foto de rayos X de una molécula y el joven seguro pensó: ¡eureka!

Muchos años después de aquel 1951, la ola llegó a Nicaragua. Algunos creían que con el nuevo "manual" se podría saber con seguridad el color de pelo, la estatura o el color de ojos del humano promedio. El doctor Jorge Huete, director del Centro de Biología Molecular de la Universidad Centroamericana (UCA), sabía que eso era imposible, pero decodificar el ADN nicaragüense no sonó una mala idea tomando en cuenta que el descubrimiento a nivel internacional llamaría la atención de los países ricos.

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"El primer impacto iba a ser en las poblaciones de países pudientes. No tienen preocupación por grupos étnicos minoritarios de nuestros países. Entonces alguien tiene que hacer la investigación y debemos ser nosotros mismos. En otros países ya están haciendo investigaciones médicas con grupos raciales como negros", explica Huete cuatro años después.

El 15 de julio pasado se supo que había concluido la primera parte. 200 muestras de sangre enviadas por la Cruz Roja habían sido estudiadas y después de 20 mil dólares de inversión de la UCA se podía decir que el primer paso estaba dado. Pero faltaba un estudio étnico de la población que incluyera a la Costa Caribe. El problema pasó entonces a ser el dinero. Si se consigue la plata la investigación puede ser terminada hasta el 2010 en un país en el que los exámenes de ADN sirven con frecuencia para pruebas de paternidad o identificación de individuos.

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En el balneario Las Peñitas, de León, apareció un joven blanco ahorcado durante el año 2000. Nadie sabía de dónde era. "Parecía un extranjero", recuerda el doctor Oscar Bravo, del Instituto de Medicina Legal. El misterio se resolvió cuatro años después como en esos programas de detectives. Los familiares se encontraron en el 2003 con un periodista nicaragüense en Barcelona y le pidieron escribir sobre su familiar desaparecido, aparentemente, en Nicaragua. Una vez que se publicó el caso en el diario La Prensa, no faltó quien sospechara que se trataba del ahorcado de Las Peñitas. Faltaba demostrarlo científicamente. Un par de funcionarios de la Embajada de España en Managua llegó entonces al Instituto de Medicina Legal.

El forense Oscar Bravo recuerda que mostraron una foto del cadáver a los funcionarios diplomáticos y lo reconocieron. Entonces empezaron a buscar el cadáver que estaba enterrado en una fosa. Lo querían para tomar algunas muestras y comprobar de ese modo en España si se trataba de la misma persona.

Después de localizar el cadáver mandaron un hueso y algunas piezas molares a la Guardia Civil de España con la que las autoridades nicaragüenses tienen un convenio para practicar exámenes de ADN. El resultado fue positivo. Se supo que era la misma persona. Usualmente los resultados duran en saberse en el país por lo menos dos meses, porque si se quiere hacer más rápido se necesita una solicitud oficial y un custodia de la evidencia que viaje hasta España.

En la oficina del comisionado Javier Carrillo, jefe del laboratorio de Criminalística de la Policía, abundan las historias de hechos en los que han tenido que recurrir a los exámenes de ADN para resolver casos criminales. El 4 de mayo de 2004, los medios de comunicación informaron que cuatro policías fueron asesinados brutalmente en la delegación de la Policía de Bluefields. La investigación estuvo atorada durante varios meses esperando los resultados y todavía hoy no se sabe quiénes fueron los principales involucrados en una masacre de la que se ha dicho que tiene relación con el narcotráfico.

"El problema del ADN es que no disponemos del servicio científico. Es una necesidad nacional para el Estado. El ADN es la posibilidad científica que brinda la posibilidad de resolver un delito. La gente dice que hay algunos casos que son delitos perfectos, porque los victimarios planificaron todos los detalles y la evidencia en la escena es muy poca. Además son exámenes carísimos. Los químicos cuestan entre 300 y 400 dólares cada uno", asegura Carrillo.Centro de Biología Molecular de la UCA

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A pesar de las quejas, el genetista Gerardo Mejía sostiene que hay un crecimiento en el campo de la genética en el país. En la Universidad Nacional Autónoma de Managua pronto darán el servicio y en Salud Integral harán estudios de cromosomas con el fin de saber, por ejemplo, qué puede pasarle a una familia si quiere tener más hijos después de tener uno con síndrome de Down.

De lo que todos los científicos se quejan es que en Nicaragua es dificil hacer ciencia. Cuando un joven profesor de la UCA, Jorge Huete, llegó en el 2000 y planteó una investigación genética de la lepra de montaña a la Organización Mundial de Salud, escuchó una respuesta que lo dejó helado: "En Nicaragua no necesitan biología molecular. Su investigación debería ser más epidemiológica".

Huete dice que lo mismo le pasó con el proyecto del genoma cuando lo llevó a la cooperación española. Pero algo hay de roces en todo esto.

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La historia del genoma nica se parece en algo a la de nivel mundial. Mientras allá algunos científicos hasta se llamaban robots al atacarse, en Nicaragua las críticas son por el dinero. En la cooperación española prefirieron financiar un proyecto del Instituto de Medicina Legal (IML) que pronto empezará a funcionar. Mensualmente reciben un promedio de 25 exámenes de exclusión de paternidad, pero esperan sea mayor la atención cuando se sepa que se presta el servicio del ADN.

Hugo Argüello sonríe en su oficina del IML. Cree que es un error querer abarcar todo. "En las mismas universidades hay campos para trabajar en ADN, campo médico, enfermedades transmisibles, hay identificación de virus, cuello uterino, podés tener un sinnúmero de laboratorios y los podés dirigir a un sinnúmero de esfuerzos. Creo que es un error que uno va tener un laboratorio y lo va hacer todo", refuta.

Argüello relata que el proyecto del laboratorio fue muy planificado y se pidió colaboración hasta en España. Dan, de acuerdo a su opinión, buenas condiciones de seguridad para que no haya afectación de ninguna muestra en un debate que se ha mantenido silencioso entre las dos instituciones. En el centro está la carrera por este logro científico. El final es infeliz todavía.

El grupo de Los Amautas en 1981, al que pertenecía Jorge Huete
El grupo de Los Amautas en 1981, al que pertenecía Jorge Huete (de perfil con camisa azul en el centro)l La música de los Beatles era su inspiración.

Un científico del barrio San Luis le decían El Brujo

Era un viejo que gustaba de la química en el colegio Centroamérica hace mucho tiempo. Jorge Huete estaba en tercer año de secundaria y fue testigo cómo el profesor jesuita agarraba tubos de ensayo para mezclar sustancias sin color y de repente aparecían otras de color rosa. Era el padre Ignacio Astorqui, un jesuita español que Huete, el encargado del proyecto del genoma nica, ha considerado como su inspiración.

Huete nació en el seno de una familia humilde del barrio San Luis de Managua, el 5 de febrero de 1965. Es un hombre que habla casi en susurros, tímido, pero duro cuando le toca defender sus proyectos. Así lo hizo cuando debió enfrentarse a quienes se oponían al tema de los transgénicos."En ese tema tengo una lista grande de detractores, pero en lo del genoma nica fijate que no. Con lo de los transgénicos decían que hasta me financiaba la CIA".

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El doctor Huete empezó sus estudios en la antigua Unión Soviética gracias a una beca del Ministerio de Educación. Le avisaron que estaba becado y en un par de días estuvo en el avión. Dejó todo: familia, amigos y un grupo musical que había formado con algunos muchachos del barrio. Le llamaban Los Amautas y les fascinaban Los Beatles.

Puesto en la URSS se quedó viviendo durante siete años, tiempo en el cual estudió una maestría de bioquímica. Regresó a Nicaragua en 1990. "Me tocaron dos períodos históricos importantes: la perestroika en Rusia y aquí el cambio de gobierno, de la revolución a doña Violeta. Para mí fue frustrante. Como un joven recién graduado en el área de la ciencia tenía mucho entusiasmo, pero la situación era inestable y me fue difícil reinsertarme", cuenta.

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