Fotografía con alma de mujer

Reportaje - 11.02.2019
Diaz

Matilde Díaz fue una de las primeras fotógrafas en Nicaragua. Hija de un diplomático, era el “alma” de un estudio de casi 100 años de existencia. Conozca la historia de la también cineasta, feminista y actriz

Por Julián Navarrete
Fotografía: Estudio fotográfico Díaz

Esta historia podría empezar con un hombrecito allá por inicios del siglo XX con una cámara a tuto retratando los amores fugaces que se sentaban en las bancas del antiguo Malecón de Managua y en el Parque Central. O bien podría orbitar alrededor de sus tres hijas que durante casi cuarenta años fotografiaron miles de rostros en un pequeño estudio que todavía existe.

Todo inicia, sin embargo, con una de las mujeres, que por ser la primera en interesarse en el arte de congelar momentos, en el tiempo en que tomarse una instantánea era algo extraordinario: sentarse a pasos de una manta, sobre una silla o mesa, bien peinado, maquillado y anudado, la mejilla altiva y la mirada ida, mientras alguien se colocaba detrás de un trapo oscuro y se iluminaba el ámbito: ¡Flash!

“Matilde era como un hombre manejando su negocio”, recuerda Santiago Aguilar, quien trabajó en el Estudio Díaz durante varias décadas, en un reportaje para Canal 2 de hace algunos años. Para que se entienda su expresión, Aguilar explica que en ese tiempo eran pocas las mujeres que estaban a cargo de empresas y eran menos las que se dedicaban al arte, como la fotografía. “Era como un hombre, pues”, reitera.

Eran aquellos años donde las mujeres se dedicaban principalmente a la crianza de los hijos y al cuido de la casa, y el solo hecho de dedicarse a fotografiar era considerado disruptivo y vanguardista. Es por ello que años después, dentro del mismo estudio, se ensambló una cabina radial, desde donde fue pionera en liberar sus ideas y poner sobre la mesa o al “aire” el derecho al voto femenino.

Rostro fino, pelo lacio, la mirada alta, sonrisa apenas. Un retrato de Matilde Haydée Díaz Landero pareciera mirar desde el pasado. Se trata de una foto tomada en su mismo estudio desde antes de 1987, cuando murió, y ya era reconocida por su trabajo periodístico, de producción de cine, actriz de radio, feminista, pero sobre todo una de las primeras y mejores retratistas de Nicaragua.

“Matilde era el alma de este estudio”, dice Martha Díaz, sobrina, quien ha quedado a cargo de esta empresa familiar que pronto cumplirá 100 años de existencia. “Pasen adelante, yo les cuento quién era”.

Martha Díaz está encargada del estudio
fotográfico de casi 100 años de existencia.
Foto: Uriel Molina

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En el estudio “Díaz y sus hijas”, ubicado en los años sesenta en el centro de la Avenida Roosevelt de Managua, frente al banco Caley Dagnall, no podía faltar la bandera cubana ondeando cerca de las cámaras. Adán Díaz Fonseca, el patriarca del Estudio Díaz, fue canciller de Nicaragua asignado en Cuba desde tiempos de Anastasio Somoza García.

“Mis tres tías vivían viajando a Cuba”, dice Martha Díaz en estos días de finales de diciembre. Adán Díaz Fonseca era casado con Sebastiana Landero, ama de casa, con quien tuvo siete hijos: dos varones, Adán y Julio, quienes no se dedicaron a la fotografía, y cinco mujeres, la mayor de ellas se casó joven y fue ama de casa, mientras que las otras cuatro fueron fotógrafas y quedaron a cargo del estudio, a partir de la muerte de Díaz Fonseca, a finales de los años sesenta.

“Mi abuelo fue un hombre introvertido. Que yo recuerde nunca nos chineó. No era un abuelito que iba a jugar con nosotros. Era afectivo dentro de su manera de ser”, dice Martha Díaz, hija de Adán Díaz Landero, quien no se dedicó a la fotografía pero simulaba a la firma de su padre, Adán Díaz Fonseca, sobre las fotos.

Además de la diplomacia y la fotografía, Díaz Fonseca fue uno de los primeros cineastas de Nicaragua. La noche que murió, el 30 de julio de 1968, fue homenajeado en la Escuela de Bellas Artes. “Fue prisma dentro de la noche eterna en que navega su espíritu inquietante”, dispuso un escrito publicado en los diarios nacionales.

Adán Díaz Fonseca con su esposa Sebastiana Landero, padres de la primera fotógrafa. Esta imagen está pintada al óleo por Lolita, una de sus hijas.

Dentro de sus reliquias históricas que gran parte se conservan en un viejo clóset de esta casa, se encuentran la llegada de los marines de Estados Unidos en 1927, las tomas de posesión de tres presidentes, Adolfo Díaz Recinos, José María Moncada y Juan Bautista Sacasa, el último fusilamiento legal que se hizo en Nicaragua en público, juegos deportivos, la inauguración del Monumento Poético Rubén Darío y el terremoto de Managua de 1931, cuyas imágenes fueron compradas por la firma Paramount Newsreel, según una investigación de la escritora y crítica de cine, Karly Gaitán Morales.

De hecho, es muy probable que la primera toma que se hizo de Managua después del terremoto de 1931 sea de Adán Díaz Fonseca, según un texto publicado por Jorge Eduardo Arellano, llamado “La vieja catedral de Managua”.

En el primer editorial de LA PRENSA también se menciona a Díaz Fonseca como el encargado de la sección de fotografías por “cuya indiscutible reputación constituye una garantía para el éxito de nuestra sección gráfica”.

Por esa razón o por simple curiosidad, fue que la pequeña Matilde Haydée no se le despegaba a su papá en todos lados. Con unos 12 años de edad, una boina y pantalones, en tiempos en que las mujeres usaban únicamente faldas y sombreros, asistía a su padre en la colocación de luces, decorado, telones, cambio de películas, reparaba bombillos y armaba los soportes de las cámaras.

“Es por eso que Matilde era el alma del estudio”, reitera Martha Díaz. “Cuando venían gente de los pueblos, siempre preguntaban por Matilde. Les gustaba cómo los trataba y además era curioso porque era una época donde las fotógrafas no existían. Todo lo hacían los hombres”, agrega.

El estudio fotográfico Díaz, ubicado sobre la Avenida Roosevelt, en la vieja Managua.

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Unos gruesos focos verdes están colocados alrededor de una pared blanca que sostiene un fondo gris. Hay unas cámaras actuales traspuestas pero resalta una pieza antique por encima de las demás: se trata de una Mamiya C-3-30 con una película de 120 milímetros Tri X Pan.

“Estas piezas eran las que utilizaban mis tías”, dice Martha Díaz, quien de inmediato explica que son instrumentos de hace más de 60 años. “Todavía lo utilizo, porque este estudio combina lo moderno con la esencia de la fotografía”, agrega.

Martha Díaz, cabello gris, ojos vivos, hoy lleva pintados los labios rojos para la sesión fotográfica. Ella es la última de la familia que queda con la tradición de tomar fotos. Sin embargo, hasta 2005 no lo hacía. Trabajaba en el Ministerio de Gobernación y estaba alejada del mundo de las cámaras, las luces, los vestuarios y el maquillaje.

“Cuando quedé desempleada dije que iba a reactivar el estudio y lo hice”, dice Díaz Landeros, sentada en la sala del estudio que ahora está en una de las calles de Altamira. Esta es la quinta dirección diferente de esta empresa a lo largo de casi cien años de historia, pero las personas y personajes siempre lo buscan.

Si Martha Díaz siente que pierde la inspiración, se mete al clóset y pasa hoja en los álbumes que tomó su tía Matilde. “Entre mis tías era la que tenía más habilidad. Cuando se fue de Nicaragua, nos siguió mandando fotos que tomaba y cartas. Fue mi mayor inspiración”, dice la sobrina.

Hay varios cuadros enmarcados y unas fotitos puestas debajo de un cristal sobre una mesa. Uno de esos retratos es de Carlos Mejía Godoy, tomada hace un año. A este lugar suelen llegar señoras con sus nietos para hacerle fotos iguales a las que les hicieron a sus hijos. “A la gente les gusta tener una foto igual de sus hijos y sus nietos”, dice Díaz Siles.

Don Adán Díaz fue el primer encargado del área fotográfica de LA PRENSA.

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Una de las razones por las que Matilde se marchó de Nicaragua fue haber contraído matrimonio con Víctor Pereira, quien entonces era vicecónsul de Nicaragua en las Naciones Unidas.

Se casó con más de cuarenta años y nunca tuvo hijos. De hecho ninguna de sus tres hermanas que se dedicaron a la fotografía, Albertina, Tina y Lolita, tuvieron hijos. “Creo que eso les ayudó para que se enfocaran en el arte. En ese tiempo era complicado hacer las dos cosas: trabajar y cuidar los hijos y al marido”, dice Martha Díaz.
“Matilde era perfeccionista. No dejaba ni el más mínimo detalle por fuera en la fotografía”, dice Díaz Siles, quien recuerda que entre una toma y otra en ocasiones se tomaban hasta 30 minutos.

Ahora que Martha Díaz se pasea por el estudio recuerda cada detalle en los cuales tenía cuidado Matilde: la colocación de luces, las sombras, y los fondos sobrios, sobre todo naturales para elaborar un escenario y completar el arte fotográfico.

No hay ningún rastro sobre el año en que nació Matilde Haydée. Algunas fuentes señalan que fue el 13 de noviembre de 1912 o 1913. De lo que hay precisión es sobre su muerte en 1987, años después de que muriera su esposo con quien estuvo hasta el final. La noche del 15 de mayo se acostó a dormir, como todas las noches, mientras un derrame cerebral le apagó la película de su vida para siempre.

Varias personas llegan a buscar sus fotos en los archivos del estudio.

Voto femenino

Matilde Haydée Díaz solía escribir poemas y leerlos “al aire” en la radioemisora. Sin embargo, también integró el Comité Central Femenino Pro Voto, una organización que unía mujeres de tendencias liberales y conservadoras, quienes después de una lucha de varias décadas, el Estado de Nicaragua reconoció a las mujeres el derecho al voto, y en 1957, las nicas fueron a las urnas por primera vez.

Dolores Díaz Landero, hermana menor de Matilde, quien pintaba las fotografías.

Ella también formó parte de la Cámara de Mujeres Americanas y la Sección de Nicaragua en la Asociación de Artistas y Escritores Americanos.

En la mayoría de filmaciones de Matilde las protagonistas eran mujeres, según un texto de Karly Gaitán Morales. Entre ellas se encuentran deportistas famosas de las épocas o mujeres populares de la vieja Managua. También se registra un perfil biográfico de María Argüello de Sacasa, esposa del presidente Juan Bautista Sacasa, en tiempos en que las primeras damas no hablaban en público.


La Reina del Aire

Anita Díaz Landero, hermana de Matilde Haydée.

Matilde Haydée Díaz Landero se inició en la radiodifusión en la radio Lefranc, la primera radio de Nicaragua, donde los oyentes la bautizaron en 1934 como "La Reina del Aire", luego de que realizó un programa de alcance continental dedicado a los niños, que se retransmitía en más de 40 emisoras de América.

En el programa hacía dramatizaciones de biografías de Rubén Darío, José de la Cruz Mena, José Dolores Estrada, José Martí y Simón Bolívar. “Es una de las primeras nicaragüenses que usaron el micrófono para transmitir sus inquietudes intelectuales y promover radiofónicamente sus reivindicaciones de género, en los inicios de los 30”, cita un artículo escrito por la periodista Helena Ramos.

Abertina Díaz Landero, fue quien quedó a cargo del estudio durante mucho tiempo

En 1935 instaló dentro del estudio una pequeña radioemisora llamada Alma Nica. En artículos periodísticos la citan como la primera joven centroamericana en dirigir una radio.

Mientras estuvo casada con Víctor Pereira, Matilde Díaz fue nombrada corresponsal del diario nicaragüense La Prensa Gráfica en Estados Unidos.

Una muestra de las fotografías para niños que se hacían en el estudio Díaz.
El cardenal Miguel Obando y Bravo fotografiado en el estudio Díaz.

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