“Fue el sueño de mi vida”

Reportaje - 13.06.2010
Mundial de Fútbol de Niños de la Calle

Nueve jóvenes rescatados de los problemas familiares, la vagancia y la drogadicción viajaron en marzo pasado a Sudáfrica, donde participaron en el Mundial de Fútbol de Niños de la Calle. Más allá del fútbol, para ellos, el viaje fue un sueño hecho realidad

Dora Luz Romero

Juan Carlos González, un jovencito de 16 años, llevaba puesta una camisa azulgrana. Caminaba a paso lento sobre la grama del estadio Camp Nou en Barcelona. El público no cesaba de aplaudirle y su asombro era tal que tenía la sonrisa congelada. De pronto González volteó su mirada y a unos escasos metros, vestido igual que él, estaba Lionel Messi, el jugador argentino del Club Barcelona.

Aquella escena era perfecta. Sólo había un deseo que el jovencito podía pedir: no despertarse.

Esa mañana, Juan Carlos González se levantó con una sonrisa en el rostro y desde que abrió sus ojos y vio a su alrededor estaba convencido que no era más que un bonito sueño. Ese día, al igual que los otros, el jovencito se alistó para ir a clases al colegio Solidaridad, donde cursa tercer año.

Su vida siguió su ritmo natural hasta que un día en Casa Alianza, donde lleva casi un año, le dijeron que había un viaje a Sudáfrica. Nueve de los niños y niñas de esta organización tendrían la oportunidad de viajar y jugar en el llamado Mundial de Fútbol para Niños de la Calle. A Juan Carlos, Sudáfrica le sonaba conocido, pero en realidad además del nombre no sabía absolutamente nada. Ni dónde quedaba, ni la distancia que le tocaría recorrer, ni el clima…

Pero antes de pensar en eso, debía de ganarse uno de los nueve puestos. Todos los jovencitos y jovencitas de Casa Alianza entrenaban a diario y luego se elegiría a los mejores representantes.

Juan Carlos González fue uno de los elegidos y además fue nombrado el capitán de la selección. “No lo podía creer, sentía que estaba soñando”, confiesa este muchacho algo y delgado como una varilla y con una sonrisa como de comercial de pasta dental.

No era el único que sentía estar soñando, sus ocho compañeros tenían la mismísima sensación.

Luego de aquella noche cuando González soñó que estaba en el Camp Nou en Barcelona, la idea de viajar jamás cruzó su mente. Pobre. Sin padre ni madre y a merced de un tío, él siempre supo que viajar iba más allá de sus posibilidades. Estudiar, comer y jugar, parecía suficiente. Éste era su sueño hecho realidad.

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Vestidos con los colores de la Bandera nicaragüense, los nueve jóvenes llegaron a la Universidad Tecnológica de Durbán, donde se realizarían los juegos. Pero antes de estar ahí junto a los integrantes de los equipos de Brasil, India, Sudáfrica, Tanzania, Ucrania, Filipinas y Gran Bretaña, les tocó subir por primera vez en su vida a un avión.

El día antes del viaje, Marcía Rodríguez, una muchacha de 15 años y portera de la selección, confiesa haber llorado. No fue la única. Cuenta que varios de sus compañeros se abrazaron entre ellos y empezaron a llorar. “Estábamos muy asustados de subirnos a un avión. No sabíamos cómo era y lloramos de miedo”, dice ahora entre risas la muchachita morena.

Juan Carlos González sentía que las manos le sudaban. Respiraba hondo para tomar valor, pero cuando recordaba que iba atravesando el océano el miedo regresaba. “Eso fue lo que me dio más miedo, cruzar el océano”, recuerda. A él, al igual que al resto de sus compañeros, les dieron pastillas para conciliar el sueño, pero el intento fue en vano, todos llevaban los ojos abiertos como platos.

Al arribar, lo primero que Juan Carlos recordó fue lo que le hablaron de ese país. “Me dijeron que África era un continente bien pobre, pero por lo que yo miré ahí no era nada pobre”, dice este joven que no puede borrar de su memoria los desayunos que les servían cada mañana. Había huevo, leche, jamón, bacón, corn flakes, frutas… Ver tanta comida lo hacía tragar con los ojos. “Siempre comíamos bastante en el desayuno porque en el almuerzo la comida era muy picante”, explica.

Se escuchan carcajadas. Los compañeros de viaje de Juan Carlos, quienes están sentados a la par suya en un aula de Casa Alianza, no pueden contener la risa. “Es verdad. En el almuerzo casi no podíamos comer, parece que le echan mucha pimienta a la comida. Así que en el desayuno aprovechábamos”, asegura Marcia.

—¿Qué fue lo que más les gustó del viaje?

Se escuchan murmullos.

—A mí el parque acuático al que nos llevaron –dice uno.

—A mí, poder conocer ballenas, garzas y pingüinos.

—Lo que más me gustó fue el safari.

—Los nachos que servían en uno de los restaurantes –confiesa otro.

Todos tienen algo que decir. También algo sobre que reírse. Pero lo que les provoca carcajadas incontenibles, de ésas que hacen llorar, es recordar la escena cuando varios de los muchachos querían tomarse una foto con unas ucranianas. Antes de viajar, los nicaragüenses tomaron algunas clases de inglés para poder comunicarse, pero estando allá las palabras se les olvidaban. Se les borraban. Se les cruzaban. “Teníamos un traductor, pero no estaba, entonces ellos (señala a sus compañeros) con señas le estaban diciendo a las muchachas que se querían tomar una foto con ellas, y le dijeron la palabra en inglés, pero al revés y ellas se atacaron de la risa”, cuenta Marcia Rodríguez. Ellos se ruborizan y sólo observan a Marcia consumirse a carcajadas.

Fotos de Hector Esquivel

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Con un trofeo del tercer lugar regresó la selección nicaragüense al país. “Queríamos traernos el primero”, dice apesarado Juan Carlos, el capitán del equipo y el líder goleador del torneo con ocho goles marcados.
—¿Satisfecho de haber sido el líder goleador?
—Pues no tanto porque en realidad no importa quién mete más goles, sino ganar el primer lugar como equipo.

Tanzania fue quien dejó a Nicaragua en el camino.

Pero más allá del fútbol este viaje fue un sueño para estos muchachos que luego de finalizar los partidos en Sudáfrica fueron de paseo por Londres y Escocia.

“En Escocia jugamos un amistoso con un colegio público, pero de público no tenía nada parecía privado. Ni parecido a Nicaragua que cuando no hay silla en tu aula, tenés que cargar una. Ahí hay de todo”, cuenta Juan Carlos tras un largo suspiro.

Estos nueve jóvenes recorrieron Escocia y luego Londres. Ahí, bailaron al son de El Güegüense y cantaron Nicaragua Nicaragüita para mostrar sus raíces. Conocieron sitios que ni siquiera tenían cabida en su imaginación y comieron platillos exquisitos. “Yo no me lo podía creer, era como si estuviera viviendo en una película. Este viaje fue el sueño de mi vida”, dice Juan Carlos, el joven que asegura que después del viaje ve el mundo diferente. “Aprendí a valorar las cosas. A saber aprovechar las oportunidades y que tenemos que estudiar para hacer algo en la vida”, explica.

Por eso –aunque su sueño es ser jugador del Club Barcelona de España– ha decidido ser realista. Así que por ahora dedica sus días a estudiar en el Colegio Solidaridad, para luego convertirse en un arquitecto. Porque si hay algo de lo que Juan Carlos está claro es que en Nicaragua no se vive de fútbol.

La selección

Éstos fueron los nueve jóvenes de Casa Alianza seleccionados para participar en el Mundial de Fútbol de Niños de la Calle.

Kevin Paz. Delantero.

José Adolfo Fonseca. Defensa

Santiago López. Mediocampista

Víctor Sandoval. Mediocampista

Milton Ruiz. Portero.

Wilmer Roque. Delantero.

Wendy Pérez. Defensa

Marcia Rodríguez. Portera

Juan Carlos González. Delantero. (Capitán)

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