Fuego y sangre en Pantasma

Reportaje - 07.11.2021
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426 hombres bajo el mando de Mike Lima asaltan un poblado mientras la gente aún dormía. Ocurrió en 1983 y marcó el lugar como uno de los escenarios de la guerra civil entre contras y sandinistas

Por Eduardo Cruz

Frente a la escuela de Santa María de Pantasma, en Jinotega, en una pequeña plaza, estaban concentrados gran parte de los habitantes de ese poblado, especialmente hombres, por órdenes del jefe contra Mike Lima. Eran unas 600 personas y Mike Lima comenzó a preguntar quiénes eran sandinistas. Algunos pobladores los fueron identificando y resultaron ser 25.

Era el 18 de octubre de 1983 y el objetivo de Mike Lima era encontrar a Carlos Barquero, el secretario político del FSLN en aquella época en Pantasma, quien, dice, era reconocido como un torturador y asesino de campesinos sospechosos de colaborar con los contras.

La población de Pantasma eran principalmente campesinos que se habían reunido en la zona para formar cooperativas agrícolas. No eran milicianos, pero a algunos los sandinistas les daban armas con la excusa de que debían de tenerlos por si llegaba a atacar la contra.

Barquero no estaba entre los detenidos. Había huido ese día como dos horas después de que la contra atacó el poblado a las 5:00 de la mañana.

Quienes sí estaban eran el segundo jefe de la Seguridad del Estado sandinista en la zona, conocido con el alias de El Venado, también era señalado de asesinatos de civiles, y un teniente que era el jefe de plana del batallón 3644.
Mike Lima relata a la revista MAGAZINE que en aquel momento tenía dos opciones: matar a los 25 sandinistas porque no tenía cómo cuidarlos o pedirles colaboración y matar al que se rehusara.

Empezó interrogando al Venado, a quien advirtió que si no colaboraba lo iba a matar. Las tropas de los contras, 426 armados en total, habían atacado Pantasma desde las 5:00 de la mañana de ese día, cayendo sobre 13 puntos donde había milicianos sandinistas. La mayoría de esos lugares habían sido arrasados pero algunos puestos ofrecían tenaz resistencia, especialmente el puesto de Policía y el cuartel del batallón 3644, en el cual había un torreón con un nido de ametralladoras que estaba causando destrozos entre los contras. Los contras necesitaban información sobre la cantidad de sandinistas contras los cuales estaban luchando.

--Decime, ¿cuántos hombres hay en todo el valle de Pantasma?, preguntó Mike Lima a El Venado.

--Mirá Mike Lima, yo no puedo decirte…

Mike Lima no dejó que el Venado terminara de hablar. “Te lo dije”, le espetó y ordenó a sus soldados que acabaran con él.

Los contras ubicaron a El Venado contra una pared y le dispararon delante de todos los pobladores de Pantasma. Quería que supieran que los contras no estaban bromeando. Mike Lima se dirigió al teniente:

--¿Cuántos hombres hay en todo el valle de Pantasma?

--Mirá Mike Lima, es que yo…

El teniente corrió la misma suerte que El Venado. Fue inmediatamente fusilado frente a los habitantes de Pantasma.

El siguiente era un sargento de la policía que dijo: “Párala Mike Lima. Yo no sé nada pero sí te puedo decir que en la Policía somos 24 pero siete estamos de permiso. Solo están 17 hombres”.

Los silos de Enabas en Pantasma resultaron agujereados tras el ataque de la contra en octubre de 1983. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Con esa información, y otras que recopiló de los demás capturados, Mike Lima reinicia el ataque contra Pantasma y logra tomar la Policía y el cuartel del Ejército.

La destrucción de Pantasma fue abrumadora. Según la revista Envío, que constató los hechos dos semanas después, la escuela quedó en cenizas, donde murieron siete maestros. Hoy el instituto de Pantasma se llama Noel Vargas Castro, como uno de los maestros muertos. Los depósitos de Enabas quedaron agujereados y dos campesinos murieron en el lugar.

La oficina de Midinra fue quemada junto a ocho tractores, los primeros que habían llegado a Pantasma apenas un año antes, en 1982. El Banco Nacional de Desarrollo (BND), el cual fue esquilmado, también fue destruido. De ahí los contras sacaron 830 mil córdobas de la época, calculados en 30 mil dólares.

Los tractores, las herramientas y demás maquinarias del Ministerio de la Construcción también fueron arrasados.

***

El nombre real de Mike Lima es Luis Moreno y es hijo de un campesino que se volvió chofer en uno de los ingenios del dictador Anastasio Somoza Debayle. En 1976 entró a la Academia Militar de Nicaragua y en 1978 la guardia somocista lo envió a Estados Unidos, a la academia West Point.

Debido al final de la guerra entre sandinistas y la Guardia Nacional de Somoza, en vez de ir a terminar su preparación a Panamá, a como se acostumbraba, fue enviado a la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), que dirigía el mayor Anastasio Somoza Portocarrero (el Chigüín).

Mike Lima, a la izquierda, con el jefe de la Contra, Enrique Bermúdez. Ambos fueron miembros de la Guardia Nacional. FOTO/ CORTESÍA

Dos días antes de la victoria de los sandinistas, Mike Lima fue herido en Managua y llevado al hospital Militar, donde lo capturaron los sandinistas.

Mike Lima logró escapar de sus captores y se refugió en la embajada de España, dedesde donde luego logró salir de Nicaragua.

En 1982 se integró a la contrarrevolución y le encomendaron la misión de conformar la Base Nicarao, una
de las cinco que el FDN tuvo en Honduras. Con parte de esas tropas es que Mike Lima atacó Pantasma.

***

Antes de atacar Pantasma, las tropas de Mike Lima sostuvieron combates en diferentes puntos de Jinotega durante un mes. Andaban cansados y sin municiones. Desesperado, Mike Lima pedía abastecimiento por avión a los jefes que estaban en Honduras.

Les llegó un avión desde el cual les tiraron municiones y medicinas, pero no les enviaron dinero. Mike Lima estaba preocupado porque ellos no le robaban comida a los campesinos sino que se las compraban y él ya no tenía recursos para pagar la comida. El grupo era de 700 hombres hambrientos.

Decidieron tomar una ciudad donde hubiese un banco. En esa zona solo había cuatro bancos: San Juan de Río Coco, Yalí, San Rafael del Norte y Pantasma.

Mike Lima tenía necesidad de conseguir dinero pero también quería derrotar a los sandinistas en un lugar que llamara la atención.

La apuesta fue por Yalí pero varios factores se juntaron para que no fuera así. En el camino se debieron enfrentar a varios grupos de sandinistas. Los combates más fuertes fueron con un batallón cuyos integrantes eran del barrio Monseñor Lezcano. “Los barrimos”, cuenta Mike Lima. Pero la batalla más dura fue con las Tropas Pablo Úbeda (TPU), durante cuatro horas.

A mediados de octubre, Mike Lima llegó al cerro La Estrella con 426 hombres. Siempre con la idea de atacar Yalí. Pero en ese lugar apareció un campesino que le dijo:

--Hola comandante Mike Lima, veo que anda mucha tropa. Yo vengo de Pantasma y dice Carlos Barquero, el zonal del Frente Sandinista, que usted ya se fue asustado hacia Honduras después de la gran apaleada que le dio el EPS.

--¿Eso dice?

--Sí. Y dice que va a hacer lo mismo que hizo al norte de Pantasma hacia el sur, o sea, va a matarnos a todos nosotros, igual que hizo con todos los colaboradores de la contra en el norte de Pantasma. Voy a decirle a mi mujer que se prepare porque estos pronto vienen y me matan por haberles ayudado a ustedes. Así que en sus manos queda el destino de nosotros. No hay tropas de aquí hasta Pantasma, es su oportunidad si quiere darles una lección.

--Claro, así lo voy a hacer mi amigo, de verdad. Voy a enseñarle a los sandinistas y a Carlos Barquero con cuántas papas se hace un guiso.

En ese momento, para Mike Lima, solo había un objetivo: Carlos Barquero. Y todos los que estuvieran implicados en los asesinatos de campesinos que eran acusados de colaborar con la contra. Según Mike Lima, en esa época sumaban unos 200 los campesinos asesinados en las montañas del norte de Nicaragua por órdenes de Barquero.

En la mente de Mike Lima estaba fresco el recuerdo de Martín González, un joven de 16 años que días atrás había sido asesinado por los sandinistas en el Plátano de Vilán, luego que le encontraros trastos sucios con restos de comida que le había llevado a las tropas de Mike Lima.

Ángela Alemán (derecha) se encontraba en el Vimeda pero logró escapar del fuego. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Quienes mataron a González, explica Mike Lima, fueron el Venado, segundo jefe de la Seguridad del Estado en Pantasma y Juan Coyunda, también de la Seguridad del Estado, quienes andaba con 100 hombres. Al joven González lo mataron metiéndole un palo entre los brazos y después le propinaron un bayonetazo en cada seno dejándolo agonizar dos días frente a su casa.

Los familiares de González, los vecinos y las tropas de Mike Lima escuchaban los gritos del joven, pero no lo rescataron. “Varios comandos me pedían que tratáramos de rescatarlo y si no que les diera permiso para intentarlo con el hermano de este infortunado muchacho. Yo les dije que era imposible. Lo único que podíamos conseguir era que nos masacraran a nosotros también. Este fue uno de los momentos más amargos que tuve que vivir”, escribió Mike Lima en su libro Principio y fin de la guerra de los contras.

Mike Lima también recordaba a Miguelito Blandón, un señor cuyo único delito era que su casa estaba ubicada por donde pasaban los contras. Blandón fue asesinado por los sandinistas y dejó en la orfandad a nueve niños.

***

Para 1983, Santa María de Pantasma ya era un pueblo grande. Desde la década de 1950 habían llegado campesinos a sembrar en la zona porque la tierra es muy rica para el cultivo y también para la ganadería.

Tras la llegada al poder de los sandinistas en 1979, con la reforma agraria, en el valle de Pantasma se formaron 30 cooperativas agrícolas que aglutinaron a 1,088 socios, según datos de la revista Envío. Entre las fincas más importantes de la zona estaban Estancia Cora y El Charcón, donde funcionaban cooperativas.

La actividad económica de Pantasma hacía obligatorio que existiera una sucursal del Banco Nacional de Desarrollo (BND), así como varias oficinas gubernamentales como una escuela, el depósito de granos básicos de la Empresa Nacional de Granos Básicos (Enabas), la bodega de la Empresa Nacional del Café (Encafe), la oficina de la Reforma Agraria, la del Viceministerio de Educación de Adultos (Vimeda), entre otras.

En aquel momento las casas de Pantasma eran todas de madera. Eran casas que estaban diseminadas a lo largo de cinco kilómetros. En algunos tramos eran pequeños caseríos y en otros fincas. Yendo desde Jinotega hacia Wiwilí, lo primero que había era el Vimeda, que estaba ubicado en el sector de La Pradera.

Para 1981, los sandinistas pusieron como secretario político en Pantasma a un hombre de Managua llamado Carlos Barquero Rodríguez. Era un capitalino ajeno a la realidad campesina cuya misión era aplacar a los alzados en armas contra el sandinismo pero Barquero lo hacía torturando y asesinando campesinos que eran asesinados en fosas comunes, según documentó después la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“Carlos Barquero hizo asesinatos atroces en este municipio. Los campesinos se perdían y aquí había hasta una huesera que los traían a enterrar de otros municipios”, contó a Artículo 66 Marvin Zamora, un poblador de Pantasma que al ver los crímenes se unió a la contra.

Barquero escogió la casa hacienda de Estancia Cora como su residencia, una propiedad que los sandinistas le habían confiscado a Ricardo Argüello Pravia, explica la revista Envío.

En Pantasma, como en toda Nicaragua, los programas de la revolución estaban muy presentes en 1983, especialmente la reforma agraria y la alfabetización.

La revista MAGAZINE se contactó con Faustino Torres, uno de los miembros del ejército sandinista que fue asignado a Pantasma y quien estaba en el lugar cuando las tropas de Mike Lima atacaron el poblado. Torres manifestó que no podía hablar sobre ese acontecimiento pero indicó que su testimonio está plasmado en un artículo de Víctor del Cid en el sitio web Barricada.

“Yo era muy joven, como todos los que cumplíamos tareas en Pantasma… Teníamos un buen trabajo de campo coordinado, había mucho entusiasmo, nos reuníamos frecuentemente para evaluar el trabajo técnico y político, que no descuidábamos porque en esa zona ya se había detectado la presencia de la contrarrevolución, en la zona fronteriza con Honduras, en el Cuá y en Pantasma. Por medio de mensajes por la radio, la Contra decía a los campesinos que la reforma agraria les iba a expropiar sus tierras, que el sandinismo era malo, que les iban a quitar los hijos, que no creían en Dios… Ya se estaba gestando la FDN (Fuerza Democrática Nicaragüense), entrenada y financiada por los Estados Unidos”, explica Torres en el artículo.

Para cuando se produce el ataque de la contra, en Pantasma había internacionalistas, extranjeros que habían llegado a Nicaragua para apoyar a la revolución sandinista. Torres recuerda de manera especial a cuatro indígenas guatemaltecos que eran de Santiago Atitlán, del pueblo Tzutujil, y trabajaban en Pantasma en la educación de adultos. Entre ellos estaban Juan Tiney, Pedro Esquina y los hermanos Miguel y Cruz Regino Sisay Rabinal. También estaba una enfermera europea.

En la noche del 17 de octubre de 1983, un día antes del ataque, Torres estuvo en el Vimeda hablando con los profesores Ninfa Segura y Cruz Regino. Les recordó que tuvieran cuidado, que estuvieran alertas y se cercioró que tuvieran listos sus pozos de tiradores y sus fusiles.
Torres explica que se habían distribuido armas para la defensa, “pero con escaso entrenamiento. Era más la voluntad y la mística, la convicción militante”.
Esa misma noche se realizó una fiesta en el aserrío, que según Mike Lima pertenecía a Manuel Morales, y nadie se percató que allí estuvieron contras recopilando información.

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El 17 de octubre de 1983 los contras salieron de la comunidad Jiquelite y caminaron todo el día para llegar a Pantasma, recuerda Elida Galeano, comandante Chaparra, una de los comandos que participó en el ataque.
Mike Lima selecciona a 25 hombres y los viste con uniformes del ejército sandinista que habían ocupado en combates. Son los primeros en avanzar y a su paso van deteniendo a toda persona que encuentran, para que no den aviso que los contras van para Pantasma.

A las 5:00 de la mañana del día siguiente comenzó el ataque. Jimmy Leo, uno de los jefes que puso Mike Lima, atacó El Charcón con 80 hombres que llevaba. Mató a 22 personas de un total de 60 que enfrentaron, los demás huyeron.

Santiago Meza, alias Cinco Pinos, con 75 contras atacó las oficinas del gobierno que estaban en Pantasma. El único lugar en el que encontraron resistencia fue en el Vimeda, donde estaban siete profesores de educación de adultos, armados, a los que la noche anterior había visitado Faustino Torres.

Cinco Pinos les gritó a los maestros que se rindieran, pero ellos le contestaron: “¡Vayan a comer mierda guardias hijos de puta! ¡Nosotros somos sandinistas!”

Las tropas de Cinco Pinos dispararon cohetes RPG-7 contra el Vimeda, construido todo de madera y el edificio agarró fuego inmediatamente. Los pobladores atestiguaron después que escuchaban los gritos de los profesores mientras se quemaban dentro del Vimeda, el cual quedó en cenizas.

Una de las cooperativas de Pantasma destruida por los contras en octubre de 1983. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Cerca de las 7:00 de la mañana, los contras comenzaron a catear todas las casas de Pantasma, buscando armas, funcionarios públicos o documentos de los sandinistas. Luego empezaron a concentrar a toda la población cerca de la escuela, en el centro del poblado. Eran más de 600 campesinos, de los cuales 25 fueron detectados como sandinistas.
Fue ahí cuando Mike Lima ordenó la ejecución de El Venado y del teniente del ejército sandinista.

Los otros 23 detenidos, desarmados, fueron conminados a permanecer en el poblado y a quien osara huir le advirtieron que lo iban a matar. Algunos comenzaron a colaborar con los contras y otros permanecieron sin rebelarse.

Entre la multitud también fueron detectados un médico y tres enfermeras, una de ellas extranjera. “Una chela hermosa, bonita”, recuerda Mike Lima.

El médico le entregó a Mike Lima un saco con cuatro fusiles AK-47 dentro y le explicó que en cuanto inició el combate llegó Carlos Barquero al centro de salud a entregar esas armas para él y las tres enfermeras, diciéndole que eran para que combatieran con la Contra.

Con voz nerviosa, el médico indicó que ellos eran civiles y no iban a combatir. “¿Qué va a hacer con nosotros? ¿Vamos a ser prisioneros?”, preguntó el médico y Mike Lima le respondió que pronto iban a llegar los heridos y que se preparara para atenderlos. Luego, con los paramédicos que andaba la Contra, Mike Lima puso al médico a seleccionar la medicina que habían sacado del centro de salud en cuatro mulas.

Pronto, el médico, las tres enfermeras y los paramédicos contras comenzaron a atender a los heridos de ambos lados, contras y sandinistas.

Cerca de las 10:00 de la mañana, cuando todavía se combatía en algunos sectores de Pantasma, Mike Lima le dio descanso a los hombres que estaban en el centro de Pantasma. El exjefe contra recuerda que había una tienda que era propiedad de una señora de apellido Núñez, hermana de Daniel Núñez, el presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

En esa tienda los contras comenzaron a agarrar camisas, zapatos, comida, cervezas y todo lo que necesitaban. Además de destruir la sucursal del Banco Nacional de Desarrollo (BND), los contras habían sacado del mismo un total de 830 mil córdobas, equivalentes a unos 30 mil dólares. Mike Lima cuenta que solo a la señora Núñez le pagó cerca de 14,500 dólares por todo lo que los contras habían consumido y agarrado de su tienda.

El periodista norteamericano Sam Dillon cuenta, en un reportaje sobre el ataque, que los contras se emborracharon. Dillon narra: “La mayor parte de Pantasma estaba en manos de los contras agotados, hambrientos y ahora, perdidos en el delirio de la victoria segura. Agarraron y sacrificaron un cerdo; pronto se asó sobre un fuego abierto. Algunos vecinos empezaron a sacar tortillas, frijoles y cerveza. Muchos contras pronto sintieron la bebida. Algunos se desplegaron para hacer travesuras, robaron botas de combate de los pies de los residentes y arrastraron a las adolescentes hacia la maleza. Por un tiempo, Mike Lima perdió el control de sus hombres, pero pensó que merecían un descanso. Él mismo estaba bebiendo cervezas, comprando botas, ropa y comida a los comerciantes locales con el botín del banco”.

Mike Lima asegura que Sam Dillon miente cuando dice que los contras “arrastraron a las adolescentes hacia la maleza”. El exjefe contra afirma que en ese momento los contras no tenían tiempo para estar pensando en mujeres pues estaban súper cansados. Además, él no lo hubiera permitido.

Lo que sí reconoce Mike Lima es que se pusieron a beber cervezas, pero no fueron muchas como para emborracharse. Quien más bebió fue él, tres. Los soldados solo se bebieron una. La sed estaba terrible y ya no había gaseosas, por eso Mike Lima empezó a beber cerveza.

Lo del cerdo que mataron y asaron sí fue cierto y los pobladores sacaron tortillas y frijoles para que comieran los contras, a quienes algunos de ellos consideraban como libertadores.

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La parte más difícil para los contras, de la toma de Pantasma, fue tomarse el cuartel del ejército, en Estancia Cora, donde había una especie de torreón en el que estaban ubicadas varias ametralladoras.

Era una estructura metálica que los contras no podían tomar. Se arrastraban por el suelo para no ser alcanzados por las balas de las ametralladoras, mientras Mike Lima les exigía que se tomaran el cuartel.

“Hace unos años fui a Pantasma y me di cuenta hasta entonces lo que era ese torreón. Yo pensé que era algo fácil de hacer pero veo que no era así. Y yo les exigía a mis soldados que se lo tomaran”, explica ahora Mike Lima.

El otro punto difícil era el puesto de Policía, adonde Mike Lima llegó en un bus pero fue recibido a balazos. Mike Lima deja al frente de las tropas que iban en el bus a Óscar Sobalvarro, comandante Rubén, y a otro de nombre Benny, y en el bus se regresa al centro del poblado.

Con la información que les dieron los 23 detenidos, fue más fácil después tomarse el puesto de Policía. Según Mike Lima, los contras entraron a la Policía, saltaron a los fosos de tiradores y eliminaron, en combate cuerpo a cuerpo, a todos los policías.

Los comandantes Alonso Porras y Manuel Salvatierra escuchan de los milicianos cómo fue el ataque de la contra. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Lo difícil seguía siendo el cuartel del Ejército en Estancia Cora, donde le habían causado varias bajas a la contra. Se logró tomar el lugar hasta como a las 2:00 de la tarde, cuando los contras comenzaron a disparar cohetes contra el almacén de municiones del Ejército. En el lugar había bastante pólvora. La explosión fue inmensa. Los que quedaron vivos de los sandinistas salieron huyendo. Los de la contra también huyeron del lugar.

De esa explosión salió huyendo Faustino Torres, quien contó así a Barricada: “A las 2:00 de la tarde un mortero cayó sobre el depósito de armas del Ejército, ocasionando la destrucción total del mismo… A eso de las 3:00 de la tarde, en medio del combate, decidí subir a la casa zonal del FSLN a rescatar la radio y evitar que cayera en manos de la contra, lo despegué rápidamente y bajé. Llovía mucho, el agua en las trincheras nos cubría hasta las rodillas, tenía el fusil en la mano y las balas trazadoras nos pasaban cerquita”.

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La toma de Pantasma se completó después de que estalló el polvorín en Estancia Cora. Después de eso los contras se dedicaron a terminar la destrucción de camiones y tractores. Lo quemaron todo.

Mike Lima le estaba instruyendo a uno de sus jefes, Douglas, que debía avanzar sobre el plantel de carreteras cuando escucha que un soldado grita: “¡Los refuerzos sandinistas en camiones!”.

Mike Lima cuenta que ve un camión que frena en seco y luego otro que le pega por detrás. Mira que unos 50 soldados sandinistas del batallón Simón Bolívar se bajan de los camiones y comienzan a ordenarse formando una línea. Los de la contra también se alinean, unos 250 comandos.

En fracciones de segundo Mike Lima lo ve todo. Mira que la forma en que se ordenan ambas tropas es bonita, como en una película. Es un espectáculo. Pero también ve la muerte, que se avecina una masacre junto al aserrío de Manuel Morales que está ardiendo en llamas.

Mike Lima pide a sus tropas que no disparen hasta que él lo haga primero. Deja que las filas sandinistas se acerquen hasta 120 metros de distancia, para que el fuego contra sea más efectivo.

Mike Lima dispara una granada y ordena abrir fuego. Los 250 fusiles contras comienzan a disparar contra los sandinistas. Mike Lima solo veía como los sandinistas jalaban a sus compañeros heridos fuera de la carretera. Los arrasaron, cuenta.

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Al final de la tarde, Mike Lima había ordenado que prepararan una finca en las afueras de Pantasma para la retirada.
Según Mike Lima, en el ataque a Pantasma solo murieron 10 de sus hombres y resultaron 25 heridos. En la retirada, los contras llevaban a ocho hombres en camillas y uno de sus hombres heridos, El Norteño, llevaba un balazo en la nuca y el médico le dijo que iba a morir, solo que no sabía cuándo.

Mike Lima le pidió al doctor que le practicara la eutanasia al Norteño, pero el médico no tuvo el valor de hacerlo. “No me pida eso”, le dijo.

De poco más de 400 hombres que Mike Lima llevó a Pantasma, en la retirada llevaba 700 porque 300 campesinos se les unieron en el poblado.

Uno de los refugios donde se ocultaron los milicianos sandinistas en Pantasma. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Según Mike Lima, en Pantasma los contras habían matado a unos 100 sandinistas, aunque el gobierno sandinista informó que habían sido 47 muertos en total.

El recuento que hicieron de las armas recuperadas fueron 114 fusiles AK-47, 10 ametralladoras M60, una ametralladora RPK. El comandante Douglas recuperó más de 700 rifles Vz 52, de los cuales 500 de ellos estaban nuevos y en sus cajas, de una bodega del Ministerio de la Construcción (Micon), pero los quemó porque no los podían cargar.

Al anochecer llegaron a la hacienda que habían preparado para la retirada. Las tropas descansaron y a las 2:00 de la mañana del 19 de octubre aún salía humo de Pantasma, donde todavía se estaban quemando los camiones, los cuales de repente estallaban y saltaban por el aire.

Así terminó el ataque a Pantasma. El general Javier Carrión, ya desde su retiro, dijo a la revista MAGAZINE en octubre de 2011, que recuerda el ataque a Pantasma como una de las principales victorias de la Contrarrevolución que combatían en los años ochenta.

“Ese fue uno de los ataques más grandes que tuvimos. Estuvimos desinformados y tuvimos bastante bajas. Fue uno de los ataques más memorables que ellos realizaron. (En Pantasma) eran bases milicianas, había una unidad permanente muy pequeña y se pudo responder hasta dos días después de ese ataque". ¿Qué falló? Fue una operación muy bien montada de parte de la Contrarrevolución. Ellos lograron concentrar fuerzas. Las tropas principales nuestras no estaban muy cerca del lugar, de tal forma que llegamos hasta el día siguiente", explicó Carrión.

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En marzo de 1984 los sandinistas tuvieron que hacerle un juicio a Carlos Barquero, el exsecretario político del FSLN en Pantasma, y a otros sandinistas que habían sido acusados de matar civiles en las montañas del norte de Nicaragua. En total eran ocho civiles y cinco militares, según contó en el diario La Prensa el periodista Roberto Fonseca.

A Carlos Barquero Rodríguez, principal responsable de los asesinatos de campesinos, lo sentenciaron a 44 años y seis meses de prisión, por graves delitos, entre ellos ejecuciones y torturas. Un informe de la revista Envío señala que Barquero estuvo algún tiempo en prisión pero no cumplió toda la condena.

Según una nota informativa de la página web Meridiano Informativo, de Estelí, Carlos Barquero murió el jueves 22 de octubre de 2020, a causa de un infarto.

Faustino Torres contó que Barquero se convirtió en predicador evangélico en Estelí. Era evangelista en la iglesia evangélica Cristo Viene.

Barquero estaba considerado como un combatiente histórico del FSLN y, según la nota informativa, “hasta su último día mantuvo sus principios revolucionarios, cristianos y solidarios”.

Sección
Reportaje