Gandhi: el padre de la desobediencia civil y la resistencia pacífica

Reportaje - 08.02.2021
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Boicots, huelgas de hambre y largas caminatas fueron parte de las estrategias de protesta usadas por el padre de la “no violencia” para lograr la independencia de la India. A la fecha sus métodos se continúan empleando contra las tiranías

Por Amalia del Cid

El camino a la independencia de la India comenzó con una marcha de 24 días. Al principio solo eran 78 hombres, encabezados por un señor de 61 años, flaco, semidesnudo y bigotón, conocido como Mahatma Gandhi. Pero a lo largo de 385 kilómetros millares de personas se unieron a la caminata; de manera que cuando llegaron a los depósitos salinos de la población costera de Dandi ya sumaban 50 mil.

La “Marcha de la sal” partió del pequeño poblado de Sabartami al amanecer del 12 de marzo de 1930 con el propósito de desafiar a los colonizadores británicos. Gandhi había escogido el injusto impuesto a la sal para iniciar su lucha pacífica por la liberación del país. Toda una filosofía de resistencia no violenta que años más tarde inspiraría a líderes del calibre de Nelson Mandela y Martin Luther King.

Tenía que hacerle entender a su gente que el dominio al que estaban sometidos dependía más de la colaboración india que del control británico. Y que era un absurdo matemático el que cien mil soldados de la corona inglesa pudieran controlar a 350 millones de indios. Con un balance de 3,500 locales por cada británico, podía afirmarse que no les habían quitado el país, sino que ellos lo habían entregado a voluntad y, por lo mismo, podían recuperarlo.

Al comienzo el gobierno no le hizo demasiado caso, creía que el mayor logro de Gandhi sería hacer el ridículo y que la caminata quedaría en nada, dice su biógrafo Bal Ram Nanda. Pero Gandhi tampoco le hizo caso al gobierno y siguió ganando adeptos a medida que se acercaba a la costa.

La comitiva avanzaba a razón de 16 kilómetros por día, deteniéndose en cada aldea y poblado para convencer a la gente de unirse a la protesta y afrontar las consecuencias. Pronto eran miles de manifestantes (policías indios incluidos) y los británicos se vieron en un problema: apresar a Gandhi podía ocasionar una revuelta; pero, además, mientras no infringiera la ley no tenían razones para arrestarlo.

La infringió el 6 de abril de ese año, cuando finalmente llegó a la costa de Dandi y realizó el pequeño acto que dio el pitazo de salida a una ola de desobediencia civil: se agachó a recoger un puñado de sal. Esa sal cuya producción y recolección había prohibido el imperio, para no poner en riesgo un monopolio que garantizaba millones de libras esterlinas.

“Hemos resuelto emplear todos nuestros recursos en la persecución de una lucha exclusivamente no violenta”, se dirigió Gandhi a la multitud. Y en seguida expuso las instrucciones a seguir:

“Siempre que sea posible, se debe iniciar la desobediencia civil de la sal. Estas leyes pueden ser violadas de tres formas. Es un delito fabricar la sal allí donde haya instalaciones para hacerlo. La posesión y la venta de sal de contrabando, que incluye tanto sal marina como sal de roca, también es un delito. Los compradores de esa sal serán igualmente culpables. Llevarse sal marina de los depósitos naturales que hay en la orilla del mar es de igual manera una violación de la ley. Así como lo es la venta ambulante de esa sal. En resumen, ustedes pueden escoger cualquiera o todos estos instrumentos para romper el monopolio de la sal”.

Se trataba de desobedecer una serie de leyes injustas que afectaban el bolsillo de todos, pero más el de los pobres. Sin embargo, Gandhi sabía que el gobierno no se iba a quedar de brazos cruzados y haría uso de la fuerza. Sobre eso también previno a sus seguidores:

“Nuestras filas se engrosarán y nuestros corazones se fortalecerán a medida que aumente el número de los nuestros que son arrestados por el gobierno”. Como lo detalló en una notita escrita por su puño y letra al llegar a la costa, Gandhi quería “la simpatía del mundo en esta batalla del derecho contra el poder”.

Gandhi cuando era niño. Es la foto más antigua que se conoce.

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Nacido como Mohandas (Mahatma es un título honorífico que significa “alma grande”), Gandhi no siempre mostró aptitudes para el liderazgo. De niño era silencioso, mediocre en sus estudios y tan terriblemente tímido que evitaba la compañía a cualquier costo.

“Los libros y las lecciones eran mis únicos compañeros. Adquirí la costumbre de estar en clase apenas daba la hora de entrada y de echar a correr hacia casa apenas salía”, narra en su autobiografía. “Y en realidad echaba a correr, literalmente, porque era incapaz de soportar la idea de entablar conversación con nadie. Incluso sentía el temor de que cualquiera pudiera burlarse de mí”.

También era de “memoria escasa” e “intelecto perezoso”, pero con una incapacidad natural para decir mentiras y un especial talento para sentir culpa. En alguna ocasión, para comprar cigarros indios, robó un par de cobres del monedero de la servidumbre de su familia y eso lo atormentó durante largos años. Tanto el robo como el pasajero vicio del tabaco.

“Desde entonces jamás he sentido la tentación de fumar y siempre he considerado ese vicio como algo bárbaro, sucio y nocivo”, escribió unos cuarenta años más tarde.

Gandhi vino al mundo el 2 de octubre de 1869 en una familia que por la vía paterna pertenecía la casta de los Bania, mercaderes de proverbial astucia en sus primeras generaciones y ministros en las tres últimas, antes de su nacimiento.

Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, “quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán”, detalla la enciclopedia Biografías y vidas.

En palabras de Gandhi, su madre era una mujer “profundamente religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos”. Mientras que Karamchand era un hombre enamorado de su clan. “Auténtico, sincero, valiente y generoso, pero corto de genio” y en cierta medida “inclinado a los placeres carnales, puesto que se casó por cuarta vez cuando pasaba de los cuarenta”.

A Gandhi lo casaron a los 13 años, siguiendo la tradición hindú, con una niña de su edad llamada Kasturbai. Estaba comprometido con ella desde los 7, aunque no lo sabía. Se entregó a sus deberes matrimoniales como el adolescente que era y pronto ocurrió un episodio que lo traumaría de por vida: cuando tenía 15 años se apartó del lecho de su padre moribundo para meterse en la cama de su esposa y a los pocos minutos le avisaron que Karamchand había muerto. Nunca se perdonó no haber estado a su lado en la hora final.

A los 38 años, cuando ya tenía cuatro hijos, se declaró a favor de la continencia sexual y prometió no volver a tocar a mujer alguna. También estaba en contra del matrimonio infantil.

No le fue bien en la universidad. Entró a la de Bhavnagar, pero se halló “completamente desorientado”. No lograba seguir las explicaciones de sus maestros y resolvió volver a casa. Entonces su familia lo envió a Londres, Inglaterra, para que se hiciera abogado y ahí vivió tres años.

En ese periodo “se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación”: vio Oriente a través de Occidente. Fue la época, además, en la que empezó a sintetizar los preceptos del hinduismo, el cristianismo, el budismo y el islam, señalando como principio unificador la idea de la “renunciación”.

“En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a León Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no violencia”, dice Biografías y vidas.

Pero todavía tendrían que pasar muchas cosas antes de que Mohandas se convirtiera en Mahatma. La “gran alma con ropa de mendigo” que mostró el camino hacia la liberación.

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Los numerosos fracasos experimentados en su juventud influyeron mucho en el rumbo que tomó su vida. A su regreso de Londres su madre acababa de fallecer y su familia ya no tenía la influencia de antaño, señala el Canal Historia. Encima su carrera de abogado no pudo arrancar de peor manera: se paralizó en pleno juicio, incapaz de articular palabra frente al tribunal.

Una oferta de empleo en Sudáfrica lo cambió todo. En 1893, a los 24 años, el nuevo abogado se mudó a la colonia británica de Natal para ejercer su profesión. “Natal fue el hogar de miles de indios cuyo trabajo había ayudado a construir su fortuna, pero la colonia fomentó la discriminación formal e informal contra las personas con ascendencia hindú”, cuenta National Geographic en el reportaje Cómo Gandhi cambió las protestas políticas.

Hasta entonces nunca había vivido en carne propia la discriminación británica y “se sorprendió cuando lo tiraron de los vagones de tren, le dieron una paliza por utilizar sendas peatonales o lo separaron de los pasajeros europeos en los carruajes”, dice la revista. Gandhi se iba a quedar un año en Natal, pero su estadía se alargó por veinte más.

Organizó la resistencia india, lideró grandes protestas y luchó en tribunales contra las “leyes anti-indios”. En esa época desarrolló su filosofía de lucha, centrada en la verdad, la desobediencia pacífica y la no cooperación. La llamó Satyagraha, que puede traducirse como “la fuerza de la verdad”.

Cuando volvió a la India, en 1915, iba precedido por la fama de sus campañas en Sudáfrica. Ingresó al Congreso Nacional Indio, abandonó para siempre la vestimenta occidental y fundó “una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada”, cuenta la biografía Gandhi. “Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo”.

En adelante y durante casi todo lo que le quedaba de vida lucharía por la independencia de India. En 1919 organizó, por ejemplo, la resistencia contra una ley que daba a las autoridades británicas libertad para encarcelar sin juicio previo a presuntos revolucionarios.

“El Reino Unido respondió brutalmente a la resistencia, asesinando a 400 manifestantes desarmados en la masacre Amritsar”, apunta National Geographic. Según el diario La Vanguardia, ese fue el momento decisivo en el que Gandhi perdió la fe en el sistema legal inglés y se volvió completamente en contra de los británicos. Entonces redobló sus esfuerzos, alentando el boicoteo de mercaderías y el no pago de impuestos, y organizando manifestaciones multitudinarias.

Así dio con la idea de la Marcha de la sal, un poderoso símbolo unificador. Después de que recogiera en la costa de Dandi ese puñado de lodo y sal, los actos de desobediencia civil se dispararon en todo el país.

A las violaciones contra las leyes que regulaban el monopolio de la sal, le siguieron boicots a los impuestos textiles y a los tintes, apunta el historiador Adrián de Blas Ruiz en su texto La marcha de la sal. De modo que a finales de ese abril, más de 60 mil indios habían sido detenidos por las autoridades coloniales.

Los británicos no querían arrestar a Gandhi. Sabían que eso generaría mayor rechazo internacional, pero no tuvieron alternativa cuando el líder indio anunció que continuaría su Marcha de la sal. Treinta soldados armados lo detuvieron el 4 de mayo de 1930 cuando dormía en las cercanías de Dandi.

Sin embargo, el movimiento de independencia ya estaba posicionado en el mapa mundial y, además, el virrey se vio forzado a negociar. Acordaron que los protestantes no violentos serían liberados y que los indios que vivieran cerca de depósitos naturales de sal podrían recogerla sin necesidad de pedir permiso o pagar impuestos.

Por otro lado, aunque la gran caminata buscaba la eliminación del monopolio, su principal propósito era el de ganar adeptos para la causa independentista y el Satyagraha.

“A través de la marcha de la sal, Gandhi fue capaz de explicar los motivos de su protesta y sus acciones a un gran público”, dice De Blas. “Podía haber ido en tren o incluso en coche. Pero Gandhi sabía que la única manera de hacer llegar su mensaje era recorrer esos más de 385 kilómetros andando”.

El pequeño gesto que cambió la historia. Agacharse a recoger un puñado de sal marina, retando a los ingleses.

Diecisiete años después India lograba la independencia, luego de muchos boicots, manifestaciones, carceleadas y huelgas de hambre. Tras el éxito de la Marcha de la sal, Gandhi inició el movimiento Quit India, “una campaña para que Gran Bretaña se retirara voluntariamente de la India durante la Segunda Guerra Mundial. Gran Bretaña se rehusó y lo arrestó nuevamente”, explica el periodista Erin Blakermore, de National Geographic.

Esto dio inicio a grandes manifestaciones y el encarcelamiento de 100 mil partidarios del gobierno local, hasta que la balanza se inclinó por la independencia y los británicos abandonaron el subcontinente indio. No obstante, esto supuso la división de India para crear la musulmana Pakistán en medio de letales disturbios.

Mahatma Gandhi no vivió para ver el fruto de una vida de luchas. Era odiado por radicales tanto del bando hindú como del musulmán y el 30 de enero de 1948 fue asesinado por un extremista indio que lo culpaba por la partición del país.

Eran las 17 horas con 17 minutos de la tarde. Gandhi se dirigía a una plaza cercana a su domicilio en Nueva Delhi, donde le esperaban unas 500 personas para hacer un rezo comunitario, detalla el texto El asesinato de Gandhi: abatido por la violencia.

Un hombre salió de la multitud y se acercó a él con las manos juntas, como preparándose para rezar una oración. “Namasté”, le dijo, antes de dispararle a quemarropa. Tres balas impactaron en el pecho del anciano de 79 años, que exclamó “He Ram” (Oh, Dios mío) y se desplomó despacio sobre la hierba.

“Pensar que su pueblo había entendido su mensaje fue su mayor error”, opinó muchos años después su bisnieto Tushar Gandhi.

Pese a que no han faltado controversias en torno a la figura del mayor líder pacifista del siglo XX y a que su muerte violenta fue una ironía, el legado de Mahatma Gandhi sigue vivo y vuelve a hablarse de él cada vez que un pueblo se levanta sin violencia en contra de una tiranía. “No hay camino hacia la paz”, decía. “La paz es el camino”.

La lucha de Gandhi

Los conceptos fueron claves en la lucha independentista de Mahatma Gandhi: la satyagraha (la fuerza de la verdad) y la ahimsa (no violencia). “La verdad está por encima de todas las cosas; sostener la verdad es sostener lo indestructible, y al sostener la verdad, la verdad nos sostiene: la verdad es la fuerza que ha de alimentar acciones como la no cooperación, la desobediencia civil, el ayuno o la resistencia pasiva, que tiene muy poco que ver con la pasividad, pues requiere una inmensa energía que solo la satyagraha puede infundir”, explica el texto La no violencia, de la enciclopedia Biografías y vidas.

La ahimsa, por otra parte, “se impone como imperativo ético en una lucha que, al final, es una lucha contra semejantes, contra seres humanos poseedores de nuestra misma dignidad y merecedores del mismo respeto que exigimos, lo cual excluye toda forma de coacción”.

Aunque el término ahimsa procede del hinduismo y es común en la tradición oriental, Gandhi comprendió que el concepto existe en otras religiones, como el islam y el cristianismo. De hecho, se inspiró en enseñanzas de Jesús para construir su propia filosofía. Además de retomar las teorías de autores occidentales, como el estadounidense Henry David Thoreau (que teorizó sobre la desobediencia civil), el novelista ruso León Tolstói y el escritor británico John Ruskin.

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