Guerra contra la Iglesia en Nicaragua

Reportaje - 11.11.2018
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Los ataques del Frente Sandinista contra la Iglesia católica no son nuevos. Durante toda la década de los ochenta, golpeó, enjuició, expulsó, denunció y amenazó

Por Julián Navarrete

Todo el país ha podido ver el video donde el gobierno prueba la conspiración del obispo. Se le ve y escucha, en complicidad con unos hombres, intercambiando un maletín con armas, explosivos y hasta emblemas de la Contra. El sacerdote dice que es víctima de un montaje publicitario, mientras el cardenal lo respalda, y aclara:

—La Iglesia es víctima de una tremenda trama. Conocemos esos métodos. Los sandinistas son unos artistas.

En junio de 1983 este hecho produjo una de las peores crisis entre la Iglesia y el Gobierno, después de que hace unos meses fanáticos sandinistas le gritaron al papa Juan Pablo II, durante su visita en Nicaragua, “queremos la paz” y “no pasarán”. Tampoco se olvida el escarnio y la golpiza que sufrió el padre Bismarck Carballo, cuando fue expuesto desnudo en los principales periódicos y en la televisión.

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Una movilización de trabajadores del Estado se trasladó frente a la parroquia del padre Luis Amado Peña, en Bello Horizonte, para pedir a los altos jerarcas de la Iglesia que expulsen del país al obispo cómplice de la Contra. “Basta de demonios con sotanas”, se leía en una de las pancartas. “Leña para Peña”, se leía en otra.
La acusación contra Peña no fue la primera ni la última del Frente Sandinista contra la Iglesia durante los años ochenta, donde además se expulsó del país a más de diez sacerdotes y esta relación convulsa fue llevada hasta el Vaticano.

Casi 20 años después de aquel episodio con Peña, el comandante Daniel Ortega, en plena campaña electoral de 2006, pidió perdón a la Iglesia en nombre de la revolución por todos los actos cometidos contra los religiosos en su primer mandato.

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“Nos equivocamos, cometimos muchos errores y atropellamos a figuras tan respetadas de la Iglesia”, dijo Ortega el 7 de julio de 2004, en un discurso que dirigió en la ciudad de Jinotepe.

Doce años después, en plena crisis política, el gobierno orteguista ha enfilado sus cañones mediáticos contra las principales figuras de la Iglesia, quienes estuvieron como mediadores en el Diálogo Nacional. Silvio Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y una de las principales voces críticas, es el principal jerarca católico que sufre una campaña de audios que supuestamente revelan su involucramiento en el “golpe de Estado” contra el Gobierno.

En este recuento de la accidentada relación del Frente Sandinista con la Iglesia, hay balazos, golpes, enjuiciamientos, humillaciones, mentiras y manipulaciones. Pero también ha habido perdón, reconciliaciones y arrepentimientos.

Interior de la iglesia Divina Misericordia, la cual sufrió un incendio el día del ataque paramilitar. Foto: Óscar Navarrete

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El origen del conflicto entre los sandinistas y la Iglesia comenzó en 1981, cuando el Frente Sandinista quería tomar el control sobre las misas televisadas que eran celebradas por el entonces arzobispo Miguel Obando y Bravo.

Al año siguiente, los obispos nicaragüenses emitieron una Carta Pastoral que criticaba el maltrato del Gobierno para los indios miskitos de la Costa Atlántica. El propio padre Bismarck Carballo dijo en una entrevista con LA PRENSA en 2001 que el problema con el Gobierno inició después de que los obispos denunciaran la masacre que hizo el Ejército en La Pólvora, en el Caribe nicaragüense.

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“Los obispos denunciaron el peligro de lo que significaría copiar el modelo cubano. Todo eso fue provocando reacciones negativas. Cuando se desplazó a los miskitos de la ribera del Río Coco, por ejemplo, se denunció la violación a sus derechos humanos y eso también provocó mucha molestia en el Gobierno, además de la oposición que la Iglesia tenía al Servicio Militar”, agregó Carballo.

Después de la declaración del Estado de Emergencia, de 1982, el Gobierno cerró Radio Católica por dos semanas. Cuando se les permitió abrirla de nuevo, la estación tenía prohibido difundir cualquier noticia.

“Fuera de las frecuentes burlas en los medios de comunicación del Estado y prosandinistas hubo relativamente pocos episodios de enfrentamientos agresivos y nunca llegaron a niveles alarmantes”, dice José Luis Rocha, investigador.

Antimotines cercan la iglesia de Masaya.
Foto:: Cortesía

Los enfrentamientos fueron incrementando hasta que la situación se volvió insostenible en 1984. En el ínterin, en 1981, se prohibió ofrecer misa a los cuatro sacerdotes que trabajaban en el Gobierno: Ernesto Cardenal, ministro de Cultura; su hermano Fernando, ministro de Educación; Miguel D’Escoto, ministro del Exterior, y Edgard Parrales, embajador ante la Organización de los Estados Americanos.

Pero fue en junio de 1984 que explotó la crisis de los videos del padre Peña, y con ello la expulsión de 10 sacerdotes extranjeros que se solidarizaron con el religioso acusado y confinado al Seminario durante cuatro meses.

Fue en ese momento, en septiembre de 1984, que una delegación del Gobierno viajó al Vaticano para tratar tres temas: la situación de los cuatro sacerdotes sandinistas, a quienes la Santa Sede ya había pedido que renunciaran a sus cargos; el caso del padre Luis Amado Peña, que se encontraba en un proceso por los Tribunales Antisomocistas, y la expulsión de los diez sacerdotes extranjeros.

El padre Pablo Antonio Vega —en ese entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua—, también viajó a Roma para hablar sobre el conflicto entre la Iglesia y el Gobierno. Vega, más adelante, también sería expulsado por el gobierno revolucionario


Contra Obando y Bravo

LA PRENSA/URIEL MOLINA

Durante la década de los ochenta Obando y Bravo fue víctima de varias amenazas de muerte. El 2 de octubre de 1982, por ejemplo, mientras se dirigía al Seminario, en la Carretera Sur, pasó junto a su carro un vehículo con militares, que tras reconocerlo, uno de ellos hizo un ademán como de dispararle con un rifle.

El 30 de agosto de 1983, tres sujetos intentaron secuestrar al arzobispo, a quien “mantuvieron encañonado por varios minutos”. Los hombres intentaron obligar a Obando a ir con ellos por la fuerza. “Según el arzobispo, los asaltantes le salieron en la oscura carretera portando armas de fuego. Al identificarle dijeron que eran del Ejército Popular Sandinista”, según se lee en el libro “Lo que se quiso ocultar”, de Roberto Cardenal Chamorro.

Los sujetos también mantuvieron encañonado a Nayo, chofer del arzobispo. “Después de conversar con su motorista y llamar por el radioteléfono de su auto a su casa, por obra de Dios dijeron: Sigan pues”. Y de esta forma, según el libro, es que Obando y Bravo quedó libre e ileso.


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Aquel 7 de julio de 2004, frente a la plaza de Jinotepe, el comandante Daniel Ortega pidió perdón a la Iglesia, por primera vez. Ese día, en la tarima, junto a él se encontraba el padre Bismarck Carballo, quien fue desnudado y golpeado en público.

“Atropellamos a figuras tan respetadas como monseñor Carballo, a quien ahora le ofrecemos un perdón en público para que no quede duda de nuestra sincera aceptación de esos desaciertos”, manifestó Ortega, quien también anunció que en los próximos días se realizaría una misa por la reconciliación, donde el padre Carballo se abrazaría con Lenín Cerna, quien fuera director de la extinta Dirección General de la Seguridad del Estado, que estuvo a cargo de la trampa contra Carballo.

Al mediodía del 11 de agosto de 1982, monseñor Carballo fue invitado a almorzar a la casa de Maritza Castillo, miembro de la DGSE que se hacía pasar como feligresa. Minutos después entraría Alberto Téllez Medrano, un falso esposo celoso de Castillo, quien pistola en mano, golpeó y sacó desnudo al padre.

En la primera plana del diario Barricada del 13 de agosto de 1982,
En la primera plana del diario Barricada del 13 de agosto de 1982, expusieron el escándalo pasional en el que el sacerdote Bismarck Carballo supuestamente estuvo involucrado.
Foto: Cortesía IHNCA-UCA

Dentro de la casa lo golpeó y le disparó. Pero cuando lo sacaba para entregarlo a la Policía, una batería de periodistas estaba esperando el momento para hacer la toma del padre desnudo. “Yo luchaba porque no estaba consciente de lo que se me venía encima; estaba desnudo, sangrando y la Policía, en vez de protegerme y vestirme, me sacó arrastrándome hacia el vehículo donde estaban ellos, frente a las cámaras de periodistas conocidos, porque como yo trabajaba con los medios, conocía a los periodistas que estaban allí”, dijo Carballo a LA PRENSA en 2001.

Un agente de la DGSE, que omitió su nombre, dijo que Maritza Castillo era una figura “quemada” de ese órgano de Inteligencia. Sin embargo, Carballo hasta ese momento la conocía porque lo había buscado para “orientación como sacerdote” desde hace ocho meses. “Hemos mantenido un tipo de relación estrictamente sacerdotal y ella me había invitado a almorzar, lo que había aceptado con anterioridad”, agregó en aquel momento.

El Frente Sandinista se reconcilió con el padre Carballo desde hace doce años. De hecho, el 12 de octubre de 2017, Ester Margarita Carballo Madrigal, su hermana, fue nombrada como nueva embajadora de Nicaragua ante el Estado Vaticano.

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Abandonado en medio de la montaña quedó el padre Pablo Antonio Vega en 1986. Vega era en ese entonces vicepresidente de la Conferencia Episcopal y uno de los obispos que más fuerte alzaba la voz contra el gobierno sandinista, junto al cardenal Miguel Obando y Bravo, Bosco Vivas y Abelardo Mata.

Vega fue el mismo que viajó en 1984 al Vaticano para tratar la crisis de la Iglesia contra el Gobierno, por cuyas pláticas trajo la suspensión divinis de Ernesto Cardenal y Miguel D’Escoto, y la expulsión de Fernando Cardenal de la Compañía de Jesús.

El caso es que Vega también en 1986 había viajado a Washington para denunciar ante el Departamento de Estado el crimen contra tres de sus ministros laicos a manos de los sandinistas, y la represión que estos seguían ejerciendo contra el campesinado.

Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado en los 80, supuestamente estuvo detrás del “complot” del que el sacerdote Bismarck Carballo se declaró víctima. En esta foto ambos se abrazan años después del escándalo.

Cuando regresó a Nicaragua, Vega haría la misma denuncia ante los medios de comunicación extranjeros, en donde solicitó a las cortes internacionales de derechos humanos investigar los crímenes que estaba cometiendo el gobierno de Daniel Ortega.

“Eso les molestó. Me citaron a una reunión, donde el responsable de la región me comunicó que estaba detenido. Me sacaron del pueblo y me llevaron al Sistema (Penitenciario), de ahí me trasladaron en helicóptero hacia la frontera donde me dejaron abandonado en medio de la montaña”, declaró monseñor Vega al periódico Miami Herald, en esa época.

En la montaña fue encontrado por los contras. Ellos lo llevaron a un campamento, desde donde meses más tarde se iría hacia Miami, lugar en el que estuvo exiliado hasta 1990, año en que regresó a Nicaragua, tras el triunfo electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro.

“Vivió en carne propia el destierro, se propuso ayudar a los que recién llegaban. Siempre fue un hombre íntegro, no lo hicieron doblegarse y por eso fue expulsado del país. Su lucha contra el comunismo fue frontal porque estaba en contra de los crímenes y la represión contra los campesinos por el Gobierno de ese momento”, dijo Sócrates René Sándigo, su amigo.

El padre Pablo Antonio Vega fue expulsado y abandonado en Honduras en 1986.
Foto: Archivo/La Prensa

El Gobierno acusó a Vega de "actitud antipatriótica y criminal" al apoyar a la guerrilla antisandinista y justificar una eventual intervención norteamericana en el país. La medida consistió en "suspender indefinidamente el derecho" de Pablo Antonio Vega "permanecer en el país", y fue efectiva "mientras se mantenga la agresión del Gobierno de Estados Unidos en contra de Nicaragua".

“No solo justificó la aprobación de los 100 millones de dólares a los mercenarios, sino que llegó al extremo de la calificación parcial de la Corte Internacional de Justicia que condena la agresión de EE. UU. a Nicaragua ”, dijo el comunicado del Gobierno.

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Esta es la secuencia del padre Luis Amado Peña que se publicó en LA PRENSA, después de que fuera absuelto. El padre pasó cuatro meses encerrado en el Seminario.

El día que fue absuelto, el padre Luis Amado Peña se encontraba jugando basquetbol en las canchas del Seminario. Ahí había pasado los cuatro meses que demoró su proceso judicial. “Soy inocente. Siempre tuve fe en Dios y la Santísima Virgen que me ayudarían a que la verdad resplandeciera”, dijo Peña, sobre el indulto que recibió del gobierno sandinista, junto al dirigente deportivo, Carlos García, y el optometrista Alejandro Pereira.

“Con esta medida el Gobierno ha admitido que soy inocente, que los cargos que me lanzaron fueron falsos y que no había razón para procesarme”, agregó.

En respaldo del padre Peña, monseñor Obando y Bravo convocó a una manifestación a favor de su amigo. La marcha fue acompañada de 20 sacerdotes y entre 200 y 300 feligreses. “Si hubiéramos invitado, habrían venido más de 200 mil personas”, dijo Obando y Bravo, durante aquella misa que celebraron en la parroquia de Peña. Tan solo unas horas después se verían “las consecuencias”.

En respuesta al desafío del arzobispo, al convocar una manifestación en el estado de emergencia que había por la celebración del 19 de julio, el Gobierno canceló la residencia en el país a 10 sacerdotes extranjeros que trabajaban algunos desde hacía muchos años en la Arquidiócesis de Managua.

Para que no pisara la cárcel, el Gobierno y la Iglesia después de varios estira y encoge, acordaron que el padre Peña permaneciera recluido en el Seminario, mientras tanto su caso se llevaba en los Tribunales Antisomocistas.

Durante estuvo en el Seminario, el padre Peña contó que dio clases de matemáticas, latín y cristología, entre otras enseñanzas, a unos 45 seminaristas, a quienes también enseñó preparación espiritual. “Estuve a cargo de cursos de campesinos, más de 75 de ellos estuvieron recibiendo enseñanzas y considero que ellos se mostraron satisfechos con lo aprendido”, dijo Peña, quien después ofreció una misa solemne en la Iglesia Pío X de Bello Horizonte

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En las elecciones de febrero de 1990 la disyuntiva era seguir bajo el mando del Frente Sandinista o respaldar el camino hacia la democracia que representaba la candidatura de doña Violeta Barrios de Chamorro. Para comprar el voto de los ciudadanos, el Gobierno repartía títulos de propiedad, camiones, buses, carros, motocicletas, bicicletas, electrodomésticos, entre otros productos donados por países comunistas.

Sin embargo, Daniel Ortega durante toda la década de los ochenta había señalado a Obando y Bravo de “capellán del somocismo”. Y antes de las elecciones, el cardenal llamó a todos los ciudadanos a votar conforme al dictado de sus conciencias, no por miedo ni por dádivas. “Es degradante cualquier tipo de regalo que pretenda influir en la decisión del voto. La conciencia no se vende. La conciencia se reflexiona”, dijo Obando y Bravo.

padre Amado Peña mientras oficiaba una misa, unos años antes de fallecer.
Foto: Archivo La Prensa.

Meses después de la derrota, Ortega señaló a Obando de “fariseo” y de “ensuciar la palabra de Cristo”. El cardenal dijo que Ortega era una “persona no pacificada” y agregó que estas personas son como “una serpiente, que vive, mata y muere escupiendo veneno”.

No obstante, la intervención más recordada del cardenal Obando se da previo a las elecciones del 20 de octubre de 1996, cuando Daniel Ortega de nuevo presentó su candidatura. En aquella ocasión, dos días antes, el cardenal Obando presidió una misa en la Catedral de Managua, ataviado de rojo, a pesar de que según el tiempo litúrgico debía usar vestiduras color verde. En consonancia con ese color, en primera fila estaba el candidato del PLC, Arnoldo Alemán, vestido de pantalón caqui y camisa roja.

Obando contó entonces la célebre parábola de la víbora. Relató el cardenal que dos hombres encontraron en el camino una víbora que se estaba muriendo a causa del frío. Uno de ellos quiso darle calor para que no muriera, pero el otro le advirtió que esa víbora era peligrosa, que ya había matado y si la revivían volvería a matar. Pero el hombre que quería darle calor a la víbora dijo que las circunstancias habían cambiado, se agachó, agarró la serpiente y se la puso en el pecho para darle calor. Y entonces, cuando la víbora revivió por el calor humano que le había dado aquel hombre insensato, lo mordió y lo mató. “El cristiano no tiene odio, pero debe tomar ciertas normas de prudencia, si no le va a pasar lo que dice la leyenda”, concluyó el cardenal Obando.

La cercanía entre Obando y Ortega fue evidente cuando se vio dando la comunión a Ortega y su compañera Rosario Murillo, a quienes dijo había casado en una ceremonia privada. Para la campaña de 2006 no hubo más viborazos, sino exhortaciones de Obando a trabajar “por el bien común”, “la reconciliación” y el “triunfo en unidad”, que eran parte de los lemas de la campaña del caudillo del FSLN.


Agresiones recientes

El 20 de abril de 2018 la Catedral de Managua fue invadida por simpatizantes del Gobierno que agredieron a los estudiantes dentro del templo, donde se refugiaban de un brutal ataque.

A partir de abril varias parroquias han sido saqueadas y los curas agredidos físicamente por turbas orteguistas.
Los líderes religiosos también sufrieron agresiones, tal como ocurrió el 9 de julio, cuando el cardenal Leopoldo Brenes, su obispo auxiliar Silvio Báez y el nuncio Waldemar Stanislaw Sommertag fueron golpeados por paramilitares y simpatizantes de Ortega en la Basílica San Sebastián de Diriamba.

El domingo 9 de septiembre el comisionado general Ramón Avellán, subdirector de la Policía Nacional, agredió al sacerdote Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel de Masaya.

El padre Edwin Román fue atacado por el comisionado Ramón Avellán. Román también ha sido amenazado en diferentes ocasiones.
Foto: AFP

En medio de la crisis que vive el país, también fue agredido por las turbas el sacerdote Pedro Méndez, párroco de la iglesia María Magdalena, del barrio indígena de Monimbó, en Masaya.

Ortega ordenó quitarle casi a todas las parroquias del país fondos que recibían del Presupuesto General de la República en la reforma de este año. La Arquidiócesis de Managua fue la más afectada con la reducción de fondos.

Actualmente el aparato oficialista mantiene una campaña de desprestigio contra el obispo Silvio Báez. El secretario político del FSLN en León, Evertz Delgadillo, y simpatizantes orteguistas señalaron a Báez de hacer “apología de Satanás”. Los orteguistas se reunieron en la casa departamental del FSLN, donde firmaron un documento, con el fin de enviar una carta al papa Francisco donde expresarán repudio a Báez.


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 El ahora obispo de Granada, Jorge Solórzano, fue golpeado por una turba sandinista el 18 de junio de 1993. Solórzano era párroco de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en la colonia 14 de Septiembre de Managua, cuando llegó una comitiva de la “iglesia popular”, una corriente político-religiosa que surgió en la década de los ochenta basada en la teología de la liberación y promovida por el Frente Sandinista.

El hombre que lideraba la turba era Rafael Valdez, de quien se lee en los periódicos apuntó con una pistola al padre Solórzano. Vilma Orozco Rocha, una feligresa de 82 años, recuerda que dos días después del ataque alertaron al párroco que no llegara, pues tenían información que la turba regresaría.

Jorge Solórzano, actual obispo de Granada, fue atacado por una turba sandinista en 1993,
Foto: Archivo/La Prensa

Orozco recuerda que el padre no llegó y por eso la turba atacó a los feligreses. Ella fue una de las agredidas. Según Orozco, ese día Valdez andaba dirigiendo a los agresores y quien la golpeó fue una mujer, mientras Valdez miraba sentado y no se inmutaba ante la embestida contra su persona.

“Monseñor Solórzano fue el único sacerdote que no abandonó su servicio en la colonia 14 de Septiembre, después de las agresiones de las turbas sandinistas. Los sacerdotes que mandaba el cardenal Miguel (Obando y Bravo) se iban cuando los golpeaban, el último que aguantó fue Solórzano. Nosotros llegamos a apoyar a monseñor Solórzano”, agregó Orozco.

El lugar donde ocurrió la agresión, hace 25 años, fue la primera iglesia católica, denominada parroquia San Pablo Apóstol, en la colonia 14 de Septiembre de Managua, cuando este residencial se estaba comenzando a formar. En la actualidad, es donde queda una de las sedes de las Comunidades Eclesiales de Base San Pablo Apóstol, dirigida por Valdez, quien este mes lideró la divulgación de los audios contra el obispo Silvio Báez.

Valdez encabezó una extraña conferencia de prensa, donde representaban a la comunidad eclesial de base San Pablo Apóstol, en la que presentó un supuesto audio en el que Báez estaría hablando sobre la situación que vive el país.
“Lo que en este momento urge es que nos unamos en aquello en lo que estamos de acuerdo y yo creo que ahora en lo que todos estamos de acuerdo es que Ortega se tiene que ir”, es lo que se escucha en la grabación, además que llama al diálogo y a desechar opciones violentas.

El 9 de julio el obispo Silvio Báez fue atacado por una turba que llegó hasta la iglesia de Diriamba.
Foto: Cortesía.

Rafael Valdez, coordinador de la comunidad eclesial de base San Pablo Apóstol, manifestó que en el audio Báez “dice cosas terribles”.

“Por ejemplo dice, no queremos matar a Daniel ni queremos fusilarlo, aunque quisiéramos hacerlo; esa es una expresión criminal, lo cual quiere decir que él tiene sentimientos de odio, entonces, una persona que está odiando no puede ser un buen pastor”, afirmó Valdez.

Para el exministro de Educación, Humberto Belli, esta campaña de odio contra los obispos aumenta los riesgos de seguridad de los altos jerarcas católicos y podría desembocar en que fanáticos atenten contra la vida de algunos de estos.

“Hay una campaña peligrosa de siembra de odio que dirige en gran parte Rosario Murillo y que puede llevar a que espontáneamente a un miembro del Frente Sandinista se le ocurra matar a un sacerdote o a un obispo”, dijo Humberto Belli.

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