Herencia de cacao

Reportaje - 04.04.2007
Herencia-de-Cacao

Fue un símbolo en Rivas. En el tiempo de la colonia española al cacao lo llevaron a España como bebida exótica y bálsamo curativo desde este departamento sureño, pero ahora no hay más plantaciones en este lugar y el último vestigio es un dulce llamado “mazorca”

Octavio Enríquez
Fotos de Moisés Matute

En el sureño departamento de Rivas no se miran ya las plantaciones de cacao de siglos pasados. El único cacao que se encuentra es el que compone un dulce llamado mazorca.

Así ha quedado la fruta que un día fue moneda en esta región y que en otra ocasión llevaron como
bebida exótica o bálsamo curativo a los reyes de España.

Si bien en ciertas partes del país se continúa cultivando el cacao, fue en San Jorge, Rivas, adonde ejerció la influencia histórica que se recoge en las Crónicas de Indias.

Incluso el departamento de Rivas le debe el nombre a la prosperidad del cacao, de acuerdo con el historiador Jaime Incer.

Según esta versión, los españoles residentes en San Jorge fueron a Guatemala en 1778 y pidieron que elevaran a Villa la categoría de la comunidad, motivados por los beneficios del cacao. Bautizaron a la naciente villa como Rivas, en honor del capitán general de Guatemala que les aprobó la
solicitud.

“Los hacedores del dulce de mazorca no son cualquiera”, dice el periodista cultural Wilmor López
al contar la historia de Francisco Hernández y Migdalia Argüello, dos de los fabricantes más tradicionales.

Los Hernández Argüello tienen sembrado en su patio la fruta y, según el periodista López, los únicos
que tenían este privilegio de tenerlo en sus casas eran los parientes de los caciques o los caciques mismos.

“Si no hubiera sido así, eso de tener plantas de cacao en casa era como tener sembrado un montón de
dólares en el patio”, ratifica el historiador Jaime Incer Barquero, quien acompaña su comentario con un
libro de crónicas, en el que muestra algunas equivalencias que estableció el cronista español Gonzalo
Fernández de Oviedo cuando vivió en el país en 1529.

Fernández de Oviedo asegura que el cacao servía para comprar de todo. Un esclavo costaba 100 semillas de cacao, un conejo diez, ocho nísperos valían cuatro y las prostitutas, como decía este cronista, costaban entre seis y ocho semillas.

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De niña, a Blanca Azucena Hernández Argüello le apenaba vender las mazorcas de cacao. Ahora con el paso del tiempo se siente orgullosa y cuenta que por su casa han pasado distintas personas queriendo aprender la técnica para elaborar este dulce.

Quienes se han llevado la mayor sorpresa, según ella, han sido los mochileros norteamericanos que se
arriman a su casa y descubren un dulce natural mucho más sabroso que el snickers. También se han sorprendido algunas candidatas a Miss Nicaragua que visitaron el año pasado a la familia de Blanca Hernández.

“La miss que ganó (Cristiana Frixione) era muy buena haciendo mazorcas. Y también había una
morenita de Bluefields que le quedaban muy bien”, narra Blanca Azucena, rodeada de sus hijos, entre ellos una muchacha que se afamó en el pueblo luego que un día llegó de visita el expresidente Arnoldo Alemán y ella lo recibió con el dulce de la familia. La joven se llama Migdalia Hernández y le dicen la reina del cacao.

Según Jaime Incer, el cacao fue traído al país en el siglo XII después de Cristo por grupos de indígenas
que hablaban el idioma náhuatl. Se asentaron en el istmo de Rivas.

Ese grupo náhuatl le dio el nombre de Nicaragua a toda la región de Ometepe y San Jorge. De acuerdo
con este historiador, los indígenas vinieron del Sur de Chiapas, México.

“Cuando se ubicaron en Rivas desarrollaron este cultivo como algo especial. Solo podían cultivarlo los caciques o aquellos líderes que el cacique designara, porque primero el cacao era apreciado como bebida, solo lo bebían los nobles, y en segundo lugar como moneda que circuló en Nicaragua en la época precolombina y colonial prácticamente”, asegura Incer Barquero.

El cronista español Fernández de Oviedo dijo que el cacao es una fruta, un brebaje y un aceite que
recomendó a los reyes de España.

“Oviedo dice que se hizo una herida en la planta del pie, y le regalaron un pequeño pomo y redoma de cacao y se lo aplicaba en la cicatriz y rápidamente se curó. Quedó asombrado de esa curación y le regaló a la reina de España un pomito de cacao de Nicaragua”, cuenta Incer con el libro de crónicas del español al lado.

Incer aclara que el cacao tuvo sus detractores, como el italiano Jerónimo Benzoni, quien dijo en una crónica que era un brebaje “más para perros que para hombres”.

Aún con las diferencias que pudieran ocurrir entre quienes lo probaban, la fruta continuó siendo una bebida importante antes de la independencia de España.

“El pueblo de Valle de Nicaragua fue elevado a la categoría de villa por la properidad del cultivo hacia el año 1778. La tercera parte de la población española urbana del país se había mudado a la naciente villa, rodeada por más de 300 plantaciones de cacao. Ellos se fueron a la Capitanía General de Guatemala y pidieron que les elevaran la categoría a poblado y por eso le pusieron Rivas, porque el cápitan general tenía ese apellido (Francisco Rodríguez de Rivas)”, añade Jaime Incer.

De acuerdo con Incer, citando al obispo Agustín Morel de Santa Cruz, quien visitó Rivas en la época en que se volvió villa, había en San Jorge cinco trapiches, 21 hatos y 310 haciendas de cacao. En estas haciendas había 677,730 casas de cacao que en razón de dos árboles hicieron una población de un millón 355,450 árboles de cacao, según el obispo.

Foto de Moisés Matute
Junto a una planta de cacao, la familia Hernández Argüello muestra el dulce que los ha hecho famosos. No solo eso, la mazorca de cacao es también el último vestigio de la grandeza de una fruta que fue moneda en el país y que le dio prosperidad a Rivas.

Según el cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo, un esclavo costaba 100 semillas de cacao, un conejo diez semillas, ocho nísperos valían cuatro y una prostituta se pagaba con una cifra que oscilaba entre seis y ocho semillas de cacao.

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Así que el cacao continuó siendo un producto importante en Rivas y en las zonas aledañas. En el Valle Menier, del vecino poblado de Nandaime, en Granada, hubo un tiempo en que se cultivó el cacao que sirvió, según se decía, para hacer “el mejor chocolate del mundo”.

Según un reportaje publicado en ediciones atrás por esta revista Magazine, la hacienda del Valle Menier fue en sus tiempos la más importante fuente de empleos en el lugar. Historiadores nicaragüenses y franceses aseguran que allí se cosechó cacao de primera clase que iba directo a la fábrica de chocolates Menier en París, Francia.

El impulsor de la fabricación del chocolate fue el francés Jean Menier, quien inició este proyecto comprando grandes extensiones de tierra en Nandaime.

“El cacao se dejó de producir en Rivas ya en el siglo pasado, porque ya hay otros países que exportan cacao para chocolate. Ahora lo exportan de todas esas zonas del suroeste de Asia. Curiosamente nosotros que éramos el país donde se originó el cacao, desde México hasta Nicaragua, pues nos dejamos quitar el cultivo y ahora las grandes industrias de cacao y chocolate, y esas cosas proveen la materia desde Asia. Fue famoso el Valle Menier en Nandaime”, relata Incer.

“La falta de mercado para Nicaragua y la agresividad de otros países le fue restando importancia. Nuestro país pudo ser un país rico si hubiera tenido en ese tiempo esa posibilidad. Los españoles prohibían que los países coloniales intercambiaran comercio entre ellos y eso dañó el concepto de exportación. Esto limitó grandemente la expansión de cierto cultivos tropicales y otros países se aprovecharon”, sostiene el historiador.

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En la casa de estilo colonial de la familia Hernández Argüello, en San Jorge, el olor a cacao invade los
sentidos con esa mezcla irresistible de canela y otros ingredientes. El cacao recién tostado está en una pana. “Se compra en Managua (ya no lo buscan más en San Jorge y el árbol que tiene sembrado no da para tanto). Luego hay que tostarlo, llevarlo al molino, con el condimento que lleva: canela, clavo de olor, pimienta de chapa, depende de la cantidad, así va el azúcar, se deja refrescar, no se puede trabajar en ese momento y luego se hace la mazorca”, explica Blanca Hernández.

Una calle polvosa, lejos de la casa de esta familia, es lo que queda de la ruta antigua del tren en San Jorge, inaugurado por el liberal José María Moncada y que cerró operaciones en 1956 cuando se construyó la Carretera Panamericana, según Hernán Morales, funcionario de la Alcaldía.

Junto a la puerta de su casa, en este vecindario a la par de la ruta del ferrocarril, se ven los pies curtidos de una de las últimas mujeres que también hacen mazorcas de cacao: Irene García.

Ella dice que aprendió el oficio de unos parientes y asegura, al igual que los Hernández Argüello, que muy poca gente les compra, a diferencia de los tiempos cuando tenía clientes fijos en el ferrocarril. Las malas ventas han llevado a otras a hacer mazorcas por encargo como Gloria Pérez. Atrás ha quedado el pasado de bonanza de las vendedoras del dulce. Pero no solo eso.

Uno recorre el pueblo de San Jorge y en muy pocas casas se ve el árbol de cacao que un dia fue moneda y la bebida de los dioses para los indígenas.

"Pedir cacao"

El historiador Jaime Incer Barquero cuenta que en la vieja tradición indígena había una fiesta dedicada al Dios Cacao. Los indígenas colocaban en un poste un ídolo que representaba al soberano y luego los indios se presentaban vestidos de pájaros.

“Pedir cacao es someterse o decir ya no aguanto, no me sigan fastidiando. Refiere Oviedo que en todos
los pueblos había una especie de maromeros y parte de sus actos era presentarse donde los caciques
en los días de fiesta y danzar frente a ellos. Los caciques lanzaban unas varas, en cuyos extremos había unas bolas duras de cera, y los maromeros bailaban y se contorsionaban de tal manera que no les pegaran las bolas, les tiraban como blanco, pero obviamente algunos salían golpeados. Cuando se sentían golpeados pedían cacao, ya no por favor, pero páguenme en cacao la exhibición”, añade Incer Barquero muerto de risa.

Fernando Silva explica que a la llegada de los españoles habían por lo menos tres etnias en Nicaragua: la otoazteca, macromangue y maya.

“Al país vinieron las que tenían más valor de movimiento y más historia. Habían dos fuertes: la maya y la macromangue. Pudiendo decirse con seguridad que las etnias primitivas de Nicaragua son mangues. Pero mangues que están unidos en el tiempo y cultura con los mayas que son digamos los más primitivos del golfo de México, Centro y Mesoamérica”, sostiene Silva.

Silva dice que un error común de la historia es llamar al cacique Nicarao de San Jorge, lo que nunca existió porque lo escribieron de modo equivocado. El nombre real en náhuatl era Maquilmicuistle.

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