Soledad y Sandino: historia de un ingrato amor

Reportaje - 12.05.2019
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María Soledad Sandino fue la novia del general Sandino antes de ser guerrillero. Un mes antes del matrimonio Sandino huyó de Niquinohomo. Ella lo quedó esperando y nunca se casó

Por Eduardo Cruz

A las 6:00 de la mañana del 22 de febrero de 1934, ya había llegado a Niquinohomo la noticia de que el general Sandino había sido asesinado. Una mujer de 33 años de edad comenzó a llorar desconsoladamente. Lloró como nunca, le contaría después a sus familiares. El hombre que acababa de morir, el guerrillero de las Segovias, era su novio.

María Soledad Sandino Pérez, nacida el 10 de junio de 1901, se quedó soltera toda la vida, hasta que murió a la edad de 90 años. Niña María Soledad le decían. Esperaba al hombre que amaba, aunque Sandino la traicionó casándose con otra mujer, Blanca Aráuz Pineda, en San Rafael del Norte.

Aquel día, cuando apenas amanecía, María Soledad tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, recordaba a su novio que la enamoraba en las calles de Niquinohomo porque el padre de ella se oponía al principio. Las cartas llenas de ternura que siempre le escribió. La promesa de que regresaría para casarse con ella. Las visitas que le hacía por las tardes y los momentos que pasaron juntos cuando por fin el padre de ella aceptó la relación.

Al mismo tiempo, ella recordaba cómo Sandino la dejó esperando su regreso para vestirse de novios y llegar juntos al altar de la parroquia Santa Ana. Luego se enteró que él se casó con otra mujer.

Después de llorar largo rato y recordarlo, tuvo un momento de sosiego y más calmada se dijo a sí misma, pensando en él: “Ingrato”.

Cuando era joven, María Soledad le dio a leer una carta a Sandino y este no pudo leerla. Desde entonces Sandino se preocupó por estudiar más, según contó el general a José Román. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

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A los 12 años de edad, Sandino vivía con su padre, un hacendado niquinohomeño llamado Gregorio Sandino, dueño de tres fincas.

Pero antes de eso, Sandino había pasado penurias junto a su madre Margarita Calderón y le había correspondido trabajar en varias fincas. Una de ellas le pertenecía a Mateo Sandino, quien utilizaba al muchacho como “concierto”, como se le llamaba a los jóvenes que se encargaban de darle agua y llevar a pastar al ganado, ensillar los caballos y otros quehaceres de la finca. Así lo contaba a sus hijos el propio Mateo Sandino, cuando ya Sandino estaba convertido en guerrillero, según relató el periodista Miguel Ángel Borgen, Mabo.

Entre los hijos de Mateo Sandino estaba la jovencita María Soledad Sandino Pérez y Sandino se enamoró de ella.

Años después el propio Sandino le contó al periodista José Román: “Mi primer amor sí que fue terrible. Me poseyó por completo en cuerpo y alma y en todos mis sentidos. Me obsesionó hasta la locura. Me hizo soñar, reír, gozar y sufrir. La niña de mis ensueños era una mocita del pueblo, morena y algo gordita, ante quien yo temblaba y enmudecía. Mi amor hacia ella era un tesoro que no me atreví a confiar a nadie ni a ella misma, a quien veía diariamente, pues era mi prima y se llamaba Mercedes Sandino”, contó Sandino.

En este relato, Sandino le llamaba Mercedes a María Soledad y también dice que eran primos. Sobre el nombre de Mercedes, algunos historiadores dicen que así le llamaba Sandino a María Soledad. Y, sobre ser primos, de acuerdo con familiares de ella que todavía viven en Niquinohomo, que no quisieron darle una entrevista formal a la revista Magazine, no tenían parentesco y pertenecían a diferentes ramas del apellido Sandino.

Locamente enamorado de María Soledad, quien entonces tenía 13 años de edad, Sandino le escribió una carta para hacerle saber sus sentimientos, pero en la misma la amenazaba con matarla y después suicidarse él si ella no lo aceptaba. La carta la guardó durante una semana pensando en entregarla en la primera oportunidad, pero nunca lo hizo porque se le “entumecía” la mano cada vez que veía a la muchacha. Luego la rompió y le escribió otra misiva, que corrió la misma suerte que la primera. Después, le escribió muchas otras cartas que ella nunca conoció.

Y así pasó el tiempo, amando Sandino a María Soledad en silencio.

El propio Sandino narró que la primera vez que salió de Niquinohomo se fue a pie rumbo a Costa Rica. Cerca de la frontera trabajó en la hacienda Ceilán. Luego fue a Rivas y posteriormente viajó en barcos por diferentes lugares de América.

Imagen de María Soledad Sandino de cuando era joven, publicada por Mabo. FOTO/ ARCHIVO

Sobre ese viaje, Mabo cuenta que, antes del mismo, Sandino llegó a pedir la mano de María Soledad. “Estás muy celeque”, le habría dicho el suegro, Mateo Sandino, recriminándole que en ese momento no podía hacerse cargo de una mujer. Las palabras de su futuro suegro le dolieron a Sandino y, aunque su suegra Beatriz Pérez lo consolaba, él prometió que se iría lejos y no regresaría hasta no tener suficiente plata para ser considerado digno de la mano de María Soledad.

En 1979, María Soledad contó que ella empezó a jalar con Sandino a escondidas de su papá. “Usted sabe que los padres son ridículos en algunos tiempos”, comentó para entonces una anciana con las piernas afectadas por la erisipela. “Como Augusto tenía apenas 16 años y yo unos 14, no le vieron la suficiente responsabilidad para formar un hogar”, agregó María Soledad.

En 1919, Sandino regresó a Niquinohomo a instalar un negocio de granos. Y, dos años después, tras un viaje que realizó a Bluefields, todo indicaba que se iba a casar con María Soledad. Hubo hasta fecha de casamiento, según contó el propio Sandino a José Román: julio de 1921.

María Soledad recordaba cuando Sandino le llegaba a hacer la visita y le veía gestos de militar. Se paraba en la puerta de la casa y taconeaba con gesto de militar saludando: “Buenas noches a todos”.

“Siempre lo quise mucho y él también a mí. No tenía defectos, todo en él me gustaba”, aseguró María Soledad años después.

Las vidas de Sandino y María Soledad se iban a separar el 19 de junio de 1921, un mes antes de su casamiento. Ese día Sandino tuvo que salir huyendo de Niquinohomo, después de propinarle un balazo en una pierna a un hombre en el atrio de la parroquia Santa Ana.

El hecho fue un escándalo en Niquinohomo y muchos consideraron una herejía que el incidente ocurriera durante la misa y a las puertas de la iglesia. Los periódicos nacionales publicaron la noticia.

“En La Victoria (Niquinohomo), antenoche (domingo 19 de junio de 1921) a las 7:00 p.m., hora del Rosario, en la puerta de la iglesia Augusto Sandino dio un balazo en una pierna a Dagoberto Rivas”, reportó el periódico La Tribuna en su edición del 21 de junio de 1921. Y el diario La Noticia publicó: “Niquinohomo, junio 21 - El domingo hubo un incidente entre dos jóvenes de esta población. A la hora en que se celebraba el Rosario en nuestro templo, don Dagoberto Rivas P., después de discusiones ignoradas, dio una bofetada al joven Augusto Sandino, y este último hizo uso de su revólver y disparó sobre su agresor, habiendo el proyectil cortado la carnosidad del muslo, sin interesarle el hueso...”.

La publicación del diario La Noticia sobre el balazo que Sandino le pegó a Dagoberto Rivas. FOTO/ WEB SANDINOREBELLION.COM

Sobre los motivos de la discusión hay dos versiones. Unos dicen que Dagoberto le vendió unos frijoles malos, otros que Dagoberto le había prometido un cuartillo de frijoles a 1.20 córdobas y después lo vendió a otra persona en 1.50. Pero el propio Sandino relató a José Román que a oídos de Dagoberto llegó que Sandino andaba en amores con una hermana de él que había enviudado. En la discusión, Sandino le dijo a Dagoberto que si en la puerta de la iglesia se lo encontraba, ahí lo tiraba. Y así ocurrió.

Sandino anduvo huyendo sin poder llegar a Niquinohomo y, casi un mes después del incidente, antes de alejarse totalmente de Masaya, le escribió una carta a María Soledad explicándole que él quiso ir a verla:

“Quiero contarte las dificultades que pasé el día que fui a verte y no pude. Salí de donde estaba a las seis, por un camino que le llaman El Negro, y llegué a Masaya a las ocho; entré por las rondas y fui a salir a San Sebastián, y a poco andar me encontré en una esquina con tres policías, pero pasé con tanta rapidez que cuando ellos quisieron verme yo ya había pasado la claridad... Cuando logré estar a distancia de Masaya, yo me sentí feliz porque eran minutos los que me faltaban para verlos, pero toda mi alegría fue en vano. Llegué a Catarina y fui sorprendido por un grupo que andaba paseando por motivo de la fiesta de San Pedro... Llegué a mi querido Niquinohomo y dejé la bestia donde me pareció mejor, y fue en el cafetal de la Braulia, y salí a pies para donde mi mamá, y Fernando me esperaba. Pregunté si ustedes me esperaban o no y él me dijo que sí... En la calle andaba una música y no pude irme por la calle, sino por donde la Luisa Blanco y entré por el pozo de las Alvarado, y me fui entre el monte pasando dificultades, pues a pesar de conocer bien ese monte, me desorienté porque estaba oscurisísimo; anduve como media hora sin saber por dónde andaba, pero por fin me dispuse a romper monte y salí en el camino que deseaba, que es el que conduce a casa de Victoriano Campos, a su huerta; después me quise pasar por esa casa pero salieron unos perros que me querían morder o por lo menos daban lugar a que me sintieran; me volví y seguí entre el monte por un potrerito y cuando llegué al pozo de mi tía yo era feliz, pues se acercaba la hora en que te iba a saludar a ti y familia. Por fin me acerqué al cerco de tu casa y me tiré por arriba del alambre, pero no sentía lo mojado que iba, solo pensaba en que ya se acercaba el momento en que todos mis sacrificios iban a ser compensados; yo divisaba tu casa lóbrega, las bestias relincharon como en señal de saludo y por fin me acerqué apresuradamente y toqué la puerta despacito y enseguida más durito y nada; más y más y nada. Yo me sentí triste, ya no era feliz y me consideraba como un desgraciado. Yo soy poco para impresionarme, pero sentí un nudo en la garganta cuando pensé que se me habían cerrado las puertas de la casa donde estaba la dueña de mi amor. Salí a la calle y al pasar frente a tu puerta consideré el lugar por donde dormías y te di un beso”.

María Soledad le recriminó mediante una carta el hecho de que Sandino no reflexionó cuando le disparó a Dagoberto Rivas. Y Sandino le contestó:

“Tú me dices que en qué hora estaba que no tuve reflexión, tú no me quieres porque si me quisieras hubieras tenido reflexión… Quiero explicarte en qué hora estaba, estaba en la hora del amor y de la delicadeza personal y si yo no hubiera protestado como lo hice, tú misma me tendrías por un cobarde y sin ningún rasgo de delicadeza”.

A partir de junio de 1921, María Soledad no volvió a ver a Sandino, quien emigró hacia el norte, pasando por Honduras, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos, pero se asentó en México.

Durante dos años más, Sandino siempre le escribió a María Soledad, prometiéndole que regresaría para casarse con ella. Inclusive, le escribió una carta a su suegro: “Don Mateo, no desconfíe de mí. Le juro que no estaré tranquilo, sino hasta que me case, primero Dios”.

A María Soledad le escribió el 3 de junio de 1922: “Amor mío, estoy cumpliendo un año de estar ausente de ti, vida mía, pero ese año de dura ausencia, ni veinte más podrían ser suficientes para que en mí pueda disminuir el invariable amor que te profeso”.

Para 1924 las cartas entre Sandino y María Soledad eran casi inexistentes. Antes de eso, Sandino se quejó en una carta diciéndole a María Soledad que ella no le respondía. María Soledad estaba molesta con él.

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Después de atentar contra Dagoberto Rivas, Sandino quería volver a Niquinohomo y le pidió a su padre, Gregorio Sandino, en varias cartas que le arreglara el “asunto”. Pero la familia Rivas era también influyente.

A Sandino le armaron un juicio y como no hubo pruebas a favor de Sandino, lo condenaron, cuenta Mabo.

En diversas entrevistas que María Soledad Sandino brindó, ella afirma que Gregorio Sandino estaba preocupado de que Sandino cayera preso, porque iba a significar una deshonra para la familia y por eso lo alentó a que se fuera lejos de Masaya.

Sandino se fue al norte y residió principalmente en México, donde laboró en empresas norteamericanas.

En 1926, Sandino trabajaba en la Huasteca-Pétroleum Co., como jefe y arrendatario de una estación gasolinera que vendía al por mayor, en Cerro Azul, Veracruz. Fue cuando decidió que regresaría a Nicaragua. Se sentía nostálgico. Habían pasado cinco años y quería ver a su novia María Soledad Sandino. Él había averiguado que ella todavía lo esperaba.

Sandino le dijo al periodista José Román que, al igual que cuando le propinó el balazo a Dagoberto Rivas, ocurrió otro hecho que lo alejó nuevamente de María Soledad. Antes de regresar a Nicaragua, una noche en un restaurante estaba leyendo noticias con unos amigos, a quienes les dijo que él iba a regresar a Nicaragua a pelear al lado de su partido, el liberal, en ese entonces antimperialista, pero un mexicano que estaba bien tomado le dijo: “No compadre, que se va a ir usted. Los nicaragüenses son todos una bola de vende patrias. Aquí está usted bien. ¡Qué chingados! Siga haciendo dinero”.

Esas palabras rondaron la cabeza de Sandino, quien en mayo de 1926 se vino a Nicaragua. Fue a Niquinohomo, pero le dijeron que Dagoberto Rivas era alcalde del pueblo y conservador, seguidor de Emiliano Chamorro, quien estaba en el poder después de dar el golpe de Estado conocido como El Lomazo.

La versión que María Soledad contó a periodistas en 1980 es que cuando Sandino llegó a México muy poco le escribía y cuando regresó en 1926, nuevamente su padre lo alertó de que no regresara a Niquinohomo. Fue cuando Sandino se dirigió primeramente a León y después a la mina de San Albino, donde, junto a 29 hombres, se unió al bando de los liberales y luchó en la llamada guerra constitucionalista.

En esa guerra, los liberales pretendían que la presidencia quedara en manos del vicepresidente liberal Juan Bautista Sacasa, puesto que, después del golpe de Estado perpetrado por el conservador Emiliano Chamorro, el presidente Carlos Solórzano, conservador, había renunciado al cargo que constitucionalmente le correspondía.

Sandino, de pie a la derecha, junto a su padre Gregorio Sandino, su hermano Sócrates y su madrastra América Tiffer. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

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Mientras transcurrían los días, después de ver nuevamente frustrada la oportunidad de reencontrarse con Sandino, a oídos de María Soledad llegó la noticia de que el ahora guerrillero se había casado con una joven de San Rafael del Norte, llamada Blanca Aráuz.

Esa noticia destrozó el corazón de María Soledad. Años después ella misma contaría que se fue llenando de resentimientos. “Sandino me traicionó”, exclamó.

Después agregó: “Desde 1921 hasta 1933 yo no lo vi personalmente, pero supe que se había casado con esa muchacha telegrafista. Y sufrí”.

Después de pelear en la guerra constitucionalista, Sandino siguió peleando tras acusar de traidor al jefe del ejército liberal, José María Moncada, quien pactó con los norteamericanos elecciones supervigiladas por los marines, para así acabar con la guerra. A Sandino no le gustó que los marines se quedaran en Nicaragua y que a Moncada le prometieran la presidencia.

Antes de iniciar su lucha, ya solo, contra los marines y la Guardia Nacional, Sandino se casó el 18 de mayo de 1927, el día de su cumpleaños, con Blanca Aráuz.

Después luchó con su ejército contra los marines durante seis años, hasta que el 1 de enero de 1933 los marines abandonaron Nicaragua y el 2 de febrero de ese mismo año se firmó un acuerdo de paz.

Sandino llegó a Managua por segunda vez el 20 de mayo de 1933 y, según María Soledad, llegó a Niquinohomo y fue a verla.

“Al pueblo llegó de noche y se fue al mediodía (del día siguiente). Sin embargo, me llegó a visitar como a las 10:00 de la mañana. Yo estaba muy disgustada con él, pero se puso a darme muchas explicaciones. Me contó cómo había sido todo lo de la guerra contra los yankis, los motivos que tuvo para dejar abandonado nuestro noviazgo y me habló sobre su matrimonio con Blanca Estela Aráuz, que todavía no había fallecido”, dijo María Soledad en 1980. Ella aceptó las disculpas del general. Lo quería.

En noviembre de 1933, Sandino llegó a Niquinohomo por segunda vez, pero no vio a María Soledad, a pesar de que estuvo 20 días en el lugar con su estado mayor en la casa de su padre Gregorio Sandino.

Así, desde que Sandino le propinó el balazo a Dagoberto Rivas, un mes antes de que se iba a casar con María Soledad, hasta que lo mataron en febrero de 1934, ella solo lo vio una vez por unos instantes. A pesar de ello, siempre lo quiso. “Jamás quise casarme con otro hombre”, explicó María Soledad.

La explicación que dio Sandino al periodista José Román, sobre porqué no se casó con María Soledad, fue que indudablemente la guerra contribuyó a separarles, pero además “en cuestión de ideas (María Soledad) era anticuada y no habría podido vivir en la montaña”. Román dice que Sandino consideró que mejor eso quedara como “un dulce sueño infantil a que terminara en una realidad triste y trágica”.

Cuando mataron a Sandino a ella le dolió mucho, pero también sentía enojo contra él. Lo único que pudo decirle a su amado ya fallecido fue: “Ingrato”.

Blanca Aráuz, telegrafista de San Rafael del Norte, y Sandino. FOTO/ ARCHIVO

Las mujeres de Sandino

Cuando Sandino era muy joven, y todavía no era novio de María Soledad Sandino, aunque ya era enamorado de ella, él tuvo un amorío con una joven, Mercedes Sánchez, quien era una hija de crianza y trabajaba en la casa de su padre Gregorio Sandino.

Producto de esa relación nació una hija, Natalia Sánchez Sandino. En una entrevista con el Diario LA PRENSA, en febrero de 1980, María Soledad Sandino habló de la existencia de esa hija de Sandino que pocos historiadores reconocen como tal y que es tajantemente negada por la familia de la hija de Sandino con Blanca Aráuz, Blanca Segovia Sandino.

Natalia Sánchez, la hija que Sandino tuvo con la joven Mercedes Sánchez. FOTO/ ARCHIVO

Después de decidir combatir a los marines norteamericanos, Sandino se casó con Blanca Aráuz, pero ella murió en el parto de su hija Blanca Segovia, el 2 de junio de 1933.

Mientras Blanca Aráuz vivía en San Rafael del Norte, y poco llegaba al campamento de Sandino, el general vivía un tórrido romance con una salvadoreña, Teresa Villatoro, a quien el mismo Sandino calificaba de carácter fuerte. Para muchos, Villatoro fue el verdadero amor de Sandino.

La salvadoreña Teresa Villatoro fue compañera de Sandino en la montaña. FOTO/ CORTESÍA/ ARCHIVO

La muerte de María Soledad

Después del triunfo de la Revolución sandinista, en julio de 1979, la casa de María Soledad Sandino se convirtió en un punto de visita obligatorio tanto para los nacionales como para los extranjeros que llegaban a conocer sobre los primeros años de la vida de Sandino. Además, querían conocer a la novia de Sandino.

La “Niña María Soledad” le llamaban porque nunca se casó ni tuvo hijos. María Soledad vivía en una pulpería, a la par de su hermana Josefa Sandino, conocida como Chepita.

Allí, María Soledad vendía vasijas y otros objetos de barro. Quienes la conocieron la recuerdan regalando pequeños objetos de barro, como pitos o pajaritos, a sus clientes.

La tumba de María Soledad Sandino Pérez en el cementerio de Niquinohomo. A la izquierda están las tumbas de sus padres, Mateo Sandino y Beatriz Pérez. FOTO/ CORTESÍA

En los años ochenta, los sandinistas explotaron la imagen de María Soledad, pero cuando ella murió, el 1 de diciembre de 1991, no hubo ningún cuadro importante del FSLN en los funerales.

Un año antes de su muerte, María Soledad sufrió una caída y se le quebró la pelvis y desde entonces ya no se recuperó.

“Aún después de muerta seguiré amando a Sandino”, dijo poco antes de morir. Y según sus familiares, esperaba encontrarse con el general en el más allá.

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